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domingo, 15 de mayo de 2011
Marchas del Hambre
Las Marchas del Hambre fueron una serie de manifestaciones realizadas en el Reino Unido en los años treinta en contra el paro en plena depresión, aunque las primeras se dieron en la década anterior. En Escocia la industria pesada sufrió una profunda crisis, especialmente los astilleros, provocando que en octubre de ese año un grupo de socialistas y comunistas de Glasgow organizaran una “marcha del hambre” a Londres. En enero de 1929 se organizó una marcha mayor. En octubre de 1932, cuando el paro llegaba a más de un cuarto de millón de personas, el Movimiento Nacional de Obreros Parados organizó la marcha del hambre más importante. Unas tres mil personas marcharon sobre Londres desde el sur de Gales, el norte de Inglaterra y la zona de Glasgow. Al llegar a la ciudad se manifestaron en Hyde Park, para luego presentar al Parlamento una petición con un millón de firmas. Otra de las marchas del hambre más conocida fue la que protagonizaron doscientos obreros de los astilleros de Jarrow marcharon hacia Londres.
lunes, 2 de mayo de 2011
Los Ateneos Obreros
Los ateneos obreros aparecen en la segunda mitad del siglo XIX como alternativa a los ateneos que la burguesía ha ido abriendo en distintas ciudades como centros para el fomento de la cultura y del arte. Los ateneos obreros pretendían ser centros culturales populares, es decir, se centraban en las preocupaciones y necesidades culturales y de ocio de las clases trabajadoras. Destacarán, entre muchos ejemplos, el Ateneo Catalán de la Clase Obrera y el Ateneo Enciclopédico Popular.
Hemos señalado que se presentan como una alternativa a los ateneos burgueses pero, conviene, señalar, además que los ateneos populares surgen por el desinterés del Estado liberal por la educación y fomento cultural de los obreros.
Los anarquistas mostraron una intensa y constante preocupación por la mejora cultural de los obreros. Por su parte, los socialistas se incorporaron después hacia estas iniciativas desde una posición inicial más recelosa o tímida. A finales del siglo XIX cambiarán de posición y se lanzarán a intentar conquistar el espacio cultural perdido ante los anarquistas. En lo que sí estaban de acuerdo unos y otros era en que el triunfo de sus ideas debía ir precedido o acompañado de la educación del proletariado. Si los obreros no tenían educación ni cultura era imposible que la revolución triunfase, es decir, se convertían en instrumentos para el fin revolucionario que se pretendía.
Los ateneos se organizaron como un espacio común, una casa para todos los obreros, desde donde se difundían doctrinas e ideas sociales y políticas, especialmente las relacionadas con las ventajas de la asociación y la organización como medios para luchar en defensa de sus intereses, además del reforzamiento de la conciencia de clase. Este primer objetivo se fue acompañando del eminentemente cultural. Se abrieron en su seno bibliotecas populares, centros de lectura, escuelas para adultos y para los hijos de los obreros, y espacios para desarrollar el deporte, actividades musicales y teatrales, así como lugares para el ocio.
En el comienzo del siglo XX se vive una verdadera eclosión de ateneos obreros de signo anarquista, pero, también las casas del pueblo socialistas albergarán las actividades propias de los ateneos. Es importante destacar que, en algunos casos ateneos y casas del pueblo llegaron a contar con actividades relacionadas con servicios médicos, mutualidades y economatos.
Hemos señalado que se presentan como una alternativa a los ateneos burgueses pero, conviene, señalar, además que los ateneos populares surgen por el desinterés del Estado liberal por la educación y fomento cultural de los obreros.
Los anarquistas mostraron una intensa y constante preocupación por la mejora cultural de los obreros. Por su parte, los socialistas se incorporaron después hacia estas iniciativas desde una posición inicial más recelosa o tímida. A finales del siglo XIX cambiarán de posición y se lanzarán a intentar conquistar el espacio cultural perdido ante los anarquistas. En lo que sí estaban de acuerdo unos y otros era en que el triunfo de sus ideas debía ir precedido o acompañado de la educación del proletariado. Si los obreros no tenían educación ni cultura era imposible que la revolución triunfase, es decir, se convertían en instrumentos para el fin revolucionario que se pretendía.
Los ateneos se organizaron como un espacio común, una casa para todos los obreros, desde donde se difundían doctrinas e ideas sociales y políticas, especialmente las relacionadas con las ventajas de la asociación y la organización como medios para luchar en defensa de sus intereses, además del reforzamiento de la conciencia de clase. Este primer objetivo se fue acompañando del eminentemente cultural. Se abrieron en su seno bibliotecas populares, centros de lectura, escuelas para adultos y para los hijos de los obreros, y espacios para desarrollar el deporte, actividades musicales y teatrales, así como lugares para el ocio.
En el comienzo del siglo XX se vive una verdadera eclosión de ateneos obreros de signo anarquista, pero, también las casas del pueblo socialistas albergarán las actividades propias de los ateneos. Es importante destacar que, en algunos casos ateneos y casas del pueblo llegaron a contar con actividades relacionadas con servicios médicos, mutualidades y economatos.
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lunes, 6 de diciembre de 2010
Ricardo Mella
Ricardo Mella nació en Vigo en el año 1861. Se trasladó a Madrid para hacerse topógrafo. Comenzó militando en el republicanismo federal. Además, se dio a conocer con artículos en la “Revista Social” y como teórico en los Certámenes Socialistas. En el que se celebró en Reus en 1885 se le premió por sus trabajos El problema de la emigración de Galicia y Diferencias entre el comunismo y el colectivismo. En el Certamen de Barcelona de 1889 se le premiaron La anarquía: su pasado, su presente y su porvenir y por El crimen de Chicago. Mella se afilió a la Federación de Trabajadores de la Región Española y participó en el II Congreso, celebrado en Sevilla en 1882.
A Mella se le puede considerar uno de los más destacados teóricos anarquistas españoles y sus obras tuvieron repercusión no sólo en España, sino también en el exterior, ya que fue traducido al italiano y al holandés. Fue un fervoroso defensor del sistema colectivista, así como contrario al uso de la violencia, precisamente, en un momento histórico de auge del terrorismo. Declaró ser partidario de la CNT pero presentó algunos reparos.
Ricardo Mella se enfrentó a Ferrer i Guardia y a su escuela, rechazando la pedagogía integral. Colaboró en los más destacados periódicos anarquistas del cambio de siglo: “Acracia”, “El productor”, “Ciencia Social”, “Anarquía” y “La idea libre”. Entre 1910 y 1911 fundó “Acción libertaria” en Asturias, después “El libertario” en Gijón. Posteriormente, fundó “Acción libertaria” pero en Madrid.
Al estallar la guerra mundial, y ante la crisis del anarquismo internacional decidió retirarse. Murió en Vigo en 1921.
Además de su labor periodística Mella fue un destacado escritor: Lombroso y los anarquistas (1896), Evolución y Revolución (1892), Los Sucesos de Jerez (1893), Sinopsis Social: la Anarquía, la Federación y el Colectivismo (1891), La barbarie gubernamental en España (1897), El ideal anarquista (1915).
A Mella se le puede considerar uno de los más destacados teóricos anarquistas españoles y sus obras tuvieron repercusión no sólo en España, sino también en el exterior, ya que fue traducido al italiano y al holandés. Fue un fervoroso defensor del sistema colectivista, así como contrario al uso de la violencia, precisamente, en un momento histórico de auge del terrorismo. Declaró ser partidario de la CNT pero presentó algunos reparos.
Ricardo Mella se enfrentó a Ferrer i Guardia y a su escuela, rechazando la pedagogía integral. Colaboró en los más destacados periódicos anarquistas del cambio de siglo: “Acracia”, “El productor”, “Ciencia Social”, “Anarquía” y “La idea libre”. Entre 1910 y 1911 fundó “Acción libertaria” en Asturias, después “El libertario” en Gijón. Posteriormente, fundó “Acción libertaria” pero en Madrid.
Al estallar la guerra mundial, y ante la crisis del anarquismo internacional decidió retirarse. Murió en Vigo en 1921.
Además de su labor periodística Mella fue un destacado escritor: Lombroso y los anarquistas (1896), Evolución y Revolución (1892), Los Sucesos de Jerez (1893), Sinopsis Social: la Anarquía, la Federación y el Colectivismo (1891), La barbarie gubernamental en España (1897), El ideal anarquista (1915).
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