A partir del año 1927 se perfila una figura en este clima de inestabilidad política. Se trata de Olliveira Salazar; dos años después, tendrá la hegemonía política. Salazar no procedía de ninguna familia política o económica importante de Portugal, sus orígenes eran humildes. Era profesor universitario, y había logrado el ascenso social gracias al seminario, casi el único canal de movilidad en la sociedad portuguesa de la época.
Las ideas de Salazar tendría que ver con el corporativismo, estudiado ya en este blog, con un marcado carácter clerical. Estas ideas fueron defendidas por Salazar en el Parlamento. Tusell consideraba a Salazar como una especie de contable cuidadoso y poco original en sus planteamientos, y defensor de la paz y el orden.
Al principio, Salazar era un ministro más en gabinetes muy heterogéneos, ya que había personalidades defensores de un presidencialismo republicano, y hasta defensores de las ideas de la Action Française, sin olvidar a los clericales, es decir, cercanos a la Iglesia, que fueron adquiriendo cada día más poder.
El "Estado Novo" Portugués de Salazar se fue configurando como un régimen presidencialista de primer ministro, y no de presidente de la República como cabría esperar. El presidente Carmona era más bien una figura representativa cuando no decorativa.
En el mes de julio de 1930 Oliveira Salazar aún no presidía el gobierno pero el sistema estaba ya casi configurado. Faltaba un apoyo institucional. Para ello creó la Uniao Nacional. No era un partido de masas, y ni siquiera un partido único hasta el año 1934; además, los ministros no estaban obligados a pertenecer a dicho partido. La divisa del mismo era: "Dios, Patria y Familia". En algunos aspectos se parecía a la Unión Patriótica de Miguel Primo de Rivera, pero con algunas diferencias.
La censura se estableció con mucha más dureza y eficacia que en la España de Primo de Rivera.
En el año 1933 se dio otro paso fundamental en el establecimiento del Nuevo Estado: la promulgación de una Constitución corporativista; la primera del mundo. Portugal, además, se definía como una república unitaria. Se establecían dos cámaras: una asamblea nacional con poderes reducidos y elegida por sufragio restringido, y otra cámara de carácter corporativo. El cerebro de la nueva fórmula política, y que sustuía al sistema parlamentario era Teotonio Pereira. Pero el sistema corporativo, como se demostró en este caso y en otros, no fue muy efectivo. Era un foro para el debate entre los miembros de la clase dirigente, y con marcado carácter clerical.
El salazarismo ya estaba en marcha en los años treinta, pero sufrió algunas cambios en función de la realidad política internacional. Durante la guerra civil española se inclinó hacia posturas e ideas fascistas, mientras que permitió que la oposición se presentara a las elecciones después de terminar la II Guerra Mundial.
El sistema fue mucho más estable que la Dictadura de Primo de Rivera por la carencia de movilización política en Portugal, pero fue mucho más conservador y reaccionario. Pensemos, por ejemplo, que la mujer no tuvo derecho al voto hasta finales de los años sesenta.
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jueves, 17 de diciembre de 2009
Los orígenes del Salazarismo. Tercera Parte
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miércoles, 16 de diciembre de 2009
Los orígenes del Salazarismo. Segunda Parte
Hasta el año 1928 el nuevo régimen se caracterizó por una fuerte inestabilidad política, debido tanto a las conspiraciones de izquierda, como por problemas económicos, como queda patente en el caos hacendístico, cuyo responsable fue Sinel de Codes. A Portugal se le negó un préstamo internacional porque se carecía de una política económica clara.
Parecía que Portugal se encaminaba hacia una especie de parlamentarismo pero de cuartel, es decir, que los militares decidían por votación las decisiones a tomar, y las conspiraciones terminaban enviando a sus cabecillas a las colonias africanas. Los militares estaban desunidos y solamente les unía la lucha contra la izquierda. Curiosamente, las huelgas no estaban prohibidas.
Parecía que Portugal se encaminaba hacia una especie de parlamentarismo pero de cuartel, es decir, que los militares decidían por votación las decisiones a tomar, y las conspiraciones terminaban enviando a sus cabecillas a las colonias africanas. Los militares estaban desunidos y solamente les unía la lucha contra la izquierda. Curiosamente, las huelgas no estaban prohibidas.
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Los orígenes del Salazarismo. Primera Parte
En los siguientes artículos intentaremos estudiar el origen del salazarismo, entre los años 1926 y 1932. Para ello presentamos un resumen del apartado correspondiente del trabajo de Javier Tusell, "Las dictaduras ibéricas", en el volumen número 9, La Europa de las dictaduras, de la colección de Historia del Siglo XX de la revista Historia 16, 1983, aunque con algunas aportaciones propias.
El proceso que lleva a la creación de un sistema autoritario y dictatorial de fuerte contenido conservador en Portugal no fue rápido. Si por un lado hay ciertas semejanzas entre la situación política previa entre la España y el Portugal de comienzos de los años veinte: un sistema parlamentario en crisis, (aunque la primera sea una monarquía, y la segunda una república), así como en el carácter no sangriento del golpe de estado que terminó con dicho sistema, existen claras diferencias entre los dos procesos. En el caso español la dictadura tenía unas características definidas, mientras que en el portugués hubo que pasar varios años para que se definiera claramente. Además, la dictadura española estaba protagonizada por un militar, y la portuguesa terminó por tener a su frente a un profesor universitario. Por fin, la dictadura española terminó dando paso a una república democrática, y la portuguesa continuó en el tiempo hasta el año 1974, aunque luego la experiencia republicana española se truncara con un golpe de estado y una guerra civil que desembocó en la dictadura franquista posterior.
La república parlamentaria portuguesa concluye con un golpe de estado en mayo de 1926. El golpe no sangriento concitó el apoyo de diversos sectores. Los principales personajes políticos y militares que lo protagonizaron no plantearon una clara alternativa política. Estaba el general Gomes da Costa de marcada tendencia derechista pero no se consideraba un dictador militar. Otro de los protagonistas, el general Carmona era católico, masón y republicano, una mezcla complicada pero que le permitía, por otro lado, ejercer un papel de árbitro en el ejército. Tampoco era un dictador que pudiera ser asimilado a Miguel Primo de Rivera que, en España, hacia unos años se había hecho con el poder con otro golpe no sangriento. No había pues, una cabeza clara; a lo sumo Carmona podría ser considerado una especie de primus inter pares.
El proceso que lleva a la creación de un sistema autoritario y dictatorial de fuerte contenido conservador en Portugal no fue rápido. Si por un lado hay ciertas semejanzas entre la situación política previa entre la España y el Portugal de comienzos de los años veinte: un sistema parlamentario en crisis, (aunque la primera sea una monarquía, y la segunda una república), así como en el carácter no sangriento del golpe de estado que terminó con dicho sistema, existen claras diferencias entre los dos procesos. En el caso español la dictadura tenía unas características definidas, mientras que en el portugués hubo que pasar varios años para que se definiera claramente. Además, la dictadura española estaba protagonizada por un militar, y la portuguesa terminó por tener a su frente a un profesor universitario. Por fin, la dictadura española terminó dando paso a una república democrática, y la portuguesa continuó en el tiempo hasta el año 1974, aunque luego la experiencia republicana española se truncara con un golpe de estado y una guerra civil que desembocó en la dictadura franquista posterior.
La república parlamentaria portuguesa concluye con un golpe de estado en mayo de 1926. El golpe no sangriento concitó el apoyo de diversos sectores. Los principales personajes políticos y militares que lo protagonizaron no plantearon una clara alternativa política. Estaba el general Gomes da Costa de marcada tendencia derechista pero no se consideraba un dictador militar. Otro de los protagonistas, el general Carmona era católico, masón y republicano, una mezcla complicada pero que le permitía, por otro lado, ejercer un papel de árbitro en el ejército. Tampoco era un dictador que pudiera ser asimilado a Miguel Primo de Rivera que, en España, hacia unos años se había hecho con el poder con otro golpe no sangriento. No había pues, una cabeza clara; a lo sumo Carmona podría ser considerado una especie de primus inter pares.
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