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sábado, 21 de agosto de 2010

Utopías

En la historia de la ciencia política las utopías han tenido una gran importancia como ejercicios intelectuales que los pensadores han realizado con el fin de presentar un programa o proyecto político para el futuro como alternativa a un presente que consideraban nocivo o lleno de problemas e injusticias. También, se han creado utopías negativas que anunciaban un mundo controlado por poderes que se escapaban a la voluntad de los hombres. ¿Qué importancia tienen las utopías, pues, en el pensamiento político?, ¿qué influencia ejercen o han ejercido en la historia?, ¿por qué han generado tanta fascinación al hombre y, por contra, las negativas parecen tan reales?

Por utopía se conoce un conjunto de ideas y valores que, aunque aceptando su carácter dificilmente realizable, se exponen y explican como un programa o proyecto político a realizar. El término, como todo el mundo sabe, nace del famoso libro de Tomás Moro al imaginar su isla feliz sin conflictos. Después nacería todo un género: Campanella con La Ciudad del Sol, Bacon y su Nueva Atlántida, los socialistas utópicos (Fourier, Cabet, Saint Simon, Morris, etc..), los utópicos anarquistas y libertarios, etc..

Las utopías se presentan como una alternativa a lo existente, y buscan la concordia entre los hombres. Se pretende un hombre nuevo, libre de las ataduras que le impiden ser libre en este mundo, donde la violencia desaparecería, y donde no habría propiedad privada, siempre considerada como nefasta y generadora de conflictos, con división de tareas entre las intelectuales y las manuales, y donde reinaría la igualdad. Pero, aunque se pueden rastrear ideas o rasgos comunes entre todas las utopías, hay, como decíamos, al principio, utopías negativas y que prefiguran un mundo de fuerte control del hombre, frente al ideal del hombre libre sin poderes o gobiernos que le tiranizan. La utopía negativa más famosa es la de George Orwell, 1984, toda una pesadilla de totalitarismo. Pensemos, además, en el contexto en el que escribe el autor.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Algunos apuntes sobre el socialismo utópico

Después de habernos dedicado de forma casi exhaustiva al nacionalismo nos adentramos en el mundo del socialismo utópico. En este artículo se exponen algunas notas sobre el mismo.
El socialismo utópico tiene en Francia uno de los contextos más favorables para su formulación. Si en la Inglaterra industrial con mayor masa obrera es el sindicalismo de los Trade-Unions y el movimiento cartista son los ue absorben las energías de cambios, en la Francia menos industrial y, por lo tanto, con menos proletariado, pero con una tradición intelectual muy arraigada, van a ser los pensadores los que van a reflexionar sobre las contradicciones de la industrialización o sus consecuencias no positivas. Este es el entorno en el que van a aparecer una serie de intelectuales que buscan soluciones ideales, unas alternativas. Ahí están Saint-Simon, Fourier, Louis Blanc, o Cabet.
Aunque podemos hablar de un conjunto de socialistas utópicos no hay muchos elementos comunes entre ellos. Sí se puede afirmar que no defienden métodos revolucionarios, sino procesos evolutivos y siempre con medios pacíficos. El cambio social no estaría en la capacidad revolucionaria del proletariado, como defenderá Marx, sino en el convencimiento progresivo y en la aceptación por parte de la burguesía de la necesidad de efectuar cambios. Frente a los enfrentamientos de clase, abogan por la concordia y el entendimiento. No cabe duda que Rousseau marcó a muchos de estos socialistas. Los socialistas utópicos, en todo caso, no dedicaron mucha atención a los medios para estos cambios, sino que dedicaron sus energías a elaborar los proyectos del futuro.
Una de las familias más interesantes del socialismo sería e que denominamo utópico en el siglo diecinueve que, a pesar de plantear soluciones difíciles de poner en marcha, nos ha legado un profundo humanismo, ideas de fraternidad, un fuerte idealismo y el valor de la solidaridad que, sin lugar a dudas, forman ya parte del acerbo cultural de la izquierda.
Uno de los socialistas utópicos más interesantes fue Fourier y sus falansterios, pequeñas ciudad de unos 1600 habitantes, en unas especie de grandes construcciones que se asemejaban a los palacios de la época de Luis XIV. En esas ciudades no habría una especialización excesiva del trabajo, ya que sus habitantes harían las distintas tareas de forma alterna. Sí habría propiedad privada y hasta derecho a heredar, pero los instrumentos de la producción serían comunes. Fourier buscaba el apoyo de burgueses para instalar sus falansterios. De hecho, hubo falansterios en Francia, Inglaterra, Rusia y Estados Unidos, pero fracasaron.
Otro de los grandes socialistas utópicos fue Cabet. En el año 1842 publicó su "Viaje a Icaria", en el que se describe un modelo utópico con influencia de Tomás Moro y de Platón. Cabet presenta una sociedad más revolucionaria que la que planteaba Fourier, ya que las instituciones debían regularse por sufragio universal. La propiedad privada se respeta.