Vicente González García-Carrizo nació en el año 1900 en San Lorenzo de El Escorial (Madrid). Estudió en el Colegio Alfonso XII en el Monasterio para luego empezar la carrera de Medicina en Salamanca. Pero no pudo acabar la carrera porque su familia no podía seguir pagándole los estudios, ya que, al cuarto año de estudios su padre falleció. Al menos, Carrizo consiguió que le convalidaran los cursos aprobados por la carrera de Magisterio. Eso le permitió dedicarse a la docencia junto con su hermana Amalia en las Escuelas Públicas de su localidad.
En 1930 contrae matrimonio, y entra a servir como jefe del Centro de Telefónica en San Lorenzo de El Escorial. Comienza a participar activamente en la prensa colaborando en distintos medios, especialmente en el periódico "Progreso". Es nombrado director-gerente de la publicación titulada "Renovación".
Nuestro protagonista llegó a ser, además, presidente de uno de los dos clubs de fútbol de la localidad.
A Carrizo le cabe el honor de fundar el PSOE en el Real Sitio en un año clave, en 1931, además de ser elegido concejal. Al año siguiente, es elegido alcalde. Fue un edil muy activo. Entre sus logros se pueden citar los siguientes: creación de la escuela pública "Pablo Iglesias", ampliación del mercado y del matadero. En el año 1934 es despojado de su cargo y arrestado en su domicilio, al ser acusado de participar en los hechos revolucionarios de ese año. En febrero de 1936 es repuesto en su cargo.
Al finales de 1936 se traslada con su familia a la provincia de Valencia porque su esposa, Dolores Moreno, se encontraba seriamente enferma. Pero Carrizo no permanece ocioso, y viaja, continuamente a San Lorenzo para traer suministros y provisiones para sus vecinos. Su mujer fallece, y se casa con su cuñada.
En febrero de 1939 Carrizo se alista como soldado para acallar las críticas que recibe porque algunos sectores le consideraban un cobarde por estar en la retaguardia. Es designado escribiente del coronel Casado. Pero tiene que volver a San Lorenzo para hacerse cargo de la alcaldía ante la gravedad de la situación. También fue vocal de la Comisión Gestora de la Diputación de Madrid.
Además, nuestro protagonista fue masón reconocido, consejero del Patrimonio, y secretario del Socorro Rojo Internacional. En el año 1936 se descató para defender la vida de muchas personas simpatizantes con los sublevados en San Lorenzo. Al parecer, también tuvo que ver con los esfuerzos para salvar la vida de muchos agustinos del Monasterio. Los milicianos le responsabilizaron de la huida de estos monjes, aunque luego los sublevados le acusaran de todo lo contrario.
Carrizo pudo haberse exiliado en México, pero se niega porque considera que no había hecho nada malo, y que, por tanto, no le pasaría nada. Al entrar las tropas sublevadas es detenido, y juzgado en el Casino. No quiso abogado. El fiscal pidió la pena de muerte, pero es condenado a treinta años de prisión. Es trasladado a la cárcel de Cuéllar. Intentó que su hermano Miguel, juez de Responsabilidades Políticas en Mallorca le ayude, pero éste le contesta que se encuentra muy lejos para poder hacer algo en su favor. También intentó que algún destacado falangista, compañero de estudios de la juventud, le ayudara, aunque la carta no llegó a su destinatario.
Al final, es sometido a un segundo juicio en septiembre de 1939. Es declarado culpable del delito de adhesión a la rebelión. Es fusilado en el cementerio del Este en Madrid el 17 de noviembre de ese año.
Ver:
http://quieneseran.blogspot.com/search/label/San%20Lorenzo%20de%20El%20Escorial
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miércoles, 25 de diciembre de 2013
Vicente González García-Carrizo
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jueves, 17 de mayo de 2012
El Progreso
“El Progreso” fue un periódico barcelonés que nació en 1906 y de tendencia republicana radical. Fue una plataforma política de Alejandro Lerroux en la capital catalana. La primera etapa del periódico, dirigida por Emiliano Iglesias, se caracterizó, como el primer radicalismo, por su combatividad, especialmente contra el catalanismo y contra el anarcosindicalismo. En algunas ocasiones sufrió suspensiones gubernamentales. Pero, al igual que el Partido Republicano Radical, se fue moderando con el tiempo, coincidiendo con la llegada de la Segunda República. En el año 1933 pasó a denominarse “Renovación”, editándose hasta el año 1939.
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sábado, 14 de abril de 2012
Dolores Cejudo Serrano
Dolores Cejudo Serrano fue maestra de la Escuela de Niñas nº 1 de Las Mesas (Cuenca) desde 1931. Se afilió a la FETE y se adhirió al movimiento freinetiano, es decir de Celestín Freinet, de renovación pedagógica.
Al terminar la contienda fue depurada y separada definitivamente del escalafón.
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sábado, 24 de diciembre de 2011
La Historia manipulada en el Museo Nacional de China
En Tiananmen se puede visitar el Museo Nacional de China después de una intensa labor de renovación y de haber fusionado el Museo de Historia y el de la Revolución. Pero la visión de la Historia contemporánea de China ha generado una polémica de la que se ha hecho eco el diario francés “Le Monde”. Al parecer la era de Mao, aunque solamente aparece una imagen del líder, está dedicada a relatar y mostrar los logros y éxitos de la misma, mientras que, por ejemplo, “la revolución cultural” casi ni aparece y se elude tratar su carácter sangriento, mientras que las protestas de Tiananmen ni tan siquiera tienen cabida en el Museo.
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lunes, 8 de agosto de 2011
El PSOE durante el franquismo. Tercera y última parte
El divorcio entre la dirección del partido en el exilio y los socialistas en el interior se ahondó en los años sesenta. En esos momentos, Llopis llevaba casi treinta años fuera de España y era muy reacio a las posturas del interior porque podrían, según su visión, alejarse de las esencias del partido, de las que se consideraba su máximo guardián. No cabe duda, que este divorcio fue una de las causas del lentísimo desarrollo del PSOE frente a otras opciones políticas del antifranquismo en esa década.
El socialismo en el interior durante los años sesenta siguió un rumbo político distinto del marcado desde Francia. En 1967 se celebró el Congreso del Moviment Socialista de Catalunya, cuyos principales líderes defendieron una marcada autonomía frente a la dirección en el exilio. En 1968 se fundó el Partido Socialista del Interior, es decir, la nueva denominación del grupo de seguidores de Enrique Tierno Galván, quien en 1965 había militado en el PSOE aunque fuera expulsado del mismo al poco tiempo. Esta formación de Tierno Galván se caracterizó por una militancia formada casi exclusivamente por profesores universitarios.
El PSOE comenzó a vivir su renovación en la segunda mitad de los años sesenta. En primer lugar, se abandonó el anticomunismo y se adoptó un cierto tono libertario, algo más acorde con la época. Se presentaron tres grupos de jóvenes socialistas, procedentes de tres zonas geográficas distintas. En primer lugar, estarían los vascos con Enrique Múgica y Nicolás Redondo. Por Madrid, destacaría Pablo Castellanos y, por fin, estaría el núcleo andaluz o sevillano con Felipe González y Alfonso Guerra.
Los renovadores del socialismo tuvieron que dedicar mucho tiempo y esfuerzo para conseguir el poder dentro del Partido, además de vivir no pocas controversias y enfrentamientos. Solamente en 1967 los renovadores del interior consiguieron una representación importante en la dirección del Partido. En 1969 aparece en las reuniones de la dirección exterior Felipe González. En 1970, Llopis terminó por aceptar una especie de solución de compromiso: él desempeñaría la representación internacional del PSOE, mientras que en España la dirección del partido estarían en manos de los que allí estaban y vivían. Por su parte, la UGT llegó a otro compromiso, al año siguiente, ya que se estableció un comité mixto compuesto por dirigentes del exilio y del interior, terminando por predominar los últimos.
El año 1973 sería crucial para el socialismo español porque los renovadores se hicieron con el poder, gracias, especialmente, a los socialistas vascos y madrileños y no tanto de los sevillanos, pero que beneficiaría a Felipe González, una personalidad política en alza y que y se adivinaba como líder. El proceso no fue fácil, con dimisiones incluidas de Felipe González y Alfonso Guerra en el año 1973, defensores de posturas radicales ante la posibilidad de ascenso a la ejecutiva de sectores más moderados provenientes de la Democracia Cristiana.
La victoria definitiva de los renovadores no se daría hasta el otoño de 1974. En este triunfo tuvo mucho que ver, también, el apoyo que recibieron de los dirigentes de la Internacional Socialista. En Suresnes se celebró el trascendental congreso en el que triunfaría Felipe González y supondría la marginación voluntaria de Nicolás Redondo. Pero no debemos olvidar e insistir que el PSOE era un partido político con una fuerza muy limitada dentro del conjunto del antifranquismo, muy alejado de la preponderancia del PCE, por ejemplo. El PSOE tenía unos 2.500 afiliados en el interior, destacando el núcleo vasco guipuzcoano y unos 1.000 en el exterior. En el Congreso se tomaron una serie de decisiones que pueden ser consideradas como radicales con repudio del capitalismo y de los “bloques militares”. Pero era evidente que este Congreso sirvió para poner al PSOE en el camino del éxito político en la Transición, a pesar de la debilidad apuntada. El PSOE pudo combinar el simbolismo de sus siglas que representaban una parte fundamental de la historia de la izquierda española con el radicalismo de las nuevas generaciones jóvenes españolas, a pesar de que, relativamente pronto, este radicalismo se abandonó, sin negar que ese abandono pudo ser otra baza a su favor en las primeras elecciones democráticas. Por otro lado, el Partido se presentaba ahora como una organización interclasista y con una fuerte presencia universitaria. Es evidente que Suresnes marcaría la renovación generacional e ideológica del PSOE y sentaría las bases de su éxito.
El PSOE comenzó a convertirse en una fuerza política que atrajo a diversos sectores que hasta ese momento se habían denominado como “socialistas”. Era evidente que no tenía la capacidad, la militancia y las estructuras del PCE en vísperas de la muerte de Franco y, por ello, consciente de estas carencias, Felipe González se trasladó a vivir a Madrid para comenzar a montar la nueva organización.
El socialismo en el interior durante los años sesenta siguió un rumbo político distinto del marcado desde Francia. En 1967 se celebró el Congreso del Moviment Socialista de Catalunya, cuyos principales líderes defendieron una marcada autonomía frente a la dirección en el exilio. En 1968 se fundó el Partido Socialista del Interior, es decir, la nueva denominación del grupo de seguidores de Enrique Tierno Galván, quien en 1965 había militado en el PSOE aunque fuera expulsado del mismo al poco tiempo. Esta formación de Tierno Galván se caracterizó por una militancia formada casi exclusivamente por profesores universitarios.
El PSOE comenzó a vivir su renovación en la segunda mitad de los años sesenta. En primer lugar, se abandonó el anticomunismo y se adoptó un cierto tono libertario, algo más acorde con la época. Se presentaron tres grupos de jóvenes socialistas, procedentes de tres zonas geográficas distintas. En primer lugar, estarían los vascos con Enrique Múgica y Nicolás Redondo. Por Madrid, destacaría Pablo Castellanos y, por fin, estaría el núcleo andaluz o sevillano con Felipe González y Alfonso Guerra.
Los renovadores del socialismo tuvieron que dedicar mucho tiempo y esfuerzo para conseguir el poder dentro del Partido, además de vivir no pocas controversias y enfrentamientos. Solamente en 1967 los renovadores del interior consiguieron una representación importante en la dirección del Partido. En 1969 aparece en las reuniones de la dirección exterior Felipe González. En 1970, Llopis terminó por aceptar una especie de solución de compromiso: él desempeñaría la representación internacional del PSOE, mientras que en España la dirección del partido estarían en manos de los que allí estaban y vivían. Por su parte, la UGT llegó a otro compromiso, al año siguiente, ya que se estableció un comité mixto compuesto por dirigentes del exilio y del interior, terminando por predominar los últimos.
El año 1973 sería crucial para el socialismo español porque los renovadores se hicieron con el poder, gracias, especialmente, a los socialistas vascos y madrileños y no tanto de los sevillanos, pero que beneficiaría a Felipe González, una personalidad política en alza y que y se adivinaba como líder. El proceso no fue fácil, con dimisiones incluidas de Felipe González y Alfonso Guerra en el año 1973, defensores de posturas radicales ante la posibilidad de ascenso a la ejecutiva de sectores más moderados provenientes de la Democracia Cristiana.
La victoria definitiva de los renovadores no se daría hasta el otoño de 1974. En este triunfo tuvo mucho que ver, también, el apoyo que recibieron de los dirigentes de la Internacional Socialista. En Suresnes se celebró el trascendental congreso en el que triunfaría Felipe González y supondría la marginación voluntaria de Nicolás Redondo. Pero no debemos olvidar e insistir que el PSOE era un partido político con una fuerza muy limitada dentro del conjunto del antifranquismo, muy alejado de la preponderancia del PCE, por ejemplo. El PSOE tenía unos 2.500 afiliados en el interior, destacando el núcleo vasco guipuzcoano y unos 1.000 en el exterior. En el Congreso se tomaron una serie de decisiones que pueden ser consideradas como radicales con repudio del capitalismo y de los “bloques militares”. Pero era evidente que este Congreso sirvió para poner al PSOE en el camino del éxito político en la Transición, a pesar de la debilidad apuntada. El PSOE pudo combinar el simbolismo de sus siglas que representaban una parte fundamental de la historia de la izquierda española con el radicalismo de las nuevas generaciones jóvenes españolas, a pesar de que, relativamente pronto, este radicalismo se abandonó, sin negar que ese abandono pudo ser otra baza a su favor en las primeras elecciones democráticas. Por otro lado, el Partido se presentaba ahora como una organización interclasista y con una fuerte presencia universitaria. Es evidente que Suresnes marcaría la renovación generacional e ideológica del PSOE y sentaría las bases de su éxito.
El PSOE comenzó a convertirse en una fuerza política que atrajo a diversos sectores que hasta ese momento se habían denominado como “socialistas”. Era evidente que no tenía la capacidad, la militancia y las estructuras del PCE en vísperas de la muerte de Franco y, por ello, consciente de estas carencias, Felipe González se trasladó a vivir a Madrid para comenzar a montar la nueva organización.
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