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lunes, 17 de junio de 2013

La concesión de títulos nobiliarios en el franquismo

Según la Ley de Sucesión de 1947 España se constituía en Reino aunque, como bien se sabe, sin rey en ese momento. Un decreto de 4 de junio de 1948 establecía que todas las referencias que en la legislación se hacían al rey y a la Monarquía se atribuían al jefe del Estado. Así pues, Franco decidió conceder títulos nobiliarios como habían venido haciendo desde tiempo inmemorial los monarcas. Estos títulos servían para premiar a personajes leales al franquismo: militares que se hubieran destacado en la guerra, civiles que hubieran realizado servicios a favor de la causa, o personajes fallecidos. También, concedió la Grandeza de España, el máximo honor para un noble en España.
Algunos de los títulos fueron los siguientes:

Duque de Primo de Rivera a José Antonio, a título póstumo.
Duque de Mola al general Emilio Mola, a título póstumo.
Duque de Calvo Sotelo a Calvo Sotelo, a título póstumo.
Conde del Alcázar de Toledo al general José Moscardó.
Marqués de Queipo de Llano al general Gonzalo Queipo de Llano.
Conde de Arruga al oftalmólogo Hermenigildo Arruga
Conde de Arteche al presidene del Banco de Bilbao, Julio Arteche.
Marqués de Varela de San Fernando al general Enrique Varela.
Marqués de Santa María de la Almudena, al nuncio de Su Santidad en España, cardenal Federicho Tedeschini.
Conde de Fenosa a Pedro Barrié de la Maza, presidente de Fenosa.
Marqués de Suances a Juan Antonio Suances.
Condesa del Castillo de la Mota a Pilar Primo de Rivera.
Marquesado de Ramón y Cajal, al Nobel Santiago Ramón y Cajal, a título póstumo.
Baronesa de Camporredondo a María Samaniego y Martínez-Fortún, suegra de José Antonio Girón, y que había perdido al marido y a tres hijos varones en Madrid durante la guerra, asesinados.
Duque de Cádiz con tratamiento de Alteza Real a Alfonso de Borbón y Dampierre, y a su esposa, la nieta de Franco, Carmen Martínez-Bordiú.

miércoles, 16 de enero de 2013

Isidro Gomà i Tomàs. De la Monarquía a la República (1927-1936)


La historiografía se ha interesado por el apoyo que Isidro Gomà, en su condición de Primado de España, brindó a los sublevados durante la Guerra Civil. Sin embargo, es fundamental conocer su paso por el obispado de Tarazona para tener una visión completa. En este tiempo, fortaleció sus convicciones integristas y adquirió gran notoriedad como adalid de la Iglesia frente a las reformas laicistas. Difundió con profusión sus escritos y supo estar cerca de quienes le podían ayudar en su ascenso en la jerarquía eclesiástica.
Por todo ello, la Santa Sede pensó en él cuando buscó a un candidato para la silla primada que propugnara una política de firmeza frente al reformismo republicano. Ya en Toledo, Gomà se centró en recobrar para la primatura toledana el control de la Iglesia de España.
Este libro muestra cómo el pensamiento de Gomà, manifestado entre 1927 y 1936, no difirió del expuesto a partir del comienzo de la Guerra Civil. La violencia sufrida por la Iglesia en el conflicto favoreció su posicionamiento a favor de los sublevados, pero existía ya una línea de continuidad muy clara en la ideología de Gomà —y en la de la Iglesia bajo su responsabilidad—, que procedía de los tiempos de la Monarquía, se afianzó en la lucha contra el laicismo de la República y fue la base del ideario de la «Cruzada» y del nacionalcatolicismo durante la guerra y el franquismo.
Visto en:

martes, 11 de diciembre de 2012

“¿República o Monarquía? Libertad. Correspondencia (1945-1949)”


“¿República o Monarquía? Libertad. Correspondencia (1945-1949)”
Francisco Largo Caballero, Indalecio Prieto y Luis Araquistáin.
En este año 2012 se cumplen 50 años de la muerte de Indalecio Prieto en México y, por este motivo, la Cátedra del Exilio coedita con el Fondo de Cultura Económica y la Fundación Cultural Indalecio Prieto la correspondencia entre Prieto, Largo Caballero y Araquistáin. Cartas ceñidas a los años 1945-1949 en los que se debatió la reinstauración de la democracia en España tras la derrota del fascismo y el nazismo en la Segunda Guerra Mundial.
Todo hacía pensar que el régimen autoritario instaurado por Franco seguiría los mismos pasos que los de Hitler y Mussolini, pero las condiciones geopolíticas que estableció la Guerra Fría beneficiarían indirectamente a la dictadura franquista.
Las organizaciones democráticas españolas se debatieron entre la opción de reconstruir las instituciones republicanas o el apoyo a un diálogo con los monárquicos antifranquistas. Los dirigentes socialistas españoles lo tuvieron claro: por encima de todo estaba la libertad del pueblo español sometido en esos años a una represión sangrienta e inhumana y, en este sentido, no cerraron la puerta a ninguna de las posibles soluciones. Ante el dilema ¿República o Monarquía?, su respuesta fue categórica: libertad, libertad, libertad.
Ver:

viernes, 20 de enero de 2012

Biografía de José Sánchez Guerra

José Sánchez Guerra, un hombre de honor (1859-1935). Éste es el título del libro de Miguel Martorel Linares editado por Marcial Pons Ediciones de Historia. Esta obra la resume así la editorial: "A lo largo de medio siglo, José Sánchez Guerra lo fue todo, o casi todo, en la política. Fue diputado entre 1886 y 1931, varias veces ministro, presidente del Congreso de los Diputados y del Gobierno, jefe del Partido Conservador y líder de la oposición a la dictadura de Primo de Rivera. Cuando falleció, en 1935, un periodista escribió que con él desaparecía la «España del romanticismo político». Y algo de cierto había en ello: Sánchez Guerra fue un hombre de honor que se batió varias veces en duelo, que en 1923 desarticuló un golpe de Estado militar abofeteando en público al candidato a dictador, que en 1929 encabezó una insurrección contra la dictadura que tenía el aire de los viejos pronunciamientos del siglo XIX y que, a pesar de ser monárquico, en 1930 acusó a Alfonso XIII de traición por romper su juramento constitucional al apoyar la dictadura de Primo de Rivera, en un acto que contribuyó a la caída de la Monarquía".
Ver:
http://www.tiempodehistoria.com/modules.php?name=News&file=article&sid=1915

jueves, 22 de diciembre de 2011

El camino hacia la Segunda República. De las elecciones municipales a la proclamación de la República


Con este artículo terminamos la serie de trabajos que hemos dedicado al proceso histórico que condujo a la proclamación de la Segunda República.

En la última entrega nos quedamos en el análisis de las elecciones municipales del 12 de abril. En ese momento se precipitaron los acontecimientos. En el seno del gobierno cundió el desconcierto: unos eran partidarios de la abdicación del rey frente a otros que deseaban resistir, como La Cierva. En el seno de las clases dominantes y en sus círculos políticos cundió el pánico ante la posibilidad de una revolución. Pero en el seno de la Conjunción también reinaba la incertidumbre, ya que no habían imaginado que la Monarquía se estuviera derrumbando tan rápidamente. Y fue la calle la que precipitó el desenlace, ya que la gente se echó a la calle una vez que se supo de la victoria moral de los republicanos y socialistas en los comicios.

El día 13 por la tarde, mientras media España estaba manifestándose por la República, el gobierno se reunió para deliberar sobre el camino a seguir. Romanones, consciente de la situación y verdadero hombre fuerte del gabinete, terminó por imponer su criterio, es decir, el traspaso ordenado el poder al gobierno provisional, y de ese modo, evitar desórdenes o un desbordamiento popular. Pero conviene recordar que esta fue la solución final de este puntal del sistema político Alfonsino, ya que, anteriormente, había propuesto a los dirigentes de la oposición la formación de un gobierno neutral que convocase elecciones con una retirada temporal del rey en París, pero Alcalá-Zamora optó por una postura firme, exigiendo la total e inmediata entrega del poder.

A primera hora de la mañana del día 15 se proclamó la República en Eibar. A lo largo de las horas, esta proclamación se extendió por las principales ciudades españolas y sin resistencia u oposición de autoridad alguna. Al comenzar la tarde, la bandera tricolor fue izada en el Palacio de las Comunicaciones de la madrileña plaza de la Cibeles.

Romanones apremió al rey a abandonar España. Al saberse que el general Sanjurjo, director de la Guardia Civil, se había puesto a las órdenes del gobierno provisional y que se negaba a reprimir a los manifestantes, se fue consciente que la suerte de la Monarquía estaba echada. El rey abandonó el Palacio Real y embarcó en Cartagena rumbo al exilio. Su último acto fue la elaboración y publicación de un manifiesto en el diario ABC sobre su abdicación. El resto de la familia real marchó, posteriormente, y se reunió con Alfonso XIII en París. España se había convertido en una República.

jueves, 20 de octubre de 2011

Las fuerzas dinásticas en la víspera de la República

Los partidos dinásticos del turno político del sistema de la Restauración, llevaban ya mucho tiempo divididos en fracciones vinculadas a distintos líderes. Durante la Dictadura de Primo de Rivera casi habían desaparecido. Muchos de sus cuadros habían ingresado en la Unión Patriótica, mientras que algunos destacados personajes habían sufrido la represión del régimen, como la padecida por Sánchez Guerra, Santiago Alba y el conde de Romanones.




Al terminar la Dictadura, los partidos conservador y liberal intentaron resurgir, y reconstruir su influencia electoral, basada en el caciquismo pero las circunstancias políticas eran adversas para resucitar viejas maquinarias políticas obsoletas. Por un lado, regresaron las viejas divisiones, acrecentadas, además por las distintas visiones que sus líderes políticos tenían sobre el período de transición y el futuro de la Monarquía. Destacados personajes del sistema político monárquico iniciaron un intenso debate sobre el futuro. Unos, siendo monárquicos, como Sánchez Guerra, criticaban abiertamente la actitud de Alfonso XIII, mientras que otros, como Ángel Ossorio, Niceto Alcalá-Zamora y Miguel Maura, se declararon por la salida republicana. Por otro lado, las bases sociales del antiguo sistema de partidos estaban abandonando masivamente la causa monárquica. La clase media española estaba inclinándose, como hemos señalado en otros artículos de esta serie, por la República.



En este momento surgieron nuevas formaciones políticas. Destacaría el Bloque Constitucional, formado en marzo de 1930 por el Partido Reformista de Melquíades Álvarez y sectores liberales y conservadores afines a Sánchez Guerra, Burgos Mazo y Bergamín. Pero el Bloque era más bien una tertulia o grupo de opinión de políticos prestigiosos sin base social alguna, como un partido del pasado. El Bloque era monárquico pero crítico con la situación a la que el rey había llevado a la Monarquía, y no se encontraban muy lejos de los republicanos más moderados. Defendían la abdicación de Alfonso XIII, la exigencia de responsabilidades por la Dictadura y la convocatoria de unas Cortes Constituyentes.



En el otro extremo del grupo de fuerzas dinásticas estarían los herederos de la Unión Patriótica de Miguel Primo de Rivera. Esta formación se transformó en la Unión Monárquica Nacional, presidida por el conde de Guadalhorce. Entre sus líderes destacarían José Calvo Sotelo, Ramiro de Maeztu y José Antonio Primo de Rivera. Eran ultraconservadores y se empeñaron en defender la obra del dictador, además de ser muy críticos con el gobierno Berenguer. Querían una reforma constitucional en un sentido autoritario.



Más a la derecha estaría un grupo de formaciones de escaso peso: el Partido Nacionalista Español de Albiñana, el Partido Laborista de Eduardo Aunós, y la Juventud Monárquica Independiente de Eugenio Vegas Latapié.



Por último, estaría un sector más dinámico del sector político dinástico español. Nos referimos al Centro Constitucional, creado en marzo de 1931. Esta formación nació de la convergencia de la Lliga Regionalista, el Partido Maurista y de otros grupos regionalistas. El Centro Constitucional estuvo dirigido por Cambó y por Gabriel Maura. Defendía la monarquía parlamentaria, un programa político reformador y descentralizador. Podría haber sido una baza importante para el mantenimiento de la Monarquía pero llegaba muy tarde, apenas semanas antes del final de la misma.

viernes, 11 de marzo de 2011

Francesc Cambó i Batlle

Francesc Cambó nació en Verges en 1876. Pasó su infancia en Besalú donde el padre era el hereu de una familia de comerciantes y propietarios arraigada en la zona desde el siglo XVI. Estudia en Figueres, Girona y Barcelona. Se licencia en Filosofía y Letras y en Derecho en la Universitat de Barcelona. Miembro activo del Centre Escolar Catalanista, del que fue secretario y presidente, trabaja con Narcís Verdaguer i Callís y en 1899 entra a formar parte del Centre Nacional Català. En 1901 se implicará en la fundación de la Lliga Regionalista y a dedicarse en pleno a la política. Por este partido saldrá elegido concejal del Ayuntamiento de Barcelona en las elecciones municipales de 1901. Cambó apostará, desde la Lliga, por un catalanismo moderado y por la intervención en la vida política española, como hemos estudiado en el artículo monográfico sobre el partido político. Participará en la formación de Solidaritat Catalana, que desde su perspectiva debía ser un instrumento para conseguir su propósito de intervenir activamente en Madrid. Fue herido gravemente en un atentado en Hostafrancs en 1907 y a los pocos días es elegido diputado solidario por Barcelona pero en 1910 es derrotado en el distrito de La Bisbal por el candidato republicano Salvador Albert. En marzo de 1912 consigue el escaño en unas elecciones complementarias por Castellterçol, renovando el mismo en 1914 y 1916, y por Barcelona en 1918, 1919, 1920 y 1923, siempre por la Lliga. En junio de 1916 pronuncia uno de sus más importantes discursos políticos en el que solicitaba la autonomía para Cataluña más allá de una mera descentralización administrativa. Al morir Enric Prat de la Riba, Cambó pasó a dirigir la Lliga y potenciará un cambio de estrategia hacia posturas más conservadoras y de colaboración con el sistema político estatal. Fue nombrado ministro de Fomento en el gobierno de salvación nacional de Antonio Maura en 1918, y ministro de Economía en 1921.


La creación de Acció Catalana resta votos a la Lliga y provoca la fuga de personalidades de gran peso político. Esta crisis se refleja en las elecciones de 1923. El fracaso de la experiencia de gobierno en Madrid producen que Cambó se retire de la política durante un tiempo, coincidiendo, además, con la llegada de la Dictadura de Primo de Rivera. Durante los años veinte Cambó se dedica a sus actividades financieras, la realización de largos viajes y la promoción de actividades de mecenazgo.

Al caer la Dictadura de Primo de Rivera, Cambó regresa a la política y a la dirección de la Lliga. En 1930 defiende la continuidad de la Monarquía en Per la concòrdia. Es elegido diputado en 1933 por Barcelona, después del cambio de nombre de la Lliga Regionalista por el de Lliga Catalana. Pero en 1936 es derrotado en las elecciones de febrero. Es el momento que elige para marcharse de viaje al extranjero para no regresar jamás. Vivirá en diversos países, principalmente en Suiza, luego en Estados Unidos y, por fin, en la Argentina donde morirá en 1947.

Cambó se destacó, además, de por su intensa vida política por sus actividades financieras y, especialmente, por su mecenazgo a favor de la cultura catalana. Creó la Fundación Bernart Metge para la traducción al catalán de las obras clásicas. Otras dos fundaciones culturales deben ser reseñadas: la Bíblica Catalana y la Hebraico-Catalana. Patrocinará la redacción de la Història de Catalunya de Ferran Soldevila y el Diccionari General de Llengua Catalana de Pompeu Fabra. Al final, donó su valiosísima colección de arte a la ciudad de Barcelona y al Museo del Prado.

Entre sus publicaciones destacamos las siguientes: La política económica de España (1918), Vuit mesos en el Ministeri de Foment (1919), El problema ferroviario en España (1921), Entorn del feixisme italià (1924), España, Cataluña y la nueva Constitución (1929), Per la concòrdia (1930), Discursos parlamentaris (1935) y Memòries. 1876-1936 (1981).

jueves, 10 de marzo de 2011

Centro Constitucional

El Centro Constitucional fue una asociación política de ámbito estatal fundada el 3 de marzo de 1931 por iniciativa de Francesc Cambó con el objetivo de cohesionar las fuerzas conservadoras españolas con la Lliga. Fue un intento de este partido para intervenir de una forma eficaz en la vida política española en plena crisis de la Monarquía. La proclamación de la República en abril desbarató el proyecto. Entre sus dirigentes estuvieron, además de Cambó, Joan Ventosa, Gabriel Maura, Antonio Goicoechea y el marqués de Figueroa.

martes, 8 de marzo de 2011

Lliga Regionalista. Segunda Parte

En julio de 1917, en plena crisis política, social y militar, la Lliga promovió la Asamblea de Parlamentarios pero ante el peligro de verse superada por las fuerzas antimonárquicas la Lliga opta por dar marcha atrás y pacta con el sistema político estatal, entrando en el gobierno en octubre de ese mismo año. Entre 1917 y 1923 la política de la Lliga oscila entre la presión autonomista con la campaña pro-Estatut, que hemos estudiado en el blog, con la activa participación en los gobiernos de Madrid, donde Cambó tendrá un especial protagonismo. Cambó defendió el accidentalismo político: “¿Monarquía?, ¿República?, ¡Catalunya!”, pero, lo que es cierto, es que la Lliga no atacó en ningún momento a la Monarquía. Con la fuerte crisis social en Barcelona, en pleno auge del choque entre anarquistas y fuerzas del orden, la Lliga optó por una tendencia harto conservadora, provocando que una gran parte de sus juventudes se saliera de la formación a la altura de 1922, así como de los intelectuales. La aceptación o casi nula oposición de la Dictadura de Primo de Rivera, al considerarla un mal menor y necesaria para mantener el orden en Barcelona, así como la defensa realizada por Cambó de la continuidad de la Monarquía en su escrito Per la concòrdia (1930), terminarán por provocar un claro divorcio entre la Lliga y el catalanismo de signo progresista.


La proclamación de la República provocará la pérdida de liderazgo de la Lliga en Cataluña y una fuerte crisis interna. Después de un período de debates internos y reticencias ante el nuevo régimen, la Lliga se reorganiza y adopta un nuevo nombre, Lliga Catalana, en febrero de 1933. Se configura como un partido conservador, católico y opuesto el reformismo republicano pero respetuoso con la legalidad. En las elecciones de noviembre de 1933 se recupera electoralmente, después del fracaso electoral de 1931. La Lliga se enfrentará a la Ley de Contratos de Cultivo, aprobada por el Parlament de Catalunya, encontrando el apoyo del gobierno de centro-derecha de Madrid. También condenará los hechos del Seis de Octubre de 1934 y participará en diversos gobiernos de gestión de la Generalitat tutelada por el gobierno central. En las elecciones de febrero de 1936 fue derrotada. La Lliga ni el partido en sí participaron en la conspiración que llevó a la sublevación militar de julio de 1936. Pero en octubre los principales dirigentes de la Lliga firmaron un escrito de apoyo a los militares rebeldes y desarrollaron actividades, especialmente de difusión de sus ideas (libros, boletines, y la revista “Occidente”, emisiones de Radio Veritat, etc..). Estos hechos provocaron que en Cataluña fueran perseguidos y reprimidos, por lo que muchos huyeron al extranjero o a la zona sublevada. Posteriormente, algunos miembros de la Lliga participaron en algunas responsabilidades en el régimen franquista pero el partido desapareció definitivamente.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Dos conceptos de República

República es un concepto jurídico y político. Procede del latín "res publica", opuesto a la "res privata". La primera alude a la comunidad política, es decir, a la "cosa pública". Así es un término genérico: el bien común. En el mundo anglosajón su equivalente sería la commonwealth. Pero, también designaria la forma de gobierno contrapuesta a la monarquía. En la primera la jefatura del estado es elegida, ya sea de forma directa como en Francia y, más o menos en Estados Unidos (en realidad, se elige un colegio electoral que elige al presidente), o de forma indirecta como en Alemania o en Italia, por poner dos ejemplos cercanos.

Así pues, también en una Monarquía tenemos República, entendida como el bien común o la comunidad política, aunque no como forma de gobierno.

Esta introducción sobre el término pretende enmarcar la discusión sobre si conviene en este momento discutir sobre un cambio de forma de gobierno, si obedece a un clamor popular o no, y si en la situación actual es importante o no tener una forma de gobierno u otra, así cómo, en caso, de cambiar, qué beneficios traería a España o qué perjuicios.

domingo, 30 de mayo de 2010

Falange y Monarquía

El modelo de monarquía

"La Falange puede vivir sin la monarquía. ¡Ah!, la que no podría vivir sería ninguna monarquía sin la Falange. Esto es, que no cabe un régimen más interesado en la vida de la Falange que ese que señalamos y el pueblo refrendó".

(En un discurso de Franco en Sevilla, delante de miles de falangistas el primero de mayo de 1956. )

lunes, 25 de enero de 2010

Monarquía Constitucional o Monarquía Parlamentaria

Conviene precisar bien los conceptos en ciencia política. En ocasiones se usan, indistintamente, para designar lo mismo estas dos formas de Monarquía. Pues bien, no son iguales, ni mucho menos.
La Monarquía Constitucional y la Monarquía Parlamentaria se parecen porque se dan con sistemas constitucionales pero son distintas. La primera es propia de la Revolución Liberal. La soberanía se comparte entre la nación y la Monarquía, y ésta conserva el poder ejecutivo con un gobierno. Para entendernos, la Monarquía de la Restauración era Constitucional (Alfonso XII, Regente María Cristina y Alfonso XIII). En la Monarquía Parlamentaria, como la nuestra actual, el rey se limita a ejercer un poder moderador y simbólico: no es cabeza del ejecutivo, ni es poseedora de ningún tipo de soberanía histórica. En nuestro sistema sólo hay una soberanía: la popular.
El concepto político de la monarquía ha variado en la Historia. En este mensaje hemos hablado de la diferencia entre monarquía Constitucional y monarquía parlamentaria, después de la profunda transformación que sufrieron las monarquías con la revolución liberal. Conviene, pues, que hagamos un recorrido sobre las monarquías, anteriormente.
El término procede del griego: uno, y poder, poder de uno, forma de gobierno en la que el poder se concentra en una persona. Como vemos, en puridad, las monarquías parlamentarias, y las constitucionales, no serían monarquías si se las aplica el concepto primigenio. El poder está en otro lugar, la soberanía ha cambiado (interesante sería que dedicáramos un hilo a este capital concepto en ciencia política).
La monarquía se diferenciaría de la tiranía y del despotismo, porque en estas dos formas el poder sí está en manos de una persona pero lo ha adquirido de forma ilegal y lo practica de manera arbitraria. Se diferencia, a su vez, de la república, en que hay una estrecha relación entre el poder personal del rey y el ejercicio del poder publico. En las repúblicas, en cambio, no hay un poder inherente a las personas. En la república las personas desempeñan determinadas funciones públicas durante un tiempo determinado. En una monarquía hay un elemento de clara sacralidad personal del rey. De hecho, los delitos de lesa majestad eran gravísimos y se pagaban con la muerte. Vuelvo a insistir en que las Monarquías Parlamentarias han trastocado mucho el concepto de monarquía.
Se pueden distinguir hasta seis tipos de fundamentación del poder real, aunque no son excluyentes entre sí:
1. Un rey puede recibir su poder de su predecesor que es el que le designa como sucesor legítimo. El sistema imperial romano vendría a ser un ejemplo, en algunos momentos, como en la monarquía de los antoninos, o en la tetrarquía de Diocleciano.
2. Existe la monarquía electiva, en la que el rey es elegido en una asamblea de notables. Sería un "primun inter pares". El ejemplo más cercano es el visigodo, a pesar de los intentos de hacerse hereditaria y evitar conflictos.
3. Monarquía hereditaria. El poder real permanece en un linaje, en una dinastía. De ahí la famosa frase: "Ha muerto el rey, viva el rey". El poder real no se pierde, se mantiene en esa familia. Los ejemplos son abundantes: Tudor, Valois, Habsburgo, Borbón, etc..
4. Este no sería un tipo puro. Se trata de las monarquías que se refuerzan con el derecho divino. Conocemos el caso de las monarquías absolutas hereditarias pero puede darse en el tipo primero, también, ya que, recordemos el carácter sagrado de los emperadores romanos.
5. Las Monarquías Constitucionales. Se trata de monarquías hereditarias, generalmente, pero cuyo poder está limitado por una Constitución, y por el parlamento, y con una soberanía compartida con la nación, aunque, en ocasiones, se denomine sólamente nacional. Serían la mayor parte de las monarquías existentes en la época liberal del siglo XIX y parte del XX. Algunas no pudieron mantenerse hereditarias porque fueron derribadas por nuevas revoluciones, como la Monarquía de Luis Felipe de Orleáns, nacida en la Revolución de 1830 y fenecida en la de 1848. En España sería la Monarquía de Isabel II y la de la Restauración Borbónica. En la primera aparece en las Constituciones la soberanía nacional, y en la segunda la mezcla de soberanía nacional con soberanía histórica: la primera, como su nombre indica, procede de la nación, y la segunda de la herencia histórica de la dinastía Borbón.
6. Las Monarquías Parlamentarias. Los monarcas ya no tienen ningún tipo de soberanía. La soberanía se hace popular; el rey es un poder moderador y el máximo representante del estado. Son monarquías hereditarias pero el poder no procede de ellos ni por inspiración divina, sino del pueblo, en su conjunto.