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viernes, 8 de marzo de 2013

Indalecio Prieto. Socialismo, democracia y autonomía


Indalecio Prieto. Socialismo, democracia y autonomía

José Luis de la Granja Sainz (coord.)


Indalecio Prieto (1883-1962) fue uno de los principales dirigentes del socialismo español en toda su historia y uno de los políticos más importantes en la España de la primera mitad del siglo XX. Fue diputado provincial de Vizcaya, concejal de Bilbao, diputado a Cortes en las siete legislaturas que hubo entre 1918 y 1936 y cuatro veces ministro en 1931-1933 y en 1936-1938. Con motivo del cincuentenario de su fallecimiento, acaecido durante su exilio en México, este libro analiza su vida y su obra en el contexto del País Vasco y de España a lo largo de la Restauración, la República, la Guerra Civil y el primer franquismo. Hace hincapié en tres ideas clave de su trayectoria política: el socialismo, la democracia española y la autonomía vasca.


Más información en:

lunes, 10 de diciembre de 2012

‘Andaluces contra el caciquismo’


 “Andaluces contra el caciquismo. La construcción de la cultura democrática en la Restauración", obra coordinada por Salvador Cruz Artacho y editado por el Centro de Estudios Andaluces. El CEA explica que la obra recoge las reflexiones de cinco investigadores que participaron en las jornadas del mismo nombre celebradas el pasado mes de noviembre. El resultado es un trabajo de investigación que pone de relieve, frente a los tópicos sobre el inmovilismo y el atraso del campo andaluz, los avances en la cultura democrática en la Andalucía rural durante el primer tercio del siglo XX.
Más información en:

miércoles, 15 de agosto de 2012

Biografía sobre José Canalejas


JOSÉ CANALEJAS Y MÉNDEZ. PRESIDENTE DEL GOBIERNO DE ESPAÑA, 1910-1912
La cuestión social
Coordinadores: Alfonso García-Moncó y José Manuel del Valle
ISBN: 978-84-96889-97-2
Páginas: 224 páginas
Fecha de publicación: noviembre 2011
Formato: 17x24
José Canalejas y Méndez, uno de los políticos más destacados del Partido Liberal durante el Régimen de la Restauración (1876-1923), ocupó la Presidencia del Consejo de Ministros de España entre 1910 y 1912. Político progresista, se depositaron en él muchas esperanzas, que quedaron truncadas con su asesinato en la Puerta del Sol de Madrid a manos de un anarquista el 12 de noviembre de 1912.
El presente libro, conmemorativo del centenario de su asesinato, rememora la vida y obra de José Canalejas, que impulsó una normativa tributaria muy avanzada para su tiempo y una legislación laboral mediante la que se intentaba solucionar la “cuestión social”; legislación esta última en la que se prefigura la protección de género, por la que se inicia en nuestro país la intervención estatal para limitar la jornada de trabajo, que marca el comienzo la regulación del contrato de trabajo, y mediante la que se consolida la jurisdicción de los tribunales industriales.
La investigación de la vida y la obra de José Canalejas se ha llevado a cabo por un equipo de investigadores y profesores universitarios, especialistas en legislación histórica española.
Ver:

viernes, 6 de julio de 2012

El nacionalismo


Concepto de nación

El concepto de nación como comunidad política con derecho a contar con un estado organizado es una de las herencias ideológicas de la Revolución francesa. Anteriormente, existía la lealtad personal de los súbditos al monarca absoluto pero, después de la Revolución esta vieja lealtad se sustituyó por otra, la lealtad legal de los ciudadanos a una Constitución. Los individuos debían pertenecer a una comunidad y compartir con otros una cultura, lengua y costumbres para poder ejercer los derechos políticos propios de todo ciudadano.

Los liberales intentaron sustituir los viejos estados absolutos de súbditos por estados nacionales, formados por hombres libres, por ciudadanos. En la época de las guerras napoleónicas las ideas del nacionalismo comenzaron a extenderse por Europa. La oposición a la ocupación francesa y a los sistemas políticos que Napoleón impuso, impulsó que diversos pueblos y países se enfrentasen al ejército napoleónico buscando su propio camino para constituirse en estados. El Congreso de Viena y el sistema de la Restauración no respetaron los intereses de muchos pueblos europeos cuando se rediseñó el mapa de Europa, provocando que el nacionalismo se convirtiera en una fuerza opositora a este sistema de la misma importancia que el liberalismo.

El nacionalismo

El nacionalismo del siglo XIX fue un fenómeno político y social complejo, ya que tuvo dos vertientes: una progresista, más vinculada con el liberalismo, y otra tradicionalista, de raíces conservadoras.

El nacionalismo progresista defendía el derecho de los pueblos a liberarse de tiranías extranjeras y la necesidad de la solidaridad de unos pueblos con otros en sus respectivas liberaciones nacionales. Para este nacionalismo cualquier comunidad podía convertirse en una nación si así lo deseaba y buscar los medios para emanciparse y formar un Estado o unirse a otro ya existente con el objetivo de crear uno nuevo. De esa misma forma, cualquier persona podría cambiar de nacionalidad con sólo desearlo. Por eso se trata de un nacionalismo basado en la voluntad, ya sea de una comunidad o de un individuo. Este nacionalismo fue seguido, principalmente por los liberales demócratas franceses e italianos, destacando la figura de Giuseppe Mazzini.

El nacionalismo tradicional o conservador consideraba que las naciones no se basaban en la decisión o la voluntad de los pueblos o de los individuos, sino que existían previamente como realidades objetivas ineludibles. Esas naciones tendrían rasgos geográficos, culturales, lingüísticos y hasta étnicos propios diferentes a los de otras naciones. Esos rasgos acompañarían a las personas estuviesen donde estuviesen. Una comunidad constituía una nación cuando la historia, la tradición, la cultura y la lengua así lo determinaban. Todo el que perteneciera a esa comunidad pertenecería, asimismo, a la nación y debía compartir esos rasgos nacionales, ya fuera de grado o por la fuerza. No era una cuestión de voluntad como en el liberalismo progresista. El liberalismo conservador tuvo mucha importancia en Alemania, destacando la figura de Fichte.

Por otro lado, hubo también dos modelos de nacionalismo:

a)Nacionalismo unitario, que pretendía reunir en un único estado pueblos separados pero con una nacionalidad común. Serían los casos del nacionalismo alemán y del italiano.

b)Nacionalismo disgregador o separatista, que buscaba la fragmentación de imperios o estados para formar unidades políticas o nuevos estados con sus propias naciones. Fue el caso de Hungría en relación con el Imperio austriaco, o de los pueblos balcánicos en relación con el Imperio otomano o el Imperio austriaco.


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Al igual que en el anterior artículo sobre el liberalismo, el nacionalismo ha sido profusamente tratado en este blog. Este nuevo artículo pretende enriquecer la cuestión

jueves, 19 de enero de 2012

La historia contemporánea en sus documentos, de Enrique Moradiellos

Enrique Moradiellos es el autor del libro La historia contemporánea en sus documentos, editado por RBA en su colección 'Temas de actualidad'. Sobre esta obra dice la editorial: "La historia se construye a partir de fuentes de origen diverso que el historiador analiza e interpreta. Este libro reúne una serie de documentos que permitirán al lector realizar un recorrido por la historia contemporánea a partir de los materiales sobre los que trabaja el historiador. Y así, recorremos la emergencia de la revolución industrial, los cambios políticos de la independencia de Estados Unidos y de la Revolución Francesa, la Guerra de la Independencia en España, la Europa de la Restauración, los orígenes del movimiento feminista a través de la declaración de Seneca Falls de 1848, el arranque de la globalización, el nacimiento de las grandes urbes, la alfabetización, el marxismo y el darwinismo, el imperialismo y el reparto de África entre las potencias europeas, la Primera Guerra Mundial, la revolución bolchevique vista a través de Lenin, el ascenso del fascismo, la Guerra Civil española, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría y la doctrina Truman, la unificación de Europa, el colapso de la Unión Soviética...".
"Una inmersión en la historia contemporánea a través de sus documentos en un libro apasionante y riguroso. Una obra para conocer mejor el mundo en el que vivimos y para reflexionar sobre cómo se construye la historia".
Tomado de:
http://www.tiempodehistoria.com/modules.php?name=News&file=article&sid=1912

jueves, 20 de octubre de 2011

Las fuerzas dinásticas en la víspera de la República

Los partidos dinásticos del turno político del sistema de la Restauración, llevaban ya mucho tiempo divididos en fracciones vinculadas a distintos líderes. Durante la Dictadura de Primo de Rivera casi habían desaparecido. Muchos de sus cuadros habían ingresado en la Unión Patriótica, mientras que algunos destacados personajes habían sufrido la represión del régimen, como la padecida por Sánchez Guerra, Santiago Alba y el conde de Romanones.




Al terminar la Dictadura, los partidos conservador y liberal intentaron resurgir, y reconstruir su influencia electoral, basada en el caciquismo pero las circunstancias políticas eran adversas para resucitar viejas maquinarias políticas obsoletas. Por un lado, regresaron las viejas divisiones, acrecentadas, además por las distintas visiones que sus líderes políticos tenían sobre el período de transición y el futuro de la Monarquía. Destacados personajes del sistema político monárquico iniciaron un intenso debate sobre el futuro. Unos, siendo monárquicos, como Sánchez Guerra, criticaban abiertamente la actitud de Alfonso XIII, mientras que otros, como Ángel Ossorio, Niceto Alcalá-Zamora y Miguel Maura, se declararon por la salida republicana. Por otro lado, las bases sociales del antiguo sistema de partidos estaban abandonando masivamente la causa monárquica. La clase media española estaba inclinándose, como hemos señalado en otros artículos de esta serie, por la República.



En este momento surgieron nuevas formaciones políticas. Destacaría el Bloque Constitucional, formado en marzo de 1930 por el Partido Reformista de Melquíades Álvarez y sectores liberales y conservadores afines a Sánchez Guerra, Burgos Mazo y Bergamín. Pero el Bloque era más bien una tertulia o grupo de opinión de políticos prestigiosos sin base social alguna, como un partido del pasado. El Bloque era monárquico pero crítico con la situación a la que el rey había llevado a la Monarquía, y no se encontraban muy lejos de los republicanos más moderados. Defendían la abdicación de Alfonso XIII, la exigencia de responsabilidades por la Dictadura y la convocatoria de unas Cortes Constituyentes.



En el otro extremo del grupo de fuerzas dinásticas estarían los herederos de la Unión Patriótica de Miguel Primo de Rivera. Esta formación se transformó en la Unión Monárquica Nacional, presidida por el conde de Guadalhorce. Entre sus líderes destacarían José Calvo Sotelo, Ramiro de Maeztu y José Antonio Primo de Rivera. Eran ultraconservadores y se empeñaron en defender la obra del dictador, además de ser muy críticos con el gobierno Berenguer. Querían una reforma constitucional en un sentido autoritario.



Más a la derecha estaría un grupo de formaciones de escaso peso: el Partido Nacionalista Español de Albiñana, el Partido Laborista de Eduardo Aunós, y la Juventud Monárquica Independiente de Eugenio Vegas Latapié.



Por último, estaría un sector más dinámico del sector político dinástico español. Nos referimos al Centro Constitucional, creado en marzo de 1931. Esta formación nació de la convergencia de la Lliga Regionalista, el Partido Maurista y de otros grupos regionalistas. El Centro Constitucional estuvo dirigido por Cambó y por Gabriel Maura. Defendía la monarquía parlamentaria, un programa político reformador y descentralizador. Podría haber sido una baza importante para el mantenimiento de la Monarquía pero llegaba muy tarde, apenas semanas antes del final de la misma.

martes, 7 de junio de 2011

Pere Llosas i Badia

Pere Llosas fue un político, natural de Olot (1870), que se destacó en el ámbito del tradicionalismo catalán en el cambio de siglo. Fue miembro del Círculo Tradicionalista de Olot y de las juntas carlistas de la zona. Elegido concejal en el ayuntamiento de su localidad natal, también fue diputado provincial. Desde principios del siglo XX hasta 1918 representó a su distrito en el Congreso como diputado. En los momentos finales de la Restauración se alejará, en cierta medida del carlismo. Eso le permitió ser nombrado gobernador civil de las Baleares. Repetirá en el cargo en tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera, siendo, posteriormente, nombrado para la misma función en A Coruña. Al llegar la República tornará al carlismo pero no en la primera fila. Entre sus obras, podemos destacar las siguientes: Verdader concepte de la Democràcia Cristiana (1902), Concepte filosófich-social de la Tradició (1903), La Ley del “Candado” (1911), y Jaime I el Conquistador (1929). Murió en 1955 en Olot.

sábado, 7 de mayo de 2011

España

La revista literaria y de pensamiento “España” se publicó en Madrid entre los años 1915 y 1924. Su subtítulo rezaba así: “Semanario de la vida nacional”. Ortega y Gasset fue su impulsor y el respaldo económico vino de la mano del escritor Luis García Bilbao. Entre sus redactores estuvieron: Ramiro de Maeztu, Pío Baroja, Eugenio d’Ors y Ramón Pérez de Ayala. También colaboraron en la misma: Valle-Inclán, Unamuno, Azaña, Antonio Machado, Rivas Cherif, Luis Bello, Jacinto Benavente y Moreno Villa, entre otros. Al frente de la revista Ortega fue sustituido en 1916 por Luis Araquistáin. En 1922 el director fue Azaña.


La revista pretendía crear una alternativa liberal y nacional al régimen de la Restauración, defendiendo un regenaracionismo democrático. Al surgir en plena guerra mundial se decantó por los aliados. Criticó los fundamentos del régimen de la Restauración, ya en plena crisis, especialmente la corruptela electoral. Se abrió al conocimiento del movimiento obrero, la cuestión catalana, el debate en el seno del socialismo español y el nacimiento de un nuevo republicanismo.

La revista desapareció por problemas económicos y políticos en los inicios de la Dictadura de Primo de Rivera.

jueves, 5 de agosto de 2010

Anticlericalismo. Cuarta Parte

Con la llegada de la Restauración la Iglesia obtendrá una serie de privilegios en pago a su apoyo al sistema político. De ese modo la institución obtendrá un papel preponderante en lo económico y en lo social hasta la llegada de la II República. En 1919 consigue que España se adscriba al culto al Corazón de Jesús. Entre la prensa y sectores de opinión más progresista y republicana va tomando fuerza el anticlericalismo. Entre 1898 y 1910 la cuestión religiosa adquiere una gran preponderancia en el debate y confrontación política. En 1909 se produce la Semana Trágica en Barcelona con quema de numerosos conventos e iglesias. La Iglesia se convierte en el blanco de la tensión acumulada: paro obrero en el sector textil y envío de las reservistas a Marruecos. Un amplio sector revolucionario interpreta la situación desde una perspectiva anticlerical. Al llegar Canalejas al poder se produce un nuevo enfrentamiento entre las posturas anticlericales y la Iglesia, ya que se dicta la Ley del Candado, que limita la instalación de órdenes religiosas. En esta tensión habrá hasta quien interprete el asesinato de Canalejas en 1912 como obra de los jesuitas. En esta época el anticlericalismo tendrá a Alejandro Lerroux, Luis Morote y a Nakens, y, anteriormente, Ruiz Zorrilla, a sus máximos exponentes.
La Dictadura de Primo de Rivera supondrá un paréntesis de la actividad anticlerical aunque algunas críticas a la Iglesia se deslizan en la prensa, como en el caso de los artículos de Luis Tapia.

viernes, 30 de julio de 2010

Partido Conservador. Primera parte

Para profundizar en nuestro conocimiento de la historia contemporánea española hemos estudiado ya muchas formaciones políticas, aunque aún nos queda acercarnos a muchas más. En este caso, y en varios artículos, dada su importancia, haremos un resumen de la historia de uno de los pilares del sistema de la Restauración, el Partido Conservador. No podemos entender dicho sistema y su quiebra en el reinado de Alfonso XIII sin estudiar al Partido Conservador, como, en su momento, haremos con el Partido Liberal.
El Partido Conservador se formó en el Sexenio Democrático. Aglutinaba a gran parte del Partido Moderado del reinado de Isabel II, así como a puritanos y miembros conservadores de la Unión Liberal. En el proceso de creación y consolidación del Partido Conservador tendrá un protagonismo indiscutible la figura de Cánovas del Castillo.
En las Cortes Constituyentes de 1869 el Partido Conservador, aún muy reducido, se mantuvo expectante ante la nueva situación política, aunque ya se presentó como defensor de la causa alfonsina. Este claro retraimiento terminó por decantarse hacia una oposición cerrada al nuevo sistema político desde 1871. En tiempos de la I República Cánovas obtuvo la jefatura del grupo político y conseguía, no sin grandes esfuerzos, la abdicación de la reina Isabel II, exiliada en Francia.
Tras la caída de la República y la disolución de las Cortes el 4 de enero de 1874 Cánovas rechazó el ofrecimiento del general Pavía para participar en un nuevo gobierno. En este momento se produjo un debate interno en el grupo entre los defensores de la participación parlamentaria con Cánovas a la cabeza y los militares partidarios de un pronunciamiento militar. Cánovas se dedicó durante el tiempo previo a la Restauración a una intensísima campaña de propaganda y de contactos políticos con la jerarquía eclesiástica y otros sectores sociales afines a planteamientos moderados o conservadores. También, se produjo la integración en la formación de elementos católicos no carlistas, que hasta entonces se habían mantenido al margen.
Al final, el restablecimiento de la monarquía, a fines de 1875, en la figura de Alfonso XII fue obra del pronunciamiento militar de Martínez Campos en Sagunto, para disgusto de Cánovas, partidario, como hemos visto, de una vía no militar hacia la Restauración. En todo caso, Cánovas se hizo con el poder y se dedicó a construir el nuevo sistema político. De los diez años de reinado de Alfonso XII, ocho fueron bajo gobiernos conservadores. El nuevo sistema se basaba, en cuestión de partidos, en el turno pacífico y pactado de dos grandes formaciones políticas, el Partido Conservador con Cánovas a la cabeza, y el Partido Liberal de Sagasta. A la muerte del monarca, en los primeros años de la Regencia de María Cristina el poder pasó a los liberales. Los conservadores lo recuperaron en 1891. En estos momentos la formación comenzó a tener problemas internos, siendo Francisco Silvela uno de los protagonistas de los mismos. En noviembre dimitió y se mantuvo al margen hasta 1897 cuando decidió liderar al grupo de conservadores disidentes.


El asesinato de Cánovas en marzo de 1897 provocó un intenso proceso de reorganización del partido, cerrado a principios de 1899, cuando Francisco Silvela fue promovido a la jefatura del mismo. Silvela planteó un programa político basado en intentar acabar con el caciquismo y fomento económico, dentro del primer regeneracionismo. Silvela defendió, también, el respeto a las relaciones con la Santa Sede y la asunción de una serie de reformas administrativas en el ámbito territorial (municipales y provinciales).

jueves, 25 de marzo de 2010

Catalanismo. Cuarta Parte

La burguesía catalana implicada e integrada en el sistema de la Restauración opta, ante la situación general, por aliarse con los defensores del catalanismo como Prat o Almirall en una coalición electoral que triunfa en las elecciones de 1901. Estamos en el inicio de la creación del primer partido catalán conservador, la Lliga Regionalista de Francesc Cambó y Prat de la Riba. El principal objetivo del partido era lograr la autonomía dentro del Estado español.

lunes, 22 de marzo de 2010

Catalanismo. Primera Parte

El centralismo del Estado liberal frustró las aspiraciones de los catalanes en pleno proceso de Revolución Industrial. En las décadas centrales del siglo XIX se produce el fenómeno cultural de la Renaixença cuando la lengua y la cultura catalanas son recuperadas con brío. Es el primer paso para el surgimiento del catalanismo.
Durante el Sexenio Democrático (1868-1874) comienza a plantearse que Cataluña tenía una personalidad propia. A través del republicanismo federal se aspira a tener instituciones política y administrativas propias. La Restauración frustra esta aspiración aunque, no cabe duda, que parte de la alta burguesía catalana apoyó el regreso de los Borbones.
Al final de la década de los años setenta comienzas a surgir personalidades, grupos y asociaciones defensoras de los derechos propios de Cataluña. En 1879 el ex republicano Valentí Almirall saca su Diari Català, que interviene en la creación del Centre Català de 1885. En ese mismo año publica la Memoria en defensa de los intereses morales y materiales de Cataluña, que es enviado a Alfonso XII. En 1886 publicará Lo catalanisme donde se establecen los acontecimientos históricos catalanes y se asientan las bases del catalanismo posterior.
En el sector conservador y burgués aparecerán las figuras de Joan Mañé i Flaquer, Enric Prat de la Riba, Duran i Ventosa, y Puig i Cadafalch. En este sector surgirán asociaciones como la Lliga de Catalunya de 1887 y la Unió Catalanista de 1891. Esta última redactará las importantísimas Bases de Manresa de 1892.

domingo, 21 de marzo de 2010

El surgimiento de los nacionalismos no españolistas. Contexto histórico

El nacionalismo ha sido tratado de forma exhaustiva pero no en el caso concreto de nuestro país. Iniciamos una serie de artículos que tratarán estas cuestiones en la historia contemporánea de España, ya que su conocimiento es necesario para entender tanto el siglo XX como el XXI. Nos anima, como siempre, un afán pedagógico, en lo que es el marco de un blog donde es necesaria la brevedad pero sin perder el rigor.

La realidad española en el inicio de la Revolución Liberal y, a pesar de un siglo de centralismo borbónico, seguía siendo plural. Algunos territorios, como el País Vasco o Navarra, seguían conservando instituciones propias, mientras que otros mantenían el recuerdo de un pasado histórico propio y contaban con una lengua propia como es el caso catalán. Estas realidades nacionales no desaparecieron con el triunfo del Estado liberal de corte centralista y uniforme.

El Estado liberal se estableció bajo los principios de la centralización, el uniformismo administrativo y la homogeneización de los territorios. Por un lado, dicho Estado fracasó en este empeño porque no desarrolló los instrumentos eficaces para dicha uniformidad como hubiera sido la escuela, por ejemplo. Pero, por otro lado, los aspectos legales de la estructura territorial y central del Estado no permitían la integración de la diversidad. En este sentido, en el último tercio del siglo XIX, con la Restauración se consolida un modelo conservador con Castilla y el catolicismo como ejes vertebradores de España frente a los intentos de establecer un modelo federalista o menos centralista en la época del Sexenio Democrático.

Los nacionalismos no españolistas surgen como reacción a este centralismo y al triunfo de ese modelo pero, además, tenemos que añadir que existe un factor socioeconómico en este contexto. Tanto Cataluña como el País Vasco desarrollan una serie de cambios económicos y sociales profundos que les convierten en territorios con un desarrollo industrial y bancario muy superior al del resto de España, con una burguesía capitalista no rentista muy pujante y una clase intelectual que defenderá la autonomía o la identidad nacionales propias.

El desastre de 1898 provocará, por fin, un lanzamiento de estos nacionalismos.

martes, 1 de septiembre de 2009

Breve Historia de las Constituciones

Las Constituciones fueron los instrumentos fundamentales de la ideología liberal que terminó por destruir el Antiguo Régimen, y luego se han convertido en el mismo instrumento de la democracia.
En la Constitución se establecía, en su parte dogmática, que el sistema de gobierno que estaba sometido a ella tenía contrapesos instituciones y constricciones marcadas por la misma. Los poderes se dividían y se relacionaban entre sí para evitar la tiranía o el absolutismo, y para poner fin a las arbitrariedades que se pudieran cometer hacia los ciudadanos. Por eso mismo, la Constitución reconoce y garantiza los derechos y las libertades, y pone en el mismo plano a los gobernantes y a los gobernados.
Las Constituciones han ido evolucionando desde su surgimiento en las Revoluciones liberales-burguesas. En un principio, el liberalismo más conservador o censitario pretendía solamente abolir el absolutismo monárquico, establecer un poder legislativo bien articulado en los parlamentos, y el reconocimiento de unos derechos individuales básicos. Cuando llegó la época de la Restauración del Antiguo Régimen, después de la derrota de Napoleón, surgen las Cartas Otorgadas, especie de compromiso entre el pasado o tradición y las recientes conquistas liberales. Al terminar este período histórico, vuelven a triunfar las Constituciones en sí, y de signo conservador o moderado.
El paso al liberalismo democrático o a la democracia en sí no se da hasta los decenios finales del siglo XIX, cuando se consolida el Parlamento como poder fundamental, se acaba con el sufragio censitario (derecho a votar y ser votado para una minoría, en función de sus rentas) para que instaurar el sufragio universal masculino, y el comienzo de los derechos a colectivos.
En el siglo XX el progreso del constitucionalismo se disparó. Triunfa el concepto de soberanía popular, más acorde con el sufragio universal, se reconoce el sufragio femenino y surgen con fuerza los derechos sociales, reconocidos, aunque no todos de fácil garantía. Se termina con la existencia de la doble cámara aristocrática (los Senados), suprimiéndolas (unicameralismo) o sustituyéndolas por Senados democráticos. Es, también, el momento del final de muchas Monarquías y el triunfo de las Repúblicas, con excepciones.