lunes, 31 de octubre de 2011

Alejandro García Bezares

Alejandro García Bezares nació en Bilbao en 1892. Trabajó como metalúrgico y tramoyista de teatro. Fue miembro del Sindicato Metalúrgico de Vizcaya de la UGT y perteneció a la Agrupación Socialista de Bilbao desde el año 1910. Trabajó en la Compañía Euskalduna y, posteriormente, en el Teatro Arriaga, momento en el que ingresa en la Asociación de Tramoyistas y afines de la capital vizcaína. Entre 1925 y 1936 fue presidente del Sindicato de Empleados Públicos de Vizcaya y vicepresidente de la Federación de Empleados Públicos de la Región Vasco-Navarra.
A causa de la Revolución de 1934 se le encausó por su participación. En la guerra civil fue nombrado, en 1937, agente del Comisariado de Guerra del País Vasco y guardián de Prisiones Especiales de Euskadi. Al año siguiente, ingresó en el SIM en Barcelona, es decir en el Servicio de Investigación Militar.
Consiguió salir de España y marchó a México en el Nyassa en mayo de 1942. Allí perteneció a la Agrupación Socialista. Falleció en aquel país en el año 1980.
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domingo, 30 de octubre de 2011

Francisco Jiménez Puertas

Francisco Jiménez Puertas nació en Vélez-Málaga en el año 1876. Era zapatero de profesión. Ingresó en la Agrupación socialista de su localidad natal a principios del siglo XX. Tuvo una cierta relación con Pablo Iglesias, ya que cuando el líder socialista visitaba la zona pernoctaba, habitualmente, en su casa. Jiménez Puertas llegó a ser secretario y presidente de su agrupación, así como colaborador en “El Defensor de Vélez”, un periódico republicano de la época de la Conjunción Republicano-Socialista.
En tiempos de la República, Jiménez Puertas fue concejal y teniente-alcalde de Vélez-Málaga. Cuando Vélez cayó en manos de las tropas sublevadas en la guerra civil fue detenido y encarcelado. Gracias a la intervención de algunas personas influyentes del bando sublevado se libró de ser fusilado. En 1939 pudo marchar a Argentina, donde fallecería diez años después.
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sábado, 29 de octubre de 2011

Feliciano Martín Recio

Feliciano Martín Recio nació en 1887 en la localidad vallisoletana de Quintanilla de Abajo. Siendo adolescente se trasladó a Madrid y trabajó como estuquista. En la capital ingresó en la Sociedad de Albañiles “El Trabajo” y en las Juventudes Socialistas. En la Casa del Pueblo madrileña tuvo algunas responsabilidades directivas. Ingresó en la Agrupación Socialista Madrileña en 1918, y como miembro de la UGT le vemos en el Congreso de 1920 como delegado de los estuquistas madrileños. En el Congreso de 1932 participó en la ponencia sobre legislación social. Martín Recio tuvo un gran protagonismo sindical, ya que, además de estas participaciones congresuales se implicó en la creación de la Federación Nacional de la Edificación de la UGT, y en el desarrollo de la federación local madrileña.
En la guerra civil se incorporó como voluntario en una unidad complementaria de carabineros. Con el grado de teniente sirvió a la República en diversos puntos de la geografía valenciana. Al terminar la guerra fue detenido, para ser encarcelado. Cuando fue puesto en libertad se incorporó a la actividad clandestina del PSOE y de la UGT. Murió en 1972.
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viernes, 28 de octubre de 2011

Antonio Muñoz Giraldos

Antonio Muñoz Giraldos nació en Madrid en el año 1893. Era tipógrafo de profesión y miembro de la Asociación General del Arte de Imprimir desde el año 1908. Entre 1922 y 1923 llegó a presidir dicha Asociación. Ingresó en la Agrupación Socialista Madrileña en 1912, pero se dio de baja en 1917. Reingresó en el PSOE en enero de 1923 y, también perteneció a la UGT. Le vemos participar en los congresos de 1927 y 1928. En la UGT fue vocal de su Comisión Ejecutiva entre 1932 y 1934.




En la guerra civil formó parte del Consejo Superior de Correos, y en 1938 fue nombrado vocal del Tribunal de Alta Traición y Derrotismo número 3 de Madrid. También fue nombrado vicepresidente del Comité del Frente Popular de Ventorro del Chaleco (noviembre de 1938-febrero de 1939). Fue detenido al terminar la contienda y condenado en un consejo de guerra, celebrado en febrero de 1940, a una pena de doce años de cárcel. Al final, la condena fue rebajada a seis años, que los pasó en la prisión madrileña de Porlier.



Murió en Colmenar Viejo en el año 1980.





Ver:





http://diccionariobiografico.psoe.es/pdfTemps/Biografia_11546.pdf

jueves, 27 de octubre de 2011

Federico Landrove Moíño

En dos artículos pasados citamos a la figura de Federico Landrove Moiño, socialista y alcalde de Valladolid. Pues bien, en la documentadísima página web de la represión franquista de Valladolid se nos presenta una semblanza de este político y profesor de Matemáticas:




http://www.represionfranquistavalladolid.org/?Federico-Landrove-Moino

miércoles, 26 de octubre de 2011

Antonia Maymón, maestra racionalista y anarquista

Antonia Maymón (Madrid 18/07/1881 - Beniaján, Murcia, 20/12/1959) es defensora del Naturismo Libertario donde se entiende al naturismo y al anarquismo como dos ideales distintos, pero convergentes en un mismo objetivo: un orden natural donde no caben jerarquías ni injusticias, siempre que se mantenga prioritario el principio de regeneración humana.




Su biografía en:



http://www.portaloaca.com/historia/biografias/2117-antonia-maymon-maestra-racionalista-y-anarquista.html

Carmen Hombre Ponzoa

Carmen Hombre Ponzoa fue una maestra, afiliada a la UGT, y de religión protestante. Tuvo una intensa actividad política. Ese hecho y, sobre todo sus creencias religiosas le costaron su vida. Su marido, Juan Máximo, también maestro, corrió la misma suerte.




Sobre Carmen Hombre véase:



http://maestrasrepublicafeteugt.blogspot.com/2011/04/hace-unos-dias-nos-escribio-la-nieta-de.html

martes, 25 de octubre de 2011

Historia de las Juventudes Libertarias

Los Jovenes Anarcosindicalistas tienen colgado en la red un dossier sobre la historia de las juventudes libertarias.




Podemos consultarlo en el siguiente enlace:



http://www.cgtpv.org/IMG/pdf/Especial_1_.pdf

lunes, 24 de octubre de 2011

El camino hacia la Segunda República. El gobierno Aznar y las elecciones de abril de 1931

Ante la dimisión de Berenguer el 14 de febrero de 1931, el rey optó por buscar una solución hacia la izquierda dinástica. La opción podría ser Santiago Alba pero éste se negó. Por otro lado, Alfonso XIII no aceptó las pretensiones de los constitucionalistas de Melquíades Álvarez. El problema era tan grave que el monarca contactó con Sánchez Guerra, el político conservador que tanto le había criticado y que se había enfrentado a la Dictadura de Primo de Rivera. Pero esta opción no cuajó. Ante esta situación, el rey presionó a los políticos dinásticos para que aceptaran formar un gobierno de concentración. Al final, el 18 de febrero se formó un gobierno presidido por el almirante José Bautista Aznar con escasísima experiencia política. Realmente, la figura predominante de este ejecutivo era el incombustible conde de Romanones. En el gobierno estaban, también: Bugallal, Juan de la Cierva, García Prieto, Gabriel Maura, Joan Ventosa y el propio Berenguer, como figuras más destacadas. Era un gobierno que representaba, claramente, el pasado, por lo que no levantó ningún entusiasmo.




El nuevo gobierno defendió la idea de ralentizar la vuelta a la normalidad constitucional a través de un calendario de consultas electorales, que comenzaría con las municipales para el 12 de febrero, las provinciales para el 3 de mayo y, por fin, las generales para el 7 y 14 de mayo (diputados y senadores, respectivamente), frente al interés del gobierno anterior por ir directamente a estas últimas. El objetivo del gobierno era que las elecciones municipales terminaran con la interinidad establecida por el gobierno anterior en los consistorios y otorgar credibilidad democrática a todo el proceso electoral restante.



Mientras llegaban las elecciones del 12 de abril el gobierno Aznar tuvo que hacer frente a una intensificación de la movilización social y política de la oposición. Los estudiantes se destacaron en las manifestaciones. La condena a muerte el 18 de marzo del capitán Sediles, aunque luego indultado, desencadenó importantes manifestaciones estudiantiles en varias ciudades. Estas manifestaciones alcanzaron su cénit cuando el día 23 de marzo se dio a conocer la liberación de los miembros del Comité Republicano. La FUE comenzó a adoptar una actitud insurreccional con el apoyo obrero, especialmente cuando la policía mató a un estudiante de la Facultad de Medicina de la Universidad Central. Esta marea estudiantil desconcertó al gobierno.



La campaña electoral para las municipales frenó la conflictividad. Las elecciones municipales, como hemos señalado, pretendía dar legitimidad al período de transición y del proceso electoral pero fueron un error estratégico del gobierno, ya que, los republicanos y los socialistas eran muy fuertes en las ciudades, cuyo voto estaba ya libre de las manipulaciones electorales del caciquismo. De hecho, ni unos ni los otros optaron por la abstención ni el retraimiento electoral. Además, no debemos olvidar que hacía ocho años que no había habido elecciones y el censo electoral español había cambiado, tanto en su número como en su composición, sin olvidar que la maquinaria electoral caciquil estaba desengrasada. Las fuerzas gubernamentales o dinásticas confiaban en el voto rural y no se movilizaron especialmente por el voto, desarrollando una campaña electoral basada en el argumento del miedo de la burguesía. Por el contrario, la conjunción republicana-socialista desarrolló una campaña muy activa y coordinada. El argumento principal de la campaña giraba en torno a la idea que estas elecciones eran un plebiscito por la República que, a medio plazo llegaría.



Las elecciones se celebraron, como queda dicho, el día 12 de abril. En realidad, los monárquicos consiguieron más concejales, superando el número de treinta mil, mientras que la Conjunción llegó a los nueve mil, aproximadamente. Pero muchos ediles monárquicos habían sido proclamados por el famoso artículo 29 de la Ley electoral, que evitaba la votación donde sólo había una candidatura, hecho muy vinculado con el viejo caciquismo. El hecho más decisivo de los resultados era que la oposición había ganado en 41 de las 50 capitales de provincia y en las grandes poblaciones. El voto urbano había ido, en su gran mayoría, hacia los republicanos y socialistas, donde el caciquismo había sido superado.

sábado, 22 de octubre de 2011

El camino hacia la Segunda República. El Pacto de San Sebastián

En marzo de 1930 apareció en Barcelona un manifiesto de inteligencia republicana firmado por republicanos de izquierda como Companys, Aiguader, Botella Asensi, y de líderes obreros como Peiró, Arquer y Campalans. El manifiesto abogaba por el establecimiento de una república federal y la defensa de una política de amplias reformas sociales. Este manifiesto tiene su importancia histórica porque supone el inicio de la movilización de los republicanos en la época del gobierno Berenguer.
En mayo se dieron una serie de incidentes relacionados con la vuelta del exilio de Unamuno, que había sufrido la represión de la Dictadura de Primo de Rivera. Estos incidentes fueron protagonizados por los estudiantes de la FUE con la policía, provocando que las autoridades cerrasen las universidades. Este era otro ejemplo de la creciente movilización social hacia un cambio político profundo. Efectivamente, la primavera y el verano de 1930 fueron testigos de huelgas y manifestaciones en un nivel que no se recordaba desde antes del golpe de Primo. Había un claro descontento popular que, unido a la crisis del gobierno, que hemos estudiado en el primer artículo de esta serie, favorecieron, sin lugar a dudas, el desarrollo de las fuerzas políticas y sociales republicanas y obreras, que comenzaron a considerar la necesidad de organizarse y buscar la unión de sus esfuerzos, a pesar de su evidente heterogeneidad.
El 14 de mayo de 1930, la Alianza Republicana y el Partido Republicano Radical Socialista acordaron la creación de un Comité conjunto que debía trabajar para la instauración de la república en España. A este pacto se sumaron la Organización Republicana Autónoma Gallega (ORGA), recién creada y que dirigía Santiago Casares Quiroga; y la Unión Republicana Autonomista de Valencia, de Sigfrido Blanco. Por otro lado, se tendieron puentes hacia las organizaciones obreras. En el mes de julio, Azaña y Albornoz se entrevistaron con representantes socialistas pero no se llegó a ningún acuerdo, seguramente por dos factores: las reticencias de un sector del socialismo hacia la alianza con fuerzas republicanas y la existencia de diferencias en el propio seno del republicanismo. Los republicanos se pusieron a trabajar durante el verano para superar las dificultades y presentar un frente común. La Derecha Liberal Republicana de Alcalá-Zamora y Miguel Maura se unió al Comité. Por su parte, los republicanos catalanes también se acercaron.
Las negociaciones bullían y el 17 de agosto nació, como resultado de las mismas, el conocido Pacto de San Sebastián. Bajo la presidencia de Felipe Siasín (Unión Republicana de San Sebastián) se reunieron en Donostia: Manuel Azaña y Alejandro Lerroux (representantes de la Alianza Republicana), Marcelino Domingo, Álvaro Albornoz y Galarza (Partido Republicano Radical Socialista), Niceto Alcalá-Zamora y Miguel Maura (Derecha Liberal Republicano), Santiago Casares Quiroga (ORGA), Jaume Aiguader (Estat Català), Macià Mallol (Acció Republicana de Catalunya), Manuel Carrasco i Formiguera (Acció Catalana), y a título personal, Felipe Sánchez Román, Eduardo Ortega y Gasset e Indalecio Prieto. Los asistentes a la reunión decidieron la creación de un Comité ejecutivo de la Conjunción, presidido por Alcalá-Zamora, y dedicado a coordinar el movimiento revolucionario que debía conducir a la instauración de la República. En la reunión se estableció, además, que había que atender a las reivindicaciones autonomistas de Cataluña, y la necesidad establecer conversaciones formales con las organizaciones obreras.
Las conversaciones con el PSOE para que se incorporara al pacto fueron difíciles. Ya hemos estudiado cómo Indalecio Prieto y Fernando de los Ríos encabezaban el sector socialista afín a la conjunción con los republicanos pero, también, como gran parte de la familia socialista era contraria a entrar en relaciones con estos. Besteiro, con mucho poder en el aparato socialista, era el principal crítico y contrario a la alianza con los republicanos. Pero muy pronto los socialistas comprobaron que los republicanos eran capaces de movilizar a amplias capas de la sociedad española y eso hizo cambiar la postura del partido y del sindicato. En consecuencia, en octubre el PSOE y la UGT se adhirieron al Pacto. En el convenio con los republicanos se estipulaba que Indalecio Prieto, Fernando de los Ríos y Francisco Largo Caballero se incorporarían al Comité de la Conjunción, así como la convocatoria de una huelga general cuando se desencadenase el movimiento insurreccional. El acuerdo político con la CNT no pudo cuajar aunque la CNT no pondría reparos a la movilización republicana.

viernes, 21 de octubre de 2011

El camino hacia la Segunda República. El gobierno Berenguer

Con el gobierno del general Berenguer se intentó realizar un proceso de transición desde la Dictadura de Primo de Rivera a la normalidad constitucional, establecida en 1876. La Constitución de 1876 estableció las bases del sistema político de la Restauración, y que terminó con el golpe de 1923, cuando dicho sistema se encontraba en plena descomposición. Para comenzar a entender la época que va desde la caída de Primo hasta la proclamación de la República hay que tener en cuenta, por tanto, que se deseaba volver a un sistema ya desprestigiado pero, también que uno de sus pilares, la Monarquía, se había deteriorado considerablemente, precisamente por haberse comprometido con la Dictadura. Ese deterioro, además, había provocado la deserción de las filas monárquicas de una parte considerable de la propia clase política del sistema de la Restauración. Berenguer enfocó la cuestión de la transición sin tener en cuenta todo esto. Era imposible regresar al año 1923 en 1930.




En su momento, Berenguer había adoptado una postura de oposición moderada a la Dictadura. Primo de Rivera había presentado al rey, antes de despedirse, una terna de sucesores y Berenguer era el más liberal de los tres. Así pues, Alfonso XIII le encargó formar gobierno. El general se pronunció sobre su deseo de volver a la normalidad constitucional y anunció una serie de medidas liberalizadores que fueron bien recibidas por la opinión pública. Pero Berenguer no era un político y no supo moverse en las arenas movedizas de la política española heredada del sistema de la Restauración, complicada con el creciente poder de las fuerzas políticas y sociales ajenas a dicho sistema. Además, como hemos señalado, muchos políticos monárquicos, especialmente, los liberales, aunque, también destacados conservadores, decidieron no colaborar con el gobierno. En la crítica y la no colaboración con el gobierno destacaría Sánchez Guerra que lanzó durísimas diatribas contra el rey, al considerar que en la Dictadura “el impulso fue soberano”. Otros, como Ossorio y Gallardo, fueron más moderados en sus críticas. Ossorio siguió siendo “monárquico pero sin rey”. Pero el paso hacia el republicanismo era algo más complicado y solamente lo dieron dos políticos: Miguel Maura y Niceto Alcalá-Zamora. Ambos representarían una opción republicana moderada o conservadora, en todas sus dimensiones: política, social y, especialmente, religiosa.



Pero, además, una gran parte de la clase política monárquica comprobaron muy pronto que el proceso transicional era lentísimo, por lo que el gobierno de Berenguer fue calificado de Dictablanda. Lo que había comenzado bien comenzó a ser criticado, provocando más deserciones de la causa monárquica y un deterioro de la popularidad de Berenguer. La opinión pública volvió a tener un peso considerable en la política, después de la censura de la época de Primo de Rivera.



Berenguer solamente pudo contar con el apoyo de los sectores más conservadores, el que más hundía sus raíces en el caciquismo. Así pues, este nuevo gobierno se basaba en los peores pilares del sistema de la Restauración, otro factor importante a tener en cuenta para entender su fracaso. Tampoco la política llevada por este gobierno fue audaz o novedosa; por ejemplo, se aplicó una política presupuestaria muy restrictiva sin gasto de ningún tipo, una falta de inversiones en obras públicas que podría haber paliado algo el paro creciente. Pero, también es cierto, la extrema derecha tampoco simpatizaba con Berenguer. La Unión Patriótica, el partido creado por Primo de Rivera, ahora reconvertido en Unión Monárquica Nacional, aunque mucho menos influyente que en el pasado, criticó los proyectos de Berenguer y los intentos de regresar al sistema constitucional.



¿Y el rey que pensaba en estos momentos? Es complicado saber las intenciones últimas de Alfonso XIII en la etapa final de su reinado. Algunos piensan que si hubiera podido, habría abandonado el trono antes de lo que lo hizo, pero estaba preocupado por la pésima salud del príncipe de Asturias. De hecho, al parecer, llegó a hablar con Santiago Alba sobre la posibilidad de realizar un plebiscito sobre su persona; pero, en todo caso, Alfonso XIII no tomó ninguna decisión en el sentido de abandonar.



Ortega y Gasset retrató este período en su famoso artículo El error Berenguer. Para el filósofo, lo principal no era que el general cometiera errores, el error había sido nombrarle presidente del Consejo de ministros. Ortega lanzó su dardo contra la Monarquía, al hacerla responsable de la situación presente y hasta de los problemas del país desde el pasado lejano.



Las fuerzas políticas y sociales al margen de la Dictadura y del sistema de la Restauración se crecieron en este momento. Los socialistas ya habían superado el debate sobre la colaboración o no con Primo de Rivera y se declaraban abiertamente por terminar con la Monarquía. Es el momento del protagonismo político de Indalecio Prieto que, personalmente, se comprometió en el Pacto de San Sebastián con los republicanos. Por su parte, la CNT volvió a ser legalizada y comenzó un rápido proceso de reconstrucción, después de la persecución a la que se vio sometida por Primo de Rivera. En agosto de 1930 se firmó el Pacto de San Sebastián, alianza entre el republicanismo histórico y el nuevo y con el socialismo, aunque con iniciales reticencias por parte de éste. Este Pacto creó una especie de gobierno provisional en la sombra, que se reunía en el Ateneo madrileño.



El republicanismo español alcanzó su oportunidad histórica no tanto por su fuerza, sino por el desprestigio de la Monarquía entre amplias capas sociales del país. Una parte considerable de la sociedad española comenzó a pensar que la alternativa no era regresar al sistema liberal anterior, que había demostrado su incapacidad por reconvertirse o evolucionar hacia una plena democracia, sino caminar hacia una república. Los intelectuales tuvieron un especial protagonismo en esta movilización social republicana. En este sentido, fue muy importante la labor de la Agrupación al Servicio de la República, iniciativa de Ortega, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala.



El ejército español jugó también un papel en el camino hacia la instauración de la República. En algunos sectores militares, fuera de la alta oficialidad, había un claro malestar. En diciembre de 1930 se produjo la sublevación de Jaca de Galán y García Hernández, aunque fracasó porque falló la coordinación y se adelantaron a las previsiones de los dirigentes republicanos. Pero este fracaso proporcionó unos mártires y facilitó, aún más, la movilización social por la causa republicana.



El gobierno entró en crisis por el asunto de las elecciones. Berenguer deseaba la convocatoria de unas elecciones generales frente al procedimiento tradicional: primero municipales, luego provinciales y, por fin a diputados. Quería evitar más polémicas y luchar en batallas políticas. Pero se encontró con que en enero de 1931 estalló una oleada de declaraciones abstencionistas por parte de muchos sectores y fuerzas. Ante la incapacidad de encontrar una salida, se precipitó la caída de Berenguer.

jueves, 20 de octubre de 2011

Las fuerzas dinásticas en la víspera de la República

Los partidos dinásticos del turno político del sistema de la Restauración, llevaban ya mucho tiempo divididos en fracciones vinculadas a distintos líderes. Durante la Dictadura de Primo de Rivera casi habían desaparecido. Muchos de sus cuadros habían ingresado en la Unión Patriótica, mientras que algunos destacados personajes habían sufrido la represión del régimen, como la padecida por Sánchez Guerra, Santiago Alba y el conde de Romanones.




Al terminar la Dictadura, los partidos conservador y liberal intentaron resurgir, y reconstruir su influencia electoral, basada en el caciquismo pero las circunstancias políticas eran adversas para resucitar viejas maquinarias políticas obsoletas. Por un lado, regresaron las viejas divisiones, acrecentadas, además por las distintas visiones que sus líderes políticos tenían sobre el período de transición y el futuro de la Monarquía. Destacados personajes del sistema político monárquico iniciaron un intenso debate sobre el futuro. Unos, siendo monárquicos, como Sánchez Guerra, criticaban abiertamente la actitud de Alfonso XIII, mientras que otros, como Ángel Ossorio, Niceto Alcalá-Zamora y Miguel Maura, se declararon por la salida republicana. Por otro lado, las bases sociales del antiguo sistema de partidos estaban abandonando masivamente la causa monárquica. La clase media española estaba inclinándose, como hemos señalado en otros artículos de esta serie, por la República.



En este momento surgieron nuevas formaciones políticas. Destacaría el Bloque Constitucional, formado en marzo de 1930 por el Partido Reformista de Melquíades Álvarez y sectores liberales y conservadores afines a Sánchez Guerra, Burgos Mazo y Bergamín. Pero el Bloque era más bien una tertulia o grupo de opinión de políticos prestigiosos sin base social alguna, como un partido del pasado. El Bloque era monárquico pero crítico con la situación a la que el rey había llevado a la Monarquía, y no se encontraban muy lejos de los republicanos más moderados. Defendían la abdicación de Alfonso XIII, la exigencia de responsabilidades por la Dictadura y la convocatoria de unas Cortes Constituyentes.



En el otro extremo del grupo de fuerzas dinásticas estarían los herederos de la Unión Patriótica de Miguel Primo de Rivera. Esta formación se transformó en la Unión Monárquica Nacional, presidida por el conde de Guadalhorce. Entre sus líderes destacarían José Calvo Sotelo, Ramiro de Maeztu y José Antonio Primo de Rivera. Eran ultraconservadores y se empeñaron en defender la obra del dictador, además de ser muy críticos con el gobierno Berenguer. Querían una reforma constitucional en un sentido autoritario.



Más a la derecha estaría un grupo de formaciones de escaso peso: el Partido Nacionalista Español de Albiñana, el Partido Laborista de Eduardo Aunós, y la Juventud Monárquica Independiente de Eugenio Vegas Latapié.



Por último, estaría un sector más dinámico del sector político dinástico español. Nos referimos al Centro Constitucional, creado en marzo de 1931. Esta formación nació de la convergencia de la Lliga Regionalista, el Partido Maurista y de otros grupos regionalistas. El Centro Constitucional estuvo dirigido por Cambó y por Gabriel Maura. Defendía la monarquía parlamentaria, un programa político reformador y descentralizador. Podría haber sido una baza importante para el mantenimiento de la Monarquía pero llegaba muy tarde, apenas semanas antes del final de la misma.

martes, 18 de octubre de 2011

Anarquistas y comunistas en vísperas de la República

Los anarcosindicalistas de la CNT vivieron una dura etapa de represión y de clandestinidad durante la Dictadura y que les afectó de forma evidente. Los más activistas encontraron serias dificultades para la labor de los grupos de acción terrorista y su enfrentamiento con el sector más posibilista, encabezado por Ángel Pestaña, contribuía, además, al complicar el desarrollo de la central sindical.




La Federación Anarquista Ibérica o FAI nació en Valencia en 1927 mientras la CNT se hallaba ilegalizada, y para poder salvar la prohibición. Como indica su nombre, su ámbito incluía toda la Península, aunque, en principio, se le quiso dar una dimensión europea y americana a esta federación. Se trató de reunir todas las tendencias del anarquismo. La reunión de Valencia culminaba un proceso de reuniones previas en Barcelona, Francia y Portugal. En dicha reunión se integraron la Unión Anarquista Portuguesa, la Federación Nacional de Grupos Anarquistas de España y la Federación de Grupos Anarquistas de Lengua Española en Francia. La FAI pretendía asegurar la hegemonía anarquista en la CNT, frente a la influencia de la minoría comunista y de los dirigentes sindicalistas reformistas más moderados. Se estableció la fórmula de la "trabazón", es decir el enlace entre la línea sindical y la de los específicamente anarquistas.



En el intenso período que va desde la caída de Primo de Rivera a la proclamación de la República, los anarcosindicalistas comenzaron a movilizarse. En febrero de 1930, la CNT seguía en la clandestinidad pero se celebró un pleno de regionales, que se pronunció por la colaboración con los republicanos aunque en términos un tanto ambiguos. Se basaba en la necesidad de que se convocaran unas Cortes Constituyentes, se afirmase la libertad sindical y se amnistiase a los presos políticos. Pestaña protagonizó un acto clave para que la CNT volviera a ser legal, al entrevistarse con el general Mola, director general de Seguridad. La legalización de la central sindical permitió el resurgimiento de la actividad anarcosindicalista. Pestaña, Juan Peiró y otros dirigentes movieron a la CNT hacia una cierta colaboración con los conspiradores republicanos. De forma paralela, se volvía a la estrategia de la huelga y la movilización. Pero en la CNT seguía siendo poderoso el sector contrario a la colaboración con los republicanos y a aceptar compromisos con fuerzas que no eran obreras. Por otra parte, los republicanos no se atrevieron a dar el paso de invitar a los anarcosindicalistas a la conjunción antimonárquica que se estaba formando, prefiriendo a los socialistas.



La situación de los comunistas era la de mayor debilidad en el seno de la izquierda obrera. El PCE no había tenido un desarrollo organizativo importante aún. En el año 1925 accedió a la Secretaría General José Bullejos, un verdadero estalinista, que impuso unas tesis muy dogmáticas y ultraizquierdistas, en plena época de clandestinidad. Esa estrategia debilitó aún más a la organización y la aisló. Pero, también es cierto, que en el seno del comunismo español estaba surgiendo una figura más activa y con más visión de futuro. Nos referimos a José Díaz, desde Sevilla.



Al terminar la Dictadura, la postura de los comunistas seguía marcada por las directrices de la Internacional Comunista. En la reunión clandestina celebrada en Bilbao, en marzo de 1930, se defendió la revolución social y el establecimiento de una República de soviets campesinos y obreros. Además, se negó cualquier posibilidad de colaborar con otras fuerzas políticas. Estas resoluciones aislaron, aún más, al PCE en el seno del heterogéneo mundo de fuerzas políticas y sociales de oposición al sistema. Una fórmula para ampliar sus bases y alcanzar una posición de mayor fuerza fue la de intentar ampliar su influencia en el mundo sindical. Para ello, crearon el Comité para la Reconstrucción de la CNT, pero los anarquistas presentaron una firme oposición a este Comité y, aquellos militantes comunistas de la central sindical, fueron expulsados.



Por fin, tenemos que aludir a Joaquín Maurín, que en el año 1920 llegó a la Secretaría del Comité Regional de la CNT. No consiguió sacar adelante su propuesta para que la CNT entrara en la III Internacional, por lo que decidió fundar unos Comités Sindicalistas Revolucionarios, en el año 1922 y en Bilbao. Dos años después, Maurín ingresó en el PCE. Se convirtió en un teórico dentro del partido. Moscú evitó que fuera expulsado en 1927 pero, al final, esta expulsión llegaría en 1931. Maurín decidió formar el Bloque Obrero Campesino (BOC), del que sería nombrado presidente. El Bloque nació en marzo de 1931, como resultado de una fusión entre el Partit Comunista Català de Jordi Arquer y la Federación Catalano-Balear del PCE de Maurín.



El BOC era una plataforma de propaganda mientras que la Federación Catalano-Balear, denominada, desde 1932, Federación Comunista Ibérica, y cuyo secretario general también era Maurín, era el grupo activo.

lunes, 17 de octubre de 2011

Los socialistas en vísperas de la República

Los socialistas –PSOE y UGT- vivieron un intensísimo debate en relación con su posición hacia la Dictadura de Primo de Rivera. Parecía lógico que no se hubiera combatido por la defensa de la normalidad constitucional del sistema de la Restauración, incapaz de democratizarse y de atender las demandas obreras, pero otra cuestión era colaborar con una dictadura. Pero la situación de los socialistas en los años veinte era compleja. Sufrieron la escisión comunista y, aunque fuertemente reprimido, el anarcosindicalismo había demostrado su fuerza y primacía en el movimiento obrero. La colaboración que brindaba Primo de Rivera podía ser una oportunidad para reforzar a la UGT y al PSOE, aún a riesgo de contribuir a la legitimación del régimen.
Pero en el seno del socialismo español no había una postura unánime sobre esta colaboración. Existirían dos grandes corrientes, siguiendo a Santos Juliá. Por un lado, estarían los corporativistas y, por otro, los reformistas políticos. Los primeros eran mayoría y defendían la necesidad de reforzar las organizaciones socialistas, en línea con lo que hemos expresado. Pero dentro de este grupo habría dos tendencias. Los sindicalistas pragmáticos, con Largo Caballero a la cabeza y un grupo donde destacaban Andrés Saborit, Manuel Llaneza y Manuel Cordero, pretendían con esta colaboración con la Dictadura alcanzar mejoras laborales y sociales para los trabajadores. Por eso, entraron a formar parte de las instituciones corporativistas del régimen dedicadas a la mediación laboral y al control económico. El propio Largo fue miembro del Consejo de Estado. Otro sector, el más marxista, teniendo a Julián Besteiro como principal defensor, deseaba la colaboración política con la Dictadura como medio de ahondar en las contradicciones del sistema político y económico con el fin de acelerar el proceso revolucionario que implantaría el socialismo.
Frente a estas dos posturas de colaboración, los reformistas políticos, el sector más moderado del PSOE de Indalecio Prieto y Fernando de los Ríos coincidía más con los republicanos en su oposición tajante a la Dictadura que con las posturas obreristas. Este grupo buscaba la implantación de una verdadera democracia y un sistema de libertades, conectando con la pequeña burguesía. De hecho, Indalecio Prieto estaría en la formación del Pacto de San Sebastián.
Al caer Primo de Rivera, los socialistas superaron el debate y se encaminaron hacia posturas antimonárquicas tajantes. En esta labor se empeñó Indalecio Prieto aunque no desapareció la desconfianza de muchos socialistas hacia los republicanos y el temor a las tácticas conspirativas. Estadivisión de opinión se mantendrá en la Segunda República. Pero las circunstancias que rodearon al gobierno de Berenguer terminaron por inclinar al PSOE hacia las posturas políticas de Prieto, aceptando la participación en el proceso que llevó a la proclamación de la República.

domingo, 16 de octubre de 2011