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sábado, 18 de mayo de 2013
El Affaire Dreyfus
En la Tercera República Francesa estalló uno de los mayores escándalos que se han dado en la Historia Contemporánea de Francia y de Europa, y que demuestra el alto grado de antisemitismo existente en la sociedad occidental en aquel momento. Se trata del affaire Dreyfus. Para conocerlo tenemos que ir a los años finales del siglo XIX.
En septiembre de 1894 se descubre que se han vendido secretos militares a la embajada alemana. Se inculpa a un oficial del ejército francés y que es judío, Dreyfus. Es juzgado y desterrado a la Isla del Diablo en la Guayana Francesa. Pero dos años después un alto funcionario de Estadística, llamado Picquart, descubre un documentos con la misma letra de los anteriores papeles, y que demuestran que el verdadero culpable es otro oficial llamado Esterhazy. Se solicita, pues, la revisión del proceso judicial al que se sometió a Dreyfus pero el Estado Mayor considera que eso puede empañar el honor del tribunal militar y de todo el Ejército, y presenta nuevas pruebas incriminatorias para mantener su condena. Las pruebas presentadas son falsas. Además, hasta se encarcela a Picquart.
Y en ese momento el novelita Émile Zole publica en el diario L'Aurore su famosísimo artículo, "Yo acuso" donde se descubre todo el asunto a través de la fórmula de acusar en cada párrafo a los protagonistas en todo el proceso. El escándalo es mayúsculo, y se decide abrir un nuevo proceso. En dicho juicio se aminora la condena a Dreyfus, pero éste es inocente, y tiene que abrirse un tercero donde es absuelto.
Francia vive en un debate intenso todo esta affaire. El país está dividido, entre la derecha con fuertes dosis de antisemitismo y con un acusado nacionalismo y que es anti-Dreyfus, y una izquierda que defiende al oficial y acusa a las autoridades de corrupción. Las consecuencias electorales son claras: la izquierda gana las elecciones. Otro efecto de este affaire fue el resurgimiento de un fuerte anticlericalismo, ya que la Iglesia no tuvo una postura clara contra los procesos injustos que sufrió Dreyfus.
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lunes, 17 de septiembre de 2012
Los judíos en el siglo XIX
Sin lugar a dudas, las revoluciones
liberales mejoraron, en principio, la situación de los judíos al proclamar la
igualdad ante la ley. En los países donde se establecieron sólidos estados
liberales los judíos adquirieron la condición de ciudadanos. En el caso
británico la influencia de la Iglesia Anglicana impidió que los judíos
adquirieran la ciudadanía plena hasta el año 1866. En Alemania la
discriminación hacia los judíos duró más tiempo aún, provocando que una parte
de los judíos decidiera apostatar para poder integrarse de pleno derecho en la
sociedad o que emigraran hacia Estados Unidos.
La situación más dura fue la que vivieron
los judíos en Rusia donde el antisemitismo era más acusado, es decir, el odio y
la actitud discriminatoria hacia los judíos. En el imperio ruso había leyes
contra ellos y se toleraron matanzas y persecuciones –los pogromos- de judíos.
La persecución fue aún más violenta con la subida al trono de Alejandro III.
Esta situación motivó una emigración
masiva de judíos rusos y polacos hacia Estados Unidos.
La terrible situación de los judíos en la Europa Oriental
fue el contexto que provocó el surgimiento del movimiento sionista, que
propugnaba la vuelta a Sión (Jerusalén) en Palestina, y al que dedicaremos un
artículo monográfico.
Por otro lado, en el seno de la comunidad
judía occidental surgieron fuertes tensiones en el siglo XIX. La nueva
situación de los judíos en los estados liberales planteó el problema de si era
posible seguir las tradiciones judías y, a la vez, integrarse en la cultura y
la sociedad modernas como europeos de
pleno derecho. Una parte de los judíos alemanes sustituyeron la sinagoga por el
templo reformado, en el que los actos litúrgicos se asemejaban a los del luteranismo,
con predicación y cantos en alemán. Además denunciaron el rito de la
circuncisión como una práctica bárbara. Pero los judíos defensores de la
tradición reaccionaron de forma inmediata con una reafirmación de la fe judía,
que suponía una marginación voluntaria de la sociedad. Los neortodoxos
norteamericanos intentaron una tercera vía, intentando conciliar la tradición
con la modernidad.
A pesar de los evidentes avances legales
en los estados y sociedades liberales occidentales, el antisemitismo no
desapareció. Las posiciones políticas e ideológicas más reaccionarias e
integristas, así como la mentalidad de una parte de las capas populares
manifestaron una clara aversión hacia los judíos. Uno de los episodios más
sonados, a finales del siglo XIX y principios del XX fue el caso Dreyfus, que conmocionó
a Francia.
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jueves, 11 de febrero de 2010
El racismo en Estados Unidos entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX
En los Estados Unidos parte de la reacción de los obreros ante las tensiones sociales producidas por la industrialización se canalizó hacia el racismo. La influencia de los autores racistas con sus teorías de la supremacía del hombre blanco parece menor que la búsqueda de un chivo expiatorio, ya fuesen judíos, negros o chinos. A los negros se les acusaba de ocupar puestos de trabajo que podían ocupar los blancos o de reventarl las huelgas. Había, pues una mentalidad arraigada en ciertos sectores populares, que tendrá pervivencia en el tiempo, que buscaba la causa de sus propios fracasos en las minorías, cuando, en realidad compartían parte de las mismas condiciones de precariedad.
Los blancos pobres del campo y de la ciudad atribuían todos sus males a la población negra. Había un resentimento ante el avance de los afroamericanos durante la segunda mitad del siglo XIX por la afirmación de sus derechos políticos y civiles.
Sobre el racismo en el movimiento obrero norteamericano algunos autores consideran que fue más inducido que espontáneo. La exclusión de los obreros negros en los sindicatos fueron producto más bien de la política seguida por los patronos de fomentar la rivalidad entre los trabajadores. Pero es cierto que fueron excluidos y esto provocó que se les considerase esquiroles y fuesen considerados cabezas de turco de todos los problemas que aquejaban a los obreros. En algunos lugares, este papel fue asignado a los trabajadores orientales, especialmente chinos y japoneses.
En aquella época destacarán los esfuerzos de los reformistas agrarios populistas en difundir el racismo, especialmente el antisemitismo, así como cierta anglofobia. En sus escritos aparece el símbolo de Shylock y la banca Rotschild se convierte en la bestia negra de los agricultores radicales del Sur y del Oeste, indignados con la política de dinero caro. Algunos autores, en cambio, piensan que el posterior fascismo americano no tiene sus raíces en este mundo agrícola de la América profunda, ya que se criticaba a los banqueros judíos por su carácter de financieros ni por ser judíos.
Los blancos pobres del campo y de la ciudad atribuían todos sus males a la población negra. Había un resentimento ante el avance de los afroamericanos durante la segunda mitad del siglo XIX por la afirmación de sus derechos políticos y civiles.
Sobre el racismo en el movimiento obrero norteamericano algunos autores consideran que fue más inducido que espontáneo. La exclusión de los obreros negros en los sindicatos fueron producto más bien de la política seguida por los patronos de fomentar la rivalidad entre los trabajadores. Pero es cierto que fueron excluidos y esto provocó que se les considerase esquiroles y fuesen considerados cabezas de turco de todos los problemas que aquejaban a los obreros. En algunos lugares, este papel fue asignado a los trabajadores orientales, especialmente chinos y japoneses.
En aquella época destacarán los esfuerzos de los reformistas agrarios populistas en difundir el racismo, especialmente el antisemitismo, así como cierta anglofobia. En sus escritos aparece el símbolo de Shylock y la banca Rotschild se convierte en la bestia negra de los agricultores radicales del Sur y del Oeste, indignados con la política de dinero caro. Algunos autores, en cambio, piensan que el posterior fascismo americano no tiene sus raíces en este mundo agrícola de la América profunda, ya que se criticaba a los banqueros judíos por su carácter de financieros ni por ser judíos.
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domingo, 7 de febrero de 2010
Sionismo. Segunda Parte
Herzl pensaba que los judíos asimilados debían luchar contra la asimilación porque consideraba que la emancipación, defendida por la Revolución Francesa había conseguido todo lo contrario, es decir, había desarrollado el antisemitismo o, más bien, el antijudaísmo. Este antijudaísmo se había extendido por toda Europa, y había llegado al clímax en el famoso caso Dreyfus, que hemos estudiado en este blog. Este asunto sirvió a Herzl como argumento para fundamentar sus ideas. El antisemitismo se convirtió en el incentivo del sionismo en su defensa de que los judíos debían vivir separados del resto del mundo en un territorio que les perteneciera. Dicho territorio debía ser Palestina. Herzl intentó de obtener de los países europeos con intereses coloniales o imperiales en la zona una carta de colonización internacional. En su afán no dudó en buscar el apoyo de gobiernos abiertamente antisemitas como Rusia o Alemania. Es interesante comprobar cómo el antisemitismo y el sionismo podían coincidir, en cierta medida. El propio Herzl consideró que las potencias o gobiernos antisemitas eran los grandes aliados del sionismo. En 1898 realizó gestiones con el propio káiser Guillermo II para proponerle que se creara en Palestina un Estado judío bajo la protección alemana. En 1903 buscó el apoyo de Plehve, el ministro ruso del Interior e instigador de un terrible progromo en Kichinev. Dos años antes, había recurrido al sultán del Imperio Turco con el mismo propósito. Las tres gestiones fracasaron, por lo que Herzl optó por una alternativa. En vez de buscar el Estado judío en Palestina pensó en crear un hogar judío en otros lugares: Chipre, Argentina, Uganda, etc.. Tampoco tuvo éxito la alternativa, y regresó a la vieja idea de Palestina pero desde otra perspectiva. Había que fomentar una empresa de colonización territorial al estilo de las que se habían realizado por algunas potencias coloniales europeas.
jueves, 3 de diciembre de 2009
El "politicastro" y la ruina de la raza según Codreanu. Segunda Parte
El texto de Codreanu sigue hablando del politicastro:
"Si este tipo continúa guiando nuestro país, la raza humana cerrará los ojos para siempre y Rumanía se hundirá, a pesar de todos los deslumbrantes programas con los que la astucia de los degenerados intentará seguir atontando a las multitudes miserables. Entre todos los males que nos ha producido la invasión hebrea, éste el el más espantoso"
Estamos ante otro ejemplo de acusado antisemitismo, en un ejercicio de obsesión racial.
"Si este tipo continúa guiando nuestro país, la raza humana cerrará los ojos para siempre y Rumanía se hundirá, a pesar de todos los deslumbrantes programas con los que la astucia de los degenerados intentará seguir atontando a las multitudes miserables. Entre todos los males que nos ha producido la invasión hebrea, éste el el más espantoso"
Estamos ante otro ejemplo de acusado antisemitismo, en un ejercicio de obsesión racial.
El "politicastro" y la ruina de la raza según Codreanu. Primera Parte
El padre del fascismo rumano explicaba en su obra Guardia de Hierro cómo había surgido un nuevo tipo de hombre que estaba llevando a la ruina a Rumanía y a otros Estados, el denominado "politicastro", surgido de la mezcla entre los judíos y los políticos:
"El mayor mal que nos han hecho los hebreros y los políticos, el mayor peligro nacional a que nos han expuesto, no consiste ni en el acaparamiento de las riquezas del pueblo y del subsuelo rumano, ni en la trágica destrucción de la clase media rumana, ni siquiera en el gran número de ellos que se encuentran en las escuelas, en las profesiones liberales, etc..., o en la influencia que ejercen sobre nuestra vida política, si bien cada uno de éstos es un peligro mortal para la raza.
El mayor peligro nacional está en haber deformado, en haber desfigurado nuestra estructura de raza dando vida a otro tipo de hombre, aborto moral: el politicastro, que no tiene nada de la nobleza de nuestra raza, que nos deshonra y que nos mata"
Se comprueban en este texto algunos de los temas del fascismo y del autoritarismo de derechas de la época, como es la cuestión de la raza, el antisemitismo, y el odio hacia los políticos tradicionales, causantes de los males que asolaban a los Estados.
En otros artículos seguiremos glosando este texto de Codreanu.
(Estos textos proceden de Gil Pecharromán, J., Los Balcanes contemporáneos II, Cuadernos de Historia 16, número 237).
"El mayor mal que nos han hecho los hebreros y los políticos, el mayor peligro nacional a que nos han expuesto, no consiste ni en el acaparamiento de las riquezas del pueblo y del subsuelo rumano, ni en la trágica destrucción de la clase media rumana, ni siquiera en el gran número de ellos que se encuentran en las escuelas, en las profesiones liberales, etc..., o en la influencia que ejercen sobre nuestra vida política, si bien cada uno de éstos es un peligro mortal para la raza.
El mayor peligro nacional está en haber deformado, en haber desfigurado nuestra estructura de raza dando vida a otro tipo de hombre, aborto moral: el politicastro, que no tiene nada de la nobleza de nuestra raza, que nos deshonra y que nos mata"
Se comprueban en este texto algunos de los temas del fascismo y del autoritarismo de derechas de la época, como es la cuestión de la raza, el antisemitismo, y el odio hacia los políticos tradicionales, causantes de los males que asolaban a los Estados.
En otros artículos seguiremos glosando este texto de Codreanu.
(Estos textos proceden de Gil Pecharromán, J., Los Balcanes contemporáneos II, Cuadernos de Historia 16, número 237).
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