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martes, 1 de mayo de 2012

Ángel Lacort Gracia


Ángel Lacort Gracia nació en Zaragoza en el año 1888.Al quedarse huérfano de padre se puso a trabajar de niño como alpargatero en una fábrica. Allí pudo aprender a leer y a escribir gracias a la hija del empresario. Comenzó sus preocupaciones sociales en el seno del anarquismo y se mostró muy activo, ya que fundó el Centro de Estudios Sociales, el semanario “Cultura y Acción” y presidió el Centro de Sociedades Obreras de Zaragoza. Sus actividades y participaciones en huelgas le valieron varias entradas en prisión. Fue delegado de las organizaciones anarquistas de Zaragoza en los congresos constituyentes de la CNT en Barcelona en los años 1910 y 1911. En el año 1916 propició la primera reunión entre la CNT y la UGT, que tenía como objetivo la firma de un pacto de acción sindical conjunta. En esa reunión estuvieron personajes fundamentales, tanto del socialismo como del anarquismo, ya que firmaron el pacto Largo Caballero, Besteiro y Vicente Barrio por la UGT, y Ángel Pestaña, Salvador Seguí y nuestro protagonista. Vicente Barrio y Ángel Lacort se encargaron de realizar una campaña de propaganda por Aragón y La Rioja. Aquel viaje fue decisivo en la trayectoria de Lacort porque regresó del mismo convencido por las ideas socialistas. En 1917 ingresó en la Agrupación Socialista de la capital aragonesa. Durante los preparativos para la huelga general de ese mismo año fue detenido y, al parecer, fue torturado en la cárcel de la Aljafería. Al salir de la cárcel representó a los socialistas zaragozanos en el XI Congreso del PSOE, celebrado en 1918. Al año siguiente, fue elegido presidente de la Agrupación Socialista de Zaragoza. En 1920 participó en varios mítines conjuntos de UGT y CNT por el norte de España. Poco después obtuvo por concurso la plaza de secretario del Sindicato Metalúrgico de Vizcaya, trasladándose a Bilbao a vivir. En la capital vizcaína fue director de “La Lucha de Clases”, en tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera. Por un suelto que no llegó a publicarse sufrió cuatro meses de cárcel. Asistió al XV Congreso de la UGT en 1922, al Congreso Extraordinario en 1927 y al XVI Congreso en 1928 como delegado del Sindicato Metalúrgico de Vizcaya, y en este último también lo hizo como delegado de los obreros y empleados del tráfico y conservación del Puerto de Bilbao. Representó a la AS de Sestao en el Congreso Extraordinario del PSOE en 1927 y a la Federación Regional Socialista Vasco-Navarra en el XII Congreso en 1928 y fue miembro del Comité Nacional del PSOE desde 1928 a 1932 como vocal por Vascongadas y Navarra. Fue elegido concejal del Ayuntamiento de Bilbao en las elecciones municipales de 1931, siendo nombrado teniente de alcalde. Ese mismo año era miembro del Comité Nacional de la UGT como vocal por Vascongadas y en junio aprobó las oposiciones convocadas por el Ministerio de Trabajo para cubrir las plazas de Delegados de Trabajo, cargo que ejerció en el País Vasco. En junio de ese año era nombrado delegado regional de trabajo de Bizkaia suscitando, al parecer, las protestas de ELA-STV. Durante la guerra civil pasó a ser Delegado de Trabajo para la zona levantina en Murcia, hasta que Paulino Gómez Sáiz, ministro de la Gobernación, le nombró Director General de Administración Local, cargo que desempeñó hasta el final de la contienda. Se exilió en Francia, residiendo en Toulouse, ciudad donde falleció el 21 de mayo de 1946.


Ver:







miércoles, 4 de enero de 2012

Ramón Lamoneda Fernández

Ramón Lamoneda (1892-1971) era tipógrafo de profesión. Ingresó en la Federación de Juventudes Socialistas en el año 1910 y dos años después en el PSOE. Estudió en la Escuela Nueva y en 1914 ya era un destacado líder dentro de las Juventudes Socialistas. Fue el redactor del manifiesto contra la guerra mundial y de adhesión a Zimmerwald. Se entrevistó con Trotski en Madrid en el año 1916. Participó en la fundación del grupo “Nueva Palabra” y coordinó el grupo de partidarios del bolchevismo dentro del partido, que tenían en la revista “Nueva Palabra” su órgano de expresión. En el Congreso de 1919 se distinguió en la elaboración de la propuesta contra la coalición republicana-socialista. Pero Lamoneda fue acusado, al año siguiente, de no haber dado el paso para ingresar en el PCE como habían hecho algunos de sus compañeros. Por su parte, es elegido miembro del Comité Central en 1919 y del Comité Ejecutivo “tercerista” en el Congreso del PSOE del año 1920. En 1920 ingresa en el Partido Comunista Obrero Español, siendo nombrado su secretario de organización en 1922, así como secretario sindical en 1923, pero ya en el PCE. Dentro del Partido Comunista defendió la necesidad de emplear las instituciones políticas, como el parlamento, para avanzar en la lucha obrera. En la Dictadura de Primo de Rivera abandona el partido, después de las polémicas internas comunistas del momento.

Lamoneda regresa al PSOE y consigue ser elegido diputado en diversas legislaturas durante la República. Cuando Largo Caballero dimite en diciembre de 1935, es designado secretario general del partido. En las elecciones de febrero de 1936 vuelve a ser elegido diputado y es nombrado secretario del Congreso, además de desempeñar el mismo cargo en el Comité Nacional del Frente Popular.

En 1937 entra a formar parte del Comité de enlace entre el PSOE y el PCE, y se destacó por defender la postura de Negrín, aunque intentó integrar en la ejecutiva a Julián Besteiro e Indalecio Prieto, sin éxito.

Al terminar la guerra se exilia en México, aunque en 1944 regresa a Europa, instalándose en París, donde residió hasta 1948. En el exilio recibió las ácidas críticas de Indalecio Prieto y de Rodolfo Llopis. Fuera del PSOE, regresa a México y creó la Unión Socialista Española, un grupo que se disolvería al año de la muerte de Lamoneda, y cuyos miembros regresararían a un PSOE que comenzaba a remontar en los últimos años del franquismo.

sábado, 6 de agosto de 2011

El PSOE durante el franquismo. Primera Parte

El PSOE vivió durante los años cuarenta una situación de enfrentamiento interno evidente. Esta división ya había surgido en la época de la República y de la guerra civil y se trasladó al exilio, especialmente hasta el año 1945. La esperanza de la victoria aliada permitió una cierta recomposición del partido. El principal beneficiario de esta recomposición fue Indalecio Prieto, que consiguió incorporar a sus filas a antiguos colaboradores de Largo Caballero y hasta de Besteiro. Indalecio Prieto insistió en la defensa del plebiscito como salida política en línea con lo que venía defendiendo desde la crisis final de la guerra civil. Consiguió un apoyo mayoritario dentro del partido aunque no de forma incondicional o total. De forma paralela, la influencia de Negrín declinó, aunque bien es cierto que nunca tuvo mucho poder en el seno de la organización socialista, frente a la que sí tenía las estructuras de la República en el exilio.


Frente a esta situación en el exilio, el PSOE del interior vivió una época de extremas dificultades. En Asturias se mantuvieron grupos guerrilleros hasta el año 1948. Por fin en el año 1944 se formó una ejecutiva nacional en el interior. La ejecutiva que se formó en Francia fue organizada por Rodolfo Llopis aunque nada pudo hacer frente a la personalidad arrolladora de Prieto, que es quien tenía los resortes de dicha ejecutiva. El PSOE en Francia llegó a contar en la segunda mitad de los años cuarenta con hasta ocho mil afiliados. Tanto esta ejecutiva “francesa” como la del interior defendieron posturas profundamente anticomunistas. Los socialistas optaron por una estrategia basada en la presión exterior para poner en marcha un proceso de transición hacia la democracia, primando más una postura posibilista que fundamentalmente republicana.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Indalecio Prieto. Segunda Parte

Prieto regresó a España tras la proclamación de la República, integrándose en el gobierno provisional en representación del PSOE. Inicialmente fue ministro de Hacienda y se encargó de estabilizar la peseta y de poner en marcha la Ley de Ordenación Bancaria. Pero Prieto era un hombre de fuerte carácter que hicieron que Azaña decidiera que era mejor encargarle la cartera de Obras Públicas, a pesar de las protestas del interesado. Se hizo cargo de la nueva responsabilidad en diciembre de 1931. En el Congreso Extraordinario del PSOE de 1932 defendió la participación de los socialistas en el gobierno. Resultó elegido miembro de la Comisión Ejecutiva pero su influencia en el Partido estaba disminuyendo claramente. Prueba de esta debilidad se pudo comprobar cuando en 1933 el PSOE no le apoyó cuando Alcalá Zamora le propuso presidir el gobierno. Tras el triunfo del centro-derecha en las elecciones de ese año participó en el proceso de radicalización del Partido. Contribuyó a la derrota de Besteiro pero rechazó la propuesta de promover un proceso revolucionario al margen de los republicanos. Prieto seguía fiel a la convergencia con los republicanos frente al sector del PSOE que seguía las tesis de Largo Caballero. Tras el fracaso de la Revolución de Octubre de 1934 se exilió en Francia donde siguió, infatigable, por defender su postura a favor de la coalición con los republicanos. Al final, se establece el Frente Popular. Tras el triunfo del mismo regresa a España y promueve la sustitución de Alcalá Zamora por la de Azaña al frente de la presidencia de la República. Tampoco consiguió ahora su empeño en presidir el gobierno ante la negativa de Largo Caballero y el grupo parlamentario socialista. Prieto quiso frenar esta corriente poderosa del Partido a través de un Congreso pero el estallido de la guerra lo impidió.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Sobre la huelga general de 1917

Insertamos un fragmento de la obra de Manuel Tuñón de Lara sobre la historia del movimiento obrero español donde se recogen fragmentos de un texto sobre la huelga general de 1917:


Contra el criterio del Comité Nacional de la U.G.T., la asamblea decidió, por un voto de mayoría, ir a la huelga desde las O horas del 13 de agosto.

.. Besteiro redactó el documento llamando a la huelga y las instrucciones para la misma, ayudado en ciertos aspectos por Saborit y Anguiano... El manifiesto comenzaba diciendo:

«A los obreros y a la opinión pública: ha llegado el momento de poner en práctica, sin vacilación alguna, los propósitos anunciados por los representantes de la U.G.T y de la C.N. del T. en el manifiesto suscrito por estos organismos en el mes de marzo último».

Los últimos párrafos eran los más definidores del propósito buscado:

«Pedimos la constitución de un Gobierno provisional que asuma los poderes ejecutivo y moderador, y prepare, previas las modificaciones imprescindibles en una legislación viciada, la celebración de unas elecciones sinceras, de unas Cortes Constituyentes que aborden en plena libertad los problemas fundamentales de la constitución política del país. Mientras no se haya conseguido ese objetivo, la organización obrera se halla absolutamente decidida a mantenerse en su actitud de huelga. Ciudadanos: No somos instrumentos de desorden, como en su impudicia nos llaman con frecuencia los gobernantes que padecemos. Aceptamos una misión de sacrificio por el bien de todos, por la salvación del pueblo español, y solicitamos vuestro concurso. ¡Viva España!»

En las "Instrucciones" se recomendaba que los trabajadores no iniciaran actos de hostilidad, añadiéndose: "Sólo en el caso de que la actitud de la fuerza armada fuese manifiestamente hostil al pueblo, deberán adoptarse las medidas de legítima defensa que aconsejen las circunstancias. Teniendo en cuenta que deben evitarse los actos inútiles de violencia que no encajan con los propósitos ni se armonizan con la elevación ideal de las masas proletarias».

M. TUÑÓN DE LARA: El movimiento obrero en la historia de España.




Ver:

http://www.paraprofesores.com/Historia%20segundo%20bachillerato/Textos/2003%202004/Huelga%201917.pdf