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sábado, 10 de diciembre de 2011

Breve aproximación a la historia de la Seguridad Social en España. Segunda Parte

En la época de la Restauración la demanda obrera sobre mejoras en las condiciones laborales y de vida motivó que, aunque de forma tímida, comenzaran a tenerse en cuenta estas cuestiones por parte del sistema político. El primer intento de abordar la cuestión social pasó por el establecimiento de la Comisión de Reformas Sociales, con objeto de “estudiar todas las cuestiones que directamente interesan a la mejora o bienestar de las clases obreras, tanto agrícolas como industriales, y que afectan a las relaciones entre el capital y el trabajo”. Esta Comisión se creó por un decreto de 5 de diciembre de 1883, a propuesta del ministro de la Gobernación, Segismundo Moret, aunque no adquirió su nombre de forma institucional hasta el año 1890. La Comisión realizó una amplia investigación sobre los aspectos para los que fue creada. Para ello se empleó un exhaustivo cuestionario elaborado por su secretario, Gumersindo de Azcárate. Parte de esta información fue publicada entre 1889 y 1893, y constituye una interesante fuente histórica para el conocimiento de la sociedad española del momento. Esta es la gran aportación de la Comisión porque no consiguió que los proyectos de leyes sociales que presentó a los distintos gobiernos fueran tenidos en cuenta y que se tradujesen en leyes. Faltaba aún que cundiera la idea de la intervención del Estado en materias laborales y sociales, verdadero anatema para el liberalismo más clásico, aunque en el paso al nuevo siglo, en el seno de los partidos dinásticos, comenzó a plantearse la idea de dicha intervención, siguiendo el ejemplo alemán, aunque con un evidente retraso.



El testigo en el planteamiento de reformas sociales fue tomado en el año por el Instituto de Reformas Sociales. En este caso, fueron los conservadores, con Francisco Silvela, los que crearon este organismo, aunque hubo un frustrado intento previo de Canalejas de crear un Instituto del Trabajo. El Instituto de Reformas Sociales nació por un decreto de 23 de mayo de 1903 como un organismo integrado en el Ministerio de la Gobernación. Sus objetivos pasaban por preparar proyectos de ley en relación con el trabajo con el fin de mejorar las condiciones laborales y de vida de los obreros, así como organizar los servicios estadísticos y de inspección para poder llevar a cabo la tarea encomendada. El Instituto se basó en la idea de la búsqueda de la armonía entre empresarios y trabajadores y debía convertirse en el instrumento del Estado en esta materia. Se organizó en diversas juntas con representantes de patronos y obreros, pero las organizaciones obreras rechazaron o ignoraron al Instituto, mientras que los empresarios desconfiaban de la creciente intervención pública en materia laboral y social. El Instituto recabó una ingente información, publicó estadísticas sobre materias laborales y sociales, así como informes sobre lo que se hacía en otros países pero fracasó en la integración entre el capital y el trabajo y en procurar mejoras socio-laborales para los obreros. La conflictividad social en los años previos a la Dictadura de Primo de Rivera terminó por desbordar al Instituto. Fue disuelto por un decreto de 2 de mayo de 1924.



Pero el Instituto de Reformas Sociales elaboró un proyecto importante en la historia de la previsión social en España. Nos referimos al que permitió la creación por un gobierno de Eduardo Dato, en 1908, del Instituto Nacional de Previsión, organismo que duró hasta el año 1978. Dicho Instituto tenía como objetivos gestionar la Caja de Pensión Central, difundir e inculcar la previsión popular en relación con las pensiones de retiro y administrar la mutualidad de asociados que voluntariamente se constituyera bajo su patronato. El INP estaba regido por un Consejo del Patronato en el que debía haber de forma obligatoria representantes de los obreros y de los patronos, mientras que su presidente era elegido por el gobierno. El INP recibió el apoyo de algunas cajas de ahorro, como entidades colaboradoras. Pero, al principio, las prestaciones de las pensiones fueron muy escasas y se limitaron a los asociados, que, como hemos reseñado, lo eran de forma voluntaria, no consiguiéndose que arraigase la mutualidad en las clases trabajadores. Tampoco se obtuvo el apoyo financiero de muchas cajas de ahorro.



A partir de 1919 se inicia una segunda etapa del Instituto, que duraría hasta la proclamación de la II República. En ese año se constituyó el primer seguro social obligatorio, el seguro de vejez o Retiro obrero, aunque hubo que esperar a 1921 para que se aprobase su reglamento. Este seguro estableció las bases sobre las que terminaron por regirse otros seguros: la obligatoriedad en la afiliación, y la cotización tripartita entre obreros, patronos y administración. Además, en esta fase se comienza a trabajar en la línea de una creciente coordinación e integración de los diversos seguros: el 20 de noviembre de 1919 se aprueba un decreto que establece el plan de seguros sociales que debía administrar el INP, aunque sin llegar aún al establecimiento de un sistema integrado total de Seguridad Social.



En la Dictadura de Primo de Rivera se aprobó el subsidio de familias numerosas, en junio de 1926. Por un decreto del año 1929 se creó el seguro de maternidad. Por vez primera, a su vez, se abordó de una forma más clara la cuestión de los emigrantes: en septiembre de 1924 se creó el Tesoro del Emigrante y se puso en marcha la Dirección General de Emigración. En esta época hubo un intento de que se homologasen en España los principios internacionales del Derecho del Trabajo. De hecho, en el proyecto de constitución con el que Primo de Rivera pretendió la institucionalización de su régimen político, aparecieron algunos derechos sociales, aunque habría que esperar a la Constitución de 1931 para que éstos se reconociesen por vez primera en la historia del constitucionalismo español.

viernes, 21 de enero de 2011

Ramon Casanellas i Lluch

Ramon Casanellas i Lluc nació en Barcelona en 1907. De joven militó en la CNT. Participó, junto con Pere Mateu y Lluís Nicolau en el asesinato de Eduardo Dato en Madrid en el año 1921, en respuesta por las persecuciones a los anarquistas en Barcelona. Huyó a la URSS y a México, terminando por adherirse al comunismo. Casanellas i Lluch se dedicó, entonces, a promocionar la creación de partidos comunistas en América. En 1931 retorna a Cataluña y organiza en Barcelona el Partit Comunista de Catalunya. Falleció en 1933 en un accidente de motocicleta cuando se dirigía a Madrid a participar en un acto político.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Gabino Bugallal

Gabino Bugallal nació en 1861 en Ponteareas (Pontevedra). Ya muy joven comenzó a militar en el Partido Conservador. Fue elegido diputado por su provincia y en 1903 accedió, por primera vez, a una cartera ministerial; en este caso la de Instrucción Pública en un gobierno de Raimundo Fernández Villaverde. Bugallal se vinculó en el Partido al sector de Eduardo Dato. En varios gobiernos del mismo fue ministro en diversas carteras, destacando como ministro de Hacienda entre 1913 y 1917. Bugallal intentó establecer en España un impuesto general sobre el patrimonio, otro sobre la renta y un tercero sobre los aumentos de fortuna pero no lo consiguió. También fue ministro en gobiernos de Sánchez Toca y Allendesalazar En 1920 es nombrado ministro de Gracia y Justicia y, luego, de nuevo de Hacienda. Así pues, Bugallal se convirtió en un personaje que estuvo en muchos gobiernos conservadores del reinado de Alfonso XIII. Al ser asesinado Eduardo Dato en marzo de 1921 se hizo con la jefatura del gobierno de manera interina. En el siguiente gobierno, presidido por Allendesalazar se le encargó la responsabilidad de Gobernación. Durante la Dictadura de Primo de Rivera se mantuvo al margen de la política para pasar a ser ministro de Economía en 1931, en el último gobierno de la monarquía. Por fin, Bugallal también llegó a presidir el Congreso de los Diputados. Falleció en París en 1932.

sábado, 31 de julio de 2010

Partido Conservador. Segunda parte

En diciembre de 1902 Alfonso XIII accede al ejercicio directo de su responsabilidad como monarca y el gobierno de Sagasta es sustituido por un gobierno designado por el rey y presidido por Silvela. Este gobierno sufrirá hasta cuatro crisis en año y medio, hasta que en 1905 se pensó que la única forma de mantener el poder por parte de los conservadores era confiar la responsabilidad a Antonio Maura. Este político mallorquín será la gran figura conservadora de la época. Gobernará hasta 1909 asentado en una amplia mayoría parlamentaria pero tras las consecuencias de la Semana Trágica, la intromisión real y la beligerancia de la oposición le derribaron del poder. Se iniciaba una época liberal con Segismundo Moret y Canalejas, como grandes protagonistas.
En 1912, tras el asesinato de Canalejas y ante la no designación de Maura como sustituto, éste decidirá dimitir como jefe de los conservadores. Este hecho provocó una profunda crisis en el seno del Partido Conservador. Se establecen dos grandes opciones. Una de ellas estaría representada por Eduardo Dato y sus seguidores, los conocidos como los idóneos y la que seguía a Antonio Maura. En realidad esta división no era debida a cuestiones ideológicas o programáticas, aunque los mauristas estarían escorados hacia posturas más conservadoras. El maurismo tiene cierta importancia en la historia de los partidos españoles porque supone la transición del modelo de partido dinástico decimonónico a uno casi moderno al plantearse una organización interna jerarquizada. Además, en esta asamblea se defendió la ley de régimen local diseñada por Maura como solución a la cuestión regionalista.
El 7 de diciembre de 1922 se formó el último gobierno de la Restauración pero sin participación conservadora. Con la llegada de la Dictadura de Primo de Rivera el partido conservador como el liberal terminarían por ir desapareciendo. La Restauración había terminado a pesar de los intentos de resucitarla, en cierta medida, a la caída del dictador.