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jueves, 9 de agosto de 2012

Bulletin d'histoire contemporaine de l'Espagne dedicado al republicanismo del sur de Europa


El número 46 del Bulletin d'histoire contemporaine de l'Espagne, correspondiente al año 2011, está dedicado al republicanismo en el sur de Europa, e incluye los siguientes artículos: "El republicanismo en la España liberal (1820-1931): una aproximación historiográfica", de Manuel Suárez Cortina; "La república norteamericana como modelo político para el krausismo español", de Gonzalo Capellán de Miguel; "Mientras haya mendigos e ignorantes, la libertad es una utopía: ciudadanía y socialismo en el movimiento democrático español (1840-1868)", de Florencia Peyrou Tubert; "Republicanismo y ciudadanía femenina en el Sexenio democrático", de Luz Sanfeliu Gimeno; "La République et l'Histoire: constitutions et politique en France, 1789-2008", de Vincent Duclert; "Repubblicanesimo, democrazia e classi popolari nel XIX secolo: dal caso italiano alla penisola iberica", de Maurizio Ridolfi; "O Livre pensamento em Portugal no contexto europeu oitocentista", de Fernando Catroga; "El republicanismo español: repertorio bibliográfico", de Rosa Jimeno.
Ver:
http://www.tiempodehistoria.com/modules.php?name=News&file=article&sid=1982

miércoles, 10 de agosto de 2011

Elegidos y elegibles. La representación parlamentaria en la cultura del liberalismo

María Sierra, María Antonia Peña y Rafael Zurita son los autores del libro Elegidos y elegibles. La representación parlamentaria en la cultura del liberalismo, editado por Marcial Pons, Ediciones de Historia. Sobre esta obra dice la editorial: "La fórmula del gobierno representativo moderno fue una de las invenciones políticas más significativas del liberalismo. Elecciones y Parlamento se convirtieron en las claves sustentantes de un sistema destinado a contrarrestar la participación política de la ciudadanía con la autoridad supuestamente natural de las elites sociales. La cuadratura del círculo que supone la representación política liberal se intentó con diverso éxito en el mundo occidental; también en España se abordó por parte de una generación que, frecuentemente, dirigió su mirada hacia Europa en busca de modelos de gobierno. Este libro rastrea los orígenes del parlamentarismo español desde una perspectiva comparada, y aborda su historia desde el análisis de sus raíces intelectuales, los debates sobre legislación electoral, la biografía colectiva de sus autores y el discurso con el que se procuró construir política y culturalmente la representación liberal".




Consultado en:



http://www.tiempodehistoria.com/modules.php?name=News&file=article&sid=1810




jueves, 8 de abril de 2010

Absolutismo. Tercera Parte

El último teórico del absolutismo es Hobbes pero sus ideas estaban muy alejadas a la apelación al derecho divino o a la tradición. Hobbes, en su famosa obra, Leviatán (1651), parte de una concepción muy pesimista del ser humano. En el estado de naturaleza el hombre es egoísta, un hombre lobo para sus semejantes. Para evitar que los hombres se destrocen establecen un pacto entre sí para poder vivir en paz. Ese pacto da como resultado un estado fuerte que se impone. El soberano sería el único depositario del poder. Es muy interesante confrontar esta teoría con la de Locke. Los dos parten del estado de naturaleza, pero el segundo considera que en dicho estado los hombres tienen derechos naturales, y para conservarlos o garantizarlos establecen el Estado, el poder, dedicado a garantizarlos. Este es el inicio del futuro Estado liberal.
Pero la teoría de Hobbes tendrá sus repercusiones en el futuro en contextos históricos distintos. Tenemos que tener en cuenta que futuras dictaduras de nuestra Historia Contemporánea hunden algunos de sus principios y justificaciones en una reinterpretación de las ideas de Hobbes. Pensemos que muchos dictadores justifican su acceso al poder y su conservación en la idea del supuesto caos en que se encontrarían sus sociedades. La dictadura salvaría, según esta concepción, a esas sociedades de perecer. Habría, pues, que obedecer, o sufrir las consecuencias.

domingo, 18 de octubre de 2009

El nacionalismo liberal

El concepto moderno de nación surge al terminar el siglo XVIII en pleno proceso de las revoluciones liberales-burguesas. El término nación no era nuevo pero ahora al nacer el concepto de soberanía nacional provoca que´que la nación se convierta en el resultado del contrato social por el que la sociedad poseedora de la soberanía hace depositaria de la misma al Estado. Dicho Estado sería la institucionalización de la Nación; se trataría, pues, del Estado-nación. La nación, pues, surgiría de un acto de voluntad política y de la libre determinación de la sociedad civil y de cada uno de los individuos que la compondrían. De ese modo, los individuos se convierten en ciudadanos.
Este modelo de nación tiene varias características:
1. La nación no existiría desde un pasado inmemorial, sino que nace, como hemos expuesto, de un acto de voluntad colectivo. Las naciones no serían entidades naturales, sino políticas, que se configuran por la adhesión voluntaria a una serie de principios que se plasmarían en las constituciones.
2. Los límites de la nación no responderían a criterios geográficos ni humanos como la raza, la cultura o la religión, sino que quedarían circunscritos al territorio donde son aceptados y aplicados los principios recogidos en la Constitución.
3. La pertenencia a una nación determinada no sería, pues, una condición natural, sino un acto de aceptación voluntario, de adhesión a la comunidad y al contrato social que se establece en su seno. Uno no nacería francés, o ruso, o español, por poner ejemplos, sino que se alcanzaría la nacionalidad con la adhesión voluntaria y racional a los principios constitucionales de esos países. La nacionalidad se identificaría con la ciudadanía. Los vínculos afectivos o de sentimientos quedan en un segundo plano en favor de la libre determinación para aceptar los principios. Uno adquiere la nacionalidad mediante una declaración pública y voluntaria de adhesión a los principios constitucionales. La nacionalidad, además, puede perderse desde el momento en que uno renuncia públicamente a participar en dichos principios.