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miércoles, 29 de mayo de 2013

Agrupación al Servicio de la República

La Agrupación al Servicio de la República no fue un partido político, sino una asociación formada por intelectuales y profesionales que pretendía ayudar a la llegada de la República en España. Nació el 10 febrero de 1931 y se impulsó gracias a Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Pérez de Ayala, entre otros. Algunos de sus selectos miembros fueron diputados en las primeras Cortes republicanas. No cabe duda que su trabajo parlamentario fue intenso e influyó en gran parte en la Constitución y en la legislación aprobadas.
En octubre de 1933 la asociación se disuelve, especialmente, por el desencanto de algunos de sus miembros, especialmente de Ortega, ante la deriva de los acontecimientos, y porque su cometido ya había sido cumplido.

sábado, 7 de mayo de 2011

España

La revista literaria y de pensamiento “España” se publicó en Madrid entre los años 1915 y 1924. Su subtítulo rezaba así: “Semanario de la vida nacional”. Ortega y Gasset fue su impulsor y el respaldo económico vino de la mano del escritor Luis García Bilbao. Entre sus redactores estuvieron: Ramiro de Maeztu, Pío Baroja, Eugenio d’Ors y Ramón Pérez de Ayala. También colaboraron en la misma: Valle-Inclán, Unamuno, Azaña, Antonio Machado, Rivas Cherif, Luis Bello, Jacinto Benavente y Moreno Villa, entre otros. Al frente de la revista Ortega fue sustituido en 1916 por Luis Araquistáin. En 1922 el director fue Azaña.


La revista pretendía crear una alternativa liberal y nacional al régimen de la Restauración, defendiendo un regenaracionismo democrático. Al surgir en plena guerra mundial se decantó por los aliados. Criticó los fundamentos del régimen de la Restauración, ya en plena crisis, especialmente la corruptela electoral. Se abrió al conocimiento del movimiento obrero, la cuestión catalana, el debate en el seno del socialismo español y el nacimiento de un nuevo republicanismo.

La revista desapareció por problemas económicos y políticos en los inicios de la Dictadura de Primo de Rivera.

viernes, 12 de noviembre de 2010

La Agrupación al servicio de la República condena la quema de conventos

“La multitud exótica e informe no es democracia, sino carne consignada a tiranías.- Unas cuantas ciudades de la República han sido vandalizadas por pequeñas turbas de incendiarios. En Madrid, Málaga, Alicante y Granada humean los edificios donde vivían gentes que, es cierto, han causado durante centurias daños enormes a la nación española, pero que hoy, precisamente hoy, cuando ya no tienen el Poder público en la mano, son por completo innocuas. Porque eso, la detentación y manejo del Poder público, eran la única fuerza nociva de que gozaban. Extirpados sus privilegios y mano a mano con los otros grupos sociales, las Ordenes religiosas significan en España poco más que nada. Su influencia era grande, pero prestada: procedía del Estado. Creer otra cosa es ignorar por completo la verdadera realidad de nuestra vida colectiva.
Quemar, pues, conventos e iglesias no demuestran ni verdadero celo republicano ni espíritu de avanzada, sino más bien un fetichismo primitivo o criminal que lleva lo mismo a adorar las cosas materiales que a destruirlas. El hecho repugnante avisa del único peligro grande y efectivo que para la República existe: que no acierte a desprenderse de las formas y las retóricas de una arcaica democracia en vez de asentarse desde luego e inexorablemente en un estilo de nueva democracia.
Inspirados por ésta, no hubieran quemado los edificios, sino que más bien se habrían propuesto utilizarlos para fines sociales. La imagen de la España incendiaria, la España del fuego inquisitorial, les habría impedido, si fuesen de verdad hombres de esta hora, recaer en esos estúpidos usos crematorios.
La bochornosa jornada del lunes queda, en alguna parte, compensada en Madrid por la admirable del domingo. La prontitud, espontaneidad y decisión con que la gente madrileña reaccionó ante la impertinencia de unos caballeritos monárquicos fue una amonestación suficiente, por el momento, que daba al Gobierno motivo holgado para podar ejecutivamente su ingénita petulancia. Nada más debió hacerse.
De otro modo, aprenderían un juego muy fácil, consistente en provocar con un leve gesto de ellos convulsiones enormes en el pueblo republicano. No; si quieren, en efecto, suscitar en nosotros grandes sacudidas, que se molesten, al menos, en preparar provocaciones de mayor tamaño. A ver si pueden. […]”
Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset, R. Pérez de Ayala - El Sol, 11 de mayode 1931.
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Consultado en:
http://sauce.pntic.mec.es/~prul0001/Textos/Texto%204%20tema%20XIII.pdf