Mostrando entradas con la etiqueta nacionalismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nacionalismo. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de marzo de 2014

La extrema derecha en la España Contemporánea

Número 71 (2008). Revista Ayer
LA EXTREMA DERECHA EN LA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA, Francisco Cobo y Teresa María Ortega , eds.
Presentación, Francisco Cobo y Teresa María Ortega
  • Tradicionalismo, catolicismo y nacionalismo: la extrema derecha durante el régimen de la Restauración (1898-1930), Pedro Carlos González Cuevas
  • Conservadurismo, catolicismo y antifeminismo: la mujer en los discursos del autoritarismo y el fascismo (1914-1936), Teresa María Ortega López
  • La violencia y sus discursos: los límites de la «fascistización» de la derecha española durante el régimen de la II República, Eduardo González Calleja
  • El franquismo y los imaginarios míticos del fascismo europeo de entreguerras, Francisco Cobo Romero
  • Las culturas de los nacionalismos franquistas, Ismael Saz Campos
  • Nostalgia y modernización. La extrema derecha española entre la crisis final del franquismo y la consolidación de la democracia (1973-1986), Ferrán Gallego
Estudios
  • Significados de República. Insurrecciones federales, redes milicianas y conflictos laborales en la Cataluña de 1869, Albert García Balañà
  • La industria eléctrica y su actividad en el negocio del alumbrado en España, 1901-1935, Mercedes Fernández Parada.
  • Retribuciones en la Guardia Civil, 1931-1936, Alberto RicoSánchez
Ensayos Bibliográficos
  • Los estudios sobre las Falanges (FE de las JONS y FET y de las JONS): Revisión historiográfica y perspectivas, Joan Maria Thomàs Andreu
Ver:

sábado, 22 de febrero de 2014

Sudetes

El término de los Sudetes se comenzó a utilizar especialmente en el año 1938 para designar la región fronteriza nordoccidental del territorio de Bohemia en Checoslovaquia. Esta zona había sido tradicionalmente de asentamiento de alemanes. La pugna por los Sudetes marca un hito en la historia de la pugna entre el nacionalismo alemán y el checo, tanto desde las autoridades como en el seno de la población de la zona.
Al terminar la I Guerra Mundial, en el año 1919, se decidió que los Sudetes formaran parte de la nueva Checoslovaquia, según lo estipulado en la Paz de París. Los alemanes protestaron, y se produjeron algunos brotes de violencia entre éstos y los checos. En las elecciones locales de junio de 1919 la población alemana dio mayoritariamente sus votos a partidos alemanes.
La situación se apaciguó a medida que pasaba el tiempo, gracias a la política conciliadora de las autoridades checas hacia las minorías, y por la prosperidad económica que disfrutó el país en los años veinte.
La Gran Depresión provocó una fuerte crisis industrial en Checoslovaquia. Paralelamente, el nazismo se hace con el poder en Alemania. Estos dos factores encendieron, de nuevo, y de forma mucho más virulenta los enfrentamientos. El nacionalismo alemán en la zona se reactivó de forma significativa. En mayo de 1935, el Partido Alemán o Germano de los Sudetes, de clara tendencia fascista, y liderado por Heinlein, obtuvo el 63% del voto alemán en la región. Las exigencias de esta formación política se convirtieron en inaceptables para los checos. Se abría el camino para la posterior anexión de los Sudetes por parte de Hitler, objetivo alcanzado en los Acuerdos de Munich.

jueves, 6 de febrero de 2014

Chetniks

El origen de los chetniks o guerrilleros serbios hay que buscarlo en la época de la lucha contra los turcos por la liberación del país entre los años 1907 y 1912. Durante la I Guerra Mundial los chetnkis se dedicaron a atacar las líneas de aprovisionamiento de sus enemigos en los Balcanes, austriacos y alemanes.
Los chetniks sobrevivieron al final de la contienda en la nueva Yugoslavia. Cuando el país fue ocupado por los alemanes se enfrentaron a ellos y llegaron a recibir ayuda británica hasta el año 1944. Pero los chetniks eran, además, desde su acusado nacionalismo serbio profundamente anticomunistas, por lo que algunos jefes terminaron por colaborar con los alemanes y con los italianos contra los partisanos de Tito.
Volveremos a ver chetniks cuando estalló la guerra civil de Yugoslavia en 1991.

sábado, 18 de mayo de 2013

El Affaire Dreyfus


En la Tercera República Francesa estalló uno de los mayores escándalos que se han dado en la Historia Contemporánea de Francia y de Europa, y que demuestra el alto grado de antisemitismo existente en la sociedad occidental en aquel momento. Se trata del affaire Dreyfus. Para conocerlo tenemos que ir a los años finales del siglo XIX.
En septiembre de 1894 se descubre que se han vendido secretos militares a la embajada alemana. Se inculpa a un oficial del ejército francés y que es judío, Dreyfus. Es juzgado y desterrado a la Isla del Diablo en la Guayana Francesa. Pero dos años después un alto funcionario de Estadística, llamado Picquart, descubre un documentos con la misma letra de los anteriores papeles, y que demuestran que el verdadero culpable es otro oficial llamado Esterhazy. Se solicita, pues, la revisión del proceso judicial al que se sometió a Dreyfus pero el Estado Mayor considera que eso puede empañar el honor del tribunal militar y de todo el Ejército, y presenta nuevas pruebas incriminatorias para mantener su condena. Las pruebas presentadas son falsas. Además, hasta se encarcela a Picquart.
Y en ese momento el novelita Émile Zole publica en el diario L'Aurore su famosísimo artículo, "Yo acuso" donde se descubre todo el asunto a través de la fórmula de acusar en cada párrafo a los protagonistas en todo el proceso. El escándalo es mayúsculo, y se decide abrir un nuevo proceso. En dicho juicio se aminora la condena a Dreyfus, pero éste es inocente, y tiene que abrirse un tercero donde es absuelto.
Francia vive en un debate intenso todo esta affaire. El país está dividido, entre la derecha con fuertes dosis de antisemitismo y con un acusado nacionalismo y que es anti-Dreyfus, y una izquierda que defiende al oficial y acusa a las autoridades de corrupción. Las consecuencias electorales son claras: la izquierda gana las elecciones. Otro efecto de este affaire fue el resurgimiento de un fuerte anticlericalismo, ya que la Iglesia no tuvo una postura clara contra los procesos injustos que sufrió Dreyfus.

jueves, 21 de marzo de 2013

Rizal


José Rizal y Alonso es el padre de la independencia filipina y su mártir principal. Rizal nació en la provincia de Laguna y lleno de inquietudes por aprender marchó a Manila para estudiar con los jesuitas. Era un niño casi prodigio, ya que hablaba media docena de dialectos filipinos además del castellano y ya escribía en prosa y en verso.
Rizal aprovechó el tiempo en la capital y como ya no podía aprender más en Filipinas decidió marchar a España para estudiar Medicina y Letras. Sus esfuerzos se vieron coronados por el éxito porque se licenció en la primera carrera y se doctoró en la segunda. Estamos en 1885. Pero Rizal era incansable y los horizontes peninsulares se le quedaron pequeños. Se decidió a viajar por el mundo, por diversos países de Europa, por Estados Unidos y hasta llegó a Hong-Kong.
Nuestro protagonista escribió dos novelas donde su ideario nacionalista salió a la luz. Eran las novelas Noli me tangere y El Filibusterismo.
En el año 1892 decidió terminar su periplo de aprendizaje y regresó a Filipinas para dedicarse a la causa que le costó la vida y por la que ha pasado a la Historia. Al principio, se dedicó a reclutar personas para fomentar la autonomía filipina aunque, todavía sin ánimo de ruptura. Pero las autoridades españolas no estaban interesadas en conceder dicha autonomía y actuaron, como en el caso cubano, con una gran ceguera y poca previsión de futuro. Rizal fue encarcelado porque, además, había concitado la inquina de los sectores más reaccionarios de la Iglesia por su anticlericalismo. Debemos recordar que en Filipinas las órdenes religiosas tuvieron un importante en su colonización y administración. Después de la cárcel fue desterrado a Mindanao durante unos cuatro años. Esta pena radicalizó los planteamientos de Rizal y se decidió por una clara ruptura con la metrópoli.
Rizal decidió actuar y se puso en marcha participando en sociedades secretas y en la elaboración de documentos, panfletos y manifiestos por la independencia y contra España. De nuevo, fue detenido y enviado a España. Se pensó en desterrarlo a Cuba para que trabajara como médico. Pero la justicia militar de Filipinas reclamó su presencia porque estaba acusado de sedición y conspiración. Rizal tuvo que volver y se encontró con un claro cambio de política colonial. El general Polavieja estaba decidido a reprimir con dureza cualquier intento independentista y terminar con la política conciliadora de su predecesor. Se puso en marcha la represión con muchos fusilamientos. No era el mejor momento para estar en Filipinas y tener las ideas de Rizal.
En el juicio no se demostró su pertenencia a ninguna conspiración pero eso no le salvó la vida. Fue fusilado el día 30 de diciembre de 1896. Desde ese momento, Rizal pasó a la Historia de Filipinas y se convirtió en su mártir principal, en la figura que movilizó a los filipinos para liberarse de España. No cabe duda que la decisión de las autoridades no sólo fue injusta sino también torpe.

martes, 13 de noviembre de 2012

Muere el histórico galleguista Pousa Antelo


Muere a los 98 años el histórico galleguista Pousa Antelo 
Era el presidente de la Fundación Castelao y último superviviente del nacionalismo previo a la guerra


miércoles, 29 de agosto de 2012

Carbonarios


Los carbonarios (carbonari, en italiano) eran los miembros de una sociedad secreta, la Carbonería, que fue fundada en Nápoles a principios del siglo XIX en los tiempos de la ocupación napoleónica. Sus ideales combinaban el liberalismo con el nacionalismo. Su modelo de organización y sus procedimientos conspirativos e insurreccionales marcaron los inicios de los procesos revolucionarios liberales en Italia hasta 1830.

También hubo carbonarios en Francia (Charbonnerie), en Portugal (Carbonária) y en España.

Los carbonarios comenzaron siendo contrarios a la política seguida por Murat, pero cuando terminó la ocupación francesa se enfrentaron a la monarquía de Fernando I de las Dos Sicilias, que había repuesto, en plena época de la Restauración, el absolutismo. Fue un momento de crecimiento de la Carbonería, ya que recogió el malestar de la burguesía urbana del reino ante la política real favorecedora de los intereses de la nobleza terrateniente.

Los carbonarios se extendieron, también, por el norte de Italia, especialmente en la Lombardía y la Emilia-Romagna, al conseguir el apoyo de Filippo Buonarroti, que sin ser carbonario, se identificaba con sus ideas.

Después del Congreso de Viena (1815) los carbonarios abrazaron con fuerza, además de las ideas liberales, un marcado nacionalismo italiano, especialmente contra el dominio austriaco. En todo caso, no había unanimidad en el seno de la Carbonería sobre el sistema concreto de gobierno que se quería en Italia, aunque se partiera del liberalismo.

En 1820, la Carbonería tuvo un destacado protagonismo en la Revolución napolitana de ese año. La influencia del ejemplo de sublevación liberal de Riego en España era evidente. Michele Morelli y Giussppe Silvati, dos oficiales, y el general Gugliemo Pepe marcharon, a principios de julio, desde Nola hacia Nápoles, al frente de varios regimientos de caballería. El rey Fernando I aceptó conceder una constitución y el establecimiento de un parlamento, como había hecho Fernando VII en España. El éxito alentó a los carbonarios piamonteses. En marzo de 1821 consiguieron el establecimiento de un sistema constitucional en Turín.

La Santa Alianza no iba a dejar que en el sur de Europa (España, Portugal y parte de Italia) triunfasen sistemas políticos liberales. En febrero de 1821, un ejército derrotó a los insurrectos napolitanos. En el norte, el rey Carlos Alberto de Saboya pidió la intervención de Austria, y en abril un ejército austriaco derrotó a los insurrectos piamonteses. A continuación, se desató la represión contra los carbonarios.

Pero los carbonarios siguieron conspirando por la causa liberal y nacionalista. Hubo carbonarios en la Revolución de 1830 en París. Los carbonarios italianos se levantaron en Módena y los Estados Pontificios. En esta ciudad, Ciro Menotti tomó la iniciativa, pero fracasó por la traición del duque Fernando IV de Módena. Menotti fue condenado a muerte. Por su parte, en los Estados Pontificios la revuelta se extendió en febrero de 1831 por Bolonia, Reggio Emilia, Imola, Faenza, Ancona, Ferrara y Parma, con un claro protagonismo de los carbonarios. Se estableció un gobierno provisional bajo la bandera tricolor, pero el cuerpo de la milicia que marchó hacia Roma fue aniquilado por las tropas austriacas llamadas por Gregorio XVI.

En el seno de la Carbonería comenzaron a ganar peso los que comprendieron que solos no podían imponerse a Austria, la gran enemiga. La estrategia para conseguir sus objetivos debía cambiar. Mazzini decidió crear otra organización, la “Joven Italia”, en la que ingresaron muchos antiguos carbonarios. La Carbonería siguió existiendo pero sin casi actividad, hasta su final en 1848.

El origen social de los carbonarios se encuentra en la burguesía, aunque también hubo nobles entre sus miembros. Algunos importantes personajes italianos del momento fueron carbonarios o estuvieron cerca de los mismos: Silvio Pellico, Antonio Panizzi, Giuseppe Mazzini, etc..

Así como la masonería se basaba en los símbolos de la construcción, los carbonarios lo hicieron en los del gremio de carboneros, es decir de los que preparaban el carbón y lo vendían. La Carbonería adoptó muchos de los procedimientos y rituales masones. En relación con los miembros, estaban los aprendices que, con el tiempo se convertían en maestros. Había juramentos de fidelidad y todo bajo el más estricto secreto, que si se vulneraba se pagaba con la vida.

Como toda sociedad secreta, la Carbonería tenía una organización jerárquica muy bien definida. Las células o núcleos básicos eran los barracones o barracas, que se agrupaban en las ventas, aglomeraciones más grandes, y éstas dependían, a su vez, de las ventas madre y de las altas ventas. Por otro lado, había un sector o logia civil, dedicada a labores de propaganda política y otra logia militar, destinada a fomentar acciones armadas e insurrecciones.

Los carbonarios aparecen en la literatura de la época. En este sentido, la principal obra es, sin lugar a dudas, Vanina Vanini de Stendhal (en España, la última edición que se tiene es del año 2011, en Editorial Periférica). Se trata de una novela corta que relata la historia de amor de la princesa Vanina y un miembro de los carbonarios. Roberto Rossellini llevó la novela al cine en el año 1961 con el mismo título.

viernes, 6 de julio de 2012

El nacionalismo


Concepto de nación

El concepto de nación como comunidad política con derecho a contar con un estado organizado es una de las herencias ideológicas de la Revolución francesa. Anteriormente, existía la lealtad personal de los súbditos al monarca absoluto pero, después de la Revolución esta vieja lealtad se sustituyó por otra, la lealtad legal de los ciudadanos a una Constitución. Los individuos debían pertenecer a una comunidad y compartir con otros una cultura, lengua y costumbres para poder ejercer los derechos políticos propios de todo ciudadano.

Los liberales intentaron sustituir los viejos estados absolutos de súbditos por estados nacionales, formados por hombres libres, por ciudadanos. En la época de las guerras napoleónicas las ideas del nacionalismo comenzaron a extenderse por Europa. La oposición a la ocupación francesa y a los sistemas políticos que Napoleón impuso, impulsó que diversos pueblos y países se enfrentasen al ejército napoleónico buscando su propio camino para constituirse en estados. El Congreso de Viena y el sistema de la Restauración no respetaron los intereses de muchos pueblos europeos cuando se rediseñó el mapa de Europa, provocando que el nacionalismo se convirtiera en una fuerza opositora a este sistema de la misma importancia que el liberalismo.

El nacionalismo

El nacionalismo del siglo XIX fue un fenómeno político y social complejo, ya que tuvo dos vertientes: una progresista, más vinculada con el liberalismo, y otra tradicionalista, de raíces conservadoras.

El nacionalismo progresista defendía el derecho de los pueblos a liberarse de tiranías extranjeras y la necesidad de la solidaridad de unos pueblos con otros en sus respectivas liberaciones nacionales. Para este nacionalismo cualquier comunidad podía convertirse en una nación si así lo deseaba y buscar los medios para emanciparse y formar un Estado o unirse a otro ya existente con el objetivo de crear uno nuevo. De esa misma forma, cualquier persona podría cambiar de nacionalidad con sólo desearlo. Por eso se trata de un nacionalismo basado en la voluntad, ya sea de una comunidad o de un individuo. Este nacionalismo fue seguido, principalmente por los liberales demócratas franceses e italianos, destacando la figura de Giuseppe Mazzini.

El nacionalismo tradicional o conservador consideraba que las naciones no se basaban en la decisión o la voluntad de los pueblos o de los individuos, sino que existían previamente como realidades objetivas ineludibles. Esas naciones tendrían rasgos geográficos, culturales, lingüísticos y hasta étnicos propios diferentes a los de otras naciones. Esos rasgos acompañarían a las personas estuviesen donde estuviesen. Una comunidad constituía una nación cuando la historia, la tradición, la cultura y la lengua así lo determinaban. Todo el que perteneciera a esa comunidad pertenecería, asimismo, a la nación y debía compartir esos rasgos nacionales, ya fuera de grado o por la fuerza. No era una cuestión de voluntad como en el liberalismo progresista. El liberalismo conservador tuvo mucha importancia en Alemania, destacando la figura de Fichte.

Por otro lado, hubo también dos modelos de nacionalismo:

a)Nacionalismo unitario, que pretendía reunir en un único estado pueblos separados pero con una nacionalidad común. Serían los casos del nacionalismo alemán y del italiano.

b)Nacionalismo disgregador o separatista, que buscaba la fragmentación de imperios o estados para formar unidades políticas o nuevos estados con sus propias naciones. Fue el caso de Hungría en relación con el Imperio austriaco, o de los pueblos balcánicos en relación con el Imperio otomano o el Imperio austriaco.


--------------------------------
Al igual que en el anterior artículo sobre el liberalismo, el nacionalismo ha sido profusamente tratado en este blog. Este nuevo artículo pretende enriquecer la cuestión

jueves, 5 de julio de 2012

Las revoluciones liberales: 1820, 1830 y 1848


Introducción

El Congreso de Viena y la época de la Restauración intentaron acabar con las transformaciones de la Revolución francesa y del Imperio napoleónico, pero, la realidad económica, social y política estaba impregnada del ideario liberal y del naciente nacionalismo de los pueblos oprimidos, además de que se extendía con fuerza una corriente cultural nueva, el romanticismo. Así pues, liberalismo, nacionalismo y romanticismo serían los grandes enemigos del orden impuesto en 1815.


Las oleadas revolucionarias entre 1820 y 1848

Entre 1815 y 1848 se produjeron tres grandes oleadas revolucionarias en Europa. La primera de ellas se dio entre 1820 y 1824, con protagonismo en el Mediterráneo. Entre 1830 y 1834 de produjo otro ciclo revolucionario, destacando la revolución en Francia de 1830 y la de que desencadenó la independencia de Grecia. Por fin, llegarían las revoluciones de 1847-1848, que tuvieron un mayor componente social y nacionalista que las anteriores.

Las tres oleadas revolucionarias estuvieron inspiradas en los principios de la Revolución francesa, considerada como modelo. Estas revoluciones se oponían al sistema de la Restauración y a las monarquías absolutas.

Las revoluciones de 1820

Estas revoluciones se centraron en el área mediterránea europea: España, Nápoles y Grecia. En los dos primeros países se impusieron monarquías constitucionales (Trienio Liberal español) pero fracasaron, en gran medida, por la intervención de las monarquías absolutas.

El caso de Grecia es particular. Los griegos se sublevan contra el Imperio turco apoyados por Gran Bretaña. Se produce una larga guerra civil de diez años y, por fin, en 1829, Grecia obtiene la independencia. Esta guerra tuvo un amplio eco en toda Europa y concitó el apoyo de muchos románticos e intelectuales, destacando Lord Byron que allí perdió la vida.

En estas revoluciones tuvieron mucha importancia las sociedades secretas, conectadas internacionalmente y entre los oficiales del ejército, dedicadas a conspirar y organizar revoluciones. Una de las sociedades más activas sería la de los carbonarios, sociedad secreta italiana partidaria de la unificación nacional que luchó contra diversos gobiernos de los estados italianos. Las revoluciones de 1820 no fueron movimientos de masas, a excepción del caso griego.

Las revoluciones de 1830

Las revoluciones en torno a 1830 fueron más profundas y de extensión, mayores que las anteriores. Afectaron a casi toda Europa.

En Francia los Borbones son derrocados en la revolución de julio de 1830 y sube al trono Luis Felipe de Orleáns, iniciándose un sistema político liberal de monarquía constitucional. Bélgica se independiza de Holanda, estableciendo una monarquía liberal y es reconocida por Francia y Gran Bretaña. En España y Portugal, a principios de esa década, se instauran monarquías constitucionales pero se inicia un largo e intenso período de guerras civiles con los absolutistas (las guerras carlistas españolas).

En Europa central y oriental las revoluciones no tienen tanto éxito. Las revoluciones que estallan en diversos estados italianos son duramente aplastadas por los austriacos. En algunos estados alemanes se aprueban constituciones pero muy pronto son derogadas por la presión de Metternich. En Polonia se proclama la independencia pero la rebelión es aplastada por los rusos.

A diferencia de las revoluciones de 1820, en las de 1830 tuvo gran influencia el fuerte descontento social y económico de las clases populares. El protagonismo en las revoluciones ya no fue de las sociedades secretas y de los conspiradores sino fruto de verdaderos movimientos de masas. Más allá de las peticiones de los liberales más moderados, surgió un movimiento democrático y republicano más radical, demostrando la división que estaba surgiendo en el seno del liberalismo. Ese movimiento no tardaría en enfrentarse, por ejemplo, a la nueva monarquía constitucional francesa, basada en los principios del liberalismo moderado: sufragio censitario y control del sistema por la alta burguesía.

Las revoluciones de 1848: “la primavera de los pueblos”

Fue la última de las tres grandes oleadas revolucionarias del siglo XIX. Compartía con las anteriores su inspiración en los principios de la Revolución francesa, pero fue más importante en extensión y dimensiones, más radical, con mayor base social, con fuertes componentes nacionalistas en algunos lugares.

Las revoluciones en torno a 1848 tuvieron un gran éxito inicial y simultáneo en Francia, gran parte de Italia, Suiza, los estados alemanes, el Imperio austriaco y Prusia. Nunca ninguna revolución estuvo más cerca de ser considerada una “revolución mundial”. Pero, también, su fracaso fue muy rápido en gran parte de los lugares.

Las revoluciones de 1848 pueden ser calificadas de democráticas y tuvieron, como hemos señalado, un fuerte contenido social. En los años anteriores a 1848, Europa sufrió una fuerte crisis agraria e industrial, que generó hambre y descontento entre los trabajadores. En el 48, las grandes ciudades europeas como París, Berlín, Viena, Praga, Milán, Roma o Budapest se llenaron de barricadas levantadas por trabajadores urbanos pobres, los grandes protagonistas de las revoluciones, que reclamaban derechos y libertades radicales: sufragio universal masculino, repúblicas democráticas y sociales, asistencia a los más necesitados y desempleados, derecho al trabajo y a la libre sindicación. Estas reivindicaciones atemorizaron a los liberales moderados que, muy pronto, abandonaron las revoluciones, y contribuyeron a la represión pactando con los sectores más conservadores de la sociedad. Por otro lado, las revoluciones de 1848 fueron más urbanas que rurales; los campesinos se mantuvieron indiferentes y hasta hostiles.

La revolución de febrero de 1848 en Francia

La revolución que mejor ejemplifica la oleada de 1848 fue, sin lugar a dudas, la francesa. París fue el gran escenario revolucionario, lleno de barricadas y clave para el derrocamiento de Luis Felipe de Orleáns. Se proclamó la Segunda República y se formó un gobierno provisional, en el que estuvo presente un socialista, Luis Blanc. El gobierno tuvo como uno de sus principales objetivos el de dar trabajo y un subsidio a los parados a través del sistema de los “talleres nacionales”. Además, fijó la jornada laboral máxima en 10 horas. Pero los electores dieron la espalda a la izquierda en las elecciones de abril gracias a los votos del campo francés que fueron hacia los candidatos moderados, temerosos de lo que consideraban extremismo de la capital. Nació una república conservadora que abolió todas las medidas sociales anteriores y aplastó la rebelión de los obreros parisinos en junio. En diciembre de 1848 fue elegido como presidente Luis Napoleón Bonaparte, sobrino del emperador, que a los tres años liquidaría la república y establecería el Segundo Imperio.

El componente nacionalista de las revoluciones de 1848

La importancia del nacionalismo en las revoluciones de 1848 fue mucho mayor que en las anteriores oleadas revolucionarias:

-En el Imperio austriaco, además de provocar la caída de Metternich y aprobarse medidas liberales, como el fin de la servidumbre en todo el imperio, los húngaros lograron un parlamento y una constitución propios; y los checos obtuvieron algunas concesiones tras la sublevación de Praga.

-En Italia, se rebelaron Milán y Venecia contra los austriacos y pidieron ayuda al reino del Piamonte, cuyo rey deseaba engrandecer su estado. En Roma, el nacionalista y demócrata Mazzini con sus partidarios derrocaron al Papa e impusieron la república en 1849.

-En la Confederación Germánica, los liberales de varios estados se reunieron y convocaron un parlamento alemán en Francfort, elegido por sufragio universal. En esta asamblea se dedicaron a redactar una constitución nacional.

Pero, a partir del verano de 1848 comenzó la represión y contención de los movimientos revolucionarios. El gobierno austriaco anuló muchas concesiones liberales menos la relativa al final de la servidumbre, y su ejército reprimió duramente los movimientos revolucionarios en Viena, Praga, Budapest, Milán y Venecia. Por su parte, el Parlamento de Francfort se disolvió. En Hungria, el ejército austriaco encontró mayor resistencia y necesitó el apoyo ruso. En Italia tuvo que enfrentarse al ejército piamontés. Roma regresó a su sistema político anterior gracias al apoyo del gobierno francés, que quería intervenir en Italia para contrarrestar la influencia austriaca en la península.

Consecuencias de las revoluciones de 1848

A pesar del fracaso, hay una serie de consecuencias destacables de las revoluciones de 1848:

a)Abandono del sistema internacional de 1815 y sucesión de conflictos entre las potencias europeas hasta 1878.

b)Aparición de un nacionalismo insatisfecho y, con el tiempo, muy potente, en Alemania, Italia, Hungría y Bohemia.

c)Triunfo de los liberales moderados en muchos estados, pactando con algunas fuerzas del Antiguo Régimen. La burguesía pacta y se hace conservadora.

d)Los obreros urbanos, conscientes de su derrota, falta de preparación y de apoyos, comenzaron a organizarse políticamente de forma autónoma y a tomar conciencia de su situación.

domingo, 22 de enero de 2012

Carlos Baraibar Espondaburu

Carlos Baraibar nació en Vitoria en el año 1895. Fue un destacado periodista, trabajando en la redacción del diario “El Sol”. En 1928 ingresó como socio en la Asociación de la Prensa de Madrid. El 26 de marzo de 1931 dimitió de su puesto de redactor-jefe de “El Sol” y, tras la proclamación de la República, pasó a colaborar en “Luz”. Baraibar comenzó su andadura política cerca del nacionalismo vasco pero terminó por decantarse por el socialismo muy cerca de Francisco Largo Caballero. En octubre de 1931 ingresó en la Agrupación Socialista de Madrid. En abril de 1933, Largo Caballero le nombró Director General de Trabajo. Baraibar colaboró en la creación del semanario “Claridad”, órgano de difusión del sector caballerista del PSOE, en julio de 1935, siendo su gerente y director técnico. Consiguió que pasara a ser una publicación diaria en abril de 1936. Baraibar participó en las polémicas de este sector con Indalecio Prieto y los prietistas.
Al estallar la guerra fue encargado de organizar una sublevación de las cabilas marroquíes en el Protectorado, pero no tuvo éxito. Desde febrero a mayo de 1937 ocupó el cargo de subsecretario del Ministerio de la Guerra con Francisco Largo Caballero, después de que los comunistas consiguieran el cese en esta responsabilidad del general Asensio. Cuando Negrín accedió a la jefatura del gobierno, Baraibar fue cesado, a su vez. El descalabro de los caballeristas también afectó al diario “Claridad”. El periódico era propiedad de Baraibar y de Luis Araquistáin y, y después de un pleito, pasaría a ser un órgano de la UGT.
Estando el gobierno en Valencia colaboró con periódicos socialistas y anarquistas de la ciudad. En Barcelona publicó, junto con Diego Abad de Santillán, la revista “Timón”, publicación de la que salieron seis números entre julio y diciembre de 1938.
Al terminar la contienda se exilió en Chile, donde llegó en octubre de 1939, colaborando en varias publicaciones. En Chile llegó a presidir la organización del partido en Santiago de Chile hasta 1941, año en el que abandonó el PSOE. Ángel Viñas cita documentos del Ministerio de Asuntos Exteriores en los que, al parecer, Baraibar se ofreció al embajador español para espiar a los exiliados en Chile.
Baraibar viajó por el mundo impartiendo conferencias sobre política internacional, y en febrero de 1954 fue delegado en Chile del Congreso por la Libertad de la Cultura. Regresó de visita a España en el año 1971 y se le propuso que colaborase en el diario “Informaciones”, pero regresó a América. Baraibar murió el 1 de julio de 1972 en Santiago de Chile.
Ver:

viernes, 26 de agosto de 2011

El Estado Eslovaco en la época nazi. Primera Parte

En el recorrido que iniciamos sobre la historia del estado eslovaco en la época nazi nos basaremos en un artículo de Julio Gil Pecharromán sobre la historia de Eslovaquia, que se publicó en el número 201 de la revista “Historia 16”, precisamente, en el momento en que Checoslovaquia dejó de existir para crearse dos estados: la República Checa y Eslovaquia.

El nacimiento de Checoslovaquia y su devenir hasta mediados de los años treinta
Como es sabido, el estado checoslovaco nació como consecuencia de los tratados de paz posteriores a la Primera Guerra Mundial y que desmembraron el Imperio Austro-Húngaro. Ese estado no satisfizo al nacionalismo eslovaco. Aunque la Constitución era un modelo de democracia no ofrecía el grado de descentralización que deseaban los nacionalistas eslovacos. Además, la minoría checa, sumamente preparada, copó los principales puestos de la Administración y del Ejército; hasta la Universidad de Bratislava y el mundo académico y cultural quedó en manos checas. Tanto el primer jefe del estado, Masaryk como Eduard Benes, fueron unas personalidades políticas poco dadas al desarrollo de la descentralización y la federalización del país, a pesar de que así se había acordado en 1918. Por fin, la diferencia entre Chequia y Eslovaquia era muy grande, comenzando por el peso demográfico de la primera, y terminando por su potencia económica. Las zonas de Bohemia y Moravia contaban con una industrialización de nivel europeo y con un altísimo nivel de vida, frente al protagonismo rural en Eslovaquia. Se había hecho un esfuerzo modernizador en el campo con la reforma agraria que repartió las tierras de los nobles húngaros entre los campesinos, pero aún así la diferencia económica era enorme. Este hecho alimentó aún más el nacionalismo y generó un evidente complejo de inferioridad en Eslovaquia, como otro de superioridad entre los checos. Por último, no podemos dejar de reseñar el componente religioso en este desencuentro: el imperante catolicismo eslovaco alimentó las críticas a los dirigentes checos, considerando que Praga era una especie de nido de protestantes y masones.
Por fin, no podemos olvidar que el estado checoslovaco albergaba en su seno importantes minorías nacionales: alemanes, polacos, húngaros, rutenos, y una nutrida comunidad judía.
Aún así, la convivencia se pudo mantener sin grandes sobresaltos hasta mediados de los años treinta. El sistema de partidos se organizó sobre una base común. Los principales partidos fueron los siguientes: Partido Agrario, cuyo principal líder era Antonin Svehla, aunque una de sus principales figuras fue el eslovaco Milan Hodza, político que llegó a ser primer ministro; el Partido Social Demócrata, el Partido Socialista-Nacional de Benes, el Partido Comunista y, por fin, el Nacional-Demócrata, la formación vinculada al capital financiero. Con excepción de Hodza, casi todos los líderes de estas formaciones eran checos. Al margen de los grandes partidos, las minorías nacionales tenían sus propios partidos y organizaciones.
Los eslovacos contaban, solamente, como partido propio con el Popular, que, además, tenía un homólogo checo. El PPE era una formación muy fuerte en Eslovaquia. Estaba formado por una especie de federación de corrientes políticas diversas. En su seno dominaba la corriente conservadora autonomista pero, ya en los años veinte comenzó a destacar una facción de extrema derecha que coqueteaba con el fascismo y la independencia. Su principal líder era el profesor de Derecho, Vojtek Tuka. Este personaje, de origen húngaro, estableció muy tempranamente contactos con el nazismo. En 1923, organizó una milicia llamada Rodobrana. Sus miembros vestían camisa negra y juraban lealtad a su líder. Pero esta milicia fue disuelta en 1927; dos años después, Tuka fue condenado a prisión por atentar contra la unidad nacional. Pero el ala radical del Partido Popular no desapareció con este revés. A Tuka le sustituyeron los hermanos Durcansky, editores de un periódico anticheco y de un círculo nacionalista. También, destacó Alexander (Sano). Los tres mantuvieron la colaboración con los nazis alemanes, pero no lograron grandes apoyos entre los eslovacos.

martes, 31 de mayo de 2011

Emilio Aguinaldo

Sin lugar a dudas, Emilio Aguinaldo es uno de los personajes más importantes de la historia de las Islas Filipinas, el fundador de la República y presente en su devenir durante más de la mitad del siglo XX, dada la longevidad del personaje. Efectivamente, Aguinaldo nació en 1869 y falleció en 1964.




Nació, nuestro personaje, en Cavite y estudió en el Colegio de San Juan de Letrán. Desde muy joven fue contrario a la presencia española. Emprendió con éxito un ataque a la guarnición española durante el levantamiento independentista de los años 1896-1897. Se convirtió en uno de los principales dirigentes nacionalistas y presidente del gobierno revolucionario. Cuando España logró sofocar la insurrección marchó al exilio, aceptando la ayuda norteamericana para obtener la independencia de la metrópoli. En 1898 regresó y, una vez conseguida la independencia, fundó el 23 de enero de 1900 la República de Filipinas.



Aguinaldo no era partidario de la presencia y tutela norteamericanas pero el poder de Estados Unidos era incontestable. Fue derrotado y obligado a jurar lealtad a los Estados Unidos. Ese fue un momento clave en la derrota del nacionalismo filipino. Aguinaldo decidió retirarse de la vida política pero en 1935 regresó a la primera línea política al presentarse a las elecciones presidenciales pero perdió.



En 1945 fue acusado de haber colaborado con los japoneses. Se le detuvo pero no se le juzgó. Se le puso en libertad y se le nombró miembro del Consejo de Estado filipino. Al final de su vida se dedicó a mejorar las relaciones de su país con los Estados Unidos.

sábado, 21 de mayo de 2011

Sinarquismo

El Sinarquismo fue un movimiento político de signo fascista de México fundado en 1937. Su objetivo era convertir el Estado sobre principios católicos, erradicar el anticlericalismo, el comunismo y el liberalismo. Deseaba el establecimiento de una fórmula autoritaria de gobierno. Apoyaba a Franco y, desde un fuerte nacionalismo, manifestaba un evidente antagonismo hacia los Estados Unidos.




En 1940 el movimiento afirmaba contar con un millón de miembros pero en 1944 sufrió una profunda crisis, ya que se dividió en dos facciones. Una de estas facciones sería el Partido de la Fuerza Popular.

domingo, 4 de abril de 2010

Nacionalismo vasco. Reglamento de Euskeldun

Recogemos otro texto del nacionalismo vasco, el Reglamento de Euskeldun de 24 de mayo de 1894:

"Art. 3.- Bizkaia será católica-apostólica-romana en todas las manifestaciones de su vida interna y en sus relaciones con los demás pueblos.

Art. 4.- Bizkaia (...) se reconstruirá libremente. Restablecerá en toda su integridad lo esencial de sus leyes tradicionales llamadas Fueros (...). Se reconstruirá, si no exclusivamente, principalmente con familias de raza euskerina. Señalará al Euskera como lengua oficial.

Art. 7.- Bizkaia se establecerá sobre una completa e incondicional subordinación de los político a lo religioso, del Estado a la Iglesia.

Art. 8.- Bizkaia, por su raza, su lengua, su fe, su carácter y sus costumbres, hermana de Álava, Benabarre, Guipuzcoa, Lapurdi, Navarra, Suberoa, se ligará o confederá con estos seis pueblos para formar el etodo llamado Euskalerria, pero sin mengua de su particular autonomía."

sábado, 3 de abril de 2010

Nacionalismo vasco. Manifiesto del Partido Nacionalista Vasco

Se incluye un fragmento del Manifiesto del Partido Nacionalista Vasco del año 1906:

"Amenazada de muerte la nacionalidad vasca por el peligro de muerte que corre la raza, a punto de desaparecer su idioma y adulterados su espíritu y Tradición, el Nacionalismo vasco aspira a purificar y vigorizar la raza, a depurar y difundir el euzkera hasta conseguir que sea la única lengua de Euzkadi y a purificar el espíritu y esclarecer la Tradición del pueblo vasco, encaminándose sus trabajos en cuanto a este fin:

a) A que el pueblo vasco siga, fervorosamente, las enseñanzas de la Iglesia Católica, Apostólica, Romana, como las siguió y observó en tiempos pasados, con exclusión absoluta de toda doctriina condenada por la Iglesia Católica.

b) A que vuelvan a imperar los buenos usos y costumbres olvidados, fomentando los que se conservan y combatiendo los exóticos y perjudiciales.

c) A que las instituciones políticas, jurídicas, económicas, etc., características del pueblo vasco, vuelvan a tener vigencia y acción, almoldadas (...) a la realidad de los tiempos actuales.

d) A que las letras y las artes, que sean manifestación de la nacionalidad vasca adquieran vida robusta (...).

Su terreno de acción es Euzkadi, o sea, las regiones todas del País Vasco que se denominan Araba, Guipuzkoa, Nabarra, Bizkaya, Laburdi y Zuberoa, solar de la raza vasca (...).

Como norma de su modo de obrar en estos órdenes de acción, se atenderá a los preceptos de la pura moral católica, conforme con lo que la propia constante Tradición ha sancionado. (...) Procurará fomentar la solidaridad más firme y práctica entre los pueblos e individuos de raza vasca, en todos los órdenes de la vida, mediante la sólida enseñanza del pasado y del presente de Euzkadi, y la educación sinceramente patriótica de sus hijos, hasta lograr crear en nuestra tierra un ambiente en que solo pueda desarrollarse lo netamente vasco."

viernes, 2 de abril de 2010

Nacionalismo vasco. Tercera parte

En 1895 se crea el PNV en Bilbao. Sabino Arana populariza un nuevo nombre para la patria vasca, Euzkadi, una bandera propia y propuso un lema para el partido: "Dios y ley antigua". El nacionalismo vasco se impregnó de un fuerte contenido católico y de defensa de la tradición. Se pretendía impulsar la lengua y costumbres vascas, defendiendo la pureza racial del pueblo vasco, como ya apuntábamos en el artículo anterior.
En un principio el Partido Nacionalista Vasco se declaró como independentista pero esta posición fue evolucionando hacia el autonomismo. A la muerte de Arana se producen disensiones en el seno del nacionalismo. Siempre ha habido dos grandes posturas en su seno, una más autonomista y otra más independentista. A pesar de esas discrepancias hay un evidente crecimiento electoral del partido a comienzos del siglo XX. El principal rival electoral será el carlismo que defendía la vuelta de los fueros. En Navarra el carlismo era un serio competidor.

jueves, 1 de abril de 2010

Nacionalismo vasco. Segunda parte

El nacionalismo catalán estimuló, sin lugar a dudas, al nacionalismo vasco pero éste tiene unas raíces distintas. Su fundamento está en el carlismo. Además, si el nacionalismo catalán tiene como bases sociales la clase intelectual y la burguesía, el vasco se basa más en la pequeña burguesía y en el campesinado. Por último, este nacionalismo tiene una base confesional y conservadora más acusadas.

El sentimiento nacionalista vasco se aceleró con el crecimiento económico y el cambio social en el último tercio del siglo XIX, plamándose en una pluralidad de grupos. Entre estos grupos y personalidades destacará, sin lugar a dudas, el núcleo vizcaíno con Sabino Arana.

Arana procedía del carlismo y evolucionó hacia el nacionalismo. Hacia 1893 comienza a ser conocido con el periódico "Bizkaitarra" y con la asociación "Euskeldun Batzookija" fundada en 1894. Para esta asociación Sabino Arana redacta una declaración de marcado carácter confesional, evidentes componentes racistas y muy radical en sus planteamientos contrarios a la industrialización y al socialismo, cada día más presente en el País Vasco.

En 1895 se funda el primer partido nacionalista, el Bizkai-Buru-Batzar que es el germen del Partido Nacionalista Vasco. Es el comienzo de su participación en las elecciones municipales, a la Diputación y al Congreso en Madrid.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Nacionalismo vasco. Primera Parte

En los territorios vascos se parte de una situación distinta a la de Cataluña. Hasta el fin de la primera guerra carlista en el año 1839 se disfrutaba de la existencia íntegra de los Fueros. Estos fueros suponía la existencia de instituciones propias como las Juntas Generales, leyes y finanzas propias, aduanas, impuestos y ciertos privilegios en relación con las contribuciones. El Abrazo de Vergara no supuso el fin completo de estos derechos y, con recortes, se mantuvo la situación hasta la Restauración. El fin de la tercera guerra carlista en 1896 supuso la pérdida de la autonomía administrativa vasca y navarra, conservando cierta autonomía financiera a través de los Conciertos Económicos. Comienza a generarse un sentimiento de resentimiento hacia el gobierno central.

domingo, 21 de marzo de 2010

El surgimiento de los nacionalismos no españolistas. Contexto histórico

El nacionalismo ha sido tratado de forma exhaustiva pero no en el caso concreto de nuestro país. Iniciamos una serie de artículos que tratarán estas cuestiones en la historia contemporánea de España, ya que su conocimiento es necesario para entender tanto el siglo XX como el XXI. Nos anima, como siempre, un afán pedagógico, en lo que es el marco de un blog donde es necesaria la brevedad pero sin perder el rigor.

La realidad española en el inicio de la Revolución Liberal y, a pesar de un siglo de centralismo borbónico, seguía siendo plural. Algunos territorios, como el País Vasco o Navarra, seguían conservando instituciones propias, mientras que otros mantenían el recuerdo de un pasado histórico propio y contaban con una lengua propia como es el caso catalán. Estas realidades nacionales no desaparecieron con el triunfo del Estado liberal de corte centralista y uniforme.

El Estado liberal se estableció bajo los principios de la centralización, el uniformismo administrativo y la homogeneización de los territorios. Por un lado, dicho Estado fracasó en este empeño porque no desarrolló los instrumentos eficaces para dicha uniformidad como hubiera sido la escuela, por ejemplo. Pero, por otro lado, los aspectos legales de la estructura territorial y central del Estado no permitían la integración de la diversidad. En este sentido, en el último tercio del siglo XIX, con la Restauración se consolida un modelo conservador con Castilla y el catolicismo como ejes vertebradores de España frente a los intentos de establecer un modelo federalista o menos centralista en la época del Sexenio Democrático.

Los nacionalismos no españolistas surgen como reacción a este centralismo y al triunfo de ese modelo pero, además, tenemos que añadir que existe un factor socioeconómico en este contexto. Tanto Cataluña como el País Vasco desarrollan una serie de cambios económicos y sociales profundos que les convierten en territorios con un desarrollo industrial y bancario muy superior al del resto de España, con una burguesía capitalista no rentista muy pujante y una clase intelectual que defenderá la autonomía o la identidad nacionales propias.

El desastre de 1898 provocará, por fin, un lanzamiento de estos nacionalismos.