Severino Aznar nació en 1870 en Tierga, provincia de Zaragoza. Estudió la carrera de sacerdote en el Seminario de Zaragoza pero la abandonó para estudiar filosofía y letras. Al terminar sus estudios ejerció como periodista, lo que le provocó el destierro en Burdeos. El destierro fue muy decisivo en Aznar, ya que le influyeron mucho la lengua y cultura francesas. En 1921 ingresó en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. En 1928 consiguió la Cátedra de Sociología en la Universidad Central. Sus contactos con intelectuales aragoneses, miembros de la “Revista de Aragón”, se inició en el movimiento católico social. Participó en las denominadas “semanas sociales”, especie de encuentros y conferencias sobre cuestiones sociales, obreras y del mundo agrícola. Aznar formó un equipo de periodistas y profesores universitarios, entre los que destacaron José Latre, Salvador Minguijón o Inocencio Jiménez Vicente, entre otros.
Severino Aznar fundó el Grupo de la Democracia Cristiana junto con Castroviejo, Ruiz del Castillo y Jordana de Pozas. Además, mantuvo una intensa actividad editorial desde la revista “La Paz Social”, fundada por él mismo en 1907. Fue director de la "Revista Internacional de Sociología" del CSIC en sus últimos años de vida.
Severino Aznar destacó en la creación de sindicatos católicos, cuestión que, en los últimos tiempos está recibiendo cierta atención en este blog. Propuso la transformación de las cofradías religiosas en sindicatos, siguiendo la idea de Durkheim hacia los gremios, recogida en su obra La División del trabajo social. Formó parte del Secretariado Nacional Católico Agrario antes del enfrentamiento con Antonio Monedero, personaje ya estudiado en este blog, y Sisinio Nevares. Así se pudo crear la Confederación Nacional Católico Agraria.
Severino Aznar murió en 1959 en Madrid.
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viernes, 26 de noviembre de 2010
jueves, 14 de enero de 2010
Bibliografía sobre la democracia cristiana
LA OPOSICIÓN DURANTE EL FRANQUISMO/1. LA DEMOCRACIA CRISTIANA (1936-1977)
Donato Barba Prieto (Ediciones Encuentro)
Precio:15 € ($21,59)
Idioma: Español
ISBN: 8474906199. ISBN-13: 9788474906196
304 p. ; 23x15 cm.
La Democracia Cristiana en la España Contemporanea
Autores: José Luis Orella Unzué
Localización: Letras de Deusto, ISSN 0210-3516, Vol. 29, Nº 82, 1999 , pags. 129-150
La primera democracia cristiana en España, de Oscar Alzaga
Autores: Francisco Fernández Segado
Localización: Revista de estudios políticos, ISSN 0048-7694, Nº 200-201, 1975 , pags. 302-315
Donato Barba Prieto (Ediciones Encuentro)
Precio:15 € ($21,59)
Idioma: Español
ISBN: 8474906199. ISBN-13: 9788474906196
304 p. ; 23x15 cm.
La Democracia Cristiana en la España Contemporanea
Autores: José Luis Orella Unzué
Localización: Letras de Deusto, ISSN 0210-3516, Vol. 29, Nº 82, 1999 , pags. 129-150
La primera democracia cristiana en España, de Oscar Alzaga
Autores: Francisco Fernández Segado
Localización: Revista de estudios políticos, ISSN 0048-7694, Nº 200-201, 1975 , pags. 302-315
miércoles, 13 de enero de 2010
Zentrum
Uno de los primeros partidos que podríamos considerar de inspiración democristiana fue el Zentrum alemán, el partido católico conservador, que tuvo una larga vida entre 1871 y 1933. Nació al calor de las políticas anticatólicas del canciller Bismarck. Después, comenzó a ser un partido imprescindible en las coaliciones de gobierno del período de transición de un siglo al otro y, muy especialmente, en la República de Weimar. Los nazis disolvieron el partido. Al terminar la guerra, muchos de sus cuadros montaron la actual CDU.
En la época de Bismarck, el Zentrum (Zentrumpartei), y dirigido por Winddhorst era fuerte en Baviera, y en el Rin. Defendía un programa democristiano:
1. Intervención del estado a favor de los trabajadores.
2. Defensa de los católicos, frente al protestantismo del norte prusiano.
También defendía el federalismo y el parlamentarismo. Fue un partido que se organizó como de masas, como lo era el socialdemócrata, pero siempre estuvo dominado por una élite de aristócratas y de burgueses.
La Alemania de Bismarck tenía un problema religioso. El 60% de la población era protestante, aunque en el sur bávaro y en la zona de la Renania eran mayoritarios, teniendo cierta fuerza en Baden, Silesia y Posnania. Recordemos que el Sacro Imperio Germánico quedó dividido después de la Paz de Westfalia en el año 1648, tratado por el que termina la Guerra de los Treinta Años, entre católicos y protestantes, muerto ya el ideal del emperador Carlos.
Las dos confesionalidades que hoy no suponen ninguna dificultad o enfrentamiento, ya que de hecho la democracia cristiana alemana aglutina a ambas confesiones, sí generaron conflictos en la Alemania del último cuarto del siglo XIX. El Kulturkampf, movimiento cultural protestante, supuso un enfrentamiento con la jerarquía católica. Kulturkampf es en alemán, lucha de culturas. Este conflicto fue protagonizado por el canciller Bismarck durante muchos años, desde el nacimiento del Imperio hasta el año 1887. Bismarck estaba alarmado por los decretos emanados del Vaticano por los cuales la Iglesia tenía un derecho anterior al del Estado a la obediencia de los ciudadanos, es decir, lo que se conoce como ultramontanismo. También se preocupó por la creación del Zentrum que se hizo fuerte en los estados y zonas católicos, con un marcado carácter antiprusiano, y se interpreta, además, que su catolicismo debilitaba los vínculos con el recién creado Imperio, establecido y regido bajo la batuta de Prusia. Es, entonces, cuando el canciller de hierro reacciona con la promulgación de las Leyes Falk, por las cuales la Iglesia tenía que someterse al Estado. El Vaticano intervino ante el gobierno alemán y, después de una serie de negociaciones se llegó al acuerdo en 1887 de restablecer los derechos de los católicos, mientras éstos terminaban por vincularse, claramente, con el Imperio.
En la época de Bismarck, el Zentrum (Zentrumpartei), y dirigido por Winddhorst era fuerte en Baviera, y en el Rin. Defendía un programa democristiano:
1. Intervención del estado a favor de los trabajadores.
2. Defensa de los católicos, frente al protestantismo del norte prusiano.
También defendía el federalismo y el parlamentarismo. Fue un partido que se organizó como de masas, como lo era el socialdemócrata, pero siempre estuvo dominado por una élite de aristócratas y de burgueses.
La Alemania de Bismarck tenía un problema religioso. El 60% de la población era protestante, aunque en el sur bávaro y en la zona de la Renania eran mayoritarios, teniendo cierta fuerza en Baden, Silesia y Posnania. Recordemos que el Sacro Imperio Germánico quedó dividido después de la Paz de Westfalia en el año 1648, tratado por el que termina la Guerra de los Treinta Años, entre católicos y protestantes, muerto ya el ideal del emperador Carlos.
Las dos confesionalidades que hoy no suponen ninguna dificultad o enfrentamiento, ya que de hecho la democracia cristiana alemana aglutina a ambas confesiones, sí generaron conflictos en la Alemania del último cuarto del siglo XIX. El Kulturkampf, movimiento cultural protestante, supuso un enfrentamiento con la jerarquía católica. Kulturkampf es en alemán, lucha de culturas. Este conflicto fue protagonizado por el canciller Bismarck durante muchos años, desde el nacimiento del Imperio hasta el año 1887. Bismarck estaba alarmado por los decretos emanados del Vaticano por los cuales la Iglesia tenía un derecho anterior al del Estado a la obediencia de los ciudadanos, es decir, lo que se conoce como ultramontanismo. También se preocupó por la creación del Zentrum que se hizo fuerte en los estados y zonas católicos, con un marcado carácter antiprusiano, y se interpreta, además, que su catolicismo debilitaba los vínculos con el recién creado Imperio, establecido y regido bajo la batuta de Prusia. Es, entonces, cuando el canciller de hierro reacciona con la promulgación de las Leyes Falk, por las cuales la Iglesia tenía que someterse al Estado. El Vaticano intervino ante el gobierno alemán y, después de una serie de negociaciones se llegó al acuerdo en 1887 de restablecer los derechos de los católicos, mientras éstos terminaban por vincularse, claramente, con el Imperio.
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martes, 12 de enero de 2010
Democracia Cristiana. Segunda Parte.
El programa de la democracia cristiana tendría relación, lógicamente, con el Evangelio, y se situaría en el conjunto de ideologías del segmento de centro y/o derecha. Por un lado acepta la propiedad privada y el mercado por lo que, en este sentido entronca con el liberalismo, pero le separa de éste varias cuestiones:
1. El liberalismo tiende a la secularización de la sociedad, y la democracia cristiana defiende los principios cristianos.
2. Frente a un mercado como único regulador de las relaciones socieconómicas, la democracia cristiana defiende la existencia de un estado subsidiario que persiga la cohesión social, por lo que, en este aspecto puede entenderse mejor con la socialdemocracia, aunque en la cuestión religiosa no estén en el mismo universo.
Los partidos que se conformaron con ideología democristina se le conoció como "populares". Tuvieron éxito en los países donde se dio una división entre la burguesía laica y confesional, como es el caso paradigmático de la Italia de después de la guerra, o en países con pluralismo religioso, como en Holanda. El caso alemán, donde permanece con primacía la democracia cristiana, es distinto. Bajo dicha etiqueta poítica se agrupan los católicos y los protestantes, no en partidos separados.
Hoy en día, la democracia cristiana ya no se considera necesariamente confesional. En los países del Este tiene cierto empuje, así como en América Latina. En España hubo partidos en la Transición pero hoy esta corriente se integra en el Partido Popular, miembro de la Internacional Democristiana. El PNV y Unió son partidos democristianos, conviviendo con su nacionalismo
1. El liberalismo tiende a la secularización de la sociedad, y la democracia cristiana defiende los principios cristianos.
2. Frente a un mercado como único regulador de las relaciones socieconómicas, la democracia cristiana defiende la existencia de un estado subsidiario que persiga la cohesión social, por lo que, en este aspecto puede entenderse mejor con la socialdemocracia, aunque en la cuestión religiosa no estén en el mismo universo.
Los partidos que se conformaron con ideología democristina se le conoció como "populares". Tuvieron éxito en los países donde se dio una división entre la burguesía laica y confesional, como es el caso paradigmático de la Italia de después de la guerra, o en países con pluralismo religioso, como en Holanda. El caso alemán, donde permanece con primacía la democracia cristiana, es distinto. Bajo dicha etiqueta poítica se agrupan los católicos y los protestantes, no en partidos separados.
Hoy en día, la democracia cristiana ya no se considera necesariamente confesional. En los países del Este tiene cierto empuje, así como en América Latina. En España hubo partidos en la Transición pero hoy esta corriente se integra en el Partido Popular, miembro de la Internacional Democristiana. El PNV y Unió son partidos democristianos, conviviendo con su nacionalismo
lunes, 11 de enero de 2010
Democracia cristiana. Primera Parte
El origen remoto de las ideas de la democracia cristiana se encuentra en santo Tomás de Aquino, pero su origen más claro se da en Europa occidenta como reacción al nacioanalismo, pero, sobre todo, al socialismo. Nace en la transición de los siglos XIX y XX, cuando el movimiento obrero se difunde con fuerte energía por todos los países, y al declive de la influencia de la Iglesia en la sociedad. El papado reacciona con sus fundamentales encíclicas: "Rerum Novarum" y "Quadragesimo Anno". Se pretende que la Iglesia se incorpore al mundo moderno, después de un siglo donde sus posturas habían sido contrarias a todas las nuevas ideas: liberalismo, nacionalismo y socialismo, mantiendo las estructuras mentales del Antiguo Régimen en su seno. Se pretende impulsar un nuevo papel en la educación, en lo social y en lo político. Había que adaptarse, por fin, a los nuevos tiempos y a la democracia.
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