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sábado, 25 de mayo de 2013

El Corán


El Corán es el libro sagrado de los musulmanes, directamente revelado a Mahoma por Alá. Es la fuente primordial de la ley religiosa.
El núcleo central del Corán (la palabra quiere decir, "leer", "recitar en voz alta") habla de la unicidad de Dios, enseña su acción y exhorta a la necesaria sumisión a su voluntad. Debemos recordar que Islam quiere decir sumisión.
El Corán vendría a confirmar y sellar definitivamente la revelación falsificada por los judíos y por los cristianos. Dios habló a Mahoma por medio del arcángel Gabriel con el fin de dirigirse a los árabes. Mahoma dictó estas revelaciones que fueron recogidas en diversos materiales, en el dialecto de la península Arábiga. Hay una evidente influencia hebrea en la explicación del mundo, tanto en su creación con Adán y Eva, como el Juicio Final, y la figura de Satanás, y en algunas figuras como Salomón.
El Corán esta compuesto de 114 capítulos o azoras, divididos en versículos, en número variable. La primera azora es la profesión de fe. Las otras azoras pueden tratar tratan de uno o de varios temas. Comienzan las azoras con un titular, y algunas de ellas aparecen letras de carácter esotérico. Los pasajes oscuros de El Corán fueron aclarados tras la muerte del Profeta por la Sunna.
La revelación coránica sigue la evolución de Mahoma. El Corán no incluye muchos relatos históricos, al contrario de la Biblia. Sí hay historias de personajes bíblicos.
El Corán no es, estrictamente, un libro litúrgico. Contiene sermones y mensajes de carácter jurídico, político y moral.
El Corán es el principal libro en árabe clásico y su influencia cultural es inmensa.

miércoles, 7 de abril de 2010

Absolutismo. Segunda Parte

La siguiente teoría sobre el absolutismo tiene que ver con el derecho divino. En esta concepción destacará el rey Estuardo Jacobo I, que consideraba al soberano como representante de Dios en la tierra, el imago Dei, y que sólo debía responder ante Dios. Bossuet en Francia, decenios después, en su Política deducida de las propias Sagradas Escrituras, que Dios establecía a los reyes como ministros suyos, y reina por medio de ellos en los pueblos. Los príncipes son sus lugartenientes en la tierra. El trono real no sería el trono de los hombres sino del mismo Dios. Se ponía como ejemplo que Dios había elegido a su hijo Salomón para colocarlo en su trono.