En anteriores artículos nos hemos acercado a la historia del Partido Republicano Radical y a la de su máxima figura, Alejandro Lerroux, pero la seña de Radical no sólo la tuvo la formación política creada por el “emperador del Paralelo”. En el Sexenio Democrático existió el Partido Radical creado en torno a Ruiz Zorrilla. En este nuevo artículo estudiaremos este Partido.
El Partido Radical procedía de la división del Partido Progresista acaecida después de la muerte de Prim. Su principal figura fue Ruiz Zorrilla que aglutinó al ala izquierda de los progresistas junto con los llamados radicales, además de un sector de los demócratas, con Rivero, Marcos y Becerra, que tendían hacia fórmulas republicanas. El Partido se presentó a unas elecciones por vez primera en las acontecidas en abril de 1872.
El Partido Radical estaba dividido en varias facciones, algo muy propio de los partidos decimonónicos y, en especial, en el Sexenio. Estas divisiones no lo eran tanto por diferencias ideológicas o programáticas fundamentales sino eran debidas a lealtades personales. En esta formación coexistían los progresistas demócratas de Ruiz Zorrilla, los “cimbrios” en torno a Martos, los demócratas de Rivero y los economistas de Antonio Gabriel Rodríguez. El Partido defendió, en líneas generales, una interpretación avanzada de la Constitución de 1869.
Los radicales se enfrentaron políticamente a los constitucionales de Sagasta, siendo uno de los factores que generaron la inestabilidad política que caracterizó el reinado de Amadeo I. En junio de 1872, los radicales formaron gobierno y, después de su victoria electoral en agosto, intentaron sacar adelante su programa político de reformas: separación Iglesia-Estado y ampliación de la instrucción pública, principalmente.
Cuando Amadeo de Saboya abdicó, los radicales aceptaron la República y hasta Martos participó en el primer gobierno republicano pero a partir de abril de 1873 se apartaron del republicanismo cuando vieron frustrados sus intentos con hacerse con el poder. Después del golpe de estado de Pavía, volvieron al gobierno aunque el Partido, realmente, como tal ya había desaparecido en el propio régimen republicano.
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jueves, 11 de agosto de 2011
Partido Radical
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sábado, 31 de julio de 2010
Partido Conservador. Segunda parte
En diciembre de 1902 Alfonso XIII accede al ejercicio directo de su responsabilidad como monarca y el gobierno de Sagasta es sustituido por un gobierno designado por el rey y presidido por Silvela. Este gobierno sufrirá hasta cuatro crisis en año y medio, hasta que en 1905 se pensó que la única forma de mantener el poder por parte de los conservadores era confiar la responsabilidad a Antonio Maura. Este político mallorquín será la gran figura conservadora de la época. Gobernará hasta 1909 asentado en una amplia mayoría parlamentaria pero tras las consecuencias de la Semana Trágica, la intromisión real y la beligerancia de la oposición le derribaron del poder. Se iniciaba una época liberal con Segismundo Moret y Canalejas, como grandes protagonistas.
En 1912, tras el asesinato de Canalejas y ante la no designación de Maura como sustituto, éste decidirá dimitir como jefe de los conservadores. Este hecho provocó una profunda crisis en el seno del Partido Conservador. Se establecen dos grandes opciones. Una de ellas estaría representada por Eduardo Dato y sus seguidores, los conocidos como los idóneos y la que seguía a Antonio Maura. En realidad esta división no era debida a cuestiones ideológicas o programáticas, aunque los mauristas estarían escorados hacia posturas más conservadoras. El maurismo tiene cierta importancia en la historia de los partidos españoles porque supone la transición del modelo de partido dinástico decimonónico a uno casi moderno al plantearse una organización interna jerarquizada. Además, en esta asamblea se defendió la ley de régimen local diseñada por Maura como solución a la cuestión regionalista.
El 7 de diciembre de 1922 se formó el último gobierno de la Restauración pero sin participación conservadora. Con la llegada de la Dictadura de Primo de Rivera el partido conservador como el liberal terminarían por ir desapareciendo. La Restauración había terminado a pesar de los intentos de resucitarla, en cierta medida, a la caída del dictador.
En 1912, tras el asesinato de Canalejas y ante la no designación de Maura como sustituto, éste decidirá dimitir como jefe de los conservadores. Este hecho provocó una profunda crisis en el seno del Partido Conservador. Se establecen dos grandes opciones. Una de ellas estaría representada por Eduardo Dato y sus seguidores, los conocidos como los idóneos y la que seguía a Antonio Maura. En realidad esta división no era debida a cuestiones ideológicas o programáticas, aunque los mauristas estarían escorados hacia posturas más conservadoras. El maurismo tiene cierta importancia en la historia de los partidos españoles porque supone la transición del modelo de partido dinástico decimonónico a uno casi moderno al plantearse una organización interna jerarquizada. Además, en esta asamblea se defendió la ley de régimen local diseñada por Maura como solución a la cuestión regionalista.
El 7 de diciembre de 1922 se formó el último gobierno de la Restauración pero sin participación conservadora. Con la llegada de la Dictadura de Primo de Rivera el partido conservador como el liberal terminarían por ir desapareciendo. La Restauración había terminado a pesar de los intentos de resucitarla, en cierta medida, a la caída del dictador.
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viernes, 30 de julio de 2010
Partido Conservador. Primera parte
Para profundizar en nuestro conocimiento de la historia contemporánea española hemos estudiado ya muchas formaciones políticas, aunque aún nos queda acercarnos a muchas más. En este caso, y en varios artículos, dada su importancia, haremos un resumen de la historia de uno de los pilares del sistema de la Restauración, el Partido Conservador. No podemos entender dicho sistema y su quiebra en el reinado de Alfonso XIII sin estudiar al Partido Conservador, como, en su momento, haremos con el Partido Liberal.
El Partido Conservador se formó en el Sexenio Democrático. Aglutinaba a gran parte del Partido Moderado del reinado de Isabel II, así como a puritanos y miembros conservadores de la Unión Liberal. En el proceso de creación y consolidación del Partido Conservador tendrá un protagonismo indiscutible la figura de Cánovas del Castillo.
En las Cortes Constituyentes de 1869 el Partido Conservador, aún muy reducido, se mantuvo expectante ante la nueva situación política, aunque ya se presentó como defensor de la causa alfonsina. Este claro retraimiento terminó por decantarse hacia una oposición cerrada al nuevo sistema político desde 1871. En tiempos de la I República Cánovas obtuvo la jefatura del grupo político y conseguía, no sin grandes esfuerzos, la abdicación de la reina Isabel II, exiliada en Francia.
Tras la caída de la República y la disolución de las Cortes el 4 de enero de 1874 Cánovas rechazó el ofrecimiento del general Pavía para participar en un nuevo gobierno. En este momento se produjo un debate interno en el grupo entre los defensores de la participación parlamentaria con Cánovas a la cabeza y los militares partidarios de un pronunciamiento militar. Cánovas se dedicó durante el tiempo previo a la Restauración a una intensísima campaña de propaganda y de contactos políticos con la jerarquía eclesiástica y otros sectores sociales afines a planteamientos moderados o conservadores. También, se produjo la integración en la formación de elementos católicos no carlistas, que hasta entonces se habían mantenido al margen.
Al final, el restablecimiento de la monarquía, a fines de 1875, en la figura de Alfonso XII fue obra del pronunciamiento militar de Martínez Campos en Sagunto, para disgusto de Cánovas, partidario, como hemos visto, de una vía no militar hacia la Restauración. En todo caso, Cánovas se hizo con el poder y se dedicó a construir el nuevo sistema político. De los diez años de reinado de Alfonso XII, ocho fueron bajo gobiernos conservadores. El nuevo sistema se basaba, en cuestión de partidos, en el turno pacífico y pactado de dos grandes formaciones políticas, el Partido Conservador con Cánovas a la cabeza, y el Partido Liberal de Sagasta. A la muerte del monarca, en los primeros años de la Regencia de María Cristina el poder pasó a los liberales. Los conservadores lo recuperaron en 1891. En estos momentos la formación comenzó a tener problemas internos, siendo Francisco Silvela uno de los protagonistas de los mismos. En noviembre dimitió y se mantuvo al margen hasta 1897 cuando decidió liderar al grupo de conservadores disidentes.
El asesinato de Cánovas en marzo de 1897 provocó un intenso proceso de reorganización del partido, cerrado a principios de 1899, cuando Francisco Silvela fue promovido a la jefatura del mismo. Silvela planteó un programa político basado en intentar acabar con el caciquismo y fomento económico, dentro del primer regeneracionismo. Silvela defendió, también, el respeto a las relaciones con la Santa Sede y la asunción de una serie de reformas administrativas en el ámbito territorial (municipales y provinciales).
El Partido Conservador se formó en el Sexenio Democrático. Aglutinaba a gran parte del Partido Moderado del reinado de Isabel II, así como a puritanos y miembros conservadores de la Unión Liberal. En el proceso de creación y consolidación del Partido Conservador tendrá un protagonismo indiscutible la figura de Cánovas del Castillo.
En las Cortes Constituyentes de 1869 el Partido Conservador, aún muy reducido, se mantuvo expectante ante la nueva situación política, aunque ya se presentó como defensor de la causa alfonsina. Este claro retraimiento terminó por decantarse hacia una oposición cerrada al nuevo sistema político desde 1871. En tiempos de la I República Cánovas obtuvo la jefatura del grupo político y conseguía, no sin grandes esfuerzos, la abdicación de la reina Isabel II, exiliada en Francia.
Tras la caída de la República y la disolución de las Cortes el 4 de enero de 1874 Cánovas rechazó el ofrecimiento del general Pavía para participar en un nuevo gobierno. En este momento se produjo un debate interno en el grupo entre los defensores de la participación parlamentaria con Cánovas a la cabeza y los militares partidarios de un pronunciamiento militar. Cánovas se dedicó durante el tiempo previo a la Restauración a una intensísima campaña de propaganda y de contactos políticos con la jerarquía eclesiástica y otros sectores sociales afines a planteamientos moderados o conservadores. También, se produjo la integración en la formación de elementos católicos no carlistas, que hasta entonces se habían mantenido al margen.
Al final, el restablecimiento de la monarquía, a fines de 1875, en la figura de Alfonso XII fue obra del pronunciamiento militar de Martínez Campos en Sagunto, para disgusto de Cánovas, partidario, como hemos visto, de una vía no militar hacia la Restauración. En todo caso, Cánovas se hizo con el poder y se dedicó a construir el nuevo sistema político. De los diez años de reinado de Alfonso XII, ocho fueron bajo gobiernos conservadores. El nuevo sistema se basaba, en cuestión de partidos, en el turno pacífico y pactado de dos grandes formaciones políticas, el Partido Conservador con Cánovas a la cabeza, y el Partido Liberal de Sagasta. A la muerte del monarca, en los primeros años de la Regencia de María Cristina el poder pasó a los liberales. Los conservadores lo recuperaron en 1891. En estos momentos la formación comenzó a tener problemas internos, siendo Francisco Silvela uno de los protagonistas de los mismos. En noviembre dimitió y se mantuvo al margen hasta 1897 cuando decidió liderar al grupo de conservadores disidentes.
El asesinato de Cánovas en marzo de 1897 provocó un intenso proceso de reorganización del partido, cerrado a principios de 1899, cuando Francisco Silvela fue promovido a la jefatura del mismo. Silvela planteó un programa político basado en intentar acabar con el caciquismo y fomento económico, dentro del primer regeneracionismo. Silvela defendió, también, el respeto a las relaciones con la Santa Sede y la asunción de una serie de reformas administrativas en el ámbito territorial (municipales y provinciales).
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