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lunes, 18 de marzo de 2013

El conflicto político en Estados Unidos después de la abolición de la esclavitud


Una vez abolida la esclavitud en los Estados Unidos la situación de la población negra no mejoró sustancialmente. Lincoln había creado la Oficina de Liberados, dedicada a integrar a los antiguos esclavos a la vida civil y estuvo trabajando, con desigual éxito durante unos diecisiete años pero, por otro lado, se tomaron medidas políticas que mermaban sus derechos. Así, el presidente Johnson permitió que los estados sureños promulgasen los conocidos como "códigos negros" o "black codes", que no reconocían derechos políticos a los que habían sido esclavos. Andrew Johnson era un político del Sur pero que había optado por respetar la Unión lo que le valió ser elegido vicepresidente en el año 1864. Al año siguiente sustituyó a Lincoln cuando fue asesinado. Fue muy tolerante, como vemos, con los sudistas. Su proyecto político iba más encaminado a la rápida integración de los estados del Sur a la Unión y no a favorecer los intereses del Partido Republicano ni a los de la igualdad racial. Una de las medidas más claras fue una amnistía general.
La desaparición de la esclavitud resultaba, curiosamente, favorable a los intereses de los estados sureños en la balanza del poder en el reparto del poder en el Congreso, al desaparecer la vieja regla de los tres quintos. Uno de los compromisos a los que habían llegado el Norte y el Sur en la Constitución de 1787 era el relacionado con los esclavos y la representación política. Se llegó a un acuerdo, después de intensos debates y la amenaza de los estados sureños de retirarse, que consistía en que para la distribución de los puestos, cinco esclavos tendrían el mismo valor que tres hombres libres. Ahora esta regla ya no valía porque no había esclavos, tuvieran derecho o no al voto.
Los republicanos del Norte veían peligrar su victoria con esta nueva proporción, con la alianza de los sudistas y de los demócratas del Norte, además de tener que tolerar a un presidente nada favorable a sus intereses. Ahora no se podía perder el poder en el Congreso.
En diciembre de 1865, cuando el Congreso volvió a reunirse, estalló la tormenta política. No se reconoció a los gobiernos creados por Johnson en el Sur, y la ciudadanía fue hecha extensiva a todos los negros en el año 1866, los códigos negros fueron declarados ilegales y se ampliaron los derechos de la Oficina de Libertos, aunque se decidió que el sur sólo podía calcular su representación contabilizando a los negros en el caso efectivo de que tuvieran el derecho al voto. Los vetos del presidente fueron derrotados. Pero el conflicto político continuó.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Historia del mundo contemporáneo. El movimiento obrero y las mujeres


      Socialismo utópico
El socialismo utópico comenzó a interesarse por las mujeres, al reconocer la necesidad de la independencia económica de las mismas. Pero, por otro lado, los socialistas utópicos no fueron especialmente críticos con la división sexual del trabajo. En todo caso, su preocupación por la sujeción de las mujeres tuvo un gran impacto en su momento. Fourier llegó a decir que la situación de las mujeres era el indicador clave a la hora de conocer el nivel de progreso y civilización de una sociedad.
Otro aspecto que trató el socialismo utópico fue su crítica al celibato y al matrimonio indisoluble como instituciones represoras y causa de injusticias e infelicidades.


Flora Tristán
Flora Tristán dedicó en su obra Unión Obrera (1843) un capítulo a estudiar la situación de las mujeres. La autora mantenía la idea de que todas las desgracias del mundo provenían del olvido y del desprecio que se había hecho a los derechos naturales e imprescriptibles de la mujer. Flora Tristán defendió la importancia de la educación de las mujeres para el progreso de las clases trabajadoras por su influencia como madres, hijas y esposas sobre los hombres.

      El socialismo marxista
El marxismo ofreció una nueva explicación sobre el origen de la opresión de las mujeres y una nueva estrategia para su emancipación. Friedrich Engels explicó en su obra El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884), que el origen de la sujeción de las mujeres no estaría en causas biológicas, sino sociales, es decir, en la aparición de la propiedad privada y la exclusión de las mujeres de la producción. La emancipación de las mujeres pasaría por su retorno a la producción y la independencia económica. Pero el apoyo a la incorporación de la mujer al trabajo generó en ciertos pensadores y sectores socialistas algunas críticas. Algunos se oponían al trabajo asalariado de las mujeres para protegerlas de la explotación y, también, por el posible aumento de abortos y de la mortalidad infantil, o del paro masculino, así como el descenso de los salarios al aumentar oferta de mano de obra.Auguste Bebel, en su obra La mujer y el socialismo, denunció que no todos los socialistas apoyaban la igualdad de los sexos.
El socialismo dedicó especial atención en las diferencias que separaban a las mujeres de las distintas clases sociales. Aunque las socialistas apoyaban las demandas de las sufragistas, también consideraban a éstas enemigas de clase y las acusaban de olvidar la situación de las obreras. Por otro lado, la fuerza del mensaje y la infraestructura del movimiento sufragista atraían a muchas obreras, por lo que uno de los objetivos de las socialistas era romper esa especie de alianza.
A pesar de los enfrentamientos con las sufragistas, muchas mujeres socialistas, aunque consideraban que la emancipación de las mujeres era imposible en capitalismo, eran conscientes que para muchos de sus camaradas de lucha y para las direcciones de los partidos y sindicatos, la cuestión femenina no era prioritaria. Eso provocó que comenzaran a organizarse dentro de los partidos y sindicatos, reuniéndose para discutir sus problemas, llegando a crear organizaciones femeninas. En este sentido, la figura de Clara Zetkin es fundamental. Creó una revista femenina, “Igualdad” y organizó una Conferencia Internacional de la Mujer en 1907.

      El anarquismo
El anarquismo no precisó teóricamente la cuestión de la igualdad entre los sexos. Es más, Proudhon mantuvo una postura antigualitaria evidente al defender la idea de que no contemplaba el destino de la mujer fuera de la familia y el hogar.
Pero, también es cierto que el anarquismo contó siempre con numerosas mujeres que lucharon por la igualdad. Una de las ideas claves que guiaron a muchas anarquistas -fruto del acusado individualismo del anarquismo- fue que las mujeres se liberarían gracias a su propia fuerza y esfuerzo individual. De poco valdría el acceso al trabajo asalariado si las mujeres no eran capaces de vencer el peso de la ideología tradicional en su interior. Así pues, se puso el énfasis en vivir de acuerdo con las propias convicciones.
Las anarquistas propiciaron verdaderas revoluciones en la vida cotidiana propugnando que las mujeres fueran libres. La libertad debía regir la relación entre los sexos. Su rebelión contra el Estado, la Iglesia y la autoridad llevó a las anarquistas a no dar ninguna importancia a la lucha por el voto de las sufragistas pero, también a criticar con dureza la intervención del Estado en la procreación, la educación y cuidado de los hijos, defendida por el marxismo.

martes, 18 de septiembre de 2012

El derecho del voto de las mujeres


En Nueva Zelanda las mujeres alcanzaron el derecho a votar en 1893, mientras que en Australia lo alcanzaron en 1902. Al terminar la I Guerra Mundial, las mujeres británicas mayores de 30 consiguieron el derecho a votar (1918). Hubo que esperar a 1928 para que se igualara la edad de las mujeres a la de los hombres para poder votar, es decir, a los 21 años. En Estados Unidos las mujeres no pudieron ejercer el derecho al voto en elecciones federales hasta el año 1920, aunque en otro tipo de elecciones ya podían votar anteriormente.

En España se reconoció el derecho al voto en la Constitución de 1931, después de un intenso debate parlamentario en el que destacó su gran defensora, Clara Campoamor. Curiosamente, en Francia, tradicionalmente considerada la patriade los derechos, las mujeres no pudieron votar hasta después de la Segunda Guerra Mundial, así como en Italia. En América Latina casi todos los países reconocieron el derecho al voto en el período de entreguerras, destacando como pionero Ecuador. Después de la Segunda Guerra Mundial pudieron votar también las mujeres en los países asiáticos, como China o Japón.

El sufragismo


Las mujeres de la burguesía comenzaron a organizarse en torno a la reivindicación del derecho al sufragio, lo que explica su denominación como sufragistas. Pero las sufragistas no solamente lucharon por los derechos políticos de las mujeres, sino también por la igualdad en todos los campos. Dieron prioridad a la lucha por el voto porque consideraban que una vez conseguido accederían a los parlamentos y podrían comenzar a cambiar las leyes e instituciones. Aunque las principales sufragistas pertenecían a la burguesía defendieron los derechos políticos de todas las mujeres, adquiriendo el movimiento un evidente carácter interclasista.
En Europa, el movimiento sufragista británico fue el más potente y radical. En 1866, John Stuart Mill escribió La sujección de la mujer y presentó la primera petición a favor del voto femenino en el Parlamento, comenzando una larga serie de iniciativas políticas. Sin embargo, los esfuerzos dirigidos a convencer y persuadir a los políticos de la legitimidad de los derechos políticos de las mujeres provocaban burlas e indiferencia. En consecuencia, el movimiento sufragista dirigió su estrategia a acciones más radicales.
A principios del siglo XX, Emmeline Pankhurst fundó en Londres la Unión Social y Política de Mujeres, cuyas militantes protagonizaron muchas acciones: protestas, manifestaciones, huelgas de hambre, etc.. exigiendo el derecho al voto. La represión fue muy dura con ellas; la propia Pankhurst fue detenida y condenada a tres años de cárcel y de trabajos forzados, acusada de “actividades contrarias a la seguridad y estabilidad del pueblo inglés”. Se evadió y tuvo que refugiarse en Estados Unidos, acogida por el presidente Wilson. Allí impulsó al movimiento sufragista norteamericano.
En Estados Unidos, el movimiento sufragista estuvo inicialmente muy relacionado con el movimiento abolicionista. Gran número de mujeres unieron sus fuerzas para combatir en la lucha contra la esclavitud En 1848, en el Estado de Nueva York, se aprobó la Declaración de Seneca Falls, uno de los textos fundacionales del sufragismo. Las ideas que se utilizan para vindicar la igualdad de los sexos son de corte ilustrado: apelan a la ley natural como fuente de derechos para toda la especie humana, y a la razón y al buen sentido de la humanidad como armas contra el prejuicio y la costumbre. Elizabeth Cady Stanton, la autora de La Biblia de las mujeres, y Susan B. Anthony, fueron dos de las más destacadas sufragistas estadounidenses.

viernes, 1 de julio de 2011

El voto femenino y las elecciones municipales de 1933 en Navarra

El voto femenino y las elecciones municipales de 1933 en Navarra. Éste es el título del libro de Ángel García-Sanz Marcotegui editado por la Universidad de Navarra en 2009. Sobre esta obra, dice la editorial: "Una parte de las mujeres españolas, sobre todo de las que vivían en las zonas rurales del interior, pudieron votar por primera vez en las elecciones municipales de 1933. Por ello y porque reflejan la situación política en las provincias más reacias a la República en ese momento, aunque pasan desapercibidas, estas elecciones fueron un hito importante en la evolución del primer bienio republicano. Este es el caso de Navarra, que renovó 148 de sus 267 ayuntamientos, casi todos ellos situados en la Montaña y la zona Media, donde la población estaba dispersa y eran pocas las localidades que rebasaban los mil habitantes. El libro estudia la presencia de las mujeres navarras en el espacio público desde finales del siglo XIX y los cambios que se produjeron desde la segunda década del XX con la creciente atención prestada a la cuestión femenina, y en particular a la acción social dirigida a las trabajadoras. En concreto informa del proceso de concienciación y movilización política de la mujer propiciado por las izquierdas y por los defensores del nuevo feminismo católico, que favorecieron así la legitimación de roles distintos a los domésticos de madre y esposa, si bien estos siguieron siendo los más importantes para todos. El trabajo proporciona también materiales imprescindibles para valorar las posturas de los distintos partidos navarros en torno a la incorporación de la mujer a la vida política activa y pone de relieve la inflexión que se produjo al respecto tras la proclamación de la segunda República".
Ver:
http://www.tiempodehistoria.com/modules.php?name=News&file=article&sid=1789

jueves, 25 de noviembre de 2010

Clara Campoamor

Clara Campoamor nació en Madrid en 1888 en una familia modesta. En 1921 ingresó en el Cuerpo de Correos y Telégrafos. Tres años después se licencia en derecho. En esta época comienza a interesarse por las cuestiones políticas: acude a la Casa del Pueblo de Madrid, imparte conferencias en la Universidad y en la Academia de Jurisprudencia e impulsa la Asociación Femenina Universitaria. Durante la Dictadura de Primo de Rivera se propone a Clara Campoamor para ocupar un lugar en la Junta del Ateneo pero rechaza el ofrecimiento.
En las elecciones de 1931 obtiene un escaño por el Partido Radical. Forma parte de la comisión encargada de redactar el proyecto de Constitución. Clara Campoamor se implica en la famosa discusión sobre el artículo 36, que reconocía el derecho de las mujeres al voto. Sin lugar a dudas, Clara Campoamor pasará a la historia española por muchos motivos pero, principalmente, por esta conquista. En la Cámara será vicepresidenta de la Comisión de Trabajo y participará en la redacción de la reforma del Código Civil.
Clara Campoamor fundará la Unión Republicana Femenina. En 1933 no consigue ser reelegida pero es nombrada directora general de Beneficencia, aunque dimitirá en 1934. En el año 1938 se exilia en Buenos Aires. En 1955 se traslada a Lausana donde morirá en 1972.
Entre sus obras destacaremos las siguientes: El derecho femenino en España (1936), El voto femenino y yo (1936), La Revolución española vista por una republicana (1937), La situación jurídica de la mujer española (1938), y El pensamiento de Concepción Arenal (1944).

jueves, 2 de septiembre de 2010

La meritocracia

La meritocracia es un principio según el cual, las diferencias sociales se tendrían que fundamentar o basar en las diferencias de talento, y motivación de los individuos en una determinada sociedad o comunidad. Un sistema sería más justo, según esta teoría, cuanto más se ajustasen las diferencias sociales a los rasgos individuales de mérito.

Pero la meritocracia es un principio que tiene mucho más interés en la política. Sería el gobierno de los más capaces, de los que más talento o capacidad poseyesen. En primera instancia es un principio que choca con el democrático, por el que gobiernan los elegidos en virtud de las preferencias políticas de los votantes. Pero si afinamos un poco podemos comprobar que los dos principios, el de la meritocracia y el democrático pueden no ser, completamente, incompatibles. En un sistema democrático la dirección de los asuntos públicos no puede estar más que en manos de los elegidos, según el sentido del voto, pero a la hora de elegir a los miembros de la alta administración se puede aplicar el principio de la meritocracia.

Así pues, en nuestro sistema político, teniendo en cuenta que en primer lugar está el principio democrático, ¿creemos que ha imperado el principio meritocrático a la hora de elegir a los altos cargos, en general, o no, siempre, o con excepciones?, ¿se pueden hacer diferencias entre las dos grandes opciones de gobierno de nuestro país, y/o en las distintas opciones políticas en las autonomías?, ¿podemos poner ejemplos de casos notorios donde se ha conculcado el principio del mérito, así como en el otro sentido, es decir, donde ha habido grandes aciertos en los nombramientos?

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En relación con este artículo sobre la meritocracia convendría definir lo que es un alto cargo.

Se trata de una denominación que se asigna a los puestos de designación política, y que establecen la unión entre el gobierno del estado, de las comunidades autónomas y de los grandes ayuntamientos, con la administración. Son puestos que combina la competencia profesional, o eso se espera de ellos, con la relación de confianza política con los ministros, consejeros o alcaldes y concejales, es decir, con la cúspide del poder poder político. En nuestro país siempre ha habido una gran amplitud en el número de altos cargos, y muchas veces ha sido motivo de disputa política entre los gobiernos y las oposiciones en nuestra reciente democracia. En España la frontera entre un alto cargo y un funcionario estaría en el director y/o subdirector general, más o menos. Por debajo, en teoría sólo habría funcionarios ocupando sus plazas en función de una oposición, pero esto no siempre es así.