Mostrando entradas con la etiqueta legitimidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta legitimidad. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de julio de 2014

La herencia del olvido

Reyes Mate ha publicado, La herencia del olvido. Se trata de un ensayo sobre el papel político que la memoria puede y debe en nuestro tiempo. Mate nos recuerda que la memoria, aunque haga peligrar la legitimidad del presente, es imprescindible para dotar a la justicia de su verdadero sentido.
Esta obra recibió el Premio Nacional de Ensayo 2009.
Ver:

martes, 18 de septiembre de 2012

El sufragismo


Las mujeres de la burguesía comenzaron a organizarse en torno a la reivindicación del derecho al sufragio, lo que explica su denominación como sufragistas. Pero las sufragistas no solamente lucharon por los derechos políticos de las mujeres, sino también por la igualdad en todos los campos. Dieron prioridad a la lucha por el voto porque consideraban que una vez conseguido accederían a los parlamentos y podrían comenzar a cambiar las leyes e instituciones. Aunque las principales sufragistas pertenecían a la burguesía defendieron los derechos políticos de todas las mujeres, adquiriendo el movimiento un evidente carácter interclasista.
En Europa, el movimiento sufragista británico fue el más potente y radical. En 1866, John Stuart Mill escribió La sujección de la mujer y presentó la primera petición a favor del voto femenino en el Parlamento, comenzando una larga serie de iniciativas políticas. Sin embargo, los esfuerzos dirigidos a convencer y persuadir a los políticos de la legitimidad de los derechos políticos de las mujeres provocaban burlas e indiferencia. En consecuencia, el movimiento sufragista dirigió su estrategia a acciones más radicales.
A principios del siglo XX, Emmeline Pankhurst fundó en Londres la Unión Social y Política de Mujeres, cuyas militantes protagonizaron muchas acciones: protestas, manifestaciones, huelgas de hambre, etc.. exigiendo el derecho al voto. La represión fue muy dura con ellas; la propia Pankhurst fue detenida y condenada a tres años de cárcel y de trabajos forzados, acusada de “actividades contrarias a la seguridad y estabilidad del pueblo inglés”. Se evadió y tuvo que refugiarse en Estados Unidos, acogida por el presidente Wilson. Allí impulsó al movimiento sufragista norteamericano.
En Estados Unidos, el movimiento sufragista estuvo inicialmente muy relacionado con el movimiento abolicionista. Gran número de mujeres unieron sus fuerzas para combatir en la lucha contra la esclavitud En 1848, en el Estado de Nueva York, se aprobó la Declaración de Seneca Falls, uno de los textos fundacionales del sufragismo. Las ideas que se utilizan para vindicar la igualdad de los sexos son de corte ilustrado: apelan a la ley natural como fuente de derechos para toda la especie humana, y a la razón y al buen sentido de la humanidad como armas contra el prejuicio y la costumbre. Elizabeth Cady Stanton, la autora de La Biblia de las mujeres, y Susan B. Anthony, fueron dos de las más destacadas sufragistas estadounidenses.

viernes, 13 de enero de 2012

Tirano

En esta época de debates sobre conceptos en política e historia contemporánea española, de dictadores que son o no son, también ha aparecido el término de tirano. Pero, ¿qué es y qué ha sido en la historia un tirano?


En la época arcaica griega el tyrannos designaba ocasionalmente al basileus o rey, pero generalmente, aludía al hombre que, sin ser el heredero legítimo, se apoderaba del poder de una ciudad y lo ejercía de forma personal y sin contar con las instituciones legales. En principio, no tenía connotaciones negativas el término, como las tuvo, posteriormente. Tenemos que tener en cuenta el contexto histórico en el que aparecieron. La tiranía se extendió como fórmula política entre los siglos VII y VI a. C. en relación con el deseo de cambio de los campesinos afectados por la crisis agraria, y de todos los que no pertenecían a la aristocracia. El tirano encarnó la figura del hombre que abolía el régimen aristocrático. Una vez obtenido el poder, muchos aristócratas sufrieron prisión, exilio y confiscaciones, emprendiendo algunas reformas. Entre los tiranos destacó, sin lugar a dudas, Pisístrato, que se empleó en la mejora de los campesinos atenienses. La figura del tirano fue muy poco común en las épocas clásica y helenística. Precisamente, en estas épocas cambió el concepto, ya que Platón y otros filósofos cargaron esta figura con tintes negativos. Los tiranos serían déspotas crueles que envilecían y degradaban las polis y sus instituciones. Para Platón era el más vil de los seres humanos.


Esta apreciación pasó a la cultura occidental con éxito. En el Renacimiento se desarrolló la teoría del tiranicidio, concebido como la muerte del tirano en defensa de la legitimidad política. Aquel monarca que hubiera violado las leyes divinas y el pacto implícito con sus súbditos, dentro de la teoría del contractualismo del poder, se convertía en un tirano y era lícito terminar con él. El tiranicidio había nacido ya en el siglo XII de la mano del filósofo John de Salisbury, pero será el jesuita español Juan de Mariana quien, en 1599, dejaría la fórmula más acabada de la teoría. Mariana desarrolló la teoría elaborada por los monarcómacos, que sostenían la legitimidad del derecho a la resistencia frente al tirano, como también defendieron, de forma paralela, los hugonotes franceses. La obra de Mariana que alude a esta teoría es De rege et regis institutione (Toledo, 1599). Algunos contemporáneos acusaron a Mariana y a su obra de ser uno de los instigadores morales del asesinato de Enrique IV en Francia.


Como decíamos, anteriormente, el concepto de tirano ha pasado a la política con un perfil notoriamente negativo. El Diccionario de la Real Academia Española nos dice que el tirano es un adjetivo que se aplica a quien obtiene contra derecho el gobierno de un Estado, y principalmente al que lo rige sin justicia y a medida de su voluntad. También se aplica a quien abusa de su poder, superioridad o fuerza en cualquier concepto o materia, y también simplemente del que impone ese poder y superioridad en grado extraordinario. No cabe duda que si aplicamos esta definición nos saldrían algunos tiranos en la historia contemporánea mundial y española. Que cada uno elija sus tiranos.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

La corrupción política

La corrupción política supone un deterioro moral del sistema de gobierno como consecuencia de un mal ejercicio o ejercicio desviado de las funciones públicas por parte de los responsables de las mismas. Lord Acton habló de que el poder, en principio otorgado para servir a los intereses colectivos o generales, tiende a ser empleado de forma abusiva para conseguir fines privados, muchas veces de carácter material, como es el dinero, regalos, etc..

Para impedir este deterioro se crean o es necesaria la creación de controles institucionales efectivos. Pero estos controles no son suficientes si no hay una educación cívica que haga más exigentes los códigos sociales y personales de conducta. La formación de valores que fomenten el concepto de servicio a la comunidad frente a la idea de que hay que acceder a los distintos puestos y responsabilidades para obtener beneficios privados se convierte en un instrumento fundamental.

Hay autores que valoran ciertas funciones positivas en la corrupción pero es evidente que en una democracia la idea predominante sobre este fenómeno es muy negativa porque socava el principio de legitimidad del sistema político al afectar de lleno a uno de sus pilares, es decir, a los partidos políticos.

viernes, 20 de agosto de 2010

Demagogia

En Atenas, la demagogia se consideraba como la forma de conducir al pueblo. El demagogo era el político que conseguía que se votaran favorablemente sus propuestas en las asambleas, ya que tenía la capacidad de la demagogia. Este sería el aspecto positivo del concepto, pero, también tiene uno negativo que es el que más nos ha llegado. Se trataría de la capacidad de engañar al pueblo con técnicas persuasivas de dudosa legitimidad. También, se asimila al concepto de populismo, como práctica política que pretende, aparentemente, atender los intereses del pueblo.

lunes, 19 de abril de 2010

Tradicionalismo

Por Tradicionalismo se entiende un conjunto de ideas sobre la sociedad y el gobierno basadas en la legitimidad monárquica, la religión católica y sus instituciones derivadas. Se opone al racionalismo y a la modernidad. Sería, pues, una ideología reaccionaria. El Tradicionalismo tiene un origen francés con un marcado carácter contrarrevolucionario, teniendo en España una fuerte presencia en el período histórico de la Revolución Liberal. En primer lugar, el tradicionalismo se vinculó a los conocidos como "serviles" en las Cortes de Cádiz y el reinado de Fernando VII, para luego encontrar su máximo desarrollo en el carlismo.
La Comunión Tradicionalista, fundada como partido tras la Revolución de 1868, puso al día los conceptos ideológicos del tradicionalismo a la nueva situación española del Sexenio Democrático. Sus líderes más importantes fueron Aparisi Guijarro, Navarro Villaoslada, el marqués de Cerralbo y Vázquez de Mella.
El tradicionalismo continuó como corriente ideológica hasta el franquismo. No podemos olvidar que muchos de los ideólogos del tradicionalismo en el siglo XX inspiraron el pensamiento de las JONS dentro del partido único.

viernes, 9 de abril de 2010

Absolutismo. Cuarta Parte

Tenemos que tener en cuenta que, en todas las teorías sobre el absolutismo, que hemos estudiado en los artículos anteriores, aunque distintas entre sí, tienen en común que el poder absoluto del monarca o del Estado era un poder legítimo, aunque dicha legitimidad se explicara de forma distinta, ya fuera porque la soberanía era indisoluble, ya por su procedencia divina, ya, por fin, en Hobbes por su necesidad ante la supuesta maldad intrínseca del ser humano.
Pero en el siglo XIX, en el proceso de Revolución Liberal, la legitimidad cambia, ya que la soberanía procedería de la nación, por lo que el absolutismo es considerado como una tiranía, y el ejercicio del poder absoluto como despotismo, al estar unidos todos los poderes en la figura del príncipe.

domingo, 17 de enero de 2010

La legitimidad

¿Qué es la legitimidad en política, o qué es legítimo en política?

La legitimidad es un concepto con el que enjuiciamos la capacidad de un poder determinado para obtener obediencia sin necesidad de recurrir a la coacción que supone la amenaza de la fuerza. Un Estado sería legítimo cuando existe un consenso general entre los miembros de la comunidad política para aceptar la autoridad vigente. Aquí se puede plantear el primer problema: los nacionalistas vascos no violentos pueden aducir que la autoridad vigente no es legítima porque no suscitó o no suscita el consenso entre los vascos y el referendum podría ser la solución. Los no nacionalistas aducen que la Constitución, base de la autoridad, fue fruto del consenso de los españoles y, por lo tanto, no cabe un referendum en una parte del Estado.

El concepto surge del derecho privado sucesorio y se vincula a la polítca con la restauración monárquica después de la Revolución Francesa. Se basaba en criterios tradicionales como justificación del ejercicio personal del poder. Los revolucionarios habrían atacado la legitimidad de los reyes absolutos y había que restaurar esta legitimidad. El poder no procedería de la soberanía nacional. Max Weber señala que esta es una de las tres legitimidades existirían. La segunda sería la carismática. Se daría en los sistemas donde los gobernados se entregarían a una persona, por su santidad, su heroísmo o sus capacidades ejemplares. La tercera legitimidad, siempre según este pensador, es la racional. Se basaría en motivaciones objetivas o impersonales para apoyar una determinada legalidad. Así pues, en esta legitimidad quedarían equiparadas legitimidad racional y legalidad. Pero el positivismo jurídico distinguió entre estos dos conceptos. La legalidad era el único concepto capaz de ofrecer criterios racionales y científicos, mientras que la legitimidad sería un elemento previo. Sin ahondar más en estas disquisiciones, se puede decir que la principal garantía de la legalidad es que cuente con el requisito moral de la legitimidad. Ese requisito moral estaría unido, según la corriente mayoritaria de nuestro tiempo, a la existencia de una democracia, además del respeto a los procedimientos para alcanzar el poder y para ejercerlo. Esta cuestión tendría que ver, por ejemplo, con determinadas leyes o reformas que amplios sectores de opinión critican con fuerza y plantean una especie de desobediencia civil.

lunes, 26 de octubre de 2009

En nacionalismo en siglo XIX

El siglo XIX ha sido considerado la edad o el siglo de los nacionalismos por varias razones:
1. Nace el concepto moderno de nación como respuesta a la legitimidad de los estados tradicionales, del Antiguo Régimen, de la Monarquía Absoluta.
2. Por el nacimiento de nuevas naciones como Alemania, Italia, Grecia, o Bélgica entre otros.
3. Porque al final de siglo una serie de comunidades socioculturales de naciones sin Estado inician su lucha para conseguirlo.
Durante este siglo de los nacionalismos persisten cuatro criterios distintos pero complementarios sobre lo que se consideraba una nación:
1. Como entidad política que se identifica con el Estado.
2. Como unidad geográfica que se delimita con unas fronteras naturales y que se identifica con los habitantes de dicho territorio.
3. Como voluntad del pueblo consciente de su identidad común, y manifestada en una acción política colectiva racional.
4. Como la distinción de un pueblo sobre la base de alguna característica como la lengua, la etnia, la religión, el pasado histórico compartido, etc..
Estas cuatro grandes interpretaciones convierten al nacionalismo (ya hemos dicho algo en otros mensajes) en un fenómeno harto complejo, usándose para satisfacer políticas o reinvindicaciones contradictorias. La persistencia futura del nacionalismo se basa en que el concepto ideal de nación no se ha alcanzado, ni se alcance, seguramente. Esa nación ideal reuniría esos cuatro elementos que hemos expuesto.

jueves, 22 de octubre de 2009

El nacionalismo como legitimador del poder político

En nuestro intento de acercarnos a todos los aspectos del nacionalismo, nos acercamos a la relación del mismo con la cuestión de la legitimidad en política.
El nacionalismo es una teoría sobre la legitimidad del poder político. Frente a las teorías del derecho divino de los reyes se formulan los principios de soberanía nacional y soberanía popular. El poder no sería legítimo si no procede de los gobernados según el liberalismo. Pues bien, todo poder estatal sería legítimo si defiende los intereses nacionales, siendo el primero de ellos, la unidad nacional. Esta centralización política permitiría el desarrollo de los mecanismos que fortalecerían el nacionalismo, especialmente, un sistema educativo homogéneo. El ejemplo más terminado es el francés.

viernes, 16 de octubre de 2009

Soberanía. Tercera Parte

El liberalismo democrático, así como el republicanismo, batallaron por el sufragio universal, y por una nueva definición de la soberanía, verdaderamente nacional o popular. Todo poder estatal debía derivarse del pueblo, y no de una selección del mismo en función de las rentas propias. De ese modo, en las democracias actuales la soberanía es popular, y es la fuente de la legitimidad política.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Las iniciativas individuales y su regulación. Aspectos generales

En el artículo anterior veíamos que el primer grupo de derechos correspondían a iniciativas individuales. En las Declaraciones de Derechos estas iniciativas corresponden a tres derechos: libertad, propiedad y seguridad. Como las acciones individuales pueden ser conflictivas se establecen reglas que señalen los límites de los derechos.
La única instancia dotada de esta competencia reguladora es el Estado, ya sea a través de la legislación, ya sea por medio de los tribunales. Estamos hablando de un actor distinto al del individuo y que dispone de medios para imponerse. Estas reglas establecidas por el Estado pueden ser consideradas como legítimas y, de ese modo, el individuo las acepta como propias. Pero, ¿qué ocurre cuando no es así? Surge un tipo nuevo de conflicto. El individuo no niega que sea necesaria la regla pero sí puede considerar que la que se da es injusta. Esta supuesta injusticia se basaría en que no sería equitativa la libertad que permite la regla y la protección que otorga dicha regla. El conflicto entre el individuo y el Estado tiene las siguientes variantes:
a) Resistencia.
b) Pena sancionadora del comportamiento contrario o desviado.
c) Acción revolucionaria.
d) Represión.
Para evitar el conflicto o reducirlo se busca la legitimación del poder, y esto se hace en nuestras sociedades democráticas a través del procedimiento de la representación, es decir, que la norma o regla es legítima porque emanaría de un poder legislativo que representa la soberanía nacional o popular.