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jueves, 19 de enero de 2012

La historia contemporánea en sus documentos, de Enrique Moradiellos

Enrique Moradiellos es el autor del libro La historia contemporánea en sus documentos, editado por RBA en su colección 'Temas de actualidad'. Sobre esta obra dice la editorial: "La historia se construye a partir de fuentes de origen diverso que el historiador analiza e interpreta. Este libro reúne una serie de documentos que permitirán al lector realizar un recorrido por la historia contemporánea a partir de los materiales sobre los que trabaja el historiador. Y así, recorremos la emergencia de la revolución industrial, los cambios políticos de la independencia de Estados Unidos y de la Revolución Francesa, la Guerra de la Independencia en España, la Europa de la Restauración, los orígenes del movimiento feminista a través de la declaración de Seneca Falls de 1848, el arranque de la globalización, el nacimiento de las grandes urbes, la alfabetización, el marxismo y el darwinismo, el imperialismo y el reparto de África entre las potencias europeas, la Primera Guerra Mundial, la revolución bolchevique vista a través de Lenin, el ascenso del fascismo, la Guerra Civil española, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría y la doctrina Truman, la unificación de Europa, el colapso de la Unión Soviética...".
"Una inmersión en la historia contemporánea a través de sus documentos en un libro apasionante y riguroso. Una obra para conocer mejor el mundo en el que vivimos y para reflexionar sobre cómo se construye la historia".
Tomado de:
http://www.tiempodehistoria.com/modules.php?name=News&file=article&sid=1912

domingo, 25 de julio de 2010

El hombre blanco británico tiene una misión colonial

Incluyo un texto muy significativo de uno de los políticos británicos más destacados en la teoría y en la práctica gubernamental del colonialismo británico y que nos permite entender las claves de este fenómeno histórico de la segunda mitad del siglo XIX. Se trata de un discurso de Joseph Chamberlain. El texto es del año 1897:

"Lo que ahora sentimos es que nuestro dominio sobre aquellos territorios sólo puede justificarse si demostramos que aumenta la felicidad y prosperidad de los pueblos, y yo sostengo que nuestro dominio ha llevado y lleva seguridad, paz y mayor prosperidad a países que nunca habían conocido antes tales beneficios.

Al llevar a cabo esta tarea civilizadora, estamos cumpliendo lo que yo creo que es nuestra misión nacional, al tiempo que encontramos la ocasión de poner en práctica las cualidades y potencialidades que han hecho de nosotros la gran raza gobernante. No estoy afirmando que nuestro éxito haya sido total en cualquier caso, ni que nuestros métodos hayan estado fuera de cualquier reproche. Pero mantengo que casi en cualquier lugar en el que el dominio de la Reina ha sido establecido y se ha impuesto la gran Pax Británica, con ella ha llegado una mayor seguridad para la vida y la propiedad, y una mejora material de las condiciones de la mayoría de la población"

La justificación del colonialismo residía en saber si la potencia colonizadora había llevado más felicidad y prosperidad a los pueblos de los territorios dominados. Es evidente que se trata de una apreciación de un destacado miembro de la potencia imperial más importante de la Historia y no de los colonizados.

El hombre blanco tendría una misión civilizadora, los británicos habrían demostrado sus cualidades para ser gobernantes en el mundo. Podía haber algunos aspectos negativos pero se había impuesto la Pax Británica, tan favorable para todos.

sábado, 24 de julio de 2010

Una visión sobre los indígenas africanos

Inserto el siguiente texto sobre la opinión de A. Dubarry, en su libro Viaje a Dahomey, del año 1879, para comprobar la visión que muchos occidentales tenían de los indígenas de los pueblos africanos en plena época del imperialismo:

"El negro salvaje y bárbaro es capaz de todas las estupideces y, desgraciadamente, Dios sabe por qué; parece estar condenado en su país de origen a la salvajería y a la barbarie para siempre.

Con tres semanas de trabajo tiene suficiente para garantizar su provisión de arroz, maíz, (...).

La falta de cualquier idea de progreso y de moral no le permite darse cuetna del valor incalculable, del infinito poder del trabajo, y sus leyes son sus pasiones brutales, sus apetitos feroces, los caprichos de su imaginación perturbada.

El índigena vive al día, a la aventura, indiferente al mañana

martes, 18 de mayo de 2010

Cuestiones imperiales. Segunda Parte

De nuevo el imperialismo

"Nadie debe pensar que nos atribuyamos un imperialismo agresivo, conquistador. ¡Lo que reivindicamos es un imperialismo esencialmente espiritual, capaz de hacer brillar las ideas que encarnan la Hispanidad! (...) España no sabría renunciar a esta misión."

(De unas declaraciones de Franco a "Candide", en agosto del 38)

Este texto suena a retórica y a la idea sobre la "reserva espiritual de Occidente", pero Franco si albergó sueños y proyectos imperialistas en el norte de África y que expuso a los alemanes cuando se negoció la entrada de España en la guerra mundial.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

El imperialismo en el fascismo

El fascismo tiene un evidente componente imperialista. El fascismo nace de un nacionalismo de vencidos, de revancha. De ese nacionalismo herido se pasa al imperialismo con mucha facilidad. La nación encontraría su horizonte en la formación de un imperio, de un espacio vital, ya que un pueblo superior (recordemos el concepto de desigualdad en el fascismo) tiene derecho a disponer de un espacio para realizarse, ya sea el centro y este de Europa para el nazismo, ya sea África para el fascismo italiano. Al tener derecho a ese espacio y a conquistarlo se vulneraría el derecho internacional.

jueves, 19 de noviembre de 2009

El leninismo

Las dos obras clave de Lenin son, El imperialismo, estadio supremo del capitalismo (1916), y El Estado y la Revolución (1917). Lenin considera que las ideas de Marx se habían elaborado en unas circunstancias históricas concretas, en la Europa occidental de la primera revolución industrial, donde los aspectos financieros no eran tan determinantes frente a los técnicos. En la primera obra citada considera que el capitalismo había pasado de la forma industrial a una etapa financiera, por lo que a la lucha de clases se habría añadido la lucha política entre los estados por las materias primas, las colonias, y el mercado. Si Marx había planteado las contradicciones del capitalismo en su época, Lenin lo hace en la suya, en la del triunfo de la II Revolución Industrial, la de la escala mundial. Por eso debe modificar algunas de las teorías o ideas del primero.
La primera modificación tiene que ver con los protagonistas de la revolución. Ya no serían los proletarios de la Europa occidental o del mundo rico los que portarían la bandera de la revolución porque habrían alcanzado un nivel de vida que les impedía llevar esa bandera. Si había un capitalismo podrido habría un socialismo podrido, de ahí las críticas a los socialistas alemanes y europeos por aceptar las reglas del juego del capitalismo y participar en las instituciones. El testigo pasaría al proletariado de los países atrasados. La revolución ya no podría estallar en un país rico e industrializado como presuponía Marx, sino en un país pobre, en un país proletario en la división de países del mundo. Pero no sería un país paupérrimo sino que tendría que tener algún grado de desarrollo industrial y, por lo tanto, con obreros. Ese país sería, sin lugar a dudas, Rusia, atrasada, pero con núcleos de fuerte desarrollo industrial.
En su otra obra, El Estado y la Revolución, Lenin se dedica a explicar lo que es una revolución, la estrategia revolucionaria, su segunda gran aportación después de haber modificado dónde debía darse la revolución en el mundo.
En primer lugar, considera que la revolución no llega sola, no es un porceso fatal como se ha interpretado a Marx; en realidad, considerará que se había exagerado este fatalismo. La revolución hay que prepararla, nada de determinismo, todo es un ejercicio de voluntad, no llegará sola la revolución si no se prepara. ¿Cómo?
1. Es fundamental el papel del partido, la vanguardia del proletariado, y un partido cohesionado, disciplinado. Marx y Engels habían hablado del movimiento proletario en general, ahora es el partido el gran instrumento y el gran protagonista.
2. Otro papel fundamental en la preparación y triunfo de la revolución es el asignado a los intelectuales. Son los únicos con formación dialéctica para captar los momentos e interrupciones de la acción social.
4. El papel de los campesinos. Frente al pésimo concepto que tenía Marx de los campesinos (reaccionarios, embrutecidos), Lenin considera necesario su apoyo en la revolución junto con los obreros. No olvidemos que aunque en vísperas de la revolución rusa había masas de obreros en Rusia, la mayor parte de la población seguía siendo campesina.