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jueves, 5 de junio de 2014

Valencia Republicana

En la red hay una magnífica página web sobre la Valencia Republicana. Funciona como una guía urbana. Incluye textos y fotografías sobre el plano de la ciudad, las escenas cotidianas, educación, cultura, arquitectura, como capital de la República, una guía de calles, señales de la guerra, la Valencia prerrublicana, la guerra, etc.
Su visita es muy recomendable:

martes, 8 de octubre de 2013

Ciencia y Sanidad en la Valencia republicana

Como es habitual en este chat aportamos bibliografía para profundizar en la historia contemporánea de España. En este caso nos vamos a Valencia cuando fue capital de la República:

jueves, 22 de marzo de 2012

César Fernández Rozada


César Fernández Rozada nació en Asturias en 1908. Fue miembro de la UGT y de las JSE de Asturias desde el año 1923. En la guerra civil fue conocido como “César el artillero”. Al terminar la contienda fue detenido y encarcelado. Aunque fue condenado a la pena capital consiguió ver la pena conmutada. Estuvo internado en el Penal del Puerto de Santa María (Cádiz). Allí conoció a Ramón Rubial. En un registro carcelario tuvo que comerse un ejemplar de “El Socialista para que no lo descubrieran. Tras salir en libertad decidió incorporarse a la militancia activa socialista en la clandestinidad en Asturias. En democracia fue miembro de la Agrupación Socialista de Santa Bárbara. Murió en 1993.

lunes, 6 de febrero de 2012

Luis Díez

Luis Díez fue miembro de la UGT y de la Agrupación Socialista de Burgos. Fue elegido concejal en el Ayuntamiento burgalés y diputado provincial. Su esposa fue Aurora Labín, hija de Luis Labín Besuita, diputado socialista por Burgos, aunque por otras fuentes la esposa sería Pilar Labín, hermana de la anterior. Al triunfar el golpe de estado de julio de 1936 fue detenido el día 27 de julio y fusilado.
Ver:
RILOVA. Guerra civil… p.169; L. CASTRO. Guerra civil y represión en la capital de la cruzada, Burgos (1936-1939). –En: Testimonio de voces olvidadas. – León: Fundación 27 de marzo, 2007, V.I, 99. 132 y 133.

sábado, 3 de julio de 2010

Judíos, capital y marxismo según Franco

"No nos hagamos ilusiones: el espíritu judaico que permitía la alianza del gran capital con el marxismo, que sabe tanto de pactos con la revolución española, no se extirpa en un día y aletea en el fondo de muchas conciencias"

(De un discurso de Franco de mayo de 1939)

La mezcla entre los judíos, el capitalismo y el marxismo es difícil de entender pero aquí aparece en este discurso de la inmediata postguerra.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Anarco-Comunismo

El anarco-comunismo defendido por Kropotkin, Eliseo Reclus o Paul Brousse, entre otros, defiende que no sólo hay que colectivizar los instrumentos de trabajo, el capital y la tierra, como decía Bakunin, sino, también los productos. El argumento se basaría en que en una economía industrial era imposible determinar la parte de trabajo incorporada por cada trabajador. Así pues, la riqueza resultante pertenecería a todos. Como vemos, el anarco-comunismo está más vinculado a la economía industrial frente al mundo rural más defendido y querido por Bakunin.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Ernesto Giménez Caballero y el fascismo

Nos acercamos a un texto de Ernesto Giménez Caballero titulado "Primacía del trabajo: el sentido social del fascismo", que se publicó en el periódico "El Fascio" el día 16 de marzo de 1933:
"Hasta ahora que ha llegado la República a España, para seguir despertando a España –tras el clarinazo de la Dictadura– de una modorra casi secular, ha sido difícil y peligroso hablar en serio del Fascismo entre nosotros.
Los interesados en mantener el equívoco –y son muchos en España– habían hecho creer a las buenas gentes que el Fascismo significaba algo negativo, reaccionario, capitalista, monárquico, clerical y tiránico del pueblo. Habían hecho creer a nuestras buenas gentes –y son muchas en España– que el Fascismo era algo así como un pronunciamiento a lo siglo XIX.
Pero las cosas se han precipitado de tal modo que en el ambiente español –y en el ambiente europeo– que la palabra «Fascismo» va teniendo un nuevo sentido, un nuevo sentido salvador, positivo, social y universal.
Hoy Europa –y el mundo– están divididos en tres campos de lucha: el «campo comunista», que desea arrasar con su avalancha, oriental y bárbara, toda una civilización secular, hecha entre lágrimas, heroísmos y sangre; el «campo liberal socialdemócrata», que con sus anticuados órganos de Gobierno (Parlamento, sufragio universal) quiere por un lado contener inútilmente el cataclismo, y por otro, instaurar un iluso equilibrio de fuerzas sociales, a base del mito de «la libertad individual». Y por último, el «campo fascista», que aceptando las masas sociales y los procedimientos de acción directa propios del comunismo, salva con ellos cierta autonomía individual, salva esencias imponderables de la civilización europea, y organiza de nuevo el mundo en una paz equilibrada, en una armonía de Capital y de Trabajo, en un sentido corporativo del Estado.
Frente al «Comunismo», que todo lo quiere para la «Masa» («todo el poder para el Soviet»), y frente al «Liberalismo», que todo lo quiere para el «individuo», llega el «Fascismo», para integrar estos dos factores en un único cuerpo o «Corporación». La derecha y la izquierda sirven en el Fascismo a un solo cuerpo: «el Estado.» Lo mismo que en el hombre, la derecha y la izquierda le sirven para la lucha del cuerpo y del alma.
Roma, otra vez en la historia, ha resuelto la gran ecuación social. Como en tiempos de César, de San Pablo, de Constantino, de San Agustín, de Santo Tomás, de Campanella, de San Ignacio.
Mussolini tiene ese sentido profundo en la nueva historia del mundo. Siendo socialista, marxista, aportó en su movimiento el «genio de Oriente», comunista, y admitió las masas al Poder. Pero siendo también europeo, aceptó la función de la «iniciativa privada», del capital, y la libertad, para que las masas pudieran moverse.
Es hora ya de decir que el Fascismo, consecuencia de la Revolución rusa, es el triunfo de lo social: nacionalizado, universalizado, racionalizado.
Ni Oriente ni Occidente, sino lo universal, lo ecuménico. Ni Moscú ni Ginebra: Roma.
Por eso los que visitan Italia, tras diez años de este régimen tan nuevo y tan antiguo, tan moderno y tan tradicional, observan que el secreto y el sentido del Fascismo es «fundamentalmente social».
El Capital no ha sido aplastado por la Masa. Sino controlado por el Estado, para que sirva a la Masa, a los humildes. El trabajador en el régimen fascista, lo es todo. Es el auténtico régimen de los «trabajadores». Los trabajadores en el Fascismo han ascendido a primera clase social. Todo está en el Fascismo, en vista de la producción nacional.
Y el trabajador, ascendido a primate histórico, ha dejado de ser proletario. Y es patriota, y es espiritual, y siente ansias nobles de expansión y de dominio, de gloria.
La Historia se repite porque es siempre la misma. Antiguamente se decía: «Todos los caminos llevan a Roma.» Hoy lo podemos repetir. Sobre todo, los pueblos que nacimos del genio romano. Y es porque Roma, con el Fascismo, ha encontrado de nuevo la «solución de la Historia», la salvación de Europa, el «sentido de lo social».
E. Giménez Caballero
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Texto consultado en el siguiente enlace: http://www.filosofia.org/hem/193/fas/elfas10b.htm

martes, 17 de noviembre de 2009

Marxismo. Cuarta Parte. La plusvalía

En el anterior artículo ya hablamos de la plusvalía pero este concepto es muy importante para el marxismo y merece que le dediquemos más atención.
Marx rechazó la teoría del valor del liberalismo económico, basado en el mercado. El valor de un producto sería el resultado del trabajo. Al obrero se le pagaría un salario por la venta de su fuerza de trabajo. Ese pago equivaldría al coste de los alimentos, vestido, y vivienda del obrero. Sería una especie de mínimo. Pero el obrero produce por un valor superior al de su fuerza de trabajo. Ese valor producido y no cobrado en el salario se acumula y es el que generaría el beneficio del capitalista. Es la plusvalía, es decir, un trabajo sin pagar. De esta manera se forma el capital.