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miércoles, 29 de agosto de 2012

Carbonarios


Los carbonarios (carbonari, en italiano) eran los miembros de una sociedad secreta, la Carbonería, que fue fundada en Nápoles a principios del siglo XIX en los tiempos de la ocupación napoleónica. Sus ideales combinaban el liberalismo con el nacionalismo. Su modelo de organización y sus procedimientos conspirativos e insurreccionales marcaron los inicios de los procesos revolucionarios liberales en Italia hasta 1830.

También hubo carbonarios en Francia (Charbonnerie), en Portugal (Carbonária) y en España.

Los carbonarios comenzaron siendo contrarios a la política seguida por Murat, pero cuando terminó la ocupación francesa se enfrentaron a la monarquía de Fernando I de las Dos Sicilias, que había repuesto, en plena época de la Restauración, el absolutismo. Fue un momento de crecimiento de la Carbonería, ya que recogió el malestar de la burguesía urbana del reino ante la política real favorecedora de los intereses de la nobleza terrateniente.

Los carbonarios se extendieron, también, por el norte de Italia, especialmente en la Lombardía y la Emilia-Romagna, al conseguir el apoyo de Filippo Buonarroti, que sin ser carbonario, se identificaba con sus ideas.

Después del Congreso de Viena (1815) los carbonarios abrazaron con fuerza, además de las ideas liberales, un marcado nacionalismo italiano, especialmente contra el dominio austriaco. En todo caso, no había unanimidad en el seno de la Carbonería sobre el sistema concreto de gobierno que se quería en Italia, aunque se partiera del liberalismo.

En 1820, la Carbonería tuvo un destacado protagonismo en la Revolución napolitana de ese año. La influencia del ejemplo de sublevación liberal de Riego en España era evidente. Michele Morelli y Giussppe Silvati, dos oficiales, y el general Gugliemo Pepe marcharon, a principios de julio, desde Nola hacia Nápoles, al frente de varios regimientos de caballería. El rey Fernando I aceptó conceder una constitución y el establecimiento de un parlamento, como había hecho Fernando VII en España. El éxito alentó a los carbonarios piamonteses. En marzo de 1821 consiguieron el establecimiento de un sistema constitucional en Turín.

La Santa Alianza no iba a dejar que en el sur de Europa (España, Portugal y parte de Italia) triunfasen sistemas políticos liberales. En febrero de 1821, un ejército derrotó a los insurrectos napolitanos. En el norte, el rey Carlos Alberto de Saboya pidió la intervención de Austria, y en abril un ejército austriaco derrotó a los insurrectos piamonteses. A continuación, se desató la represión contra los carbonarios.

Pero los carbonarios siguieron conspirando por la causa liberal y nacionalista. Hubo carbonarios en la Revolución de 1830 en París. Los carbonarios italianos se levantaron en Módena y los Estados Pontificios. En esta ciudad, Ciro Menotti tomó la iniciativa, pero fracasó por la traición del duque Fernando IV de Módena. Menotti fue condenado a muerte. Por su parte, en los Estados Pontificios la revuelta se extendió en febrero de 1831 por Bolonia, Reggio Emilia, Imola, Faenza, Ancona, Ferrara y Parma, con un claro protagonismo de los carbonarios. Se estableció un gobierno provisional bajo la bandera tricolor, pero el cuerpo de la milicia que marchó hacia Roma fue aniquilado por las tropas austriacas llamadas por Gregorio XVI.

En el seno de la Carbonería comenzaron a ganar peso los que comprendieron que solos no podían imponerse a Austria, la gran enemiga. La estrategia para conseguir sus objetivos debía cambiar. Mazzini decidió crear otra organización, la “Joven Italia”, en la que ingresaron muchos antiguos carbonarios. La Carbonería siguió existiendo pero sin casi actividad, hasta su final en 1848.

El origen social de los carbonarios se encuentra en la burguesía, aunque también hubo nobles entre sus miembros. Algunos importantes personajes italianos del momento fueron carbonarios o estuvieron cerca de los mismos: Silvio Pellico, Antonio Panizzi, Giuseppe Mazzini, etc..

Así como la masonería se basaba en los símbolos de la construcción, los carbonarios lo hicieron en los del gremio de carboneros, es decir de los que preparaban el carbón y lo vendían. La Carbonería adoptó muchos de los procedimientos y rituales masones. En relación con los miembros, estaban los aprendices que, con el tiempo se convertían en maestros. Había juramentos de fidelidad y todo bajo el más estricto secreto, que si se vulneraba se pagaba con la vida.

Como toda sociedad secreta, la Carbonería tenía una organización jerárquica muy bien definida. Las células o núcleos básicos eran los barracones o barracas, que se agrupaban en las ventas, aglomeraciones más grandes, y éstas dependían, a su vez, de las ventas madre y de las altas ventas. Por otro lado, había un sector o logia civil, dedicada a labores de propaganda política y otra logia militar, destinada a fomentar acciones armadas e insurrecciones.

Los carbonarios aparecen en la literatura de la época. En este sentido, la principal obra es, sin lugar a dudas, Vanina Vanini de Stendhal (en España, la última edición que se tiene es del año 2011, en Editorial Periférica). Se trata de una novela corta que relata la historia de amor de la princesa Vanina y un miembro de los carbonarios. Roberto Rossellini llevó la novela al cine en el año 1961 con el mismo título.

sábado, 7 de julio de 2012

La unificación italiana


La situación de Italia


Después del Congreso de Viena Italia era realmente, una “expresión geográfica” dividida en multitud de estados:

a)Norte: Reino del Piamonte-Cerdeña (Casa de Saboya) y los dominios austriacos de la Lombardía (Milán) y Véneto (Venecia).

b)Centro: pequeños estados controlados por los austriacos –Parma, Módena, Toscana-, y los Estados Pontificios bajo la soberanía del Papa de Roma.

c)Sur: Reino de Nápoles o de las Dos Sicilias (Casa de Borbón).


La vía revolucionaria (1815-1849)

Tras la dominación napoleónica y la reorganización del mapa italiano como resultado de las resoluciones del Congreso de Viena surgió en algunos sectores intelectuales y políticos italianos el deseo de crear un estado único. Es el momento en el que surge el Risorgimento, un movimiento intelectual que sueña con la unidad de Italia, con ambiciones económicas, lideradas por los comerciantes e industriales piamonteses que desean un mercado mayor y único, y unos proyectos políticos diversos, ya que para algunos la unidad debía realizarse bajo la autoridad del Papa (Gioberti), otros bajo el rey del Piamonte (Cavour) y, finalmente, otros defenderían la república (Mazzini).

Las revoluciones de 1820, 1830 y 1848 fueron ensayos para poner en marcha la unidad pero fracasaron. En el 48 comenzó a calar en algunos sectores populares la idea nacionalista al enfrentarse al Imperio austriaco, enemigo común de liberales y nacionalistas. El doble fracaso del movimiento liberal y nacionalista en el norte por la intervención austriaca contra los levantamientos milanés y veneciano con el apoyo del Piamonte, y en el centro con la intervención francesa contra la república romana, obligó a replantearse la estrategia a seguir.


La vía de la guerra (1849-1870)

En este período clave para la unificación italiana destacará la figura de Camilo Benso , conde de Cavour, liberal moderado al frente del gobierno del Piamonte, que convierte a este estado en un régimen político liberal y al rey Víctor Manuel II en el candidato para liderar la lucha contra los austriacos. Cavour desarrolla una intensa actividad diplomática y consigue atraer a Napoleón III para que apoye su proyecto a cambio de recibir Saboya y Niza. El Piamonte y Francia entrarán en guerra contra el Imperio austríaco en 1859 y le arrebatan Lombardía (Milán), pero Napoleón decide retirarse y fuerza un pacto con Austria. Posteriormente, el Piamonte consigue hacerse con los estados de Parma, Módena y Toscana.

Mientras tanto, en el sur se están produciendo una serie de acontecimientos muy importantes. Garibaldi, un guerrillero republicano, héroe del 48, con un ejército de voluntarios, los “camisas rojas”, desembarca en Sicilia y Nápoles y derrota a los Borbones, con el apoyo de los campesinos sublevados. Garibaldi tenía un proyecto de unidad muy distinto al defendido desde el Piamonte. Defendía una república con alto contenido social pero, al final, cedió ante Víctor Manuel y Cavour, porque primó más en su ánimo el deseo de unidad. Así pues, cedió el poder al rey del Piamonte.

El nuevo reino situó su capital en Florencia y aprovechó otros conflictos internacionales para completar la unificación. En 1866, valiéndose de la derrota de Austria frente a Prusia ocupó Venecia; y en 1870, con la derrota de Francia frente a Prusia, ocupó Roma, donde se instaló definitivamente la capital de Italia.


El nuevo estado: los problemas

El nuevo estado italiano adoptó el sistema político liberal piamontés, una monarquía constitucional. Además, se unificó la administración. El sistema electoral era censitario y muy restringido hasta 1913. Los sucesivos gobiernos, generalmente, en una posición de centro liberal, se emplearon en políticas centralizadoras y de creación de una unidad real sobre la diversidad que suponía la larga historia dividida de los italianos.

Los principales problemas del nuevo estado y que se mantuvieron hasta la Primera Guerra Mundial fueron los siguientes:

a)La integración del sur atrasado. Frente a un norte desarrollado y que había tenido su propia revolución industrial, el sur italiano era agrícola y estaba muy atrasado y no se industrializó. En su seno nacieron sociedades secretas delictivas como la Camorra napolitana y la Mafia siciliana.

b)La integración de los católicos en el nuevo estado. Fue un problema importante porque el Papa no reconoció el estado italiano y se consideró un prisionero en Roma, una vez que los Estados Pontificios habían desaparecido.

c)El desarrollo de una política imperialista en África y que fracasó. Italia intentó incorporarse a la carrera colonial occidental pero sufrió serios reveses en Abisinia (Etiopía).

d)Las reivindicaciones territoriales insatisfechas en Europa. Italia reclamaba el Tirol meridional y Trieste, en manos austriacas, al considerar que eran territorios de habla italiana. Son los conocidos como territorios “irredentos” o no rescatados del poder extranjero.

e)El desarrollo de un potente movimiento obrero en dos grandes sectores: el anarquismo y el socialismo revolucionario, y que tenían en común su negativa a colaborar con las instituciones.

viernes, 6 de julio de 2012

El nacionalismo


Concepto de nación

El concepto de nación como comunidad política con derecho a contar con un estado organizado es una de las herencias ideológicas de la Revolución francesa. Anteriormente, existía la lealtad personal de los súbditos al monarca absoluto pero, después de la Revolución esta vieja lealtad se sustituyó por otra, la lealtad legal de los ciudadanos a una Constitución. Los individuos debían pertenecer a una comunidad y compartir con otros una cultura, lengua y costumbres para poder ejercer los derechos políticos propios de todo ciudadano.

Los liberales intentaron sustituir los viejos estados absolutos de súbditos por estados nacionales, formados por hombres libres, por ciudadanos. En la época de las guerras napoleónicas las ideas del nacionalismo comenzaron a extenderse por Europa. La oposición a la ocupación francesa y a los sistemas políticos que Napoleón impuso, impulsó que diversos pueblos y países se enfrentasen al ejército napoleónico buscando su propio camino para constituirse en estados. El Congreso de Viena y el sistema de la Restauración no respetaron los intereses de muchos pueblos europeos cuando se rediseñó el mapa de Europa, provocando que el nacionalismo se convirtiera en una fuerza opositora a este sistema de la misma importancia que el liberalismo.

El nacionalismo

El nacionalismo del siglo XIX fue un fenómeno político y social complejo, ya que tuvo dos vertientes: una progresista, más vinculada con el liberalismo, y otra tradicionalista, de raíces conservadoras.

El nacionalismo progresista defendía el derecho de los pueblos a liberarse de tiranías extranjeras y la necesidad de la solidaridad de unos pueblos con otros en sus respectivas liberaciones nacionales. Para este nacionalismo cualquier comunidad podía convertirse en una nación si así lo deseaba y buscar los medios para emanciparse y formar un Estado o unirse a otro ya existente con el objetivo de crear uno nuevo. De esa misma forma, cualquier persona podría cambiar de nacionalidad con sólo desearlo. Por eso se trata de un nacionalismo basado en la voluntad, ya sea de una comunidad o de un individuo. Este nacionalismo fue seguido, principalmente por los liberales demócratas franceses e italianos, destacando la figura de Giuseppe Mazzini.

El nacionalismo tradicional o conservador consideraba que las naciones no se basaban en la decisión o la voluntad de los pueblos o de los individuos, sino que existían previamente como realidades objetivas ineludibles. Esas naciones tendrían rasgos geográficos, culturales, lingüísticos y hasta étnicos propios diferentes a los de otras naciones. Esos rasgos acompañarían a las personas estuviesen donde estuviesen. Una comunidad constituía una nación cuando la historia, la tradición, la cultura y la lengua así lo determinaban. Todo el que perteneciera a esa comunidad pertenecería, asimismo, a la nación y debía compartir esos rasgos nacionales, ya fuera de grado o por la fuerza. No era una cuestión de voluntad como en el liberalismo progresista. El liberalismo conservador tuvo mucha importancia en Alemania, destacando la figura de Fichte.

Por otro lado, hubo también dos modelos de nacionalismo:

a)Nacionalismo unitario, que pretendía reunir en un único estado pueblos separados pero con una nacionalidad común. Serían los casos del nacionalismo alemán y del italiano.

b)Nacionalismo disgregador o separatista, que buscaba la fragmentación de imperios o estados para formar unidades políticas o nuevos estados con sus propias naciones. Fue el caso de Hungría en relación con el Imperio austriaco, o de los pueblos balcánicos en relación con el Imperio otomano o el Imperio austriaco.


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Al igual que en el anterior artículo sobre el liberalismo, el nacionalismo ha sido profusamente tratado en este blog. Este nuevo artículo pretende enriquecer la cuestión

jueves, 12 de noviembre de 2009

Bibliografía de Fernando Garrido Tortosa

Para los interesados en la extensa obra de Fernando Garrido Tortosa inserto la presente bibliografía:

Lo que es el mundo, o Memorias de un escéptico: leyenda contemporánea, dedicada a la más virtuosa de las mugeres, Cádiz 1843.
Propaganda democrática. Instrucción política del pueblo. Derrota de los viejos partidos políticos: deberes y porvenir de la democracia española
El pueblo y el trono, Madrid 1854.
Espartero y la revolución, Madrid 1854.
La República democrática federal universal,nociones elementales de los principios democráticos, dedicadas a las clases trabajadoras, precedidas de un prólogo de Emilio Castelar, Lérida 1855 (hay ediciones posteriores aumentadas y corregidas).
Obras escogidas de Fernando Garrido, publicadas e inéditas, precedidas de un prólogo por D. Francisco Pi y Margall, Barcelona 1859-1860.
Lindezas del despotismo, Barcelona 1860.
La democracia y sus adversarios, precedida de un prólogo por D. José María Orense. Barcelona, 1860.
Biografía de Sixto Cámara, Barcelona 1860.
El Socialismo y la Democracia ante sus adversarios, precedida de una carta de José Mazzini. Londres 1862.
La España contemporánea, sus progresos morales y materiales en el siglo XIX, 1ª ed. española y considerablemente aumentada, adornada con un mapa de España y el retrato del autor. Barcelona 1865-1867.
Historia de las persecuciones políticas y religiosas ocurridas en Europa desde la edad media hasta nuestros días, galería política, filosófica y humanitaria, imparcial y concienzudamente escrita, Barcelona 1863-1866,
Historia de las asociaciones obreras en Europa ó Las clases trabajadoras regeneradas por la asociación, Barcelona 1864.
Historia de los crímenes del despotismo. Cuadros históricos de la política y de la vida de los reyes y emperadores absolutos, de los déspotas y tiranos de todas las naciones de Europa, antiguos y modernos hasta el establecimiento del sistema representativo y reconquista por los pueblos de sus derechos y libertades, Barcelona 1867-1870.
La humanidad y sus progresos ó la civilización antigua y moderna, Barcelona 1867.
Historia del reinado del último Borbón de España. De los crímenes, opostarias, opresión, corrupción, inmoralidad, despilfarros, hipocresía, crueldad y fanatismo de los Gobiernos que han regido España durante el reinado de Isabel de Borbón, Edición de lujo, Barcelona 1868-1869.
Historia de las clases trabajadoras, de sus progresos y transformaciones económicas, sociales y políticas, desde los tiempos más remotos hasta nuestros días, con las biografías de sus grandes hombres, de su héroes y mártires más famosos, escrita y dedicada a todos los amantes del progreso, precedida de un prólogo de Emilio Castelar, Madrid 1870, 1080 págs.
Legalidad de la Internacional / Discursos íntegros pronunciados... por los ciudadanos Fernando Garrido, Emilio Castelar, Nicolás Salmerón y Pí Margall, precedidos de una introducción de Ramón de Cala,Madrid 1871.
La cooperación: Estudio teórico y práctico sobre las sociedades cooperativas de consumo y producción en Inglaterra y otros países, y especialmente en Cataluña, Barcelona, 1879.
La restauración teocrática, progresos y decadencia del Catolicismo en España, desde fines del siglo XV hasta nuestros días, Barcelona 1879.
La revolución en la Hacienda del Estado, las provincias y los municipios,Madrid 1880.
Cuentos cortesanos [por El Ermitaño de las Peñuelas], Madrid 1880.
Viajes del Chino Dagar-Li-Kao por los países bárbaros de Europa, España, Francia, Inglaterra y otros, traducido del chino al castellano por el Ermitaño de las Peñuelas, Madrid 1880.
¡Pobres jesuitas! Origen, doctrinas, máximas, privilegios y vicisitudes de la Compañía de Jesús desde su fundación hasta nuestros días, Madrid, 1881.
Los Estados Unidos de Iberia, Madrid 1881.
Cuentos de los Vosgos, por Erckmann-Chatrian, traducidos al castellano por Fernando Garrido,Madrid 1883.

Fernando Garrido Tortosa

Fernando Garrido Tortosa nació en Cartagena en el año 1821, y murió en Córdoba en 1883. Se trata de una de las figuras más importantes del primer socialismo español, antes de su institucionalización en el PSOE. Garrido pertenecía a una familia liberal y con nivel cultural. Se trasladó a Cádiz donde contactó con los seguidores en España de las ideas de Fourier, entre los que destacaba Joaquín Abreu. Después pasó a Madrid donde se entrega a la difusión de las ideas del socialismo utópico de la línea de Fourier, y conoce a personajes importantes. Traba relación con Sixto Cámara y los demócratas. En 1848, en pleno temor del gobierno moderado por las revoluciones que estallan en Europa es detenido porque ha publicado un folleto considerado subversivo, "La Defensa del Socialismo", y porque, se piensa que está conspirando en favor de una revolución en España.
En el año 1851 sale de la cárcel y viaja a Londres. Allí entra en contacto con los refugiados de los distintos países que han visto fracasar las revoluciones. Es importante su relación con el italiano Mazzini. Entró a formar parte del Comité Democrático Internacional.
En 1854 regresa a España en el Bienio Progresista, y comenzará su lucha en favor de una democracia contraria a la Monarquía de Isabel II y a las oligarquías que la sostienen. En 1855 publica sus ideas con La República Democrática Federal Universal, verdadero programa para el republicanismo español del momento. Garrido comienza a sufrir varios procesos judiciales por sus ideas. Es desterrado a Lisboa, y se vincula a la conspiración de Sixto Cámara, por lo que es, de nuevo, desterrado, y regresa a la capital británica, para pasar luego a París.
El triunfo de la Revolución de 1868 le permite regresar a España. Se destaca dentro del Partido Demócrata, y es elegido diputado en las Cortes Constituyentes de 1872 pero ya en las filas del republicanismo federal. Durante la I República es nombrado Intendente General de las Filipinas. Al fracasar la primera experiencia republicana y darse la Restauración Borbónica debe exiliarse, en primer lugar, en Lisboa, y luego en París. Allí se dedica escribir y a pintar.
Regresa a España en 1879, y seguirá escribiendo hasta que fallece.