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domingo, 4 de agosto de 2013

El concepto de Crisis en Historia

Crisis designaría a un período breve de cambio decisivo. Sería un punto de inflexión que determinaría la supervivencia de un personaje, una institución, un período, una condición, etc. En un sentio más amplio indicaría un período breve o no tan breve de inestabilidad, de dificultades, cambios, y de transformaciones profundas. El concepto de crisis en Historia tiene una evidente relación con el de decadencia, declive, así como con los de recesión y depresión, en la perspectiva económica.
En Historia es un concepto muy utilizado, así como en Ciencias Sociales, pero es un concepto que presenta una serie de dificultades, es ambiguo e impreciso, especialmente por el uso indiscriminado y abusivo que se hace del mismo. El concepto se usa, tanto para describir revoluciones como tensiones en las relaciones internacionales, o de dificultades en el ámbito económico, social y hasta cultural.
El término tiene su origen en griego, y en la antigüedad se empleó mucho en el ámbito de la medicina, así como en el de la astrología, y de ahí pasó a la historia. En el siglo XVII se entendió como un punto de inflexión que determinaría un cambio en un sentido u otro, como en el curso de una enfermedad, para generalizarse su uso en la época ilustrada y en el siglo XIX. Debemos recordar que el desarrollo histórico se contemplaba como una especie de metáfora orgánica. Las sociedades serían como organismos vivos que experimentarían procesos y cambios: nacimiento, desarrollo, salud, enfermedades, recuperaciones, decadencias y, por fin, la muerte. El historiador Burckhardt empleó en este sentido el concepto de crisis cuando hizo su análisis de la Historia. Había momentos decisivos, de crecimiento, unos de aceleración y otros de ruptura.
La historiografía del siglo XIX empleó mucho la idea de crisis, como podemos ver en Ranke, Thiers, Taine o Michelet. Hubo un gran interés en el estudio de los períodos o momentos críticos, en relación con las revoluciones, especialmente, la liberal.
El marxismo dio una importancia enorme al concepto de crisis. Cada etapa histórica entraba en crisis y ésta daba lugar a otra época o etapa distinta y más avanzada, hasta que se llegaría al final, a la sociedad comunista.
En el siglo XX el término terminó por generalizarse y vulgarizarse, con el peligro que hemos señalado en el segundo párrafo de este artículo. En los medios académicos se habla de crisis del Antiguo Régimen, de crisis del liberalismo, de crisis de la democracia, de crisis del capitalismo, etc.. Pero, a pesar del peligro descrito, bien es cierto que se ha hecho un gran esfuerzo para definir los momentos o períodos de crisis en la Historia. En el ámbito de la historia política, así como en el de la económica el concepto está muy delimitado, es decir, se emplea de forma restringida, con márgenes muy marcados, frente a la historia social o cultural donde la idea es más fluida, con menos márgenes.

viernes, 8 de febrero de 2013

Ideas de Carrero Blanco


Reproduzco el siguiente texto, por su interés, porque definiría el régimen según uno de sus baluartes:
"Somos demócratas, pero nuestra democracia es una democracia orgánica que nada tiene que ver con la democracia inorgánica del liberalismo masónico; y somos socialistas porque somos cristianos, pero sin que tengamos nada que ver con el marxismo, ni con el socialismo liberal masónico, ni tampoco con la democracia cristiana que, ¡allá ellos!, ingenua o farisaicamente, pretenden en nombre de Dios copiar un sistema inspirado por el Diablo, que además ya probamos y a punto estuvimos de que nos costara la vida como Nación."
(Es un texto de un extenso "Introducción al estudio de una planificación de acción de Gobierno" de marzo de 1970, destinado a los ministros del gabinete nombrado en octubre de 1969)
Es interesante esta cita no tanto porque defina al régimen sino porque establece lo que no es. La democracia inorgánica, como la llama, es decir, la que nosotros conocemos aquí y en Occidente, es atacada por liberal y por masónica. El socialismo es igual de peligroso, ya sea en su versión marxista, ya en la liberal, y ésta sería mala por su supuesta vinculación con la masonería, la gran bestia negra de Carrero y de Franco. Tampoco el sistema tiene nada que ver con la democracia cristiana porque ésta cree en la democracia inorgánica, un sistema, por fin, inspirado,al parecer, por el Diablo.
Cuando uno lee textos así, no tan alejados en el tiempo, sobre los poderes de la masonería y del Diablo en la política y destrucción de España no deja de asombrarse, pero así era.
He sacado el texto del artículo de TÉLLEZ MOLINA, A."Carrero Blanco, veinte años después. Un político inmutable", en [/i]Historia 16[i], número 212, (1993), págs. 22-30.
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El último texto de Carrero: las notas autógrafas para la reunión del Consejo de Ministros del 20 de diciembre de 1973
"En el Mundo que nos rodea no hay más que capitalismo o socialismo liberales que la Masonería sostiene, o el marxismo que el Comunismo trata de imponer"
Efectivamente, se trata de un texto de unas notas autógrafas del almirante para ser leído al Consejo al que nunca pudo llegar.

domingo, 28 de octubre de 2012

¿Fascismo o Democracia? Campesinado y política en la crisis del liberalismo europeo, 1870-1939


El profesor Francisco Cobo Romero, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Granada, es el autor del libro ¿Fascismo o Democracia? Campesinado y política en la crisis del liberalismo europeo, 1870-1939, editado por la Universidad de Granada. Esta obr está centrada “en el análisis comparado del comportamiento político del campesinado de cuatro países de la Europa Occidental (Alemania, España, Francia e Italia) durante el periodo 1870-1939″.
Resumen:
“Las profundas modificaciones experimentadas por la agricultura europea desde fines del siglo XIX, animadas por los deseos de superación de la llamada crisis agraria finisecular, fortalecieron al campesinado familiar. Desde los comienzos del siglo XX, y en medio de un irreversible proceso de afianzamiento de la “política de masas”, el campesinado europeo acentuó su interés por los asuntos públicos y las contiendas electorales.
Tras la finalización de la I Guerra Mundial, la radicalización de los enfrentamientos políticos y sociales propagados por la práctica totalidad del continente europeo se unió al agravamiento de una nueva y profunda crisis agraria. En este agitado panorama, la rápida difusión de propuestas corporativistas, autoritarias o fascistas encontró en muchos casos un eco favorable entre las masas campesinas, desdeñadas por los partidos del centro liberal-burgués, asediadas por la combatividad de los jornaleros o amenazadas por las propuestas revolucionarias del anarquismo, el socialismo y el comunismo. Así pues, durante el decisivo periodo que discurrió entre 1919 y 1939, el campesinado europeo se convirtió en un relevante protagonista, hasta influir poderosamente en la inclinación de la balanza o bien hacia el triunfo del Fascismo o bien hacia el mantenimiento de la Democracia.
Ver:
http://www.tiempodehistoria.com/2012/06/24/analisis-comparado-del-comportamiento-politico-del-campesinado-de-cuatro-paises-de-la-europa-occidental.html

martes, 25 de septiembre de 2012

1936. La derecha que apoyo al Gobierno del Frente Popular, por Eduardo Andradas


El liberalismo clásico español se posicionó en Julio de 1936 con el gobierno de la Republica, primando su sentido democrático y por el de clase. La otra derecha reaccionaria y fascista se lo haría pagar en 1939.
El artículo completo de Eduardo Andradas en:

domingo, 23 de septiembre de 2012

El PCE y el PSOE en la Transición. La evolución de la izquierda española durante el proceso de cambio político


El PCE y el PSOE en la Transición. La evolución de la izquierda española durante el proceso de cambio político

Escrito por: Eduardo Montagut Contreras el 14 Mar 2012 - URL Permanente

El PCE y el PSOE en la Transición. La evolución de la izquierda española durante
el proceso de cambio político
, libro de Juan Andrade Blanco.

Sinopsis

Durante la transición española los dos principales partidos políticos de la izquierda experimentaron una acusada y acelerada transformación ideológica. El Partido Socialista Obrero Español pasó de la enfática y retórica afirmación de un socialismo de resonancias marxistas a la apuesta por una nueva concepción menos formalizada que osciló entre la socialdemocracia y el liberalismo social. Por su parte, el Partido Comunista de España se distanció significativamente de la ortodoxia marxista-leninista para impulsar un nuevo fenómeno ideológico, el eurocomunismo, que entró en bancarrota al final del proceso. En apenas un quinquenio ambos partidos experimentaron cambios significativos y en cierta forma convulsos en sus formulaciones doctrinarias, y lo más llamativo es que estas variaciones se expresaron en los escritos e intervenciones de los mismos dirigentes políticos. De forma paralela ambos partidos diseñaron trayectorias inversas a lo largo de la transición. El PCE inició el proceso siendo el partido más numeroso, activo e influyente en la lucha contra la dictadura y lo terminó roto en pedazos y con unos resultados electorales catastróficos. Por su parte el PSOE lo inició siendo una fuerza desnaturalizada y marginal en el conjunto de la oposición activa al Régimen y lo concluyó con una abrumadora mayoría absoluta en las elecciones de 1982. En definitiva, ambos partidos intervinieron activamente en un proceso de cambio institucional durante el cual terminaron cambiando ellos mismos. En El PCE y el PSOE en (la) Transición se analiza la relación problemática que la izquierda mantuvo en la transición con sus tradiciones doctrinales y se ponderan los complejos factores que motivaron su acusado cambio ideológico.
En:

lunes, 17 de septiembre de 2012

La Iglesia Católica en el siglo XIX


a)     La Iglesia Católica hasta el Concilio Vaticano I

El Concordato de 1801 entre la Francia napoleónica y el Papado supuso la reconciliación, después de los intensos conflictos en la época revolucionaria, entre Francia y la Iglesia. Aún así, el papado se resistió a los cambios revolucionarios en Europa y al triunfo del liberalismo, la libertad de pensamiento y la separación entre el Estado y la Iglesia.

En el año 1846 fue elegido papa Pío IX. Los católicos progresistas o más aperturistas aplaudieron esta elección porque el nuevo pontífice era reformista y no se había significado especialmente contra el liberalismo. Aún así, defendió la soberanía de los Estados Pontificios frente a los procesos unificadores de Italia. Esta política provocó que los nacionalistas italianos le consideraran un enemigo.

b)     El Concilio Vaticano I

En 1870 se inauguró en Roma el Concilio Vaticano I, convocado por Pío IX. Las expectativas creadas en torno al Concilio en relación a que podría adecuar la Iglesia a los cambios políticos, ideológicos y sociales producidos se frustraron desde el principio, ya que el papa declaró en la inauguración que la misión del Concilio era “reafirmar la verdad frente a los errores del siglo”. Se proclamó la constitución Dei Filius, que condenaba todas las corrientes ideológicas y sociales del siglo XX.

En el Concilio se aprobó el dogma de la infalibilidad del papa, es decir, la imposibilidad de que cometiera un error. Se estableció que el Espíritu Santo iluminaba al pontífice cuando se pronunciaba sobre las verdades fundamentales de la religión católica.

c)      El pontificado de León XIII

En el año 1878 fue elegido papa León XII. En lo político se negó a aceptar la nueva situación italiana y exigió el reconocimiento de su soberanía sobre Roma. Esta postura contra el nuevo reino de Italia duró hasta 1929. El gran éxito político del nuevo pontífice fue conseguir que Bismarck suavizara y terminar con la kulturkampf, es decir, la política contraria la Iglesia Católica en Alemania. En relación con Francia, el papa aconsejó a los católicos que colaborasen y aceptaran la III República, aunque esto no apaciguó a los republicanos en su política anticlerical. En 1885 publicó la encíclica en la que afirmaba que la Iglesia no se podía ligar a ninguna forma de gobierno, lo que suponía un cambio en la postura tradicional de la Iglesia.

León XIII intentó establecer puentes con otras confesiones, como la Anglicana británica y la ortodoxa. Por otro lado, se preocupó de mejorar la formación del clero, la investigación científica de los católicos y promover la actividad de los misioneros.

Pero la gran aportación del papa León XIII fue la encíclica Rerum Novarum, publicada en mayo de 1891. En esta encíclica se trazaron las líneas fundamentales de la doctrina social de la Iglesia, defendiendo la creación de sindicatos católicos y la necesidad de la justicia social, condenando los excesos del capitalismo. Pero el movimiento obrero consideró que la encíclica llegaba tarde y acusaron a la Iglesia de oportunista.

d)     El pontificado de Pío X

Entre 1903 y el estallido de la Primera Guerra Mundial, la Iglesia Católica estuvo regido Pío X, que planteó importantes cambios internos, especialmente, en lo relacionado con el derecho canónico. En lo político se produjo un grave enfrentamiento con la República francesa, rompiéndose relaciones diplomáticas y provocando una ley de separación entre la Iglesia y el Estado en Francia.

En esta época, un sector de intelectuales y teólogos demandó que la Iglesia se adaptara más a los nuevos tiempos, pero el papa condenó en 1907 estas opiniones al acusarlas de modernistas

miércoles, 29 de agosto de 2012

Carbonarios


Los carbonarios (carbonari, en italiano) eran los miembros de una sociedad secreta, la Carbonería, que fue fundada en Nápoles a principios del siglo XIX en los tiempos de la ocupación napoleónica. Sus ideales combinaban el liberalismo con el nacionalismo. Su modelo de organización y sus procedimientos conspirativos e insurreccionales marcaron los inicios de los procesos revolucionarios liberales en Italia hasta 1830.

También hubo carbonarios en Francia (Charbonnerie), en Portugal (Carbonária) y en España.

Los carbonarios comenzaron siendo contrarios a la política seguida por Murat, pero cuando terminó la ocupación francesa se enfrentaron a la monarquía de Fernando I de las Dos Sicilias, que había repuesto, en plena época de la Restauración, el absolutismo. Fue un momento de crecimiento de la Carbonería, ya que recogió el malestar de la burguesía urbana del reino ante la política real favorecedora de los intereses de la nobleza terrateniente.

Los carbonarios se extendieron, también, por el norte de Italia, especialmente en la Lombardía y la Emilia-Romagna, al conseguir el apoyo de Filippo Buonarroti, que sin ser carbonario, se identificaba con sus ideas.

Después del Congreso de Viena (1815) los carbonarios abrazaron con fuerza, además de las ideas liberales, un marcado nacionalismo italiano, especialmente contra el dominio austriaco. En todo caso, no había unanimidad en el seno de la Carbonería sobre el sistema concreto de gobierno que se quería en Italia, aunque se partiera del liberalismo.

En 1820, la Carbonería tuvo un destacado protagonismo en la Revolución napolitana de ese año. La influencia del ejemplo de sublevación liberal de Riego en España era evidente. Michele Morelli y Giussppe Silvati, dos oficiales, y el general Gugliemo Pepe marcharon, a principios de julio, desde Nola hacia Nápoles, al frente de varios regimientos de caballería. El rey Fernando I aceptó conceder una constitución y el establecimiento de un parlamento, como había hecho Fernando VII en España. El éxito alentó a los carbonarios piamonteses. En marzo de 1821 consiguieron el establecimiento de un sistema constitucional en Turín.

La Santa Alianza no iba a dejar que en el sur de Europa (España, Portugal y parte de Italia) triunfasen sistemas políticos liberales. En febrero de 1821, un ejército derrotó a los insurrectos napolitanos. En el norte, el rey Carlos Alberto de Saboya pidió la intervención de Austria, y en abril un ejército austriaco derrotó a los insurrectos piamonteses. A continuación, se desató la represión contra los carbonarios.

Pero los carbonarios siguieron conspirando por la causa liberal y nacionalista. Hubo carbonarios en la Revolución de 1830 en París. Los carbonarios italianos se levantaron en Módena y los Estados Pontificios. En esta ciudad, Ciro Menotti tomó la iniciativa, pero fracasó por la traición del duque Fernando IV de Módena. Menotti fue condenado a muerte. Por su parte, en los Estados Pontificios la revuelta se extendió en febrero de 1831 por Bolonia, Reggio Emilia, Imola, Faenza, Ancona, Ferrara y Parma, con un claro protagonismo de los carbonarios. Se estableció un gobierno provisional bajo la bandera tricolor, pero el cuerpo de la milicia que marchó hacia Roma fue aniquilado por las tropas austriacas llamadas por Gregorio XVI.

En el seno de la Carbonería comenzaron a ganar peso los que comprendieron que solos no podían imponerse a Austria, la gran enemiga. La estrategia para conseguir sus objetivos debía cambiar. Mazzini decidió crear otra organización, la “Joven Italia”, en la que ingresaron muchos antiguos carbonarios. La Carbonería siguió existiendo pero sin casi actividad, hasta su final en 1848.

El origen social de los carbonarios se encuentra en la burguesía, aunque también hubo nobles entre sus miembros. Algunos importantes personajes italianos del momento fueron carbonarios o estuvieron cerca de los mismos: Silvio Pellico, Antonio Panizzi, Giuseppe Mazzini, etc..

Así como la masonería se basaba en los símbolos de la construcción, los carbonarios lo hicieron en los del gremio de carboneros, es decir de los que preparaban el carbón y lo vendían. La Carbonería adoptó muchos de los procedimientos y rituales masones. En relación con los miembros, estaban los aprendices que, con el tiempo se convertían en maestros. Había juramentos de fidelidad y todo bajo el más estricto secreto, que si se vulneraba se pagaba con la vida.

Como toda sociedad secreta, la Carbonería tenía una organización jerárquica muy bien definida. Las células o núcleos básicos eran los barracones o barracas, que se agrupaban en las ventas, aglomeraciones más grandes, y éstas dependían, a su vez, de las ventas madre y de las altas ventas. Por otro lado, había un sector o logia civil, dedicada a labores de propaganda política y otra logia militar, destinada a fomentar acciones armadas e insurrecciones.

Los carbonarios aparecen en la literatura de la época. En este sentido, la principal obra es, sin lugar a dudas, Vanina Vanini de Stendhal (en España, la última edición que se tiene es del año 2011, en Editorial Periférica). Se trata de una novela corta que relata la historia de amor de la princesa Vanina y un miembro de los carbonarios. Roberto Rossellini llevó la novela al cine en el año 1961 con el mismo título.

viernes, 6 de julio de 2012

El nacionalismo


Concepto de nación

El concepto de nación como comunidad política con derecho a contar con un estado organizado es una de las herencias ideológicas de la Revolución francesa. Anteriormente, existía la lealtad personal de los súbditos al monarca absoluto pero, después de la Revolución esta vieja lealtad se sustituyó por otra, la lealtad legal de los ciudadanos a una Constitución. Los individuos debían pertenecer a una comunidad y compartir con otros una cultura, lengua y costumbres para poder ejercer los derechos políticos propios de todo ciudadano.

Los liberales intentaron sustituir los viejos estados absolutos de súbditos por estados nacionales, formados por hombres libres, por ciudadanos. En la época de las guerras napoleónicas las ideas del nacionalismo comenzaron a extenderse por Europa. La oposición a la ocupación francesa y a los sistemas políticos que Napoleón impuso, impulsó que diversos pueblos y países se enfrentasen al ejército napoleónico buscando su propio camino para constituirse en estados. El Congreso de Viena y el sistema de la Restauración no respetaron los intereses de muchos pueblos europeos cuando se rediseñó el mapa de Europa, provocando que el nacionalismo se convirtiera en una fuerza opositora a este sistema de la misma importancia que el liberalismo.

El nacionalismo

El nacionalismo del siglo XIX fue un fenómeno político y social complejo, ya que tuvo dos vertientes: una progresista, más vinculada con el liberalismo, y otra tradicionalista, de raíces conservadoras.

El nacionalismo progresista defendía el derecho de los pueblos a liberarse de tiranías extranjeras y la necesidad de la solidaridad de unos pueblos con otros en sus respectivas liberaciones nacionales. Para este nacionalismo cualquier comunidad podía convertirse en una nación si así lo deseaba y buscar los medios para emanciparse y formar un Estado o unirse a otro ya existente con el objetivo de crear uno nuevo. De esa misma forma, cualquier persona podría cambiar de nacionalidad con sólo desearlo. Por eso se trata de un nacionalismo basado en la voluntad, ya sea de una comunidad o de un individuo. Este nacionalismo fue seguido, principalmente por los liberales demócratas franceses e italianos, destacando la figura de Giuseppe Mazzini.

El nacionalismo tradicional o conservador consideraba que las naciones no se basaban en la decisión o la voluntad de los pueblos o de los individuos, sino que existían previamente como realidades objetivas ineludibles. Esas naciones tendrían rasgos geográficos, culturales, lingüísticos y hasta étnicos propios diferentes a los de otras naciones. Esos rasgos acompañarían a las personas estuviesen donde estuviesen. Una comunidad constituía una nación cuando la historia, la tradición, la cultura y la lengua así lo determinaban. Todo el que perteneciera a esa comunidad pertenecería, asimismo, a la nación y debía compartir esos rasgos nacionales, ya fuera de grado o por la fuerza. No era una cuestión de voluntad como en el liberalismo progresista. El liberalismo conservador tuvo mucha importancia en Alemania, destacando la figura de Fichte.

Por otro lado, hubo también dos modelos de nacionalismo:

a)Nacionalismo unitario, que pretendía reunir en un único estado pueblos separados pero con una nacionalidad común. Serían los casos del nacionalismo alemán y del italiano.

b)Nacionalismo disgregador o separatista, que buscaba la fragmentación de imperios o estados para formar unidades políticas o nuevos estados con sus propias naciones. Fue el caso de Hungría en relación con el Imperio austriaco, o de los pueblos balcánicos en relación con el Imperio otomano o el Imperio austriaco.


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Al igual que en el anterior artículo sobre el liberalismo, el nacionalismo ha sido profusamente tratado en este blog. Este nuevo artículo pretende enriquecer la cuestión

jueves, 5 de julio de 2012

Las revoluciones liberales: 1820, 1830 y 1848


Introducción

El Congreso de Viena y la época de la Restauración intentaron acabar con las transformaciones de la Revolución francesa y del Imperio napoleónico, pero, la realidad económica, social y política estaba impregnada del ideario liberal y del naciente nacionalismo de los pueblos oprimidos, además de que se extendía con fuerza una corriente cultural nueva, el romanticismo. Así pues, liberalismo, nacionalismo y romanticismo serían los grandes enemigos del orden impuesto en 1815.


Las oleadas revolucionarias entre 1820 y 1848

Entre 1815 y 1848 se produjeron tres grandes oleadas revolucionarias en Europa. La primera de ellas se dio entre 1820 y 1824, con protagonismo en el Mediterráneo. Entre 1830 y 1834 de produjo otro ciclo revolucionario, destacando la revolución en Francia de 1830 y la de que desencadenó la independencia de Grecia. Por fin, llegarían las revoluciones de 1847-1848, que tuvieron un mayor componente social y nacionalista que las anteriores.

Las tres oleadas revolucionarias estuvieron inspiradas en los principios de la Revolución francesa, considerada como modelo. Estas revoluciones se oponían al sistema de la Restauración y a las monarquías absolutas.

Las revoluciones de 1820

Estas revoluciones se centraron en el área mediterránea europea: España, Nápoles y Grecia. En los dos primeros países se impusieron monarquías constitucionales (Trienio Liberal español) pero fracasaron, en gran medida, por la intervención de las monarquías absolutas.

El caso de Grecia es particular. Los griegos se sublevan contra el Imperio turco apoyados por Gran Bretaña. Se produce una larga guerra civil de diez años y, por fin, en 1829, Grecia obtiene la independencia. Esta guerra tuvo un amplio eco en toda Europa y concitó el apoyo de muchos románticos e intelectuales, destacando Lord Byron que allí perdió la vida.

En estas revoluciones tuvieron mucha importancia las sociedades secretas, conectadas internacionalmente y entre los oficiales del ejército, dedicadas a conspirar y organizar revoluciones. Una de las sociedades más activas sería la de los carbonarios, sociedad secreta italiana partidaria de la unificación nacional que luchó contra diversos gobiernos de los estados italianos. Las revoluciones de 1820 no fueron movimientos de masas, a excepción del caso griego.

Las revoluciones de 1830

Las revoluciones en torno a 1830 fueron más profundas y de extensión, mayores que las anteriores. Afectaron a casi toda Europa.

En Francia los Borbones son derrocados en la revolución de julio de 1830 y sube al trono Luis Felipe de Orleáns, iniciándose un sistema político liberal de monarquía constitucional. Bélgica se independiza de Holanda, estableciendo una monarquía liberal y es reconocida por Francia y Gran Bretaña. En España y Portugal, a principios de esa década, se instauran monarquías constitucionales pero se inicia un largo e intenso período de guerras civiles con los absolutistas (las guerras carlistas españolas).

En Europa central y oriental las revoluciones no tienen tanto éxito. Las revoluciones que estallan en diversos estados italianos son duramente aplastadas por los austriacos. En algunos estados alemanes se aprueban constituciones pero muy pronto son derogadas por la presión de Metternich. En Polonia se proclama la independencia pero la rebelión es aplastada por los rusos.

A diferencia de las revoluciones de 1820, en las de 1830 tuvo gran influencia el fuerte descontento social y económico de las clases populares. El protagonismo en las revoluciones ya no fue de las sociedades secretas y de los conspiradores sino fruto de verdaderos movimientos de masas. Más allá de las peticiones de los liberales más moderados, surgió un movimiento democrático y republicano más radical, demostrando la división que estaba surgiendo en el seno del liberalismo. Ese movimiento no tardaría en enfrentarse, por ejemplo, a la nueva monarquía constitucional francesa, basada en los principios del liberalismo moderado: sufragio censitario y control del sistema por la alta burguesía.

Las revoluciones de 1848: “la primavera de los pueblos”

Fue la última de las tres grandes oleadas revolucionarias del siglo XIX. Compartía con las anteriores su inspiración en los principios de la Revolución francesa, pero fue más importante en extensión y dimensiones, más radical, con mayor base social, con fuertes componentes nacionalistas en algunos lugares.

Las revoluciones en torno a 1848 tuvieron un gran éxito inicial y simultáneo en Francia, gran parte de Italia, Suiza, los estados alemanes, el Imperio austriaco y Prusia. Nunca ninguna revolución estuvo más cerca de ser considerada una “revolución mundial”. Pero, también, su fracaso fue muy rápido en gran parte de los lugares.

Las revoluciones de 1848 pueden ser calificadas de democráticas y tuvieron, como hemos señalado, un fuerte contenido social. En los años anteriores a 1848, Europa sufrió una fuerte crisis agraria e industrial, que generó hambre y descontento entre los trabajadores. En el 48, las grandes ciudades europeas como París, Berlín, Viena, Praga, Milán, Roma o Budapest se llenaron de barricadas levantadas por trabajadores urbanos pobres, los grandes protagonistas de las revoluciones, que reclamaban derechos y libertades radicales: sufragio universal masculino, repúblicas democráticas y sociales, asistencia a los más necesitados y desempleados, derecho al trabajo y a la libre sindicación. Estas reivindicaciones atemorizaron a los liberales moderados que, muy pronto, abandonaron las revoluciones, y contribuyeron a la represión pactando con los sectores más conservadores de la sociedad. Por otro lado, las revoluciones de 1848 fueron más urbanas que rurales; los campesinos se mantuvieron indiferentes y hasta hostiles.

La revolución de febrero de 1848 en Francia

La revolución que mejor ejemplifica la oleada de 1848 fue, sin lugar a dudas, la francesa. París fue el gran escenario revolucionario, lleno de barricadas y clave para el derrocamiento de Luis Felipe de Orleáns. Se proclamó la Segunda República y se formó un gobierno provisional, en el que estuvo presente un socialista, Luis Blanc. El gobierno tuvo como uno de sus principales objetivos el de dar trabajo y un subsidio a los parados a través del sistema de los “talleres nacionales”. Además, fijó la jornada laboral máxima en 10 horas. Pero los electores dieron la espalda a la izquierda en las elecciones de abril gracias a los votos del campo francés que fueron hacia los candidatos moderados, temerosos de lo que consideraban extremismo de la capital. Nació una república conservadora que abolió todas las medidas sociales anteriores y aplastó la rebelión de los obreros parisinos en junio. En diciembre de 1848 fue elegido como presidente Luis Napoleón Bonaparte, sobrino del emperador, que a los tres años liquidaría la república y establecería el Segundo Imperio.

El componente nacionalista de las revoluciones de 1848

La importancia del nacionalismo en las revoluciones de 1848 fue mucho mayor que en las anteriores oleadas revolucionarias:

-En el Imperio austriaco, además de provocar la caída de Metternich y aprobarse medidas liberales, como el fin de la servidumbre en todo el imperio, los húngaros lograron un parlamento y una constitución propios; y los checos obtuvieron algunas concesiones tras la sublevación de Praga.

-En Italia, se rebelaron Milán y Venecia contra los austriacos y pidieron ayuda al reino del Piamonte, cuyo rey deseaba engrandecer su estado. En Roma, el nacionalista y demócrata Mazzini con sus partidarios derrocaron al Papa e impusieron la república en 1849.

-En la Confederación Germánica, los liberales de varios estados se reunieron y convocaron un parlamento alemán en Francfort, elegido por sufragio universal. En esta asamblea se dedicaron a redactar una constitución nacional.

Pero, a partir del verano de 1848 comenzó la represión y contención de los movimientos revolucionarios. El gobierno austriaco anuló muchas concesiones liberales menos la relativa al final de la servidumbre, y su ejército reprimió duramente los movimientos revolucionarios en Viena, Praga, Budapest, Milán y Venecia. Por su parte, el Parlamento de Francfort se disolvió. En Hungria, el ejército austriaco encontró mayor resistencia y necesitó el apoyo ruso. En Italia tuvo que enfrentarse al ejército piamontés. Roma regresó a su sistema político anterior gracias al apoyo del gobierno francés, que quería intervenir en Italia para contrarrestar la influencia austriaca en la península.

Consecuencias de las revoluciones de 1848

A pesar del fracaso, hay una serie de consecuencias destacables de las revoluciones de 1848:

a)Abandono del sistema internacional de 1815 y sucesión de conflictos entre las potencias europeas hasta 1878.

b)Aparición de un nacionalismo insatisfecho y, con el tiempo, muy potente, en Alemania, Italia, Hungría y Bohemia.

c)Triunfo de los liberales moderados en muchos estados, pactando con algunas fuerzas del Antiguo Régimen. La burguesía pacta y se hace conservadora.

d)Los obreros urbanos, conscientes de su derrota, falta de preparación y de apoyos, comenzaron a organizarse políticamente de forma autónoma y a tomar conciencia de su situación.

miércoles, 4 de julio de 2012

El liberalismo político. Otra aportación


El liberalismo del siglo XIX es heredero directo de la Ilustración, de los fisiócratas y está estrechamente relacionado con el liberalismo económico de Adam Smith. El liberalismo concebía a la sociedad como un conjunto de individuos iguales ante la ley que competían entre sí con el objetivo de satisfacer sus necesidades. La suma de las satisfacciones individuales proporcionaría la satisfacción colectiva. Los individuos poseían derechos naturales que el Estado debía reconocer y garantizar: la vida, la libertad individual, la igualdad ante la ley, la seguridad, la libertad económica y la propiedad privada.


Los liberales defendían lo siguiente:


a)Ámbito económico: la libertad económica en todos sus ámbitos, es decir, el “laissez-faire”. El mercado era la institución que, con sus leyes, no intervenidas por el estado, regularía las relaciones económicas.


b)Ámbito social: el enriquecimiento personal y la división social en función de dicho enriquecimiento, por lo que conectaban con los intereses de la burguesía frente a los estamentos privilegiados, considerados como una rémora para el progreso y del desarrollo, pero, también frente a los trabajadores por su temor a las revueltas sociales y a sus reivindicaciones.


c)Ámbito político: un sistema que representase los intereses individuales, es decir, votado por los ciudadanos, ya fuera a través del sufragio censitario (propietarios), en la versión del liberalismo más moderada, ya a través del universal, defendido por los liberales más progresistas o avanzados. Ese sistema debía, además, sustentarse en la división de poderes para evitar el absolutismo.


El liberalismo político fue una ideología revolucionaria frente al Antiguo Régimen y la monarquía absoluta pero, a medida que fue consiguiendo destruir el viejo orden en la primera mitad del siglo XIX, se fue haciendo cada vez más moderada. Las experiencias de las revoluciones y el creciente descontento popular provocaron un intenso temor a las revueltas y la posible pérdida de poder frente a los que nada poseían. Otro factor que explica esta moderación del liberalismo tiene que ver con la resistencia de los estamentos antiguos hacia los cambios y que obligó a los liberales a pactar con ellos, especialmente, con la nobleza, para conseguir estabilizar los nuevos regímenes, a través de compromisos que integrasen a sus miembros en el sistema.


El liberalismo más moderado es conocido con el nombre de liberalismo doctrinario. Sus principales defensores fueron Benjamin Constant en Francia, y Donoso Cortés en España, entre otros autores. Defendían la soberanía compartida entre el monarca y el parlamento, por lo que los reyes debían intervenir en el poder ejecutivo, nombrado los gobiernos y en el legislativo controlando sus medidas potencialmente radicales y nombrando a algunos de sus miembros. El legislativo debía ser bicameral, de modo que la cámara alta –cuyos miembros serían elegidos por el rey y/ con miembros por derecho propio- moderase a la cámara baja, cuyos miembros sí eran elegidos. Pero solamente podrían elegir y ser elegidos los denominados ciudadanos activos, es decir, aquellos con riqueza y cultura (sufragio censitario). Este liberalismo se oponía a la democracia, a la participación del pueblo en el sistema político porque consideraba que era un peligro para la estabilidad del sistema por considerarlo ignorante y porque impondrían sus reivindicaciones de signo igualitario en lo económico y social.


Frente a este liberalismo se situaba otro más progresista o democrático, que propugnaba la soberanía popular, la democracia y el sufragio universal masculino.


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En este blog ya hemos tratado en varios artículos sobre el liberalismo político. Esta es otra aportación para enriquecer nuestro conocimiento sobre esta ideología tan importante en la historia.

jueves, 12 de enero de 2012

El anticlericalismo en América Latina

En este blog dedicamos una serie de artículos al estudio de la historia del anticlericalismo en España. Pues bien, ahora completamos el acercamiento a este fenómeno histórico con un artículo sobre cómo se planteó el anticlericalismo en la América Latina.

El poder e influencia de la Iglesia Católica en la historia americana desde el comienzo de la conquista y colonización hispana y portuguesa es un hecho histórico evidente. Las dos Coronas ibéricas estaban estrechamente ligadas a la Iglesia. A partir de los procesos de independencia, en las primeras décadas del siglo XIX, la Iglesia vivió una cierta división entre partidarios y contrarios a este proceso. Las nuevas repúblicas buscaron el apoyo eclesiástico para difundir el nuevo estado de cosas y, también, para intentar evitar la revolución social, pero una parte de la Iglesia se mantuvo al margen o militó contra las nuevas ideas por la estrecha conexión de las mismas con el liberalismo, en la misma línea estaba haciendo la mayor parte de la Iglesia Católica en los procesos de revoluciones liberal-burguesas europeas. Esta situación generó en los sectores más radicales o avanzados del liberalismo latinoamericano una reacción anticlerical. La Iglesia era vista como un nuevo enemigo. Durante el siglo XIX se planteó cuál habría de ser la relación entre el Estado y la Iglesia, generando un amplio movimiento de oposición a la intervención de ésta en los asuntos públicos, defendiéndose la separación y hasta el control por parte de aquél de la institución eclesiástica.

El anticlericalismo latinoamericano y la postura firme de la Iglesia y de los sectores católicos generaron una creciente tensión en muchos estados, provocando enfrentamientos violentos y hasta guerras civiles. El establecimiento de concordatos con la Santa Sede fue contemplado, en algunos estados, como una solución para alcanzar la estabilidad, reconociendo a la Iglesia como entidad separada del Estado. En otros casos, en cambio, la Iglesia consiguió un gran poder e influencia, al reconocerse el catolicismo como religión fundamental o única, además de privilegios de todo tipo.

El anticlericalismo llegó al siglo XX renovado, especialmente, cuando la Iglesia tendió a plantear posturas muy conservadoras y contrarias a las reformas sociales. Esto provocó nuevos enfrentamientos violentos, especialmente, importantes en Colombia y México con la guerra de los cristeros, y que hemos estudiado en este blog. Pero, también es cierto que, en la segunda mitad del siglo XX, la toma de conciencia ante la miseria y de las injusticias terminó por alinear una parte importante de la Iglesia latinoamericana con los desfavorecidos, desarrollando una intensa actividad en su favor, en la que la teología de la liberación jugó un importante papel. El anticlericalismo se fue diluyendo.

sábado, 31 de diciembre de 2011

“Izquierdas y nacionalismos en la España contemporánea”

Izquierdas y nacionalismos en la España contemporánea, de Javier Moreno Luzón (ed.).
Sinopsis:
¿Se puede ser de izquierdas y nacionalista a la vez? ¿O hay sólo una izquierda, marcada por el internacionalismo cosmopolita? ¿Cómo se ha desarrollado en España las relaciones entre las fuerzas progresistas y los diferentes nacionalismo peninsulares? Este libro responde a estas y otras cuestiones a través de un recorrido por los siglos XIX y XX que subraya la complejidad de estos vínculos.
Un recorrido que arranca del liberalismo progresista decimonónico, defensor de la patria española, y acaba con las dudas recientes de la izquierda ante el españolismo, herederas de la oposición a la dictadura de Francisco Franco.
Por su capítulos desfilan diversos discuros y prácticas, de grupos liberales y demócratas -republicanos o monárquicos- y también de los obrerismos marxistas y anarcosindicalistas. Y distintas propuestas de organización estatal, desde las fórmulas federales hasta el patriotismo constitucional basado en la idea de ciudadanía, pasando por los proyectos soberanistas centrífugos. En definitiva, una historia de conflictos indentitarios y territoriales que, lejos de haber finalizado, no deja de evolucionar.
Ver:
www.cazarabet.com/lalibreria
http://www.foroporlamemoria.info/2011/07/izquierdas-y-nacionalismos-en-la-espana-contemporanea/

miércoles, 10 de agosto de 2011

Elegidos y elegibles. La representación parlamentaria en la cultura del liberalismo

María Sierra, María Antonia Peña y Rafael Zurita son los autores del libro Elegidos y elegibles. La representación parlamentaria en la cultura del liberalismo, editado por Marcial Pons, Ediciones de Historia. Sobre esta obra dice la editorial: "La fórmula del gobierno representativo moderno fue una de las invenciones políticas más significativas del liberalismo. Elecciones y Parlamento se convirtieron en las claves sustentantes de un sistema destinado a contrarrestar la participación política de la ciudadanía con la autoridad supuestamente natural de las elites sociales. La cuadratura del círculo que supone la representación política liberal se intentó con diverso éxito en el mundo occidental; también en España se abordó por parte de una generación que, frecuentemente, dirigió su mirada hacia Europa en busca de modelos de gobierno. Este libro rastrea los orígenes del parlamentarismo español desde una perspectiva comparada, y aborda su historia desde el análisis de sus raíces intelectuales, los debates sobre legislación electoral, la biografía colectiva de sus autores y el discurso con el que se procuró construir política y culturalmente la representación liberal".




Consultado en:



http://www.tiempodehistoria.com/modules.php?name=News&file=article&sid=1810




sábado, 21 de mayo de 2011

Sinarquismo

El Sinarquismo fue un movimiento político de signo fascista de México fundado en 1937. Su objetivo era convertir el Estado sobre principios católicos, erradicar el anticlericalismo, el comunismo y el liberalismo. Deseaba el establecimiento de una fórmula autoritaria de gobierno. Apoyaba a Franco y, desde un fuerte nacionalismo, manifestaba un evidente antagonismo hacia los Estados Unidos.




En 1940 el movimiento afirmaba contar con un millón de miembros pero en 1944 sufrió una profunda crisis, ya que se dividió en dos facciones. Una de estas facciones sería el Partido de la Fuerza Popular.

lunes, 18 de octubre de 2010

El totalitarismo fascista

“Siendo antiindividualista, el sistema de vida fascista pone de relieve la importancia del Estado y reconoce al individuo sólo en la medida en que sus intereses coinciden con los del Estado. Se opone al liberalismo clásico que surgió como reacción al absolutismo y agotó su función histórica cuando el Estado se convirtió en la expresión de la conciencia y la voluntad del pueblo. El liberalismo negó al Estado en nombre del individuo; el fascismo reafirma los derechos del Estado como la expresión de la verdadera esencia de lo individual. La concepción fascista del Estado lo abarca todo; fuera de él no pueden existir, y menos aún valer, valores humanos y espirituales. Entendido de esta manera, el fascismo es totalitarismo, y el Estado fascista, como síntesis y unidad que incluye todos los valores, interpreta, desarrolla y otorga poder adicional a la vida entera de un pueblo (...).El fascismo, en suma, no es sólo un legislador y fundador de instituciones, sino un educador y un promotor de la vida espiritual. No intenta meramente remodelar las formas de vida, sino también su contenido, su carácter y su fe. Para lograr ese propósito impone la disciplina y hace uso de su autoridad, impregnando la mente y rigiendo con imperio indiscutible (...).”
Benito Mussolini. La doctrina del fascismo, 1932.

Visto en:
http://www.claseshistoria.com/fascismos/+mussoliniestadototal.htm

miércoles, 4 de agosto de 2010

Anticlericalismo. Tercera Parte

La llegada del ejército de los Cien Mil Hijos de San Luis terminó con la experiencia del Trienio Liberal y comenzó un nuevo episodio de represión contra los liberales hasta la muerte de Fernando VII. Al iniciarse el período de la Regencia de María Cristina y en plena guerra carlista, gran parte del clero se vincula al carlismo o defiende posturas muy conservadoras. En julio de 1834 se produce una matanza de frailes en Madrid (74 religiosos fueron asesinados), suceso que tiene mucho de motín de subsistencias, aunque no vinculado tanto a la escasez de pan sino a la de agua potable en plena epidemia de cólera. El objetivo de la violencia será el clero, al que se le hace responsable del envenenamiento del agua y de la enfermedad. En aquellos difíciles momentos, desde muchos púlpitos se había explicado que los males que azotaban a la capital eran fruto de la cólera divina en castigo por la deriva política hacia el liberalismo. Entre las clases populares urbanas estaban calando los valores del anticlericalismo. La realidad social era interpretada como resultado de las actividades perniciosas del clero: holgazanería, lujuria, avaricia, engaño y hasta el recurso del asesinato.
Durante el resto del reinado de Isabel II y en el Sexenio Democrático, la Iglesia sufrirá las fuertes críticas del liberalismo progresista, del demócrata y, posteriormente, del republicanismo, así como una legislación que socava su poder, como las desamortizaciones, la abolición del diezmo, o supresión de órdenes. El acoso de la prensa liberal es evidente hacia la Iglesia, identificada con el absolutismo. El liberalismo moderado, en cambio, será más sensible a la causa eclesiástica.

miércoles, 9 de junio de 2010

Gabriel Arias Salgado

Gabriel Arias Salgado (1904-1962) fue falangista en la Guerra Civil para luego pasar a destacar como uno de los mayores defensores del integrismo nacionalcatólico de nuestro país. Estuvo al frente del diario Libertad, y se le nombró gobernador civil de Salamanca desde 1939 a 1941. Fue nombrado, a continuación, vicesecratario de Educación popular una institución de propaganda del primer franquismo. Arias Salgado era un infatigable trabajador en defensa de la concepción integrista de la religión y se empeñó en borrar todo signo de liberalismo en la sociedad española.
En el año 1945 deja el último cargo. Su importancia en el franquismo resurge en el año 1951 al ser nombrado ministro de Información y Turismo. En este puesto, realmente, es por lo que adquiere un acusado protagonismo. Se preocupó de que la censura funcionara de forma eficiente, y de procurar dar a la opinión pública una visión unitaria del régimen, ocultando las evidentes diferencias que había en su seno entre las distintas familias o grupos. En su época nacieron Radio Nacional de España, Televisión Española, y se fundaron el Instituto Nacional del Libro, la Escuela Oficial de Periodismo, y los Paradores de Turismo.

martes, 8 de junio de 2010

Catecismo patriótico español

El Catecismo patriótico español del padre dominico Menéndez Reigada es un ejemplo claro del nacionalcatolicismo de la primera hora del franquismo. Fue declarado texto escolar por una orden del Ministerio de Educación Nacional del día 1 de marzo de 1939.
En el Catecismo del padre Menéndez Reigada se enseña a los alumnos que los enemigos de España son los siguientes:

1. El liberalismo.
2. La democracia.
3. El judaísmo.

Los demócratas y lliberales habrían sido vencidos en la guerra, o Gran Cruzada, pero el autor temía que no hubieran sido aniquilados. Podían estar escondidos como "sabandijas" para en la sombra envenenar el ambientes. Así pues, habría que estar alerta y vigilar. Conviene destacar la idea de aniquiliación en un texto escolar y escrito por un religioso.

(Sobre este catecismo, veáse el artículo de Enrique Miret Magdalena, "Catolicismo y Franquismo", Historia 16, nº 115, (1985), pág. 68).

lunes, 10 de mayo de 2010

Reedición de "La República Federal en España" de Hennessy

La Editorial "Los Libros de la Catarata" ha reeditado la obra La República Federal en España. Pi i Margall y el movimiento republicano federal, 1868-1874 de H.C. Hennessy. Este libro fue publicado en el año 1966 y ya es todo un clásico de la historiografía sobre dicha época histórica de España.
Los editores afirman en el libro que "fue el primero que rescató del olvido la tradición republicana y federal tan sólidamente arraigada en la España contemporánea. Por más que la dictadura de Franco borró de la memoria y condenó sin paliativos el liberalismo y el republicanismo, o el socialismo y el anarquismo, ni pudo con la memoria oculta y reprimida de los españoles vencidos en 1939 ni con el poder que la historia tiene cuando se hace con la objetividad documental y el compromiso ético que se le reclama como ciencia social. C.A.M. Hennessy hizo su investigación en fecha muy temprana, en 1962 en Oxford, y en 1966, al traducirse al castellano, lanzó a la palestra pública nada menos que dos temas tabúes y oficialmente proscritos: el republicanismo y el federalismo. Era el primer libro que se publicaba sobre el primer intento de organización democrática, el sexenio comprendido entre la revolución gloriosa de 1868 y la Primera República de 1873. Además, el Partido Republicano Federal, liderado por Pi y Margall, había sido protagonista indudable de dicho sexenio. Su programa político pretendía situar a España en la primera línea de la modernidad política, social y cultural. Los contenidos básicos de un Estado social y democrático de derecho, que hoy tenemos establecido en la Constitución de 1978, estaban ya en los debates y programas de aquel partido, como también los perfiles básicos de lo que al cabo de un siglo la actual Constitución ha consagrado como el Estado de las Autonomías. Por eso, el libro de Hennessy está vivo y respira".
Ver:
http://www.tiempodehistoria.com/modules.php?name=News&file=article&sid=1628

viernes, 16 de abril de 2010

Carlismo

Aunque en este blog hay algunos artículos que hacen referencia al carlismo a la hora de tratar otras ideologías y acontecimientos históricos, así como algunas bibliografías faltaba un artículo que intentara acercarse a este movimiento político y social español tan importante en nuestra Historia Contemporánea. Ese es el motivo por el que insertamos este "post".
El carlismo fue un movimiento político y social español que nace en el siglo XIX. Inicialmente agrupó a los seguidores de la causa del infante Carlos María Isidro de Borbón, hermano del rey Fernando VII, enfrentado a la hija de éste, Isabel, en el conflicto provocado por la sucesión de la Corona de España. La pugna dinástica provocó una lucha política y militar con fuerte incidencia social, configurando un movimiento que aglutinó a los enemigos de la Revolución Liberal. El carlismo agrupó a un conjunto heterogéneo de grupos y personalidades contrarrevolucionarios, cuyo único denominador común fue el rechazo al liberalismo triunfante y a las políticas y medidas que pretendían la transformación de una sociedad tradicional eminentemente agraria en otra industrial y urbana.
El carlismo nunca configuró un corpus organizado y jerarquizado de ideas como el liberalismo. Bien es cierto que después de la Primera Guerra Carlista (1833-1840) comenzó a elaborarse en el seno del movimiento una doctrina política cuyos principales componentes fueron la defensa de una monarquía tradicional, encarnada en la rama dinástica carlista, frente a la monarquía constitucional y luego parlamentaria, así como una defensa del poder de la Iglesia y de un catolicismo tradicional, junto con un evidente conservadurismo social, una defensa del mundo rural frente a lo urbano e industrial, así como la defensa de los fueros e instituciones forales vascas, navarras y catalanas.
En el aspecto social, el carlismo arraigó con fuerza en las zonas rurales de Vizcaya, Guipúzcoa, Álava, Navarra, el Maestrazgo y algunas zonas rurales del interior catalán, donde predominaba una vieja pequeña nobleza y un clero locales con mucho arraigo. La alta nobleza y el alto clero no fueron seguidores del carlismo, con excepciones, aunque algunos de estos miembros de los antiguos estamentos privilegiados tuvieron posiciones ambiguas o de instrumentalización del movimiento carlista, ya que lo utilizaron frente a las posiciones más radicales del liberalismo o del republicanismo, como se puede comprobar en las épocas de gobiernos liberales progresistas o en el Sexenio Democrático. En los momentos de predominio de moderados y conservadores, como en la Década Moderada o en el triunfo de la Restauración borbónica, las tesis carlistas eran abandonadas por considerarse anacrónicas.
El carlismo se debilitó sobremanera después de la derrota militar de 1876. Es un momento de crisis y de escisiones en el seno del integrismo y de auge de los nacionalismos catalán y vasco. El carlismo mantuvo posiciones de más arraigo e importancia en Álava y Navarra en el nuevo siglo. Tenemos que tener en cuenta que el carlismo fue fundamental en el triunfo de la sublevación militar de 1936 en dichos territorios.
Franco integró el carlismo en el partido único, FET de las JONS. Un sector del carlismo o tradicionalismo tendió hacia el final de la dictadura hacia posiciones políticas de izquierda pero en la Transición dejó de ser un movimiento político y social decisivo e importante.