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viernes, 24 de junio de 2011
José María Marcet i Coll
José María Marcet i Coll nació en Sabadell en 1901. Fue industrial y político. Sus inquietudes políticas comenzaron en la Juventud Maurista y luego perteneció a la Unión Patriótica en tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera. Durante la República perteneció a la Lliga. Cuando se declara la guerra civil se incorporó al bando sublevado y fundó la primera centuria falangista formada por catalanes. En 1939 entró en Sabadell con el ejército franquista. Fue nombrado alcalde de su localidad natal, cargo que desempeñó hasta 1960. Entre 1942 y 1948 fue procurador en Cortes y diputado provincial entre 1955 y 1961. Presidió el Gremio de Fabricantes de Sabadell. En 1950 sufrió un atentado fallido por parte de un grupo libertario. En 1957 envió un informe a Franco sobre las discriminaciones económicas que sufría Cataluña. En 1963 publicó un libro sobre sus veinte años como alcalde de Sabadell. Murió ese mismo año.
domingo, 24 de abril de 2011
Unión Monárquica Nacional
La Unión Monárquica Nacional fue un partido político creado en Barcelona en el año 1918 por el industrial y cacique de Tarrasa Alfons Sala i Argemí. El partido reunía en su seno al sector más monárquico y centralista de la derecha catalana. Entre sus miembros destacaron M. Rius, marqués de Olèrdola; J.E. Olano y Loyzaga, conde de Fígols; Darius Rumeu, barón de Viver; J.M. Milà i Camps, marqués de Montseny; y J. Fournier.
El partido nunca tuvo mucha implantación electoral pero fue el principal soporte de la dictadura de Primo de Rivera en Cataluña. EL núcleo del partido intentará implantar la Unión Patriótica en Cataluña, creada en 1924. La Unión llegó a tener unos 20.000 militantes en Barcelona, entre miembros de los Sindicatos libres, funcionarios y miembros del somatén. Fue dirigida por Andreu Gassó y Eusebio Castillo. En 1930 los miembros de la Unión Patriótica intentaron reconstruir la Unión Monárquica Nacional pero al proclamarse la República la formación política desaparecerá.
El partido nunca tuvo mucha implantación electoral pero fue el principal soporte de la dictadura de Primo de Rivera en Cataluña. EL núcleo del partido intentará implantar la Unión Patriótica en Cataluña, creada en 1924. La Unión llegó a tener unos 20.000 militantes en Barcelona, entre miembros de los Sindicatos libres, funcionarios y miembros del somatén. Fue dirigida por Andreu Gassó y Eusebio Castillo. En 1930 los miembros de la Unión Patriótica intentaron reconstruir la Unión Monárquica Nacional pero al proclamarse la República la formación política desaparecerá.
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jueves, 30 de diciembre de 2010
La Unión Patriótica
Primo de Rivera buscaba con la creación de la Unión Patriótica, entre otras iniciativas de la segunda época de su Dictadura, la institucionalización de su régimen. Para ello necesitaba un partido político que funcionaría como único en el sistema, aunque no podamos definir ni al partido ni al régimen que deseaba formular, como totalitario. Al final, el partido sería muy personalista y vinculado estrechamente con el dictador, y que no pudo sobrevivir al final del régimen político.
En el origen de la Unión Patriótica habría que ir a la defensa de la creación de un partido cívico por parte de Ángel Herrera Oria, con el fin de regenerar la vida política. En 1924, Primo de Rivera hizo una especie de llamamiento a todos los “patriotas” para congregarse en un nuevo partido. En ese mismo año se crea la Unión Patriótica. Sus miembros conforman una especie de amalgama de conservadores, mauristas, tradicionalistas, católicos y monárquicos. El nuevo partido pretendía imitar, en cierta medida, el partido único fascista italiano pero no terminó nunca de cuajar por varias razones. En primer lugar, porque la ideología del partido nunca estuvo estructurada y fijada. Por un lado, hundía sus raíces en cierto regeneracionismo pero, por otro lado muchos de sus miembros eran o habían sido caciques en una evidente contradicción. En realidad la Unión Patriótica fue un instrumento de promoción para ser cacique: se sustituyeron unos por otros. También, conviene recordar que tampoco se terminaron de abolir los antiguos partidos políticos.
El Partido llegó a tener un millón de afiliados en su mejor momento, cifra nada desdeñable pero solamente un minoría se integró por genuinas razones ideológicas. Muchos de sus miembros eran funcionarios o militares que se habían afiliado para proteger o medrar en sus trabajos o carreras. También hubo un sector de campesinos y pequeños comerciantes que pretendían defender sus medios de vida. Las zonas donde la afiliación fue mayor fueron aquellas donde el latifundismo era muy fuerte o de aparceros en situación precaria.
En el año 1925 la Unión Patriótica pasó a formar parte del Consejo de Estado de la Dictadura pero en este órgano de gobierno también había representantes de otras inquietudes políticas. Primo de Rivera intentó, hacia el final de su régimen que su partido fuera, realmente, el único. Obligó a que los ayuntamientos y diputaciones estuvieran compuestos únicamente con miembros de la Unión Patriótica. Pero este intento no tuvo gran repercusión. La Dictadura terminó y, con ella, la Unión Patriótica.
En el origen de la Unión Patriótica habría que ir a la defensa de la creación de un partido cívico por parte de Ángel Herrera Oria, con el fin de regenerar la vida política. En 1924, Primo de Rivera hizo una especie de llamamiento a todos los “patriotas” para congregarse en un nuevo partido. En ese mismo año se crea la Unión Patriótica. Sus miembros conforman una especie de amalgama de conservadores, mauristas, tradicionalistas, católicos y monárquicos. El nuevo partido pretendía imitar, en cierta medida, el partido único fascista italiano pero no terminó nunca de cuajar por varias razones. En primer lugar, porque la ideología del partido nunca estuvo estructurada y fijada. Por un lado, hundía sus raíces en cierto regeneracionismo pero, por otro lado muchos de sus miembros eran o habían sido caciques en una evidente contradicción. En realidad la Unión Patriótica fue un instrumento de promoción para ser cacique: se sustituyeron unos por otros. También, conviene recordar que tampoco se terminaron de abolir los antiguos partidos políticos.
El Partido llegó a tener un millón de afiliados en su mejor momento, cifra nada desdeñable pero solamente un minoría se integró por genuinas razones ideológicas. Muchos de sus miembros eran funcionarios o militares que se habían afiliado para proteger o medrar en sus trabajos o carreras. También hubo un sector de campesinos y pequeños comerciantes que pretendían defender sus medios de vida. Las zonas donde la afiliación fue mayor fueron aquellas donde el latifundismo era muy fuerte o de aparceros en situación precaria.
En el año 1925 la Unión Patriótica pasó a formar parte del Consejo de Estado de la Dictadura pero en este órgano de gobierno también había representantes de otras inquietudes políticas. Primo de Rivera intentó, hacia el final de su régimen que su partido fuera, realmente, el único. Obligó a que los ayuntamientos y diputaciones estuvieran compuestos únicamente con miembros de la Unión Patriótica. Pero este intento no tuvo gran repercusión. La Dictadura terminó y, con ella, la Unión Patriótica.
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