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jueves, 15 de abril de 2010

La autocracia zarista

El sistema zarista era una clara autocracia. Era el único sistema politico europeo que a principios del siglo XX seguía dentro de las líneas marcadas por el absolutismo. El zar era la autoridad máxima. Ni la Alemania imperial ni el Imperio Austro-húngaron eran ya monarquías absolutas, aunque estuvieran algo alejadas de las democracias francesa o británica. En Rusia no había parlamento alguno, constitución o carta otorgada, separación de poderes, ni derechos algunos. El absolutismo ruso se mezclaba con un evidente paternalismo, el zar era el "padre" de todos los rusos, pero ante cualquier demanda popular no se escatimaban esfuerzos represores, además de contar con una policía política muy eficaz y que empleaba métodos durísimos sin contemplaciones.
A eso se unía un último zar, Nicolás II, incapacitado para su tarea, y que no había entendido el tiempo que le tocó vivir. Los interesados en la figura del último zar la biografía de Marc Ferro es fundamental, y que se encuentra citada en el artículo monográfico sobre este historiador.

domingo, 11 de abril de 2010

Absolutismo. Quinta Parte

El proceso de creación de monarquías absolutas fue lento, complejo y con peculiaridades en cada zona. Tenemos que tener en cuenta, la distinta fuerza de los poderes intermedios en cada lugar, en su relación con el fortalecimiento del poder regio. Pensemos, por ejemplo, en el caso hispano. Los poderes intermedios estamentales, representados en las distintas Cortes en la compleja Corona de Aragón, fueron un valladar muy eficaz contra el poder regio hasta la llegada de los Borbones. En dicha Corona la fórmula política era el pactismo y la defensa de los fueros y ordenamientos jurídicos propios impidió que los Austrias gobenarsen en dichos territorios de la misma manera que lo hacian en los de la Corona de Castilla, donde esos poderes intermedios eran muchísimo más débiles, con la excepción, de los territorios vascos y del Reino de Navarra.

La monarquía absoluta por antonomasia y más conocida del público, generla, fue la de Luis XIV en Francia, aunque costó una verdadera guerra interna, las conocidas como las frondas. Cuando el poder regio se impuso aparecen los signos evidentes de dicha monarquía: carácter sagrado de la misma (derecho divino), burocracia centralizada, red administrativa territorial controlada desde la corte, domesticación de la nobleza en torno a dicha corte, poderoso ejército, y hacienda saneada. La cuestión de la nobleza es importante, ya que, aunque se domesticó en torno a la figura del rey sol, siempre gozó de una situación de privilegio, ya que, la monarquía absoluta se asienta sobre una sociedad estamental, basada en la desigualdad institucionalizada. Aunque el poder del monarca era inmenso no era ilimitado, ya que había leyes no escritas, instituciones y privilegios no sólo sociales, como hemos indicado, sino locales, gremiales o corporativos.