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lunes, 29 de julio de 2013

Orden General de Francisco Largo Caballero

 En este caso insertamos la Orden General que dio el presidente del Consejo de Ministros y Ministro de la Guerra, Francisco Largo Caballero en octubre de 1936 en plena organización de la defensa de Madrid:
Pueblo de Madrid! ¡Combatientes del frente! Llegó la hora del esfuerzo decisivo. Los ataques del enemigo se estrellan contra nuestra voluntad de vencer. Es el momento, no sólo de hacer frente al enemigo, sino de arrojarlos de una vez para siempre de sus posiciones actuales, de librar a Madrid de la garra fascista, que se extiende impotente sin poder llegar al corazón de nuestra capital.El Gobierno, estrechamente unido a los combatientes del frente, los conjura a proseguir su lucha heroica, a no ceder un solo palmo de terreno, a lanzarse al ataque con la violencia del que, sin saber combatir, tiene de antemano asegurada la victoria.
A la vez que exige, el Gobierno anuncia a las fuerzas del frente que dispone de todos los medios necesarios para lograr el triunfo. Disciplina férrea. Ni un solo paso atrás. Hacia delante siempre. Y que los prisioneros que caigan en nuestras manos, sean, al ser respetadas sus vidas, como os ordeno que las respetéis, la mejor evidencia de qué lado están la barbarie y la destrucción y de qué otro el heroísmo de quienes por defender la causa del pueblo, pueden permitirse la grandeza que inspira las masas populares.
Obedecer con toda tranquilidad y confianza en las órdenes de vuestros jefes y de vuestros Comisarios de guerra.
¡Al ataque!
¡Por la liberación definitiva de Madrid, fortaleza suprema de la lucha mundial contra el fascismo!
Aguarda la llegada de vuestros partes de victoria el presidente del Consejo de ministros y Ministro de la Guerra.
Francisco Largo Caballero
Madrid, 28 de Octubre de 1936"
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Texto sacado del siguiente enlace:

sábado, 8 de septiembre de 2012

La Comuna de París


La Comuna de París constituye la primera experiencia de gobierno obrero en el siglo XIX. La Comuna surge a partir de la derrota de Francia en la guerra franco-prusiana. La derrota de Sedán produce la huida del gobierno francés a Versalles. En septiembre de 1870 la ciudad de París queda en manos de unos comités de distrito con un comité central. Este comité tiene a su cargo unos 60.000 hombres de la guardia nacional. El comité declara una comuna directamente elegida por el pueblo y rechaza la autoridad del gobierno de Versalles. En enero de 1871, los prusianos llegan a las afueras de París.

En París sale elegida una Asamblea comunal, organizada en diez comisiones, que se dedican a distintas funciones: subsistencias, finanzas, trabajo, justicia, etc. En la Asamblea se sientan representantes de distintas sensibilidades: antiguos jacobinos, blanquistas, proudhonianos, bakuninistas, etc..

Se está intentando organizar un modelo político nuevo, en el que todos los poderes debían proceder de la soberanía popular. El día 19 de abril se publica la Declaración al pueblo francés, que pide autonomía para todas las comunas que se constituyan en ciudades y departamentos, con derechos ilimitados de reunión y prensa, enseñanza obligatoria gratuita, etc.. Los talleres e industrias abandonados por sus dueños pasarían a ser regidos por comités obreros en régimen de autogestión. Los pisos vacíos son requisados y hasta se decreta la liberalización del arte.

Pero fuera de París está constituido el primer gobierno de la III República con Thiers a la cabeza. El gobierno envía un potente ejército, comandado por Mac-Mahon, para ocupar París. Los combates fueron intensos y se desató la violencia con utilización de rehenes y fusilamiento de prisioneros por ambas partes. Por fin, el ejército vence la resistencia y entra en la ciudad, desatándose una durísima represión, ya que se calculan por miles los fusilados.

El fracaso de la Comuna no sólo repercutió en la marcha de la AIT, como hemos visto en el artículo anterior, sino, también en el movimiento obrero de muchos países, ya que los gobiernos consideraron a las asociaciones obreras como enemigas del orden y de la paz pública.

jueves, 5 de julio de 2012

Las revoluciones liberales: 1820, 1830 y 1848


Introducción

El Congreso de Viena y la época de la Restauración intentaron acabar con las transformaciones de la Revolución francesa y del Imperio napoleónico, pero, la realidad económica, social y política estaba impregnada del ideario liberal y del naciente nacionalismo de los pueblos oprimidos, además de que se extendía con fuerza una corriente cultural nueva, el romanticismo. Así pues, liberalismo, nacionalismo y romanticismo serían los grandes enemigos del orden impuesto en 1815.


Las oleadas revolucionarias entre 1820 y 1848

Entre 1815 y 1848 se produjeron tres grandes oleadas revolucionarias en Europa. La primera de ellas se dio entre 1820 y 1824, con protagonismo en el Mediterráneo. Entre 1830 y 1834 de produjo otro ciclo revolucionario, destacando la revolución en Francia de 1830 y la de que desencadenó la independencia de Grecia. Por fin, llegarían las revoluciones de 1847-1848, que tuvieron un mayor componente social y nacionalista que las anteriores.

Las tres oleadas revolucionarias estuvieron inspiradas en los principios de la Revolución francesa, considerada como modelo. Estas revoluciones se oponían al sistema de la Restauración y a las monarquías absolutas.

Las revoluciones de 1820

Estas revoluciones se centraron en el área mediterránea europea: España, Nápoles y Grecia. En los dos primeros países se impusieron monarquías constitucionales (Trienio Liberal español) pero fracasaron, en gran medida, por la intervención de las monarquías absolutas.

El caso de Grecia es particular. Los griegos se sublevan contra el Imperio turco apoyados por Gran Bretaña. Se produce una larga guerra civil de diez años y, por fin, en 1829, Grecia obtiene la independencia. Esta guerra tuvo un amplio eco en toda Europa y concitó el apoyo de muchos románticos e intelectuales, destacando Lord Byron que allí perdió la vida.

En estas revoluciones tuvieron mucha importancia las sociedades secretas, conectadas internacionalmente y entre los oficiales del ejército, dedicadas a conspirar y organizar revoluciones. Una de las sociedades más activas sería la de los carbonarios, sociedad secreta italiana partidaria de la unificación nacional que luchó contra diversos gobiernos de los estados italianos. Las revoluciones de 1820 no fueron movimientos de masas, a excepción del caso griego.

Las revoluciones de 1830

Las revoluciones en torno a 1830 fueron más profundas y de extensión, mayores que las anteriores. Afectaron a casi toda Europa.

En Francia los Borbones son derrocados en la revolución de julio de 1830 y sube al trono Luis Felipe de Orleáns, iniciándose un sistema político liberal de monarquía constitucional. Bélgica se independiza de Holanda, estableciendo una monarquía liberal y es reconocida por Francia y Gran Bretaña. En España y Portugal, a principios de esa década, se instauran monarquías constitucionales pero se inicia un largo e intenso período de guerras civiles con los absolutistas (las guerras carlistas españolas).

En Europa central y oriental las revoluciones no tienen tanto éxito. Las revoluciones que estallan en diversos estados italianos son duramente aplastadas por los austriacos. En algunos estados alemanes se aprueban constituciones pero muy pronto son derogadas por la presión de Metternich. En Polonia se proclama la independencia pero la rebelión es aplastada por los rusos.

A diferencia de las revoluciones de 1820, en las de 1830 tuvo gran influencia el fuerte descontento social y económico de las clases populares. El protagonismo en las revoluciones ya no fue de las sociedades secretas y de los conspiradores sino fruto de verdaderos movimientos de masas. Más allá de las peticiones de los liberales más moderados, surgió un movimiento democrático y republicano más radical, demostrando la división que estaba surgiendo en el seno del liberalismo. Ese movimiento no tardaría en enfrentarse, por ejemplo, a la nueva monarquía constitucional francesa, basada en los principios del liberalismo moderado: sufragio censitario y control del sistema por la alta burguesía.

Las revoluciones de 1848: “la primavera de los pueblos”

Fue la última de las tres grandes oleadas revolucionarias del siglo XIX. Compartía con las anteriores su inspiración en los principios de la Revolución francesa, pero fue más importante en extensión y dimensiones, más radical, con mayor base social, con fuertes componentes nacionalistas en algunos lugares.

Las revoluciones en torno a 1848 tuvieron un gran éxito inicial y simultáneo en Francia, gran parte de Italia, Suiza, los estados alemanes, el Imperio austriaco y Prusia. Nunca ninguna revolución estuvo más cerca de ser considerada una “revolución mundial”. Pero, también, su fracaso fue muy rápido en gran parte de los lugares.

Las revoluciones de 1848 pueden ser calificadas de democráticas y tuvieron, como hemos señalado, un fuerte contenido social. En los años anteriores a 1848, Europa sufrió una fuerte crisis agraria e industrial, que generó hambre y descontento entre los trabajadores. En el 48, las grandes ciudades europeas como París, Berlín, Viena, Praga, Milán, Roma o Budapest se llenaron de barricadas levantadas por trabajadores urbanos pobres, los grandes protagonistas de las revoluciones, que reclamaban derechos y libertades radicales: sufragio universal masculino, repúblicas democráticas y sociales, asistencia a los más necesitados y desempleados, derecho al trabajo y a la libre sindicación. Estas reivindicaciones atemorizaron a los liberales moderados que, muy pronto, abandonaron las revoluciones, y contribuyeron a la represión pactando con los sectores más conservadores de la sociedad. Por otro lado, las revoluciones de 1848 fueron más urbanas que rurales; los campesinos se mantuvieron indiferentes y hasta hostiles.

La revolución de febrero de 1848 en Francia

La revolución que mejor ejemplifica la oleada de 1848 fue, sin lugar a dudas, la francesa. París fue el gran escenario revolucionario, lleno de barricadas y clave para el derrocamiento de Luis Felipe de Orleáns. Se proclamó la Segunda República y se formó un gobierno provisional, en el que estuvo presente un socialista, Luis Blanc. El gobierno tuvo como uno de sus principales objetivos el de dar trabajo y un subsidio a los parados a través del sistema de los “talleres nacionales”. Además, fijó la jornada laboral máxima en 10 horas. Pero los electores dieron la espalda a la izquierda en las elecciones de abril gracias a los votos del campo francés que fueron hacia los candidatos moderados, temerosos de lo que consideraban extremismo de la capital. Nació una república conservadora que abolió todas las medidas sociales anteriores y aplastó la rebelión de los obreros parisinos en junio. En diciembre de 1848 fue elegido como presidente Luis Napoleón Bonaparte, sobrino del emperador, que a los tres años liquidaría la república y establecería el Segundo Imperio.

El componente nacionalista de las revoluciones de 1848

La importancia del nacionalismo en las revoluciones de 1848 fue mucho mayor que en las anteriores oleadas revolucionarias:

-En el Imperio austriaco, además de provocar la caída de Metternich y aprobarse medidas liberales, como el fin de la servidumbre en todo el imperio, los húngaros lograron un parlamento y una constitución propios; y los checos obtuvieron algunas concesiones tras la sublevación de Praga.

-En Italia, se rebelaron Milán y Venecia contra los austriacos y pidieron ayuda al reino del Piamonte, cuyo rey deseaba engrandecer su estado. En Roma, el nacionalista y demócrata Mazzini con sus partidarios derrocaron al Papa e impusieron la república en 1849.

-En la Confederación Germánica, los liberales de varios estados se reunieron y convocaron un parlamento alemán en Francfort, elegido por sufragio universal. En esta asamblea se dedicaron a redactar una constitución nacional.

Pero, a partir del verano de 1848 comenzó la represión y contención de los movimientos revolucionarios. El gobierno austriaco anuló muchas concesiones liberales menos la relativa al final de la servidumbre, y su ejército reprimió duramente los movimientos revolucionarios en Viena, Praga, Budapest, Milán y Venecia. Por su parte, el Parlamento de Francfort se disolvió. En Hungria, el ejército austriaco encontró mayor resistencia y necesitó el apoyo ruso. En Italia tuvo que enfrentarse al ejército piamontés. Roma regresó a su sistema político anterior gracias al apoyo del gobierno francés, que quería intervenir en Italia para contrarrestar la influencia austriaca en la península.

Consecuencias de las revoluciones de 1848

A pesar del fracaso, hay una serie de consecuencias destacables de las revoluciones de 1848:

a)Abandono del sistema internacional de 1815 y sucesión de conflictos entre las potencias europeas hasta 1878.

b)Aparición de un nacionalismo insatisfecho y, con el tiempo, muy potente, en Alemania, Italia, Hungría y Bohemia.

c)Triunfo de los liberales moderados en muchos estados, pactando con algunas fuerzas del Antiguo Régimen. La burguesía pacta y se hace conservadora.

d)Los obreros urbanos, conscientes de su derrota, falta de preparación y de apoyos, comenzaron a organizarse políticamente de forma autónoma y a tomar conciencia de su situación.

martes, 9 de noviembre de 2010

Bando del general Mola. 19 de julio de 1936

"Una vez más el Ejército unido a las demás fuerzas de la Nación se ve obligado a recoger el anhelo de la gran mayoría de los españoles. Se trata de establecer el imperio del ORDEN, no solamente en sus apariencias externas, sino también en su misma esencia; para ello precisa obrar con JUSTICIA, que no repara en clases ni categorías sociales, a las que ni se halaga ni se persigue, cesando de estar dividido el país en dos bandos, el de los que disfrutan del Poder y el de los que son atropellados en sus derechos. La conducta de cada uno guiará la de la AUTORIDAD, otro elemento desaparecido en nuestra Nación, y que es indispensable en toda colectividad humana. El restablecimiento del principio de AUTORIDAD exige inexcusablemente que los castigos sean ejemplares, por la seriedad con que se impondrán y la rapidez con que se llevarán a cabo, sin titubeos ni vacilaciones.

Por lo que afecta al elemento obrero, queda garantizada la libertad de trabajo, no admitiéndose coacciones ni de una parte ni de otra. Las aspiraciones de patronos y obreros serán estudiadas y resueltas con la mayor justicia posible en un plan de cooperación, confiando en que la sensatez de los últimos y la caridad de los primeros, hermanándose con la razón, la justicia y el patriotismo sabrán conducir las luchas sociales a un terreno de comprensión con beneficios para todos y para el País. El que voluntariamente se niegue a cooperar (...) será el que primero y principalmente sufrirá las consecuencias. (...).

Para llevar a cabo la labor anunciada,

ORDENO Y MANDO:

Artículo 1º. Queda declarado el ESTADO DE GUERRA en todo el territorio de la provincia de Navarra y como primera providencia militarizadas todas sus fuerzas, sea cualquiera la AUTORIDAD de quien dependían anteriormente, (...).



Diario de Navarra, 19 de julio de 1936.

Mercedes Vázquez de Prada: Historia contemporánea de Navarra en sus documentos.

Ariel Practicum, Barcelona, 2001

jueves, 24 de junio de 2010

Franco en la escuela. Los buenos españoles, el Movimiento y Franco

Los buenos españoles en la escuela

"Unidos los buenos españoles bajo el mando de Franco, el Movimiento Nacional derrotó a sus enemigosy se inició el resurgimiento de una España unida, grande en sus destinos, dueña de sus actos y la cual reine la paz social, el orden y la justicia."


(Enrique González Villanueva, "Enciclopedia Escolar Moderna", grado 1º, 1957)

El paraíso en la Tierra: resurge la patria unida, con grandes destinos, sin dueños ni manipuladores externos, con paz social, mucho orden y justicia. Además, y eso es lo más importante en este máxima: esto se ha conseguido gracias a la unión de españoles bajo el mando de Franco, con lo que se da por sentado que hay malos.