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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Historia del mundo contemporáneo. El movimiento obrero y las mujeres


      Socialismo utópico
El socialismo utópico comenzó a interesarse por las mujeres, al reconocer la necesidad de la independencia económica de las mismas. Pero, por otro lado, los socialistas utópicos no fueron especialmente críticos con la división sexual del trabajo. En todo caso, su preocupación por la sujeción de las mujeres tuvo un gran impacto en su momento. Fourier llegó a decir que la situación de las mujeres era el indicador clave a la hora de conocer el nivel de progreso y civilización de una sociedad.
Otro aspecto que trató el socialismo utópico fue su crítica al celibato y al matrimonio indisoluble como instituciones represoras y causa de injusticias e infelicidades.


Flora Tristán
Flora Tristán dedicó en su obra Unión Obrera (1843) un capítulo a estudiar la situación de las mujeres. La autora mantenía la idea de que todas las desgracias del mundo provenían del olvido y del desprecio que se había hecho a los derechos naturales e imprescriptibles de la mujer. Flora Tristán defendió la importancia de la educación de las mujeres para el progreso de las clases trabajadoras por su influencia como madres, hijas y esposas sobre los hombres.

      El socialismo marxista
El marxismo ofreció una nueva explicación sobre el origen de la opresión de las mujeres y una nueva estrategia para su emancipación. Friedrich Engels explicó en su obra El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884), que el origen de la sujeción de las mujeres no estaría en causas biológicas, sino sociales, es decir, en la aparición de la propiedad privada y la exclusión de las mujeres de la producción. La emancipación de las mujeres pasaría por su retorno a la producción y la independencia económica. Pero el apoyo a la incorporación de la mujer al trabajo generó en ciertos pensadores y sectores socialistas algunas críticas. Algunos se oponían al trabajo asalariado de las mujeres para protegerlas de la explotación y, también, por el posible aumento de abortos y de la mortalidad infantil, o del paro masculino, así como el descenso de los salarios al aumentar oferta de mano de obra.Auguste Bebel, en su obra La mujer y el socialismo, denunció que no todos los socialistas apoyaban la igualdad de los sexos.
El socialismo dedicó especial atención en las diferencias que separaban a las mujeres de las distintas clases sociales. Aunque las socialistas apoyaban las demandas de las sufragistas, también consideraban a éstas enemigas de clase y las acusaban de olvidar la situación de las obreras. Por otro lado, la fuerza del mensaje y la infraestructura del movimiento sufragista atraían a muchas obreras, por lo que uno de los objetivos de las socialistas era romper esa especie de alianza.
A pesar de los enfrentamientos con las sufragistas, muchas mujeres socialistas, aunque consideraban que la emancipación de las mujeres era imposible en capitalismo, eran conscientes que para muchos de sus camaradas de lucha y para las direcciones de los partidos y sindicatos, la cuestión femenina no era prioritaria. Eso provocó que comenzaran a organizarse dentro de los partidos y sindicatos, reuniéndose para discutir sus problemas, llegando a crear organizaciones femeninas. En este sentido, la figura de Clara Zetkin es fundamental. Creó una revista femenina, “Igualdad” y organizó una Conferencia Internacional de la Mujer en 1907.

      El anarquismo
El anarquismo no precisó teóricamente la cuestión de la igualdad entre los sexos. Es más, Proudhon mantuvo una postura antigualitaria evidente al defender la idea de que no contemplaba el destino de la mujer fuera de la familia y el hogar.
Pero, también es cierto que el anarquismo contó siempre con numerosas mujeres que lucharon por la igualdad. Una de las ideas claves que guiaron a muchas anarquistas -fruto del acusado individualismo del anarquismo- fue que las mujeres se liberarían gracias a su propia fuerza y esfuerzo individual. De poco valdría el acceso al trabajo asalariado si las mujeres no eran capaces de vencer el peso de la ideología tradicional en su interior. Así pues, se puso el énfasis en vivir de acuerdo con las propias convicciones.
Las anarquistas propiciaron verdaderas revoluciones en la vida cotidiana propugnando que las mujeres fueran libres. La libertad debía regir la relación entre los sexos. Su rebelión contra el Estado, la Iglesia y la autoridad llevó a las anarquistas a no dar ninguna importancia a la lucha por el voto de las sufragistas pero, también a criticar con dureza la intervención del Estado en la procreación, la educación y cuidado de los hijos, defendida por el marxismo.

martes, 24 de julio de 2012

José Maestro San José


José Maestro San José nació en Salamanca en el año 1900. De familia humilde estuvo con su familia en varias ciudades españolas. En León consiguió el título de protésico dental y pudo establecerse en la consulta de un odontólogo de Ciudad Real; mientras trabajaba en la consulta estudió el Bachillerato. En Ciudad Real llegó a ser elegido concejal, y al poco tiempo fue nombrado alcalde, responsabilidad que desempeñó entre 1931 y 1934. En la alcaldía se empeñó en mejorar las infraestructuras de saneamiento, alcantarillado y traída de agua potable, además de mejorar la dotación hospitalaria de primera asistencia, la construcción de grupos escolares, mejoras en el transporte por ferrocarril y la inversión en obras públicas para combatir el paro.


El PSOE le presentó como candidato al Congreso en las elecciones de 1933 por Badajoz, pero no consiguió ser elegido. Aprovechó el tiempo para estudiar en Salamanca y sacarse el título de odontólogo. Repitió en las elecciones de febrero de 1936 y sí consiguió el escaño. En el Congreso de los Diputados perteneció a las Comisiones de Presupuestos y Hacienda como suplente. Maestro San José estuvo vinculado al sector prietista del socialismo español. También perteneció a la UGT.


Al producirse la sublevación militar de julio de 1936 se trasladó a Valladolid por encargo de la Comisión Ejecutiva del PSOE, junto con el también diputado Juan Lozano Ruiz, con la intención de alertar a los ferroviarios vallisoletanos para que hicieran frente a los golpistas. En la capital castellana los dos diputados fueron detenidos el 23 de julio e ingresados en la prisión provincial. Fueron juzgados el 13 y 14 de agosto y fusilados a los cuatro días en el Campo de San Isidro de Valladolid. Fue enterrado en el cementerio municipal pero en 1941 su viuda pudo rescatar los restos y enterrarlos en Madrid.




Ver:






Nuevo libro "José Maestro San José, un gran alcalde para Ciudad Real"


Este ensayo acerca del diputado a Cortes José Maestro San José es obra de Federico Bello Landrove y Manuel López Camarena.


domingo, 25 de diciembre de 2011

Breve aproximación a la historia de la Seguridad Social en España. Tercera Parte

Después de la Primera Guerra Mundial se inicia una nueva fase en relación con los derechos sociales, al incorporarse a los textos constitucionales, aspecto fundamental a la hora de estudiar la historia de la seguridad social. Asistimos a la constatación de un creciente intervencionismo social de los estados. La Constitución de Weimar constituye un texto clave en esta época, ya que fue la primera que incorporó los derechos sociales: existencia digna, obligaciones sociales de la propiedad, vivienda digna, protección de la mano de obra y los seguros sociales. Curiosamente, en la URSS hubo que esperar a la Constitución de 1936 para que se recogieran estos derechos en el máximo nivel legal. En este contexto destacó, sin lugar a dudas, la Constitución de la II República española.


La Constitución de 1931 reconoció un amplio abanico de derechos sociales. En el artículo 43, dentro del capítulo de “Familia, economía y cultura” se establece que el Estado “prestará asistencia a los enfermos y ancianos, y protección a la maternidad y a la infancia, haciendo suya la “Declaración de Ginebra” o tabla de los derechos del niño”. El artículo 46 decía: “La República asegurará a todo trabajador las condiciones necesarias de una existencia digna. Su legislación social regulará: los casos de seguro de enfermedad, accidente, paro forzoso, vejez, invalidez y muerte; el trabajo de las mujeres y de los jóvenes y especialmente la protección de la maternidad…” Estos dos artículos son claves, por tanto, en la historia del constitucionalismo español porque reconocen los derechos sociales en España por vez primera, obligando al estado a que interviniese para su garantía y cumplimiento. Se trata, pues, de un hito fundamental en la historia de la seguridad social.


La primera medida tomada en el área de los seguros sociales por parte del gobierno provisional fue el establecimiento del Seguro Obligatorio de Accidentes de Trabajo. El 12 de junio de 1931 se aprueba la Ley de Accidentes de Trabajo y se aplica, también al sector agrícola. El reglamento entraría en vigor en agosto de ese año. El 4 de julio de 1932 aparece la Ley de Indemnización por Accidentes de Trabajo en la Industria, con reglamento de enero del año siguiente. Para completar esta legislación sobre los riesgos en el trabajo se creó la Caja Nacional del Seguro de Accidentes de Trabajo.


El paro fue una creciente preocupación para los gobiernos de la República, debido a la crisis económica internacional de 1929. Pero conviene señalar que, anteriormente, había comenzado a tratarse esta cuestión en tiempos de Alfonso XIII con una serie de proyectos y anteproyectos que no terminaron por cuajar en un seguro de desempleo. La historia comienza con un Decreto de 5 de marzo de 1910, otro de 18 de marzo de 1919, siguiendo con el Anteproyecto de Ley del Seguro de Paro Forzoso de 1921, el Anteproyecto de Bases contra el Paro forzoso y la Orden de 25 de abril de 1928. Ya establecida la República se aprobó un Decreto que creaba el servicio para el fomento y régimen de la Previsión contra el Paro involuntario del trabajo. Pero la disposición más importante se dio con la Ley contra el Paro de 7 de julio de 1934, seguida por un proyecto de ley contra el paro involuntario que apareció en la Gaceta de Madrid en mayo de 1935 y que se revisó en 1936 (Gaceta de 15 de julio).

jueves, 4 de agosto de 2011

Los Sindicatos Libres

En el año 1919 la violencia en Barcelona alcanzó cotas muy elevadas. El origen de la verdadera oleada de asesinatos estaría en los hechos que siguieron a la huelga de la compañía “La Canadiense”. El paro, secundado por la CNT, fue extendiéndose hasta convertirse en una verdadera huelga general que paralizó durante más de un mes la industria barcelonesa. Los empresarios y sectores conservadores reaccionaron y solicitaron la ayuda del Estado.
La patronal optó, frente a la negociación, por la coerción, especialmente sobre los militantes de la CNT pero, también, a través de los lockouts, es decir, los cierres de las fábricas que dejaban a la plantilla sin trabajo y sin ingresos. La tercera medida se refiere al objeto de este artículo. Un sector de los empresarios presionó para que se creara un sindicato que hiciera frente a los anarquistas, cada vez más numerosos.
A finales de 1919 se creó la Unión de Sindicatos Libres en el Ateneo Obrero Legítimista en Barcelona. En el acto fundacional se eligió presidente a Ramón Sales. Los sectores del tradicionalismo catalán se encargaron de establecer las bases ideológicas y organizativas del sindicalismo libre. Sales había llegado a militar en la CNT de joven pero muy pronto se apartó del anarconsindicalismo.
Los sindicatos libres fueron acusados de amarillistas, es decir, de actuar como agentes de la patronal. Esta acusación se basaba en el hecho de que muchos de los pistoleros a sueldo que participaron en los asesinatos de líderes sindicales y de trabajadores salieron de su seno. En la Barcelona de principios de los años veinte se desató una verdadera guerra entre los anarconsindicalistas y los sindicatos libres y los pistoleros.
La militancia de los Sindicatos Libres estuvo formada por obreros tradicionalistas contrarios al poder que los sectores anarquistas más radicales habían adquirido en la CNT. Los obreros de estos Sindicatos solían ser trabajadores especializados y contrarios al sindicato único de encuadramiento de trabajadores por industrias.
Los Sindicatos Libres no estaban preocupados por la transformación del orden existente ni por mejoras radicales para los obreros. La Unión de Sindicatos Libres alcanzó, sin lugar a dudas, un evidente protagonismo en la Barcelona de los años veinte. En la República fueron ilegalizados. Durante la guerra civil, sus líderes se unieron al bando franquista o fueron asesinados.

domingo, 15 de mayo de 2011

Marchas del Hambre

Las Marchas del Hambre fueron una serie de manifestaciones realizadas en el Reino Unido en los años treinta en contra el paro en plena depresión, aunque las primeras se dieron en la década anterior. En Escocia la industria pesada sufrió una profunda crisis, especialmente los astilleros, provocando que en octubre de ese año un grupo de socialistas y comunistas de Glasgow organizaran una “marcha del hambre” a Londres. En enero de 1929 se organizó una marcha mayor. En octubre de 1932, cuando el paro llegaba a más de un cuarto de millón de personas, el Movimiento Nacional de Obreros Parados organizó la marcha del hambre más importante. Unas tres mil personas marcharon sobre Londres desde el sur de Gales, el norte de Inglaterra y la zona de Glasgow. Al llegar a la ciudad se manifestaron en Hyde Park, para luego presentar al Parlamento una petición con un millón de firmas. Otra de las marchas del hambre más conocida fue la que protagonizaron doscientos obreros de los astilleros de Jarrow marcharon hacia Londres.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Puntos números quince y deiciséis de la Falange

15. Todos los españoles tienen derecho al trabajo. Las Entidades públicas sostendrán necesariamente a quienes se hallen en paro forzoso. Mientras se llega a la nueva estructura total, mantendremos e intensificaremos todas las ventajas proporcionadas al obrero por las vigentes leyes sociales.
Otro de los puntos de fuerte contenido social del falangismo.

16. Todos los españoles no impedidos tienen el deber del trabajo. El Estado Nacionalsindicalista no tributará la menor consideración a los que no cumplen función alguna y aspiran a vivir como convidados a costa del esfuerzo de los demás.

Con este punto se termina el apartado de Economía-Trabajo-Lucha de Clases.

El trabajo se considera, además un deber. Llama la atención la segunda parte de este punto. El estado nacionalsindicalista no tributará consideración alguna a los que no quieran trabajar. ¿Cómo se articularía esta cuestión?, ¿qué medidas se aplicarían y quiénes?, ¿cómo se estipularía quien era un vago y quien no?, ¿qué tendrían que hacer los vagos, trabajar en obras públicas, en campos de concentración?