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martes, 7 de mayo de 2013

El Duque de Windsor


El historiador Martin Allen tiene un libro titulado, El rey traidor. De cómo el duque de Windsor traicionó a los aliados, y que Tusquets en su colección "Tiempo de Memoria" ha publicado en España.
Como es sabido Eduardo VIII abdicó en 1936 para poder casarse con la ciudadana americana y divorciada Wallis Simpson. Pero, ¿esa fue, realmente, la causa romántica de la abdicación? Hoy ya no se puede sostener esta tesis. El duque de Windsor fue un entusiasta de los nazis, y perteneció a ese grupo de la alta sociedad británica filonazi o que no veía con malos ojos la subida de Hitler en Alemania para frenar el comunismo en Europa.
En el libro se sigue la peripecia vital de Eduardo, sus conexiones con los nazis, y con el gobierno español que adquirió un curioso protagonismo, al pasar por nuestro país, desde la Francia ocupada a Portugal, a la hora de intentar que colaborase. Hitler deseaba que el duque accediera a la Corona, y que nombrase un gobierno que firmase la paz para poder embarcarse en la invasión de la URSS, y evitar el doble frente.
Si el libro sobre Hess es fantástico este es aún mejor. Nos descubre un mundo de espías, de presiones entre bastidores, y de personajes como el millonario y espía Charles Eugène Bedaux. Recomiendo, vivamente, su lectura.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Las mujeres antifascistas asturianas


Mujeres antifascistas en Asturias
Por Carmen García
Profesora de Historia Contemporánea de la Universidad de Oviedo
“¿Qué importancia no puede tener en la marcha de la Revolución que las mujeres animen con su presencia y con sus servicios a los compañeros, a los padres, a los hermanos? Fueron cocineras y camareras en los cuarteles rojos; enfermeras en las ambulancias y en los hospitalillos practicantes; espías inteligentes en los enlaces durante el Tercer Comité; soldados de filas en los momentos de la defensiva. Ellas llevaban a nuestro pecho el aliento que a veces quería flojearnos. Sirvieron a la Revolución ostentando orgullosas el brazalete del Ejército Rojo, y en esto, justo es decirlo, no hubo distinción de matices ideológicos: socialistas, comunistas y anarquistas rivalizaron en valor y entusiasmo.
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