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lunes, 24 de marzo de 2014

Los indios canadienses. Segunda Parte

El siglo XX ha sido clave en la historia de los indios canadienses. En el primer cuarto del siglo, varios grupos firmaron tratados con el gobierno federal por los que renunciaban a sus títulos de propiedad de grandes extensiones de tierra a cambio de ciertos derechos federales y beneficios como la exención del pago de impuestos federales y provinciales.
En 1929, los tratados ya cubrían la mayor parte de las tierras de Ontario, Manitoba y Saskatchewan, pero ni Quebec, Marítimes y la Columbia Británica no estaban aún cubiertos por ningún tratado. Por otro lado, en esta época se aprecia un descenso de la población indígena a causa de las enfermedades, y por la pérdida de sus antiguas formas de vida, fenómeno constatado para otros períodos históricos y otras poblaciones autóctonas cuando entran en procesos de colonización, como es el caso de los indios americanos en la colonización hispanolusa.
Pero, no cabe duda, que los indios canadienses comenzaron a tomar conciencia de su situación y a reaccionar ante el trato recibido. En este proceso tuvieron ayuda de grupos humanitarios y misioneros. En la Columbia Británica apareció el grupo de las Tribus Aliadas de Columbia Británica en el año 1915, y la Hermandad Indígena de Columbia Británica en 1931. La Gran Depresión supuso un freno a las reivindicaciones y a la movilización. La crisis afectó duramente a las reservas, y un porcentaje alto de sus moradores optaron por emigrar a las ciudades.

lunes, 19 de julio de 2010

Más sobre los salvajes

En línea con otro artículo sobre la consideración de los habitantes de América en vísperas de la conquista en los textos escolares del franquismo nos acercamos al libro de Agustín Serrano de Haro, Yo soy español, del año 1951. En dicho texto se puede leer lo siguiente:

"Y las gentes que vivían allí (en América) cuando llegaron los españoles, eran salvajes. Iban desnudos y con todo el cuerpo pintado. No sabían leer ni escribir; no tenían Iglesias, ni escuelas, ni carreteras ni fábricas. Ni tan siquiera sabían lo que era el pan. Y algunos eran tan feroces que se comían unos a otros, y hasta engordaban a los niños para las matanzas, lo mismo que hacemos nosotros con los cerdos"

El texto establece claramente lo atrasados y salvajes que debían ser los indígenas americanos. Al parecer, un signo de salvajismo era tener el cuerpo pintado e ir desnudos. Es de suponer que el autor de este libro no conocía a los incas ni tampoco el medio natural donde se asentaban, por ejemplo. No tenían Iglesias, y esto, es evidente porque no eran cristianos pero tenían templos de sus religiones pero, desde una perspectiva eurocéntrica y católica esto era aún peor. No tenían carreteras, es evidente, pero tampoco los castellanos del siglo XVI las tenían. Tampoco conoce nuestro autor la magna obra del camino de los incas de miles de kilométros, y de la misma importancia que una calzada romana y que, precisamente, ahora puede llegar a ser declarado patrimonio de la humanidad, ni las obras de ingeniería en el medio acuático de los aztecas. ¿Y las fábricas?, ¿no fabricaban nada en las civilizaciones precolombinas?. Por último, la alusión al canibalismo es impresionante. Sobre el pan, de nuevo nuestro autor hace gala de su nulo conocimiento de lo que son las civilizaciones y sus medios de subsistencia. El pan es un alimento propio de la zona mediterránea donde hay trigo. En otros lugares de la tierra se emplean otros alimentos distintos para la misma función alimenticia como el maíz o el arroz.