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martes, 7 de mayo de 2013

El Duque de Windsor


El historiador Martin Allen tiene un libro titulado, El rey traidor. De cómo el duque de Windsor traicionó a los aliados, y que Tusquets en su colección "Tiempo de Memoria" ha publicado en España.
Como es sabido Eduardo VIII abdicó en 1936 para poder casarse con la ciudadana americana y divorciada Wallis Simpson. Pero, ¿esa fue, realmente, la causa romántica de la abdicación? Hoy ya no se puede sostener esta tesis. El duque de Windsor fue un entusiasta de los nazis, y perteneció a ese grupo de la alta sociedad británica filonazi o que no veía con malos ojos la subida de Hitler en Alemania para frenar el comunismo en Europa.
En el libro se sigue la peripecia vital de Eduardo, sus conexiones con los nazis, y con el gobierno español que adquirió un curioso protagonismo, al pasar por nuestro país, desde la Francia ocupada a Portugal, a la hora de intentar que colaborase. Hitler deseaba que el duque accediera a la Corona, y que nombrase un gobierno que firmase la paz para poder embarcarse en la invasión de la URSS, y evitar el doble frente.
Si el libro sobre Hess es fantástico este es aún mejor. Nos descubre un mundo de espías, de presiones entre bastidores, y de personajes como el millonario y espía Charles Eugène Bedaux. Recomiendo, vivamente, su lectura.

viernes, 26 de abril de 2013

Los devaneos con el nazismo de Charles Lindbergh


Charles Lindbergh fue un personaje complejo en la Norteamérica de los años veinte y treinta. Su hazaña por el vuelo con el "Spirit of Saint Louis" entre New York y París le convirtió en una estrella casi planetaria. Después vendría el secuestro y muerte de su hijo, con todo el escándalo mediático que se desató. Algo menos conocidas son sus contribuciones en el mundo de la cardiología, con investigaciones en relación a la creación de un corazón artificial, su asesoría en relación con los cohetes modernos, o su lucha por el medioambiente.
Pero, también Lindbergh se destacó en los Estados Unidos de los años treinta por ser un líder del movimiento aislacionista y por sus veleidades con los nazis. Visitó Alemania en diversas ocasiones y conoció el desarrollo de la Luftwaffe. Fue condecorado por Hitler, y comenzó a desarrollar una gran fascinación por los cambios que se estaban dando en Alemania. Al regresar a los Estados Unidos hizo declaraciones sobre el nuevo poder alemán que no gustaron a una gran parte de la opinión pública. Fue el momento en el que se consagró a la causa aislacionista, que contaba con muchos adeptos pero, también con fuertes detractores como el propio presidente Roosevelt. En este acalorado debate público entre una Norteamérica partidaria de romper con la política aislacionista que había imperado desde el fin de la otra guerra y que pensaba que la Alemania nazi era un peligro para todos, y los partidarios de que el país se mantuviera al margen del conflicto, Lindbergh salió muy mal parado. Se le acusó de antisemita, de derrotista y hasta de filonazi.
Cuando los Estados Unidos entraron en la guerra se le prohibió combatir en Pearl Harbour, aunque, al final, se le encargaron misiones civiles de la fuerza aérea en Europa, restableciéndose, en parte, su imagen pública.