Mostrando entradas con la etiqueta convención. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta convención. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de mayo de 2013

Mujeres militantes en el París revolucionario


El gran maestro Albert Soboul tiene un trabajo, recogido en su libro, Comprender la Revolución francesa (edición española en Crítica, 1983), que se titula "Mujeres militantes de las Secciones Parisinas (año II)", donde estudia no la lucha por la igualdad entre el hombre y la mujer sino la participación de las mujeres en el movimiento general de la Revolución. No trata de las mujeres más famosas como Olimpia de Gouges o madame Roland, entre otras, sino de las mujeres que desarrollaron una intensa actividad militante en las organizaciones de base, en las asambleas generales de sección, en las sociedades populares y en las manifestaciones de masas.
En los medios populares la práctica femenina dominó frente a la reivindicación estrictamente feminista. Son mujeres del universo de los sans-culottes, que debían enfrentarse a la dureza de las condiciones de vida del momento, y lucharon contra las consecuencias de la carestía de la vida. De todas las formas, hubo convergencia entre los dos órdenes de hechos, nos dice Soboul, porque las reivindicaciones sociales de las mujeres más las de tipo político que, también tuvieron, tendieron a valorizar su papel en la sociedad y a buscar la reducción de la desigualdad por cuestión de género.
Las mujeres participaron muy activamente en la Revolución en París. Sus acciones aparecen unidas a las de los hombres. La diferencia era que las mujeres tenían más conciencia en relación con la cuestión de las subsistencias. Recordemos la marcha de las mujeres sobre Versalles en las jornadas de octubre de 1789, por ejemplo.
En relación con las reivindicaciones políticas, es decir, sobre la igualdad, es interesante recordar como después de que el presidente de una diputación presentara ante la Convención la aceptación de la Constitución de 1793 por parte de su sección parisina, cedió la palabra a una ciudadana que reivindicó la igualdad política. Durante ese año en muchas secciones parisinas las mujeres participaron en las sesiones con voz deliberativa. Las mujeres más concienciadas no se contentaron con que se las escuchara en sus secciones sino que reivindicaron, también el reconocimiento de sus derechos políticos. En esta lucha política destacará la Sociedad de Mujeres Militantes Republicanas Revolucionarias.
La igualdad política fue conquistada por las mujeres en julio de 1793 en el marco de las secciones, asambleas y en las sociedades populares. La actividad política de las mujeres se mantuvo hasta el otoño, hasta la prohibición de los clubes femeninos.
En mayo de 1795, la Convención prohibió a las mujeres asistir a las asambleas políticas, y las prescribía que se retiraran a sus domicilios bajo orden de arresto. La mujer era remitida a su tradicional papel de esposa y madre, dentro de la familia. Para los revolucionarios, ya fueran jacobinos o termidorianos, la condición subalterna de la mujer era evidente y no se podía alterar. Aún así, la participación de la mujer en la Revolución, tanto cuando se hicieron reivindicaciones sociales como políticas, despertó la conciencia femenina para el futuro.

sábado, 11 de mayo de 2013

La negación de los derechos de la mujer en la Convención


Inserto el siguiente texto del discurso de André Amar, diputado de la Convención, de octubre de 1793 sobre los derechos de la mujer:

"¿Las mujeres deben ejercer los derechos políticos e inmiscuirse en los asuntos de gobierno? ¿Deben reunirse en asociaciones políticas? (...)
No, porque deberían sacrificar cuestiones más importantes a las que han sido llamadas por la naturaleza. Las funciones privadas a las que están destinadas las mujeres por naturaleza ayudan a sostener el orden social. Y para el orden social es necesario que cada sexo se ocupe de aquello que le esté encomendado por naturaleza.
¿Cuál es el carácter propio de la mujer? Las costumbres y la naturaleza le han señalado sus funciones: educar a los hijos, preparar el espíritu y el corazón de sus hijos para las tareas públicas, elevar sus almas, (...) Después del cuidado de las tareas de su casa, la mujer ha estado destinada a hacer amar la virtud entre los suyos. Es así como ellas sirven a la patria (...).
En general, las mujeres son poco capaces para las ideas elevadas y las meditaciones serias...."

La argumentación del diputado pasa por señalar una naturaleza distinta de la mujer y, por lo tanto, deberían dedicarse a otras funciones, las relacionadas con el mundo privado frente a las funciones públicas que serían competencia de los hombres. El argumento es muy clásico. Llama la atención más el argumento de la costumbre, no tan propio de una época de fuerte influencia ilustrada, dado que este movimiento era muy contrario a los argumentos que apelaban a la costumbre.
El final del texto es demoledor.
En el libro de Bárbara Caine y Glenda Sluga, Género e Historia, se nos cuenta que Amar auspició la prohibición de los clubs de mujeres. Era miembro del Comité de Seguridad Nacional. Estas autoras, también, aluden a que Amar insistía en el derecho que tenían los ciudadanos a emprender negocios y actividades políticas seguros de que sus hogares e hijos estaban bien cuidados por sus esposas (pág. 37). (este libro puede consultarse en la red: http://books.google.es/books?id=owkFKNvhKXgC&pg=PA37&lpg=PA37&dq=%22andr%C3%A9+amar%22&source=bl&ots=ZrtkSGa4AH&sig=YkWT514YRp7YLb8kuDhkoBrRYAM&hl=es&sa=X&oi=book_result&res