En este artículo se incluye la visión que Andrés Pi Arimón tuvo del incendio de la fábrica de los Bonaplata, que vimos en otro artículo sobre el ludismo en España, y que se recoge en su obra, Barcelona antigua y moderna:
"Una multitud de marineros y gitanos que recorrían tumultosamente la ciudad, armados con fusiles, sables y puñales, con una bandera negra y un tambor batiente, llevando tras de si innumerables agitadores de la población, atacaron de noche la fábrica de Bonaplata; y la incendiario, provocando la execración de los hombres de todos los partidos: este atentado vandálico no fue cometido por los autores de la revolución, sino por un reducido número de hombres rechazados por el pueblo, los cuales eran instigados opr los malvados que, por envidia o por interés particular, miraban con malos ojos, aquel avance de la industria catalana, primer ensayo de las fábricas de vapor."
(El texto aparece en la obra de Jaume Carrera Pujal, Historia política de Cataluña en el siglo XIX, 1957)
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viernes, 12 de marzo de 2010
jueves, 11 de marzo de 2010
Ludismo en España
En España también se dieron manifestaciones del fenómeno del ludismo. El primer caso registrado se dio en Alcoy en el año 1821. Un grupo de trabajadores quemaron telares y máquinas de hilar. Dos años después, en Camprodón, unos trabajadores inutilizaron máquinas de cardar e hilar. También, están documentados hechos en Segovia, Guadalajara, Sallent, Ávila y Tarrasa.
El ejemplo más famoso ocurrió en 1835 en la fábrica de los Bonaplata, "El Vapor", en Barcelona, aunque las motivaciones de este hecho no están del todo claras, ya que pudo haber provocación y había un conflicto entre los patronos.
En el año 1854 se produjo un boicot por parte de los obreros de las fábricas de hilados al uso de las selfactinas, también en la capital catalana. Se dio entre el 14 y 16 de julio, y tuvo una enorme repercusión.
¿Fue un movimiento irracional contra el progreso tecnológico o una forma de protesta por el desempleo y las malas condiciones laborales? Hay queda el debate.
El ejemplo más famoso ocurrió en 1835 en la fábrica de los Bonaplata, "El Vapor", en Barcelona, aunque las motivaciones de este hecho no están del todo claras, ya que pudo haber provocación y había un conflicto entre los patronos.
En el año 1854 se produjo un boicot por parte de los obreros de las fábricas de hilados al uso de las selfactinas, también en la capital catalana. Se dio entre el 14 y 16 de julio, y tuvo una enorme repercusión.
¿Fue un movimiento irracional contra el progreso tecnológico o una forma de protesta por el desempleo y las malas condiciones laborales? Hay queda el debate.
miércoles, 10 de marzo de 2010
Represión del ludismo
En el anterior artículo sobre el ludismo ya hablamos algo sobre la represión del mismo, pero parece interesante detenerse más en esta cuestión. La primera medida contra la destrucción de máquinas y fábricas se dio en 1769 con una ley aprobada por el Parlamento inglés. La pena para estos delitos era la pena capital. Los trabajadores no cejaron en elevar a dicho Parlamento la prohibición de que se empleasen máquinas. Al no conseguir eco sus demandas, se reanudaron las destrucciones en los primeros decenios del siglo XIX. Como el movimiento alcanzó una enorme dimensión, el gobierno inglés dio como respuesta el empleo del terror.
En el Parlamento inglés en 1812 se generó un debate sobre la cuestión. Lord Byron pronunció un discurso contra el proyecto de ley, pero de nada sirvió. La ley castigaría con la pena de muerte, como antes, las destrucciones.
En España se dio una Orden el 24 de junio de 1824 en las que se decía que los que realizaran estos actos podían ser procesados y castigados como "tumultuarios".
En el Parlamento inglés en 1812 se generó un debate sobre la cuestión. Lord Byron pronunció un discurso contra el proyecto de ley, pero de nada sirvió. La ley castigaría con la pena de muerte, como antes, las destrucciones.
En España se dio una Orden el 24 de junio de 1824 en las que se decía que los que realizaran estos actos podían ser procesados y castigados como "tumultuarios".
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martes, 9 de marzo de 2010
Ludismo
Por ludismo se entiende la primera etapa del movimiento obrero, dirigido contra la introducción de innovaciones tecnológicas, de máquinas. Se caracteriza por el uso de la violencia. Nace en pleno proceso industrializador, y la protesta se centra en la destrucción de las propiedades de los empresarios, especialmente, de las máquinas y herramientas porque se consideraba que eran las responsables de la pérdida de puestos de trabajo. De ese modo, se pretendía presionar a los patronos para evitar despidos, mejorar las condiciones laborales y buscar aumentos de salario. El gran historiador Eric Hobsbawn ha denominado a esta etapa la de la "negociación colectiva a través del motín".
El ludismo alude, en lo terminológico, al nombre del tejedor Ned Ludd, de existencia insegura que, al parecer, en 1799 destruyó unos telares. Lo que sí es cierto es que surgió un movimiento de tejedores de algodón y de seda en varios condados que, entre 1811 y 1817, se dedicaron a destruir máquinas. Otras revueltas se dirigieron hacia los propios patronos. El gobierno reprimió con dureza estos movimientos, hasta con penas capitales.
El término de ludismo ha terminado por usarse de forma genérica para denominar a cualquier movimiento contrario a la introducción de maquinaria, y, en algunos sectores, ha adquirido un sentido peyorativo al considerar la resistencia de los obreros a las innovaciones tecnológicas.
El ludismo alude, en lo terminológico, al nombre del tejedor Ned Ludd, de existencia insegura que, al parecer, en 1799 destruyó unos telares. Lo que sí es cierto es que surgió un movimiento de tejedores de algodón y de seda en varios condados que, entre 1811 y 1817, se dedicaron a destruir máquinas. Otras revueltas se dirigieron hacia los propios patronos. El gobierno reprimió con dureza estos movimientos, hasta con penas capitales.
El término de ludismo ha terminado por usarse de forma genérica para denominar a cualquier movimiento contrario a la introducción de maquinaria, y, en algunos sectores, ha adquirido un sentido peyorativo al considerar la resistencia de los obreros a las innovaciones tecnológicas.
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