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martes, 18 de marzo de 2014

El movimiento de los Métis canadienses


Los métis eran los descendientes de europeos e indios que se establecieron, especialmente en Manitoba, a comienzos del siglo XIX. Eran cazadores de búfalos, y proveían a la North West Company.
Cuando las grandes manadas de búfalos desaparecieron los métis perdieron su principal medio de vida. Se les prometió un millón y medio de acrees de tierra como alternativa pero la llegada de colonizadores europeos en el comienzo de la década de 1870 impidió esa concesión. Los métis se rebelaron el 16 de noviembre de 1885, dirigidos por Louis Riel. El fracaso de la rebelión provocó la dispersión de la población, y la pérdida de su influencia política. El nuevo siglo comenzó de forma sombría para esta minoría. Pero, poco a poco, comenzó a nacer entre la población de los métis la necesidad de organizarse. En 1930 plantearon formalmente sus exigencias. En 1936 aparece una obra capital: la History of the Métis Nation in Western Canada, de A. H. de Tremaudan. Esta libro dignificaba a la minoría estudiando su historia. En este clima se abrió una investigación pública en Alberta sobre sus reivindicaciones. Otro momento de resurgimiento reivindicativo tuvo lugar en los años sesenta cuando sus reivindicaciones se unieron a las de los otros pueblos indígenas: los indios canadienses, y los inuit. Los gobiernos canadienses comenzaron a tener en cuenta sus exigencias: el reconocimiento de sus identidades específicas, y las reclamaciones sobre las tierras.

jueves, 5 de enero de 2012

Jesús María de Leizaola Sánchez

Jesús de Leizaola nació en 1896 en San Sebastián. Fue uno de los principales dirigentes del PNV y protagonista de la historia de Euskadi en el siglo XX.  Leizaola resultó ser elegido diputado en las Cortes Constituyentes de 1931 por Guipúzcoa, destacando en la minoría vasco-navarra de la Cámara. También, fue elegido en 1933 y en 1936. Leizaola se distinguió en la época de la República por su defensa de la democracia y del catolicismo social. Fue nombrado ministro de Justicia y Cultura del primer gobierno autónomo vasco, constituido en Guernica en octubre de 1936. Junto con los ministros Aznar y Astigarrabia, permaneció en Bilbao como miembro de la Junta de Defensa presidida por el general Gamir, cuando el grueso del gobierno vasco se trasladó a Turcios,en junio de 1937 ante el avance de las tropas sublevadas. Al caer el País Vasco, marchó a Francia. Allí comenzó un largo exilio. Cuando falleció José Antonio Agirre fue nombrado lehendakari, en marzo de 1960. El 17 de diciembre de 1979 renunció al cargo trasmitiéndolo al presidente del Consejo General Vasco, Carlos Garikoetxea. Leizaola murió en marzo de 1989 en su ciudad natal.

lunes, 23 de noviembre de 2009

La desigualdad en el fascismo

Solamente una minoría, una élite puede gobernar según las ideas fascistas, porque se parte del postulado de la desigualdad de los hombres, frente al postulado del liberalismo y de la democracia que establece la igualdad. Así pues, se rechaza de plano el concepto de democracia, ya que ésta reconoce los mismos derechos a todos los ciudadanos. Las elecciones son consideradas por Mussolini una "falacia democrática". El número no puede gobernar un estado.
La desigualdad de los seres humanos no sólo tiene consecuencias en el gobierno de los estados, sino que presenta otras dimensiones que debemos estudiar. En primer lugar se desvaloriza a la mujer. Las mujeres tienen misiones en la vida pero nunca las relacionadas o vinculadas con la política o el ejercicio profesional fuera del ámbito doméstico. Los nazis establecieron el modelo de las denominadas tres K: Kinder, Küche, Kirche, es decir, niños, cocina, iglesia. Las mujeres deben estar subordinadas al hombre, al marido. Estas ideas fueron las que informaron en España el espíritu de la Sección Femenina.
Otra de las consecuencias de la idea de desigualdad tienen que ver con el triunfo del racismo. Habrá pueblos superiores, como el italiano según Mussolini, o los arios frente a judíos, gitanos, eslavos, etc. De sobra son conocidas las dramáticas consecuencias de esta defensa de la superioridad de unos pueblos sobre otros.
En resumen, podemos recoger la siguiente frase de Ebenstein:
"En el código fascista, los hombres son superiores a las mujeres, los soldados a los civiles, los miembros del partido a los que no lo son, la propia nación a las demás, los fuertes a los débiles, y los vencedores en la guerra a los vencidos"