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sábado, 27 de agosto de 2011

El Estado Eslovaco en la época nazi. Segunda Parte

La crisis de 1938
A pesar de la evidente solidez democrática de Checoslovaquia frente a la marea totalitaria o dictatorial que asolaba Europa, no pudo resistir al año crucial de 1938. Alemania exigía el territorio bohemio de los Sudetes, donde habitaba una minoría germana, alentada por el nazismo local de Konrad Henlein, personaje al que hemos dedicado un artículo en este blog. Como es bien sabido, esta exigencia provocó una famosa crisis internacional, mortal para Checoslovaquia porque los estados occidentales y sus aliados danubianos la sacrificaron en aras de una ansiada paz. Munich fue el lugar donde se decidió arrebatar a Checoslovaquia una zona del oeste donde vivía un millón de checos y se concentraba la mitad de la industria nacional. Si eso ocurría entre los días 29 y 30 de septiembre, el día 5 de octubre Benes dimitía. A los pocos días, el ejército alemán ocupaba los Sudetes.
Los nacionalistas eslovacos no fueron ajenos a la crisis interna que debilitó Checoslovaquia frente a Hitler. En la primavera de 1838, habían mantenido contactos con representantes de las minorías alemana, polaca y húngara, para formar un bloque anticheco con el objetivo de conseguir la ansiada autonomía política. Cuando el Partido Alemán de los Sudetes elaboró el denominado Plan de Karlovy-Váry, que preveía la desintegración de Checoslovaquia en territorios autónomos, los dirigentes del PPE se adhirieron a él. Una semana después de Múnich, se reunieron en Zilina representantes del Partido Popular, del Partido de los Artesanos, del Partido Agrario y del Partido Socialista-Nacional, y acordaron la creación del Gobierno Autónomo de Eslovaquia, presidido por Josef Tiso, máximo líder ahora del PPE a la muerte en agosto de Hlinka. Ese Gobierno Autónomo estaría bajo el marco de una Checoslovaquia federal. Al no estar al frente Benes al frente, el gran adalid del mantenimiento íntegro de Checoslovaquia, los nuevos dirigentes en Praga se avinieron a las exigencias de Bratislava. El 22 de noviembre de 1938 se aprobaba la Constitución de la Segunda República Checoslovaca, que definía un estado federal integrado por tres territorios autónomos: Chequia, Eslovaquia y Rutenia.
El gobierno de Tiso tuvo que hacer frente a un grave problema, consecuencia directa de Munich: las reivindicaciones territoriales de Hungría, ya que las apetencias de expansionismo alemán habían despertado las de Budapest. La dictadura húngara quería una profunda revisión del Tratado de Trianon y la recuperación de sus fronteras previas. En principio, estas reivindicaciones incluían hasta la propia capital de Bratislava pero el gobierno magiar comunicó que se conformaría con los territorios donde vivía la minoría húngara. El problema residía en que esa minoría estaba muy dispersa en especie de islotes en tierras que bañaba el Danubio. Si se entregaban incluiría a casi medio millón de eslovacos. Tiso solamente estaba dispuesto a ceder algunos enclaves en los que la población magiar fuera mayoritaria. Las negociaciones, pues, se estancaron. Esta tensión alarmó a Berlín porque Alemania no deseaba un enfrentamiento entre Bratislava y Budapest en una zona tan sensible para sus intereses. Al final, ambas partes aceptaron una mediación conjunta de Berlín y Roma. El 2 de noviembre de 1938 se dio el conocido como Arbitraje de Viena, por el que se entregaría a Hungría la totalidad de los territorios que reclamaban. Curiosamente, este acuerdo tan perjudicial para los intereses de Eslovaquia no minó la acusada germanofilia de los gobernantes de Bratislava. El ala fascista del PPE quería dar un paso adelante en relación con la autonomía y convertir a Eslovaquia en un país independiente, en línea con los planes del gobierno alemán. Su principal líder, Tuka, regresó a la primea línea política y con sus seguidores reconstruyeron la Guardia Hlinka, la milicia fascista. Tiso no contaba con los apoyos que había disfrutado su antecesor, Hlinka, y se resistía a dar el paso definitivo de la secesión. Pero, en realidad, Eslovaquia comenzó a estar dominada por una suerte de protectorado alemán. Pieza clave en el creciente control político de Eslovaquia fue la Asociación para la Colaboración Germano-Eslovaca, creada en enero de 1939, bajo la presidencia del cada día más presente, Tuka.

martes, 12 de enero de 2010

Democracia Cristiana. Segunda Parte.

El programa de la democracia cristiana tendría relación, lógicamente, con el Evangelio, y se situaría en el conjunto de ideologías del segmento de centro y/o derecha. Por un lado acepta la propiedad privada y el mercado por lo que, en este sentido entronca con el liberalismo, pero le separa de éste varias cuestiones:
1. El liberalismo tiende a la secularización de la sociedad, y la democracia cristiana defiende los principios cristianos.
2. Frente a un mercado como único regulador de las relaciones socieconómicas, la democracia cristiana defiende la existencia de un estado subsidiario que persiga la cohesión social, por lo que, en este aspecto puede entenderse mejor con la socialdemocracia, aunque en la cuestión religiosa no estén en el mismo universo.
Los partidos que se conformaron con ideología democristina se le conoció como "populares". Tuvieron éxito en los países donde se dio una división entre la burguesía laica y confesional, como es el caso paradigmático de la Italia de después de la guerra, o en países con pluralismo religioso, como en Holanda. El caso alemán, donde permanece con primacía la democracia cristiana, es distinto. Bajo dicha etiqueta poítica se agrupan los católicos y los protestantes, no en partidos separados.
Hoy en día, la democracia cristiana ya no se considera necesariamente confesional. En los países del Este tiene cierto empuje, así como en América Latina. En España hubo partidos en la Transición pero hoy esta corriente se integra en el Partido Popular, miembro de la Internacional Democristiana. El PNV y Unió son partidos democristianos, conviviendo con su nacionalismo

domingo, 10 de enero de 2010

Moderación, conservadurismo y reacción

Moderación: acción o efecto de moderar o moderarse. Cordura, sensatez, templanza en las palabras o en las acciones. Eso es lo que dice nuestro Diccionario de la Real Academia. En el sistema político liberal decimonónico, era un término que se usaba en la parte conservadora del liberalismo. En el reinado de Isabel II era el partido que más gobernó frente a la versión progresista del liberalismo, o de la faceta democrática de éste último. Después, en política, se ha usado en el sentido literal del término, como nos cuenta la Academia y, por tanto, es aplicable a derecha o izquierda, ya líderes de cualquier signo político. A día de hoy, la moderación que fue patrimonio de todos los partidos democráticos en la Transición, dejando su carencia o falta para los extremistas de uno lado y de otro, ya no es patrimonio común. Se está alejando de uno de los pivotes del sistema democrático, es decir, del Partido Popular o, al menos, de una parte fundamental del mismo.

Conservadurismo: Dícese de la política de los conservadores. Actitud conservadora en política, ideología, etc.. Conservador: dícese de personas, partidos, gobiernos, etc, especialmente favorables a la continuidad de las formas de vida colectiva y adversas a los cambios bruscos o radicales. En el siglo XIX, el partido moderado se transformó en el conservador con Cánovas. Se trata de una de las opciones políticas básicas del sistema democrático, y hoy suele asociarse a las derechas, aunque en amalgama con el neoliberalismo económico y las democracias cristianas. El Partido Popular, en el ámbito nacional, tiene esa amalgama de tres componentes. En este caso, nos interesa más la del conservadurismo, es decir, el tender a no querer cambios en la estructura del estado, o en los matrimonios, etc.. Es razonable esta postura, y necesaria, siempre que sea, genuinamente democrática y no caiga en,

Reacción: tendencia tradicionalista en lo político opuesta a las innovaciones. En España, el franquismo era reaccionario. Esta tendencia reaparece en el Partido Popular, en sus políticas, pero, sobre todo, en sus críticas y en sus talantes, formas, maneras. Los reaccionarios, cuando son pocos, o estan fuera del juego parlamentario son sólo, relativamente, preocupantes, pero cuando se instalan en el discurso y las formas de un partido fundamental, el peligro se multiplica.