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sábado, 7 de agosto de 2010

Regalismo

Cuando hemos tratado el anticlericalismo aludimos al regalismo. Conviene que le dediquemos mayor atención. El término procede del de regalía. Las regalías eran los derechos, propiedades y prerrogativas de la Corona. En la Edad Media aparecen como derechos económicos o financieros exclusivos de la Monarquía. Al final de dicha época se terminan por consolidarse pero ya referidas a todas las cuestiones de la actividad del rey frente a los derechos o jurisdicciones de otras autoridades, como la Iglesia y la nobleza. En el Fuero Viejo de Castilla se consideraban regalías las funciones que iban unidas esencialmente a la soberanía de la Corona: administración de justicia, acuñación de moneda, levas militares y determinadas rentas como la de la sal.

En la Edad Moderna el concepto de regalía se enriquece. Por un lado se mantiene el que había nacido en el Medievo pero adquiere un nuevo significado, y que tiene que ver con lo que estudiábamos en el artículo previo. Se trata de la prerrogativa del monarca en determinados asuntos religiosos y eclesiásticos.

En la época de los Austrias se da un conflicto de índole regalista en el año 1632 cuando la Junta Grande Especial elaboró un listado de las quejas y "discordias" entre la Corona con Roma. Al año siguiente, se redactó un famoso Memorial que se presentó ante el papa Urbano VIII.

Después de la Guerra de Sucesión y con los Borbones el conflicto entre la Corona y el Papado creció. Hay dos razones para explicarlo. Por un lado, Roma había apoyado al candidato austriaco, y, por otro lado, la Corona francesa se había destacado por arrancar competencias de la Iglesia en Francia. El nuncio papal llegó a ser expulsado de España.

En tiempos de Fernando VI se firmó en el año 1753 el Concordato con Roma. Por el mismo la Corona adquiría el Patronato Universal. El Patronato Regio era una concesión papal a la Corona española para la designación y presentación de los beneficios eclesiásticos, y que terminó por convertirse en una regalía, como hemos visto. La historia del Patronato Regio es larga. En el siglo XV con los Reyes Católicos, el papa Inocencio VIII que necesitaba la ayuda de Fernando para defender sus intereses en Italia, le concedió el derecho de presentación de todos los beneficios mayores en el reino de Granada. Este primer paso fue aprovechado por los monarcas para extender su poder y para establecer un modelo a aplicar en América. En 1508 Julio II otorgó a la Monarquía Española el Patronato en toda la Iglesia americana. El Concordato de 1753, como hemos visto, ampliaba este derecho al resto de la Iglesia española, con algunas excepciones. Se trata de un extraordinario incremento del poder real, ya que los monarcas eran los que nombraban los cargos, y controlaba, indirectamente, sus ingresos, además de obtener algunos de ellos procedentes de los beneficios vacantes mientras no se cubrían.

lunes, 2 de agosto de 2010

Anticlericalismo. Primera Parte

El término anticlericalismo nace a mediados del siglo XIX en Francia para definir la política a seguir en relación con la Iglesia en Francia. El término se generalizó entre la opinión pública francesa y pasó a España donde se hizo, también, muy popular en poco tiempo. Para estudiar el anticlericalismo en España debemos dividir su historia en dos períodos. En un primero se pueden rastrear posturas anticlericales desde la Edad Media hasta el comienzo del siglo XIX en plena revolución liberal-burguesa. La segunda etapa correspondería a la Edad Contemporánea.
El anticlericalismo en el primer período puede caracterizarse por ser un movimiento creyente, una de las características que le diferenciarán del posterior, y que se refleja en la literatura y en la cultura popular. Se critican los vicios, excesos y pecados de los eclesiásticos pero no se cuestionan los dogmas ni la existencia misma de la Iglesia. Se trataría de una censura moral, pero no de un movimiento antirreligioso. Tenemos que tener en cuenta que la religión impregnaba de tal manera la cultura cotidiana que determinaba los modos de vida y la concepción del mundo, algo que cambiará, sustancialmente, en la Edad Contemporánea, donde la defensa de la autonomía del individuo, de la sociedad y del Estado frente a la Iglesia llevará a una fuerte crítica hacia su poder económico, la preeminencia social eclesiástica, su influencia en la educación y la cultura, su injerencia en la vida pública y política, llegando, incluso a rechazar toda manifestación externa de religiosidad.
En la Edad Media se censura la simonía y la avaricia del clero o sus costumbres contrarias al Evangelio. El arcipreste de Hita, el autor del Libro de Alexandre, el Canciller Ayala, Fernando del Pulgar o Fernán Pérez de Guzmán son autores que nos han dejado ejemplos de lo que exponemos. En la Edad Moderna el anticlericalismo se hace más ácido; se critican los pecados de la lujuria y la holgazanería, sin olvidar la avaricia, y en casos más esporádicos hasta casos de asesinatos. En estas críticas hay que incluir las polémicas entre las órdenes religiosas, como las habidas entre jesuitas y dominicos con argumentos que luego serán utilizados contra el clero en general. Los autores del Siglo de Oro, como Lope de Vega, Tirso de Molina, Mateo Alemán o Cervantes dedicaron su atención a los excesos del clero de su época. En el mundo de la cultura popular es el momento en el que nacen muchos refranes anticlericales. En el siglo de la Ilustración el modelo cultural cambia porque se plantean presupuestos contrarios, como el racionalismo, a muchos de los principios tradicionales defendidos por la Iglesia, además de defenderse un modelo de Estado –el regalismo- que choca con los intereses y privilegios eclesiásticos. Se está iniciando el cambio hacia el anticlericalismo contemporáneo. En el mundo literario español destacaría la figura de Samaniego que en sus fábulas satirizará al clero.