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domingo, 3 de marzo de 2013

Conservadores y tradicionalistas en la España del siglo XX


Conservadores y tradicionalistas en la España del siglo XX
Esta obra recoge y estudia la trayectoria política de los principales grupos de la derecha española a lo largo de los últimos cien años. Con un estilo ágil y a la vez riguroso, los autores de estas páginas han pretendido acercar al lector un mejor conocimiento de los distintos protagonistas históricos que lideraron o representaron de modo singular esos proyectos ideológicos, caracterizados muchas veces por sus variadas diferencias. A eso intenta responder el título de este libro, con el propósito premeditado de evitar confusiones entre dos corrientes de pensamiento surgidas a finales del siglo XVIII que, a pesar de compartir un tronco común, desarrollarían dos líneas de acción que alternarían sus encuentros y disputas en función de las circunstancias sociales y políticas más o menos agitadas de la España contemporánea. Es este contexto, inmerso en la cultura moderna de las revoluciones liberales del siglo XIX, lo que determinará no solo el origen de las tendencias aquí analizadas, sino sus proyectos políticos. Así podrá vislumbrarse cómo el conservadurismo liberal se desplazará a partir del siglo XX hacia compromisos propiamente tradicionalistas motivados por el impacto de la revolución bolchevique de 1917. Esta contemporización inicial, resguardada en el baluarte defensivo de la tradición católica, entendida como proyecto político alternativo a un liberalismo que era percibido ahora como un factor disolvente frente al marxismo, centra el interés varios de los capítulos de esta publicación. Al radicalizarse la vida política española en los años treinta con el estallido de la guerra civil y la consiguiente inauguración del régimen de Franco, se irán reubicando las propuestas políticas de una derecha que en su mayor parte emprenderá poco a poco su transición de retorno a los principios liberales.
Cristóbal Robles Muñoz. Investigador del Instituto de Historia del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC.
Manuel Álvarez Tardío. Profesor titular de Historia del Pensamiento Político y los Movimientos Sociales de la Universidad Rey Juan Carlos.
Miguel Anxo Bastos. Licenciado y doctor en Ciencias Económicas por la Universidad de Santiago de Compostela. Profesor titular de Ciencia Política y de la Administración.
Antonio Manuel Moral Roncal. Profesor titular de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid.
Francisco Sevillano Calero. Doctor en Historia. Profesor titular de Historia Contemporánea de la Universidad de Alicante.
Antonio Cañellas Mas. Doctor en Historia. Ha desarrollado su labor investigadora en la Universidad de Navarra, especializándose en historia política e institucional de la Edad Contemporánea.
Álvaro de Diego González. Director del Departamento de Periodismo, Historia y Humanidades de la UDIMA, donde es profesor de Historia Universal Contemporánea.
Pedro Carlos González Cuevas. Profesor titular de Historia de las Ideas y de las Formas Políticas en la UNED. Es especialista en el pensamiento conservador contemporáneo.
José Luis Orella. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de Deusto. Profesor de Historia Contemporánea en la Universidad CEU-San Pablo.
Ver:
http://www.trea.es/ficha.php?idLibro=00001263

viernes, 7 de enero de 2011

Joaquim Bau i Nolla

Joaquim Bau i Nolla nació en Tortosa en 1897. Fue comerciante, vinculado al sector arrocero, abogado y político. Bau profesaba ideas tradicionalistas. Llegó a ser alcalde de su ciudad natal. Milita en la Lliga pero termina en el Bloque Nacional de Calvo Sotelo consiguiendo ser elegido diputado por Tarragona en las elecciones de 1933 y 1936. Al estallar la guerra pasa al bando sublevado. En 1937 se integrará, como tradicionalista, en el nuevo partido. Formó parte de la Junta Técnica de Estado, que se constituyó en Burgos. Al terminar la guerra fue procurador en Cortes entre los años 1943 y 1962. Fue presidente del Consejo de Estado entre 1965 y 1973, así como vicepresidente del Consejo del Reino (1970-1973). Falleció en Madrid en 1973.

jueves, 30 de diciembre de 2010

La Unión Patriótica

Primo de Rivera buscaba con la creación de la Unión Patriótica, entre otras iniciativas de la segunda época de su Dictadura, la institucionalización de su régimen. Para ello necesitaba un partido político que funcionaría como único en el sistema, aunque no podamos definir ni al partido ni al régimen que deseaba formular, como totalitario. Al final, el partido sería muy personalista y vinculado estrechamente con el dictador, y que no pudo sobrevivir al final del régimen político.
En el origen de la Unión Patriótica habría que ir a la defensa de la creación de un partido cívico por parte de Ángel Herrera Oria, con el fin de regenerar la vida política. En 1924, Primo de Rivera hizo una especie de llamamiento a todos los “patriotas” para congregarse en un nuevo partido. En ese mismo año se crea la Unión Patriótica. Sus miembros conforman una especie de amalgama de conservadores, mauristas, tradicionalistas, católicos y monárquicos. El nuevo partido pretendía imitar, en cierta medida, el partido único fascista italiano pero no terminó nunca de cuajar por varias razones. En primer lugar, porque la ideología del partido nunca estuvo estructurada y fijada. Por un lado, hundía sus raíces en cierto regeneracionismo pero, por otro lado muchos de sus miembros eran o habían sido caciques en una evidente contradicción. En realidad la Unión Patriótica fue un instrumento de promoción para ser cacique: se sustituyeron unos por otros. También, conviene recordar que tampoco se terminaron de abolir los antiguos partidos políticos.
El Partido llegó a tener un millón de afiliados en su mejor momento, cifra nada desdeñable pero solamente un minoría se integró por genuinas razones ideológicas. Muchos de sus miembros eran funcionarios o militares que se habían afiliado para proteger o medrar en sus trabajos o carreras. También hubo un sector de campesinos y pequeños comerciantes que pretendían defender sus medios de vida. Las zonas donde la afiliación fue mayor fueron aquellas donde el latifundismo era muy fuerte o de aparceros en situación precaria.
En el año 1925 la Unión Patriótica pasó a formar parte del Consejo de Estado de la Dictadura pero en este órgano de gobierno también había representantes de otras inquietudes políticas. Primo de Rivera intentó, hacia el final de su régimen que su partido fuera, realmente, el único. Obligó a que los ayuntamientos y diputaciones estuvieran compuestos únicamente con miembros de la Unión Patriótica. Pero este intento no tuvo gran repercusión. La Dictadura terminó y, con ella, la Unión Patriótica.