sábado, 5 de enero de 2013

Eugenio Vallejo Isla


Obrero metalúrgico de la Hispano-Suiza, de la que fue miembro del Comité Obrero, militó en el Sindicato del Metal de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) de Barcelona (Cataluña) y fue miembro del Comité Local de la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Fue bastante activo durante las huelgas del sector en el período republicano. Entre 1932 y 1938 colaboró en Solidaridad Obrera. En octubre de 1933 se licenció del Ejército. El 13 de diciembre de 1934 fue detenido, con Rafael Sellés, por la Brigada Especial como jefes del movimiento de protesta contra la jornada de 48 horas del ramo de la metalurgia. A raíz del levantamiento fascista de julio de 1936 fue nombrado delegado de incautaciones de instalaciones industriales del Departamento de Guerra del Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña. A petición de Buenaventura Durruti, que le consideraba el más preparado de su sindicato, fue nombrado miembro de la Comisión de Industrias de Guerra (CIG) de la Generalitat de Cataluña en la Sección de Siderometalúrgica, que se constituyó el 7 de agosto de 1936. Por lo pronto confeccionó un balance de la situación de las fábricas y de los talleres y propuso un plan de producción de armamento. Seguidamente contactó con los sindicatos confederales de productos químicos y con el de minería de Sallent con la finalidad de poner en marcha la producción en masa de productos bélicos. Antes que la Generalitat se diese cuenta, puso en marcha las industrias de guerra y los consejos de obreros y soldados. Su labor fue tan efectiva —290 fábricas y 150.000 trabajadores dedicados a la fabricación de armamento en julio de 1937— que cuando la Generalitat, mediante el consejero de Hacienda Josep Tarradelles, controló la situación le dejaron en su cargo, convirtiéndose en el home de confianza de la CNT dentro de la CIG. En septiembre de 1937 negoció, con Alejandro Otero, subsecretario de Armamento y Municiones del Gobierno de la II República española, y sus asesores soviéticos, la integración de la industria catalana con el resto del Estado. También frenó la producción de material de guerra al margen de la CIG. En su labor recibió el apoyo y el asesoramiento de Teodoro Colomina, Ferrán Latorre i Vladimir Bisxitzki, entre otros. A pesar de la oposición del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) y su actividad y la falta de apoyo del gobierno republicano español, el consejero Tarradelles le defendió, a él y a su gestión, ya que, a pesar de los sabotajes comunistas (robo de blindados, pegas por parte del gobierno para la concesión de las divisas necesarias para importar materias primas, dificultades en el abastecimiento de materiales, declaraciones injuriosas en la prensa, etc.), creó de la nada una industria bélica eficiente. En mayo de 1938 la CIG se remodela y pasó a llamarse Consejo Técnico de la CIG y ocupó el cargo hasta agosto de 1938 cuando este Consejo Técnico fue disuelto al perder la Generalitat la titularidad de sus fábricas y almacenes y pasar éstos al poder estatal. A partir de mayo de 1938 dirigió la fábrica F-14 de Sarrià, donde se montaba el mosquetón Máuser. Cuando el triunfo fascista fue un hecho, enero de 1939 cruzó los Pirineos y fue encerrado en el campo de concentración de Barcarés. A finales de 1940 regresó a Cataluña y montó un taller de metalurgia en Esplugues de Llobregat. Este hecho sería censurado por la CNT que le repudió y le expulsó de la organización. Eugenio Vallejo Isla (1901-?).

Tomado de:
http://www.memorialibertaria.org/valladolid/spip.php?article264

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