martes, 18 de septiembre de 2012

El sufragismo


Las mujeres de la burguesía comenzaron a organizarse en torno a la reivindicación del derecho al sufragio, lo que explica su denominación como sufragistas. Pero las sufragistas no solamente lucharon por los derechos políticos de las mujeres, sino también por la igualdad en todos los campos. Dieron prioridad a la lucha por el voto porque consideraban que una vez conseguido accederían a los parlamentos y podrían comenzar a cambiar las leyes e instituciones. Aunque las principales sufragistas pertenecían a la burguesía defendieron los derechos políticos de todas las mujeres, adquiriendo el movimiento un evidente carácter interclasista.
En Europa, el movimiento sufragista británico fue el más potente y radical. En 1866, John Stuart Mill escribió La sujección de la mujer y presentó la primera petición a favor del voto femenino en el Parlamento, comenzando una larga serie de iniciativas políticas. Sin embargo, los esfuerzos dirigidos a convencer y persuadir a los políticos de la legitimidad de los derechos políticos de las mujeres provocaban burlas e indiferencia. En consecuencia, el movimiento sufragista dirigió su estrategia a acciones más radicales.
A principios del siglo XX, Emmeline Pankhurst fundó en Londres la Unión Social y Política de Mujeres, cuyas militantes protagonizaron muchas acciones: protestas, manifestaciones, huelgas de hambre, etc.. exigiendo el derecho al voto. La represión fue muy dura con ellas; la propia Pankhurst fue detenida y condenada a tres años de cárcel y de trabajos forzados, acusada de “actividades contrarias a la seguridad y estabilidad del pueblo inglés”. Se evadió y tuvo que refugiarse en Estados Unidos, acogida por el presidente Wilson. Allí impulsó al movimiento sufragista norteamericano.
En Estados Unidos, el movimiento sufragista estuvo inicialmente muy relacionado con el movimiento abolicionista. Gran número de mujeres unieron sus fuerzas para combatir en la lucha contra la esclavitud En 1848, en el Estado de Nueva York, se aprobó la Declaración de Seneca Falls, uno de los textos fundacionales del sufragismo. Las ideas que se utilizan para vindicar la igualdad de los sexos son de corte ilustrado: apelan a la ley natural como fuente de derechos para toda la especie humana, y a la razón y al buen sentido de la humanidad como armas contra el prejuicio y la costumbre. Elizabeth Cady Stanton, la autora de La Biblia de las mujeres, y Susan B. Anthony, fueron dos de las más destacadas sufragistas estadounidenses.

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