lunes, 17 de septiembre de 2012

Los judíos en el siglo XIX


Sin lugar a dudas, las revoluciones liberales mejoraron, en principio, la situación de los judíos al proclamar la igualdad ante la ley. En los países donde se establecieron sólidos estados liberales los judíos adquirieron la condición de ciudadanos. En el caso británico la influencia de la Iglesia Anglicana impidió que los judíos adquirieran la ciudadanía plena hasta el año 1866. En Alemania la discriminación hacia los judíos duró más tiempo aún, provocando que una parte de los judíos decidiera apostatar para poder integrarse de pleno derecho en la sociedad o que emigraran hacia Estados Unidos.
La situación más dura fue la que vivieron los judíos en Rusia donde el antisemitismo era más acusado, es decir, el odio y la actitud discriminatoria hacia los judíos. En el imperio ruso había leyes contra ellos y se toleraron matanzas y persecuciones –los pogromos- de judíos. La persecución fue aún más violenta con la subida al trono de Alejandro III. Esta situación motivó  una emigración masiva de judíos rusos y polacos hacia Estados Unidos.
La terrible situación de los judíos en la Europa Oriental fue el contexto que provocó el surgimiento del movimiento sionista, que propugnaba la vuelta a Sión (Jerusalén) en Palestina, y al que dedicaremos un artículo monográfico.
Por otro lado, en el seno de la comunidad judía occidental surgieron fuertes tensiones en el siglo XIX. La nueva situación de los judíos en los estados liberales planteó el problema de si era posible seguir las tradiciones judías y, a la vez, integrarse en la cultura y la sociedad modernas  como europeos de pleno derecho. Una parte de los judíos alemanes sustituyeron la sinagoga por el templo reformado, en el que los actos litúrgicos se asemejaban a los del luteranismo, con predicación y cantos en alemán. Además denunciaron el rito de la circuncisión como una práctica bárbara. Pero los judíos defensores de la tradición reaccionaron de forma inmediata con una reafirmación de la fe judía, que suponía una marginación voluntaria de la sociedad. Los neortodoxos norteamericanos intentaron una tercera vía, intentando conciliar la tradición con la modernidad.
A pesar de los evidentes avances legales en los estados y sociedades liberales occidentales, el antisemitismo no desapareció. Las posiciones políticas e ideológicas más reaccionarias e integristas, así como la mentalidad de una parte de las capas populares manifestaron una clara aversión hacia los judíos. Uno de los episodios más sonados, a finales del siglo XIX y principios del XX fue el caso Dreyfus, que conmocionó a Francia.

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