martes, 16 de abril de 2013

Fernando de los Ríos en Rusia: la Tcheka. Primera parte


En el repaso que estamos haciendo a la cuestión de los derechos en el libro de Fernando de los Ríos, Mi viaje a la Rusia sovietista, dedica en el apartado citado mucha atención a la policía:
"¡La policía! ¡La Tcheka! ¡Con qué terror se evoca esta siniestra organización, en la que se ha filtrado el espíritu y aun las personas que constituían la antigua Ojrana, o policía de los tiempos zaristas! ¡Aquella Ojrana, a cuyos individuos niega la Constitución sovietista el derecho electoral activo y pasivo (art. 65), recogiendo una de las emociones más densas de menosprecio y odio que existían en el castigao pueblo ruso! ¡Y hoy ese mismo pueblo tiembla de continuo ante su posible aparición súbita en las primeras horas de la madrugada! Y la Tcheka, sucesora de la Ojrana, ha advenido de nuevo un instrumento formidable de Poder, y por su impunidad absoluta, por su autoridad sin control alguno, ha degenerado en lo que, desgracidamente, pero de un modo casi fatal, se convierten los órganos de autoridad que carecen de quien los pueda someter a su vez a un juicio de responsabilidad, y no tienen siquiera el freno de la crítica de la opinión: en un órgano de tiranía"
En este primer párrafo nuestro autor establece la conexión entre el sistema represivo zarista y el nuevo bolchevique. En otro artículo ya hablamos cómo la policía política zarista es la antecesora con sus métodos de la posterior comunista. La Tcheka se convierte en un instrumento inmenso de poder, y que actúa con impunidad, sin control alguno. Además, no es responsable ante un juicio ni la opinión pública tiene el derecho de conocer sus actuaciones y, por lo tanto, criticarla y frenarla.
(La cita está sacada del libro ya aludido, en el apartado "El eclipse de los derechos humanos")

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